domingo, 18 de octubre de 2015
San Lucas, Evangelista
Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.
San Lucas, llamado el Evangelista, no solo por haberle nombrado los apóstoles para anunciar el Evangelio á las naciones, que este ministerio fué común á los santos Felipe, Timoteo, Tito, Silas, Sóstenes, Tiquico y otros, sino particularmente por haberle escogido Dios para escribir el Evangelio; esto es, la historia de la vida, muerte, milagros y doctrina de Jesucristo, lo que solo es propio de los autores sagrados, cuales fueron san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan.
San Lucas, á quien san Pablo llama algunas veces Lucio para latinizar su nombre un poco mas, fué natural de Antioquía, ciudad metrópoli de Siria. Era gentil de origen, como nacido en el paganismo, y le convirtió san Pablo, su pariente, de quien después fué discípulo, amigo particular, compañero en sus viajes, y al fin historiador de su vida.
Dedicóse, cuando niño, al estudio de las letras humanas, en las que hizo grandes progresos por ser de excelente ingenio; y en sus escritos se conoce que poseyó con grande penetración la lengua griega, siendo su estilo mas culto y mas elocuente que el de los otros escritores sagrados, y aun por lo mismo se juzga que, aunque nació en Siria, era originario de Grecia.
Algunos opinaron que fué judío de nacimiento, y uno de los setenta y dos discípulos del Salvador; adelantándose á afirmar que era el compañero de Cleofas, uno de los dos discípulos á quienes se apareció Cristo cuando iban al castillo de Emaús; pero el mismo evangelista dice con toda claridad que escribió su evangelio arreglándose á la relación que hicieron los que habían visto y tratado al Salvador, siendo testigos oculares de sus acciones: Según lo aprendimos de aquellos mismos que le vieron desde sus principios (Luc. 1), esto es, de los sagrados apóstoles; lo que prueba bastantemente que san Lucas nunca le vió.
Fué médico de profesión, como expresamente nos lo asegura el mismo san Pablo en su epístola á los Colosenses por estas palabras: Salúdaos Lucas, médico carísimo (Coloss. 4), y añade san Jerónimo que era muy hábil en aquella facultad. No lo fué menos en el arte de la pintura, aunque solo nos ha quedado de su mano una imagen de la santísima Virgen, que por antigua tradición se cree ser obra del sagrado evangelista.
Hallándose san Pablo en Antioquía, se encontró con su pariente Lucas, hombre muy estimado en toda la ciudad por sus conocidas prendas, pero con la desgracia de vivir sepultado en las tinieblas del gentilismo, como nacido y educado con la doctrina de sus ridículas supersticiones. Luego que el santo apóstol le habló de la verdadera religión, disipó la gracia todas aquellas tinieblas; y habiendo recibido el bautismo, se hizo discípulo de san Pablo, y fué el mas querido de todos. San Jerónimo le llama su hijo espiritual, y san Juan Crisóstomo fiel compañero de sus viajes y de sus trabajos.
Luego que san Bernabé se separó del apóstol, entró san Lucas en su lugar, y le acompañó en el primer viaje que hizo después de esta separación á Troade de Macedonia, hacia el año de 51, sin que después se haya apartado jamás de su lado. Detúvose por algún tiempo con san Pablo en Filipos de Macedonia, y recorrió en su compañía las ciudades de la Grecia, donde era muy copiosa la mies, haciéndose mayor cada dia. Con esta ocasión, tuvo el consuelo de conocer y de tratar á muchos apóstoles y discípulos de Cristo, de quienes se informó menudamente de todas las circunstancias de su vida, de su pasión, de su resurrección, de sus milagros y de su doctrina.
Por este tiempo, es decir, por los años de 53, hallándose san Lucas en Acaya, le inspiró el Espíritu Santo que escribiese su evangelio cuando ya habían escrito los suyos san Mateo y san Marcos; pero como estos dos evangelistas hubiesen omitido muchos hechos singulares en la vida del Salvador, para cumplir esta omisión, se entremetieron algunos falsos apóstoles en escribir historias atestadas de ficciones y de fábulas. Por eso, escogió Dios á san Lucas para enseñar á los fieles la verdad, inspirándole el pensamiento de escribir su evangelio.
