domingo, 25 de octubre de 2015
Nuestro Señor Jesucristo, Rey
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Col. 1, 12-20)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Colossénses. Fratres: Grátias ágimus Deo Patri, qui dignos nos fecit in partem sortis sanctórum in lúmine: qui erípuit nos de potestáte tenebrárum, et tránstulit in regnum Fílii dilectiónis suæ, in quo habémus redemptiónem per sánguinem ejus, remissiónem peccatórum: qui est imágo Dei invisíbilis, primogénitus omnis creatúra: quóniam in ipso cóndita sunt univérsa in cœlis et in terra, visibília et invisibília, sive Throni, sive Dominatiónes, sive Principátus, sive Potestátes: ómnia per ipsum, et in ipso creáta sunt: et ipse est ante omnes, et ómnia in ipso constant. Et ipse est caput córporis Ecclésiæ, qui est princípium, primogénitus ex mórtuis: ut sit in ómnibus ipse primátum tenens; quia in ipso complácuit omnem plenitúdinem inhabitáre; et per eum reconciliáre ómnia in ipsum, pacíficans per sánguinem crucis ejus, sive quæ in terris, sive quæ in cœlis sunt, in Christo Jesu Dómino nostro.
dando gracias a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar en la suerte y herencia de los santos, iluminándonos con la luz del Evangelio; que nos ha arrebatado del poder de las tinieblas y trasladado al reino de su Hijo muy amado, por cuya sangre hemos sido nosotros rescatados y recibido la remisión de los pecados, y el cual es imagen perfecta del Dios invisible, engendrado desde siempre ante toda criatura; pues por él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ora sean tronos, ora dominaciones, ora principados, ora potestades, todas las cosas fueron creadas por él mismo y en atención a él mismo; y así él tiene ser ante todas las cosas, y todas subsisten por él y por él son conservadas. Y él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia y el principio de la resurrección , el primero a renacer de entre los muertos, para que en todo tenga él la primacía; pues quiso el Padre poner en él la plenitud de todo ser. y reconciliar por él todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre cielo y tierra por medio de la sangre que derramó en la cruz. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 2 + Homilía 3 sobre Colosenses — San Juan Crisóstomo
¿Veis cómo se deja llevar hacia el discurso sobre el Hijo? Pues si damos gracias con mucho gozo, algo grande es lo que se dice. Porque es posible dar gracias sólo por temor, y es posible dar gracias aun estando en la tristeza. Así, por ejemplo, Job dio gracias, pero en la angustia, y dijo: El Señor lo dio, el Señor lo quitó. Y que nadie diga que lo sucedido no le dolió ni cubrió su alma de abatimiento; ni se quite a aquel justo su gran alabanza. Mas cuando así se hace, no es por temor ni solamente porque Él es Señor, sino por la naturaleza misma de las cosas por lo que damos gracias. Al que nos hizo dignos de participar en la herencia de los santos en la luz. Ha dicho algo grande. Lo que se ha dado, dice, es de tal índole: no sólo dio, sino que también nos hizo fuertes para recibirlo. Pues al decir: El que nos hizo dignos, mostró que la cosa era de gran peso. Por ejemplo, si un hombre de baja condición llegara a ser rey, está en su mano dar un gobierno a quien quiera, y hasta ahí llega su poder: dar la dignidad; mas no puede además hacer a la persona apta para el cargo, y muchas veces el honor hace hasta ridículo al así encumbrado. Pero si le ha conferido a la vez la dignidad y le ha hecho apto para el honor y capaz para el gobierno, entonces sí que la cosa es un honor. Esto es, pues, lo que aquí dice también: que no sólo nos ha dado el honor, sino que también nos ha hecho bastante fuertes para recibirlo.
Porque el honor aquí es doble: el darlo y el hacer apto para el don. No dijo simplemente «dio», sino: nos hizo dignos de participar en la herencia de los santos en la luz, esto es, nos asignó un lugar con los santos. Mas no dijo simplemente que nos colocó, sino que nos ha dado gozar de las mismísimas cosas, pues la porción es lo que cada uno recibe. Porque es posible estar en la misma ciudad y no gozar de las mismas cosas; pero tener la misma porción y no gozar de lo mismo es imposible. Es posible estar en la misma herencia y no tener la misma porción; por ejemplo, todos nosotros, los clérigos, estamos en la herencia, pero no todos tenemos la misma porción. Mas aquí no dice esto, sino que a la herencia añade también la porción. ¿Y por qué la llama herencia, o suerte? Para mostrar que nadie alcanza el reino por sus propias obras, sino que, como una suerte es más bien fruto de la fortuna, así en verdad es también aquí. Pues nadie muestra una vida tan buena que sea juzgada digna del reino, sino que todo es de su gracia. Por eso dice: Cuando hayáis hecho todo, decid: Siervos inútiles somos, porque hemos hecho lo que debíamos hacer. Para participar en la herencia de los santos en la luz —se refiere a la luz futura y a la presente—, esto es, en el conocimiento. Me parece que habla a la vez de la presente y de la futura. Luego muestra de qué cosas hemos sido juzgados dignos. Porque no es éste el único prodigio, que seamos juzgados dignos del reino; hay que añadir también quiénes somos los así juzgados, pues no es cosa de poca monta. Y esto lo hace en la Epístola a los Romanos, diciendo: Pues apenas morirá alguno por un justo, aunque acaso por el bueno alguno se atrevería a morir.
Mas si conviene decir algo más: la obra del Hijo es la mayor. ¿Cómo? Porque era cosa imposible dar el reino a los hombres mientras permanecían en sus pecados; pero de este modo es cosa más fácil, de suerte que Él preparó el camino para el don. ¿Qué dices? Él mismo te desató de tus pecados; luego Él mismo también te ha acercado; ya de antemano ha puesto el fundamento de su doctrina.
Hoy me es necesario pagar la deuda que ayer aplacé, para dirigirla a vuestras mentes cuando estuvieran en plenas fuerzas. Pablo, discurriendo, como mostramos, sobre la dignidad del Hijo, dice estas palabras: El cual es imagen del Dios invisible. ¿De quién queréis, pues, que sea imagen? ¿De Dios? Entonces es en todo semejante a Aquel a quien lo referís. Porque si decís que es imagen de un hombre, decidlo, y acabaré con vos como con un loco. Pero si es imagen de Dios y del Hijo de Dios, imagen de Dios, muestra la exacta semejanza. ¿Por qué a ningún ángel se le ha llamado en parte alguna imagen ni hijo, y al hombre ambas cosas? ¿Por qué? Porque en aquel caso la sublimidad de su naturaleza habría podido arrojar en seguida a los más a esta impiedad; mas en el otro caso la naturaleza baja y humilde es prenda de seguridad contra ello, y no permitirá a nadie, aunque lo quisiera, sospechar nada semejante, ni rebajar tanto al Verbo. Por esto, donde la humildad es grande, la Escritura afirma con audacia el honor; pero donde la naturaleza es más alta, se contiene. La Imagen del Invisible es ella misma también invisible, e invisible del mismo modo, pues de otra suerte no sería imagen. Porque una imagen, en cuanto imagen, aun entre nosotros, ha de ser exactamente semejante, por ejemplo, en cuanto a los rasgos y al parecido. Mas entre nosotros esto de ningún modo es posible, pues el arte humano falla en muchas cosas, o más bien falla en todas, si se examina con exactitud. Pero donde está Dios, no hay error ni falla.
Pero si es criatura, ¿cómo es imagen del Creador? Porque tampoco un caballo es imagen de un hombre. Si «imagen» no significa la exacta semejanza con el Invisible, ¿qué impide que también los ángeles sean su Imagen? Pues también ellos son invisibles; mas no unos a otros. También el alma es invisible; pero no por ser invisible es por ello sin más imagen, ni del modo en que Él y los ángeles son imágenes.