Las particularidades de la vida de la santísima Virgen y de la infancia de Jesucristo que san Lucas nos conservó, sus cánticos, las respuestas que dió al ángel, la relación circunstanciada del viaje que hizo, y de todo lo que pasó en la visita de su prima santa Isabel y de Zacarías; lo que observa el mismo evangelista, que, siempre que sucedía alguna cosa nueva y singular, María lo notaba, lo rumiaba y lo confería allá consigo misma dentro de su corazón; todas estas particularidades dan á entender que san Lucas tuvo la dicha de conocer personalmente á la santísima Virgen, y de oír de su misma sagrada boca muchas circunstancias de su vida y de la de su santísimo Hijo.
Toda la Iglesia reconoce en este evangelio el espíritu divino que le dictó; y así san Pablo como todos los demás apóstoles le aprobaron como una fiel y compendiosa historia de la vida de Jesucristo, y como uno de los libros sagrados de la Iglesia. En todas partes fué desde luego recibido como tal, de que da testimonio san Pablo en la segunda epístola que escribió á los Corintios, remitiéndosela por mano de Tito y del mismo san Lucas, cuando dice: Partió de aquí Tito para esa ciudad, y va en su compañía Lucas, uno de nuestros hermanos, que se ha hecho muy recomendable en las iglesias por el evangelio que escribió; y además de eso, las mismas iglesias nos le dieron por compañero en nuestros viajes. Tampoco se duda que el evangelio que el mismo apóstol llama suyo, Evangelium meum, en su segunda epístola á Timoteo, sea el evangelio de san Lucas, que quiso adoptar san Pablo como si lo fuese.
Dirige san Lucas su evangelio á Teófilo, nombre general, en sentir de san Epifanio, de Orígenes y de san Ambrosio, por el cual solo quiso entender el evangelista á todos los que aman á Dios; aunque san Agustín, san Juan Crisóstomo y otros muchos son de parecer que este tal Teófilo era un hombre de distinción, ó el gobernador de una provincia, convertido al cristianismo.
Por el modo con que este evangelista cita la sagrada Escritura, siguiendo siempre la versión de los Setenta, aun en aquellos lugares en que esta se desvía del original hebreo, se conoce bastantemente que no fué judío de origen; y la conformidad que se nota en su evangelio con lo que dice el apóstol san Pablo en su primera epístola á los Corintios, es gran prueba de lo que dicen los antiguos, que el apóstol como que adoptó por suyo este evangelio. Ambos refieren con unas mismas voces la institución de la Eucaristía, y solamente los dos, es á saber, san Pablo y san Lucas, hablan de la aparición de Cristo á san Pedro el día de la resurrección.
Todo el tiempo que san Pablo se detuvo en Macedonia, corrió casi todas las ciudades de la Grecia, llevando en su compañía á san Lucas; pero el tenerle siempre á su lado por compañero inseparable no era pura y precisamente por lograr este consuelo y esta satisfacción; era también para la edificación de los demás, queriendo que le acompañase en todos los viajes aquel su querido discípulo, así para que le ayudase á recoger las limosnas de los fieles, como para tener en él un testigo de toda excepción de su apostólico y perfecto desinterés; porque no basta que un apóstol sea inocente, sea irreprensible; es menester que desvíe de sí toda sospecha de interesado, ó de no proceder de buena fe.
En todas ocasiones mostraba san Pablo la mucha estimación que hacía del santo evangelista, y el grande amor que le profesaba. En la segunda epístola á los Corintios le llama hermano suyo, asegurando en ella que daba mucho honor á su evangelio, no solo con la pureza de sus costumbres y con el resplandor de su eminente santidad, sino también con el ardor de su abrasado zelo. Por lo mismo, añade en el mismo lugar que era muy celebrado en todas las iglesias, apellidándole apóstol de ellas y gloria de Jesucristo: Gloria Christi (2 Cor. 8).