El primogénito de toda criatura. ¿Qué, pues?, dice alguno; he aquí que es una criatura. ¿De dónde lo sacas? Dímelo. Porque dijo «primogénito». Sin embargo, no dijo «primer creado», sino «primogénito». Luego es razonable que se le llame de muchas maneras. Pues también ha de ser llamado hermano en todo. ¿Y le hemos de quitar el ser Creador, y sostener que ni en dignidad ni en ninguna otra cosa es superior a nosotros? ¿Y quién que tenga entendimiento diría esto? Porque la palabra «primogénito» no expresa dignidad ni honor, ni ninguna otra cosa, sino sólo tiempo. ¿Qué significa «primogénito»? Que es creado, se responde. Bien. Si, pues, así fuera, tendría también expresiones afines. Mas de otro modo, el primogénito es de la misma esencia que aquellos de quienes es primogénito. Por tanto, será el hijo primogénito de todas las cosas —pues se dijo de toda criatura—; luego también de las piedras y de mí sería primogénito Dios Verbo. Mas, de nuevo, ¿de qué, dime, son declarativas las palabras «primogénito de entre los muertos»? No de que Él fue el primero en resucitar, pues no dijo simplemente «de los muertos», sino «primogénito de entre los muertos»; ni tampoco de que murió el primero, sino de que resucitó primogénito de entre los muertos. De suerte que no declaran otra cosa sino ésta: que Él es las primicias de la Resurrección. Luego tampoco, ciertamente, en el pasaje que tenemos delante. A continuación pasa a la doctrina misma. Pues para que no le tengan por de existencia más reciente, ya que en otro tiempo el acceso era por medio de los ángeles, y ahora por medio de Él, muestra primero que ellos no tenían poder alguno (pues de otro modo no habría sacado de las tinieblas), y después, que Él es también anterior a ellos. Y como prueba de que es anterior a ellos usa esto: que fueron creados por Él. Porque en Él, dice, fueron creadas todas las cosas. ¿Qué dicen aquí los secuaces de Pablo de Samosata? Las cosas que hay en los cielos. Lo que estaba en cuestión, lo ha puesto primero; y las cosas que hay en la tierra. Luego dice: las cosas visibles y las invisibles; invisibles, como el alma y todo lo que ha venido a existir en el cielo; visibles, como los hombres, el sol, el firmamento. Ya sean tronos. Y lo que se concede, lo deja estar; mas lo que se pone en duda, lo afirma. Ya sean tronos, ya dominaciones, ya principados, ya potestades. Las palabras «ya», «o», abarcan la totalidad de las cosas; pero por medio de las mayores lo muestra también de las menores. Mas el Espíritu no está entre las potestades. Todas las cosas, dice, han sido creadas por Él y para Él. He aquí que «en Él» es «por Él», pues habiendo dicho «en Él», añadió «por Él». Mas ¿qué es «para Él»? Es esto: que la subsistencia de todas las cosas depende de Él. No sólo las sacó Él mismo de la nada al ser, sino que Él mismo las sostiene ahora, de suerte que, si fueran separadas de su Providencia, al punto quedarían deshechas y destruidas. Mas no dijo «Él las conserva», que habría sido un modo más tosco de hablar, sino lo que es más sutil: que de Él dependen. Tener sólo relación con Él basta para conservar cualquier cosa y sujetarla firmemente. Así también la palabra «primogénito», en el sentido de fundamento. Mas esto no muestra que las criaturas sean consustanciales con Él, sino que todas las cosas son por Él y en Él se sostienen. Puesto que también Pablo, cuando dice en otro lugar: Yo puse el fundamento, no habla de la substancia, sino de la operación. Pues, para que no le tengáis por un ministro, dice que Él las conserva, lo cual no es menos que hacerlas. Ciertamente, entre nosotros es aún mayor, pues a lo primero nos conduce el arte, mas a lo segundo no; ni siquiera detiene una cosa que se corrompe.
Y Él es antes de todas las cosas, dice. Esto conviene a Dios. ¿Dónde está Pablo de Samosata? Y en Él todas las cosas subsisten, esto es, en Él fueron creadas. Repite estas expresiones en apretada sucesión; con su rápida sucesión, como a golpes veloces, arrancando de raíz la doctrina mortífera. Pues si, aun habiéndose declarado cosas tan grandes, con todo, después de tanto tiempo surgió Pablo de Samosata, ¿cuánto más habría sido así de no haberse dicho antes estas cosas? Y en Él, dice, todas las cosas subsisten. ¿Cómo subsisten en uno que no existía? De suerte que también las cosas hechas por medio de los ángeles son de Él.
Luego, habiendo hablado de su dignidad, habla después también de su amor al hombre. Él es, dice, la Cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Y no dijo «de la plenitud» (aunque también esto se significa), por su deseo de mostrar su gran benevolencia para con nosotros, en que Aquel que está así en lo alto y sobre todas las cosas se unió con los de abajo. Pues en todo es el primero: en lo alto, el primero; en la Iglesia, el primero, pues es la Cabeza; en la Resurrección, el primero.