Habiendo ido san Lucas á Corinto en compañía de Tito á llevar esta segunda epístola, trabajó con feliz suceso en cultivar aquella florida viña del Señor. Juntósele luego san Pablo, y desde aquella ciudad escribió á los Romanos elogiando á nuestro santo bajo el nombre de Lucio su pariente. Poco tiempo después partieron juntos para el Asia, y desde allí pasaron á Macedonia. Desembarcaron en Cesárea de Palestina, y allí hizo san Lucas cuanto pudo para quitar de la cabeza á san Pablo el pensamiento de ir á Jerusalén, atemorizado con la profecía del profeta Agabo de que sería encarcelado y entregado á los gentiles; pero viéndole resuelto á emprender aquel viaje, sin embargo de tener muy previsto cuanto le había de suceder en él, no le quiso abandonar, y le acompañó en la visita que hizo al apóstol Santiago.
Fué arrestado san Pablo por el tribuno Lisias, que le remitió á Félix, gobernador de la Judea. Este le tuvo preso en Cesárea dos años, y cuando acabó su gobierno, le dejó en la cárcel para dar este gusto á los judíos. Ya que san Lucas no pudo aliviar á san Pablo en el trabajo de las cadenas, quiso participar con él de las incomodidades de la prisión, haciéndole fiel compañía dentro de la misma cárcel todo el tiempo que san Pablo estuvo en ella. Embarcóse con el mismo apóstol para Roma, adonde él había apelado y donde debía sentenciarse su causa por el emperador. Sabidos son los peligros que corrieron y los trabajos que toleraron en la navegación. Pero ninguna cosa fué capaz de alterar un punto la fidelísima ley del discípulo al maestro, ni incomodidades, ni fatigas, ni malos tratamientos.
Llegaron los dos á Roma hácia el fin del invierno del año de 61, y no quiso san Lucas apartarse del lado del apóstol todo el tiempo que duró su prisión, que fué por espacio de dos años, para servirle, obedecerle y asistirle, aunque no ignoraba los grandes peligros á que estaba expuesto en una ciudad donde solo el nombre de cristiano irritaba el furor de los gentiles; ciudad que igualmente era cabeza del universo, que capital del gentilismo. Escribiendo san Pablo desde la prisión á los Colosenses, hace honorífica mención de san Lucas y de otros discípulos suyos, que eran todo su consuelo en medio de las cadenas. Mi carísimo hermano, el médico Lucas y demás os saludan. Y en la epístola á Filemón, que escribió por el mismo tiempo, dice: También os saludan Epafras, que está conmigo en la cárcel por amor de Jesucristo, juntamente con María, Aristarco, Demas y Lucas, compañeros de mis trabajos.
Por este tiempo, es decir, el año de 63, hácia el fin de la primera vez que estuvo preso el apóstol san Pablo, compuso san Lucas el libro de los Hechos apostólicos, esto es, la historia de las principales acciones de los apóstoles de Cristo, y de los sucesos mas maravillosos y de mayor edificación acaecidos hasta entonces desde el nacimiento de la Iglesia. Después de habernos dado en su evangelio la historia de la vida de Cristo, en esta obra posterior nos dejó la historia de la fundación y del establecimiento de su Iglesia, siendo un fiel resúmen de los progresos que hizo el cristianismo los primeros veinte y nueve ó treinta años inmediatamente posteriores á la Ascensión del Salvador.
Seguramente que después de la vida y de la doctrina del mismo Salvador, que nos refirió en su evangelio; después de las particularidades y de las circunstancias de la santísima Virgen, cuyo confidente le podemos llamar, no nos pudo proponer objeto mayor ni mas noble; no pudo hacer obra mas útil ni de mayor importancia para toda la Iglesia, ya se consideren los grandes ejemplos que pone á la vista para la imitación, ya las admirables instrucciones para la doctrina.