Para que Él tenga la primacía. De suerte que también en la generación es el primero. Y esto es lo que Pablo se esfuerza sobre todo en mostrar. Pues si se establece esto, que Él era antes que todos los ángeles, se sigue con ello también, como consecuencia, que Él hacía las obras de aquéllos mandándoles. Y lo que es en verdad admirable, pone empeño en mostrar que Él es el primero también en la generación posterior. Aunque en otro lugar llama a Adán el primero, como en verdad lo es, aquí toma la Iglesia por todo el linaje humano. Pues Él es el primero de la Iglesia, y el primero de los hombres según la carne, así como lo es de la Creación. Y por eso usa aquí la palabra «primogénito».
¿Qué significa en este lugar «primogénito»? El que fue creado primero, o resucitó antes que todos; como en el lugar anterior significa: El que era antes de todas las cosas. Y aquí ciertamente usa la palabra «primicias», diciendo: El que es las Primicias, el Primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la primacía, mostrando que también los demás son tales como Él; mas en el lugar anterior no es las Primicias de la creación. Y allí se dice: La Imagen del Dios invisible, y luego, Primogénito.
Cuantas cosas son del Padre, ésas, dice, son también del Hijo, y esto con mayor intensidad, porque Él murió por nosotros y se unió a nosotros. Dijo «Primicias», como de los frutos. No dijo «Resurrección», sino «Primicias», mostrando que a todos nos ha santificado y nos ha ofrecido, por así decir, como un sacrificio. El término «plenitud» algunos lo aplican a la Divinidad, como cuando Juan dijo: De su plenitud recibimos todos. Esto es: todo cuanto era el Hijo, el Hijo entero moraba allí, no una especie de energía, sino una Substancia.
No tiene otra causa que asignar sino la voluntad de Dios, pues esto es lo que quiere decir: fue del beneplácito... en Él. Y... por Él reconciliar consigo todas las cosas. Para que no penséis que Él tomó sobre sí sólo el oficio de un ministro, dice: consigo. Y sin embargo dice en otro lugar que nos reconcilió con Dios, como en la Epístola que escribió a los Corintios. Y bien dijo: Por Él llevar a cabo la reconciliación, pues ya estaban reconciliados; mas completamente, dice, y de tal suerte que ya no estuvieran en enemistad con Él. ¿Cómo? Pues no sólo se expuso la reconciliación, sino también el modo de la reconciliación. Pacificando por la Sangre de su Cruz. La palabra «reconciliar» muestra la enemistad; las palabras «habiendo hecho la paz», la guerra. Por la Sangre de su Cruz, por sí mismo, ya las cosas que hay en la tierra, ya las que hay en los cielos. Grande cosa es en verdad reconciliar; pero que esto sea además por sí mismo, es cosa mayor; y mayor todavía: ¿cómo por sí mismo? Por su Sangre. Por su Sangre; y no dijo simplemente «su Sangre», sino lo que es aún mayor, «por la Cruz». De suerte que los prodigios son cinco: nos reconcilió; con Dios; por sí mismo; por la Muerte; por la Cruz. ¡Admirable de nuevo! ¡Cómo los ha entretejido! Pues para que no penséis que es una sola cosa, o que la Cruz es algo de suyo, dice «por sí mismo». ¡Cuán bien sabe que esto era cosa grande! Porque no pronunciando palabras, sino entregándose a sí mismo para la reconciliación, obró de tal modo todas las cosas.
Homilía 2 + Homilía 3 sobre Colosenses, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Joann. 18, 33-37)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. In illo témpore: Dixit Pilátus ad Jesum: Tu es Rex Judæórum? Respóndit Jesus: A temetípso hoc dicis, an álii dixérunt tibi de me? Respóndit Pilátus: Numquid ego Judǽus sum? Gens tua et pontífices tradidérunt te mihi: quid fecísti? Respóndit Jesus: Regnum meum non est de hoc mundo. Si ex hoc mundo esset regnum meum, minístri mei útique decertárent, ut non tráderer Judǽis: nunc autem regnum meum non est hinc. Dixit ítaque ei Pilátus: Ergo Rex es tu? Respóndit Jesus: Tu dicis, quia Rex sum ego. Ego in hoc natus sum et ad hoc veni in mundum, ut testimónium perhíbeam veritáti: omnis, qui est ex veritáte, audit vocem meam.