Represéntanos, dice san Juan Crisóstomo, el cumplimiento de muchas cosas que el Hijo de Dios había profetizado; la venida del Espíritu Santo, la prodigiosa mudanza que obró en el entendimiento y en el corazón de los apóstoles, haciéndonos visible el verdadero modelo de la perfección cristiana en la vida de los primeros fieles con el ejercicio de las mas eminentes virtudes, ofreciendo á nuestra admiración las milagrosas obras del Espíritu Santo en la conversión de los gentiles, y en fin, la maravilla de las maravillas, que fué la fundación de la Iglesia de Jesucristo. Intituló san Lucas su obra Hechos de los apóstoles, para darnos á entender, dice san Juan Crisóstomo, que en ella no tanto habíamos de buscar los milagros, las maravillas que obraron, cuanto las santas acciones, las heroicas virtudes en que resplandecieron.
Tiénese por cierto que dieron motivo á nuestro santo para escribir esta obra los falsos hechos de los apóstoles que desde entonces comenzaron á esparcirse por el mundo, y que quiso oponer á aquellas embusteras relaciones una historia verdadera de los hechos de san Pedro y de san Pablo. No se atribuyen mas obras á san Lucas sino la traducción griega de la epístola de san Pablo á los Hebreos.
Puesto san Pablo en libertad después de dos años de prisión, hizo muchos viajes, no solo dentro de Italia, sino también á países mas distantes, siendo algunos de opinión que pasó al Asia y á la Grecia; pero siempre acompañado de su querido discípulo san Lucas, hasta que el santo apóstol se restituyó á Roma, donde le llamaba Dios juntamente con san Pedro para consumar en ella su martirio, sin que san Lucas hubiese abandonado á aquellas dos grandes lumbreras de la Iglesia hasta que fué testigo de su muerte.
Después de ella, dice san Epifanio que san Lucas, animado de su mismo espíritu, y como heredero de su zelo, anunció á Jesucristo con admirable fruto en la Italia, en las Galias, en la Dalmacia y en la Macedonia. Los Griegos aseguran que predicó el evangelio en Egipto, en la Tebaida y en la Libia, haciendo en todas partes nuevas conquistas para Jesucristo, y sembrando en aquellas regiones el misterioso grano que con el tiempo produjo en ellas tanta multitud de mártires, de confesores, y de santos anacoretas.
Pero sin determinar en particular los lugares que santificó el evangelista con sus excursiones y trabajos apostólicos, ¿qué país, dicen los padres, qué país se encontrará en toda la extensión de la cristiandad que no hubiese alumbrado san Lucas con la luz de la fe por medio del libro de su evangelio y de sus Hechos apostólicos, que Ecumenio llama Historia de la conducta del Espíritu Santo en el nacimiento de la Iglesia?
Afirma san Jerónimo que murió de edad de ochenta y cuatro años, y que fué virgen toda la vida. San Gregorio Nazianzeno, san Paulino y san Gaudencio aseguran que coronó con el martirio una vida tan ilustre después de tantos trabajos; y Nicéforo se adelanta á decir que fué colgado de un olivo por los gentiles. Lo cierto es que pocos santos padecieron mas por amor de Jesucristo, y que toda su vida se puede llamar un glorioso martirio; que aun por eso la Iglesia en la oración de su día da el glorioso testimonio de que llevó continuamente grabada en su cuerpo la mortificación de la cruz por el nombre de su divino Maestro.
No se duda que murió en Acaya; su santo cuerpo se conservó en Patrás hasta la mitad del cuarto siglo, siendo muy glorioso su sepulcro por la multitud de milagros que obraba el Señor en él. El año de 357, siendo emperador Constantino, fué trasladado de Acaya á Constantinopla con el de san Andrés, y desde allí fué con el tiempo conducido á Pavía, donde es hoy reverenciado, menos su santa cabeza que san Gregorio el Grande llevó á Roma cuando volvió de su nunciatura de Constantinopla; la que se conserva con gran veneración en la iglesia de San Pedro.
Entre las imágenes de la santísima Virgen que por antigua y venerable tradición se cree haber sido pintadas por manos de san Lucas, la mas célebre de todas es la que se venera en Santa María la Mayor de Roma, cuya capilla adornó el papa Paulo V con tanta magnificencia.
Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.