Oído esto, Pilatos entró de nuevo en el pretorio, y llamó a Jesús , y le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? Respondió Jesús : ¿Dices tú eso de ti mismo, o te lo han dicho de mí otros? Replicó Pilatos: ¿Qué, acaso soy yo judío? Tu nación y los sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho tú? Respondió Jesús : Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, claro está que mis gentes me habrían defendido para que no cayese en manos de los judíos; mas mi reino no es de acá. Le replicó Pilatos: ¿Conque tú eres rey? Respondió Jesús : Así es como dices: yo soy rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, escucha mi voz. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Juan 18, 33-37 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82. Queriendo Pilato librar a Jesús del odio de los judíos, no dilató el juicio; por lo que dice: "Entró, pues, Pilato en el Pretorio y llamó a Jesús", etc.
Teofilacto. Aparte de esto, como tenía gran opinión de Jesús, se proponía apurar exquisitamente todas las cosas dejando a un lado el estrépito de los judíos. Y sigue: "Y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?"
Alcuino. Con estas palabras manifestó Pilato que los judíos le acusaban del crimen de que se proclamaba Rey de los judíos.
Crisóstomo, ut supra. Esto lo había oído Pilato de muchos; y porque ninguna otra cosa tenían que decir, a fin de evitar largas investigaciones, quiso traer a discusión lo que comúnmente se decía. Sigue: "Responde Jesús: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros?"
Teofilacto. Insinúa Jesús con estas palabras que Pilato es un juez parcial, como si dijera: Si dices esto por ti mismo, manifiesta las señales de mi rebelión; pero si lo oíste a otros, abre una indagación en regla.
San Agustín, in Ioannem, tract., 115. Sabía el Señor el sentido con que preguntaba y lo que se le respondería, pero El hizo esta pregunta al procónsul, no para saber, sino para que constase lo que quiso que se supiese.
Crisóstomo, ut supra. No preguntó, pues, como ignorante, sino queriendo que los judíos fuesen condenados por boca del mismo Pilato. "Respondió Pilato: ¿Acaso yo soy judío?".
San Agustín, ut supra. Hizo desaparecer la sospecha de que se le pudiese imputar que hablaba por sí mismo, haciendo ver que lo había oído de los judíos; por lo que sigue: "Tu nación y tus Pontífices te han entregado en mis manos". Y después, preguntando: "¿Qué has hecho?" da a entender suficientemente cuál era el crimen que se le imputaba, como si dijera: Si niegas que eres Rey, ¿qué has hecho para que te entregaran en mis manos? Como si no se admirara de que fuese entregado al juez para ser castigado porque se llamase Rey.
Crisóstomo, ut supra. Tranquiliza, pues, a Pilato sobre que no existe ningún peligro, y quiere manifestarle que no es sólo hombre, sino también Dios e Hijo de Dios, y hace desaparecer la sospecha de tiranía que había aterrado a Pilato; y sigue: "Respondió Jesús: mi reino no es de este mundo", etc.
San Agustín, ut supra. Esto es lo que nuestro buen Maestro nos quiso demostrar. Pero antes quiso hacernos ver la vana opinión que los hombres tenían de su reino, tanto los gentiles como los judíos, a quienes Pilato la había oído, como si hubiese cometido un crimen digno de muerte por haber supuesto un reino que ellos creían ilegítimo. O bien, como aquellos que están en posesión del poder acostumbran envidiar a los que han de sucederles, los romanos y los judíos querían precaver que este nuevo poder les fuese contrario. Porque si a la pregunta de Pilato hubiese contestado en seguida, habría parecido que su respuesta se dirigía sólo contra la falsa opinión de los gentiles, y no a la de los judíos. Pero después de la respuesta de Pilato, la respuesta de Jesús se dirige a los gentiles y a los judíos, como si dijera: Judíos y gentiles, oíd: no impido vuestra dominación en este mundo. ¿Qué más queréis? Creyendo, venid al reino que no es de este mundo. ¿Cuál es, pues, su reino sino el de los que creen en El, a quienes dice no sois de este mundo, aunque quiera que estéis en este mundo? Por lo que no dice: Mi reino no está en este mundo, sino "no es de este mundo" ( Jn 8,23). Es, pues, de este mundo todo lo que en la humanidad, si bien creado por Dios, fue generado de la raza viciada de Adán. Fue, pues, hecho un reino, no ya de este mundo, de todo aquello que fue regenerado en Cristo. Así, pues, Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor.
Crisóstomo, ut supra. O dice en esto que no tiene aquí un reino como el de los reyes de la tierra, porque su poder viene del cielo, y no es humano, sino mucho más esclarecido. Y sigue: "Si mi reino fuera de este mundo", etc. Pone de manifiesto la imbecilidad del reino de este mundo que toma su fuerza de sus ministros, cuando el reinado de Dios no necesita a nadie y se basta a sí mismo.
San Agustín, ut supra. Habiendo probado que su reino no es de este mundo, añadió: "Ahora, pues, mi reino no es de aquí". No dice: No está aquí, porque aquí está su reino hasta el fin de los tiempos, conteniendo dentro de sí la mala yerba mezclada con el trigo hasta la siega; pero, sin embargo, no es de aquí, sino que peregrina en este mundo.
Teofilacto. O bien no dice: No está aquí, sino "no es de aquí"; pues reina en el mundo y ejerce su providencia disponiendo de las cosas según su voluntad; su reino no tiene su fundamento en causas inferiores, sino en los cielos, antes de los siglos.
Crisóstomo, ut supra. Tomando de aquí motivo, los herejes dicen que es ajeno a la constitución del mundo. Pero aunque dice: "Mi reino no es de aquí", no priva al mundo de su providencia y de su gobierno, sino que quiere demostrar solamente que su reino no es humano ni perecedero.
Crisóstomo, ut supra. "Pilato le dice: ¿Luego tú eres Rey? Jesús responde: Tú lo dices", etc.
San Agustín, ut supra. No porque temiera declararse Rey, sino porque habló de modo que ni se negó Rey, ni confesó ser tal Rey que se creyera que su reino era de este mundo. Las palabras: "Tú lo dices" quieren decir: Como hombre carnal hablas correctamente. En seguida añadió: "Yo he nacido para esto". La sílaba de este pronombre debe pronunciarse de tal manera que no pueda entenderse en este sentido: Yo he nacido en tal condición, sino en este otro: "Para esto he nacido", recordando aquella expresión "A esto vine al mundo", por la que manifestó claramente que se refería a su nacimiento, por el que encarnado vino al mundo; no a aquel nacimiento sin principio por el cual era Dios.
Teofilacto. O de otro modo: Preguntado por Pilato si era Rey, respondió el Señor: "Yo para esto he nacido". Es decir: Yo he nacido para ser Rey; pues por lo mismo que he sido engendrado por un Rey, afirmo que yo también soy Rey.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 83. Si, pues, ha nacido Rey, no hay más que recibirle. "A esto (dijo) he venido, para dar testimonio a la verdad"; esto es, para persuadir a todos de esto mismo. Y es de notar que hizo brillar su humildad cuando sufría en silencio que los que le llevaban dijesen: "Este es un malhechor". Pero cuando fue preguntado acerca de su reino, habló a Pilato de tal modo que le instruyera, elevándole a cosas más sublimes. Y por las palabras "Para dar testimonio de la verdad" dio a entender que no había hecho nada subversivo.
San Agustín, ut supra. Dando Jesucristo testimonio de la verdad, lo da de sí mismo, porque ésta es su palabra: "Yo soy la verdad" ( Jn 14,6); pero como no todos tienen fe, añadió: "Todo el que es de la verdad oye mi voz". Oye, en verdad, con los oídos del alma; esto es, obedece a mi voz, como si dijera: Cree en mí. Por las palabras: "Todo el que es de la verdad" expresa la gracia de su vocación ( Rom 8). Si consideramos la naturaleza en que hemos sido creados, habiéndonos creado a todos la verdad, ¿quién habrá que no sea de la verdad? Pero no todos han recibido de la verdad la gracia de obedecer a la verdad. Porque si dijo "Todo el que pertenece a la verdad oye mi voz", podrá creerse que se llama venido de la verdad el que obedece a la verdad; pero no dice esto, sino "Todo el que es de la verdad oye mi voz". Oye, ciertamente; pero él no es de la verdad porque oye su voz, sino que oye porque es de la verdad, pues este don le ha sido dado por la verdad.
Crisóstomo, ut supra. Con estas palabras le atrae y le persuade a que se haga de los discípulos de la verdad; con estas breves palabras de tal modo le cautivó, que preguntó: "¿Qué es verdad?"
Teofilacto. Pues casi había desaparecido de entre los hombres y era desconocida de todos los incrédulos.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena