jueves, 27 de agosto de 2015
San José de Calasanz, Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (2 Tim. 2, 8-10; 3, 10-12)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum Caríssime: Memor esto, Dóminum Jesum Christum resurrexísse a mórtuis ex sémine David, secúndum Evangélium meum, in quo labóro usque ad víncula, quasi male óperans: sed verbum Dei non est alligátum. Ideo ómnia sustíneo propter eléctos, ut et ipsi salútem consequántur, quæ est in Christo Jesu, cum glória coelésti. Tu autem assecútus es meam doctrínam, institutiónem, propósitum, fidem, longanimitátem, dilectiónem, patiéntiam, persecutiónes, passiónes: quália mihi facta sunt Antiochíæ, Icónii et Lystris: quales persecutiónes sustínui, et ex ómnibus erípuit me Dóminus. Et omnes, qui pie volunt vívere in Christo Jesu, persecutiónem patiéntur.
Acuérdate que nuestro Señor Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según la buena nueva que predico, por el cual estoy yo padeciendo hasta verme entre cadenas, como malhechor; si bien la palabra de Dios no está encadenada. Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, a fin de que consigan también ellos la salvación, adquirida por Jesucristo, con la gloria celestial. Tú al contrario, mi caro Timoteo, ya has visto mi doctrina, mi modo de proceder, el fin que me propongo, cuál es mi fe, mi longanimidad, mi caridad, mi paciencia, cuáles las persecuciones y vejaciones que he padecido, lo que me aconteció en Antioquía e Iconio, y en Listra, cuán grandes han sido las persecuciones que he tenido que sufrir, y cómo de todas me ha sacado a salvo el Señor. Y ya se sabe que todos los que quieren vivir virtuosamente según Jesucristo, han de padecer persecución. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 4 + Homilía 5 + Homilía 6 + Homilía 7 + Homilía 8 sobre 2 Timoteo — San Juan Crisóstomo
Vers. 8, 9. «Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según mi Evangelio, por el cual sufro trabajos hasta las cadenas, como un malhechor.»
¿Con qué fin se recuerda esto? Va dirigido principalmente contra los herejes y, al mismo tiempo, sirve para alentar a Timoteo, mostrándole el provecho de los padecimientos, puesto que Cristo, nuestro Maestro, venció Él mismo la muerte padeciendo. «Acuérdate de esto —dice— y tendrás consuelo suficiente. Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos.» Pues sobre este punto muchos habían comenzado ya a subvertir la economía de la salvación, avergonzándose ante la inmensidad del amor de Dios hacia los hombres. Porque tales son los beneficios que Dios nos ha concedido, que los hombres se avergonzaban de atribuirlos a Dios y no podían creer que hubiera descendido hasta tanto. «Según mi Evangelio.» Así habla por doquier en sus Epístolas, diciendo «según mi Evangelio», ya porque estaban obligados a creerle, ya porque había algunos que predicaban otro Evangelio.
«Por el cual sufro trabajos —dice— como un malhechor, hasta las cadenas.» De nuevo introduce consuelo y aliento tomándolos de sí mismo, y dispone el ánimo de quien le escucha con estas dos cosas: primero, que sepa que él soporta penalidades; y segundo, que no las soporta sino con un fin provechoso, pues así habrá ganancia, mientras que de otro modo hasta habría daño. Porque ¿de qué aprovecha mostrar que un maestro se ha expuesto a penalidades, pero no con fin alguno útil? Mas si es en provecho de algo, si es para bien de los que son enseñados, entonces es digno de admiración.
«Pero la palabra de Dios no está encadenada.» Es decir: si fuéramos soldados de este mundo y sostuviéramos una milicia terrena, valdrían las cadenas que atan nuestras manos. Mas ahora Dios nos ha hecho de tal condición que nada puede sojuzgarnos. Porque nuestras manos están atadas, pero no nuestra lengua, ya que nada puede atar la lengua sino la cobardía y la incredulidad solamente; y donde éstas no se hallan, aunque nos carguéis de cadenas, la predicación del Evangelio no queda encadenada. Si atáis a un labrador, le impedís sembrar, pues siembra con la mano; pero si atáis a un maestro, no estorbáis la palabra, porque ésta se siembra con la lengua, no con la mano. Nuestra palabra, pues, no está sujeta a cadenas. Porque, aunque nosotros estemos atados, ella está libre y corre su carrera. ¿Cómo? Porque, aun estando atados, he aquí que predicamos. Esto es para aliento de los que están libres. Pues si nosotros, que estamos atados, predicamos, mucho más os conviene hacerlo a vosotros, que estáis sueltos. Habéis oído que padezco estas cosas como un malhechor: no os desalentéis. Porque es gran maravilla que, estando atado, haga yo la obra de los que están libres; que, estando atado, venza a todos; que, estando atado, prevalezca sobre los que me ataron. Porque es la palabra de Dios, no la nuestra. Las cadenas humanas no pueden atar la palabra de Dios. Estas cosas las padezco por amor de los elegidos.
Vers. 10. «Por eso todo lo soporto —dice— por amor de los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, con la gloria eterna.»
He aquí otro estímulo. «Padezco estas cosas —dice— no por mí, sino por la salvación de los demás. En mi mano estaba haber vivido libre de peligro y no haber sufrido nada de esto, si hubiera mirado por mi propio interés. ¿Por qué, entonces, padezco estas cosas? Por el bien de los demás, para que otros alcancen la vida eterna.» ¿Y qué te prometes a ti mismo? No ha dicho simplemente «por amor de estas personas», sino «por amor de los elegidos». Si Dios los ha elegido, nos conviene padecerlo todo por ellos. «Para que también ellos alcancen la salvación.» Al decir «también ellos», quiere decir: al igual que nosotros. Porque Dios nos ha elegido también a nosotros; y así como Dios padeció por amor nuestro, así debemos nosotros padecer por amor de ellos. De modo que es cosa de justa correspondencia, no de favor. De parte de Dios fue gracia, pues sin haber recibido antes beneficio alguno, nos hizo bien; pero de parte nuestra es correspondencia, pues, habiendo recibido antes los beneficios de Dios, padecemos por causa de éstos, por quienes padecemos, para que alcancen la salvación. ¿Qué dices? ¿Qué salvación? Tú, que no fuiste autor de salvación para ti mismo, sino que te perdías a ti mismo, ¿eres autor de salvación para otros? De ningún modo; y por eso añade: «la salvación que está en Cristo Jesús»; la que es verdaderamente salvación, «con la gloria eterna». Las cosas presentes son penosas, pero no pasan de la tierra. Las cosas presentes son ignominiosas, pero son pasajeras. Están llenas de amargura y de dolor, pero no duran sino hoy y mañana.
Vers. 10. «Pero tú has seguido de cerca mi doctrina.» Por tanto, sé fuerte; pues no sólo estuviste presente, sino que la seguiste puntualmente. Aquí parece dar a entender que el tiempo había sido largo, al decir: «Has seguido de cerca mi doctrina» —esto se refiere a su enseñanza—; «mi conducta» —esto, a su modo de vivir—; «mi propósito» —esto, a su celo y a la firmeza de su alma—. No dije estas cosas —da a entender— sin ponerlas por obra, ni fui filósofo sólo de palabra. «Mi fe, mi longanimidad»: quiere decir que nada de esto me turbó. «Mi caridad», que aquellos hombres no tenían; «mi paciencia», que tampoco tenían. Hacia los herejes —quiere decir— muestro mucha longanimidad; y paciencia, la que se muestra bajo la persecución.
Dos cosas inquietan a un maestro: el número de los herejes y la falta de fortaleza de los hombres para soportar los padecimientos. Y, sin embargo, mucho ha dicho acerca de esto: que siempre los ha habido y siempre los habrá, y que ninguna edad estará libre de ellos, y que no podrán dañarnos, y que en el mundo hay vasos de oro y de plata. Ved cómo pasa a discurrir sobre sus tribulaciones: «las que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra».
¿Por qué ha escogido estos casos de entre muchos? Porque los demás eran conocidos de Timoteo, y éstos quizá eran sucesos recientes; y no menciona los anteriores, pues no los va enumerando uno por uno, ya que no le mueve la ambición ni la vanagloria, sino que los refiere para consuelo de su discípulo, no por ostentación. Y aquí habla de Antioquía de Pisidia y de Listra, de donde era el mismo Timoteo. «Cuántas persecuciones soporté.» Había doble motivo de consuelo: que mostré un celo generoso y que no fui abandonado. No puede decirse que Dios me desamparara, sino que hizo más resplandeciente mi corona.
«Cuántas persecuciones soporté; mas de todas ellas me libró el Señor.»
Vers. 12. «Y, en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.»
«Mas ¿por qué —dice— he de hablar sólo de mí mismo? Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido.» Aquí llama persecuciones a las aflicciones y a las tristezas, pues no es posible que el hombre que sigue el camino de la virtud no se vea expuesto a la pena, a la tribulación y a las tentaciones. Porque ¿cómo ha de escapar de ello quien anda por la senda estrecha y angosta y ha oído que «en el mundo tendréis tribulación»? Si Job dijo en su tiempo que «la vida del hombre sobre la tierra es una prueba», ¿cuánto más lo era en aquellos días?
Homilía 4 + Homilía 5 + Homilía 6 + Homilía 7 + Homilía 8 sobre 2 Timoteo, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 18, 1-5)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Accessérunt discípuli ad Jesum, dicéntes: Quis, putas, major est in regno cœlorum? Et ádvocans Jesus parvulum, státuit eum in médio eórum et dixit: Amen, dico vobis, nisi convérsi fuéritis et efficiámini sicut párvuli, non intrabitis in regnum cœlórum. Quicúmque ergo humiliáverit se sicut párvulus iste, hic est major in regno cœlorum. Et qui suscéperit unum párvulum talem in nómine meo, me súscipit.
En esta misma ocasión se acercaron los discípulos de Jesús , y le hicieron esta pregunta: ¿Quién será el mayor en el reino de los cielos? Y Jesús , llamando a sí a un niño, le colocó en medio de ellos. Y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y hacéis sencillos como a los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Cualquiera, pues, que se humillare como este niño, ése será el mayor en el reino de los cielos. Y el que acogiere a un niño como acabo de decir, en nombre mío, a mí me acoge. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 18, 1-5 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Jerónimo. Después que los discípulos vieron que se había pagado el mismo tributo por Pedro que por el Señor, dedujeron que Pedro era el primero de los apóstoles.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 58,2. Esta idea suscitó en ellos una especie de resentimiento, que da a entender el evangelista cuando dice: "En aquella hora se llegaron los discípulos a Jesús diciendo: ¿Quién piensas que es mayor en el Reino de los Cielos?" Se avergonzaban de confesar la pasión que sufrían y por eso no dicen abiertamente: ¿Por qué honraste más a Pedro que a nosotros? sino que preguntan de una manera general: ¿quién es mayor? Cuando distinguió el Señor a sus tres discípulos a la vez -a Pedro, a Santiago y a Juan- en la transfiguración, no experimentaron lo demás resentimiento alguno; pero cuando ven que uno solo es el honrado, se quejan los otros. Mas debemos considerar, primeramente, que no exigen las cosas de la tierra y además, que depusieron después este movimiento apasionado; pero nosotros no podemos llegar ni hasta sus defectos, porque no preguntamos quién es el mayor en el Reino de los Cielos, sino quién es el mayor en el reino de la tierra.
Orígenes, homilia 5 in Matthaeum. Si dudamos en alguna ocasión y no encontramos la resolución de las dudas, debemos imitar a los discípulos aproximándonos tranquilamente a Jesús, que tiene poder para iluminar los corazones de los hombres y hacerles entender toda clase de cuestión; preguntemos también a los doctores que están colocados al frente de las iglesias. Sabían los discípulos, al hacer esa pregunta, que en el Reino de los Cielos no eran iguales todos los santos; pero deseaban saber de qué manera se llegaba a ser el mayor y por qué camino se descendía a ser el menor. O también, por lo que el Señor les había dicho antes, sabían quién era grande y quién el menor; pero no comprendían quién sería el mayor entre muchos que eran grandes.
San Jerónimo. Mas el Señor, al ver sus pensamientos, quiso curar su deseo de vanagloria, mediante una comparación sumamente humilde. Por eso sigue: "Y llamando Jesús a un niño, etc."
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 58,3. Me parece una cosa muy bien hecha la presentación, en medio de ellos, de un niño inocente.
San Jerónimo. De manera que por su edad fuese el tipo de la inocencia. Por otro lado, el mismo Señor se presentó en medio de ellos como un niño, para demostrarles que no había venido para ser servido, sino para darles ejemplo de humildad. Otros significan por la palabra niño, al Espíritu Santo, a quien puso el Señor en el corazón de sus discípulos, para cambiar su orgullo en humildad. Sigue: "Y dijo: En verdad os digo, que si no os volviereis, e hiciereis como niños, etc." El Señor no mandó a los apóstoles que tuvieran la edad de los niños, sino que tuvieran su inocencia y que obtuvieran por sus esfuerzos lo que aquellos poseían por sus años, de manera que fueran niños en la malicia, pero no en la sabiduría ( 1Cor 14). Es como si dijera: así como este niño, que os propongo como ejemplo, no es tenaz en la cólera, olvida el mal que se le ha hecho, no se deleita en ver una mujer hermosa, no piensa una cosa y dice otra; de esta manera, vosotros, si no tuviereis esa inocencia y esa pureza de alma, no podréis entrar en el Reino de los Cielos.
San Hilario, in Matthaeum, 18. Llamó también niños a todos los creyentes, por su obediencia a la fe; éstos siguen a su padre, aman a su madre, no saben querer el mal, desprecian los cuidados de los afanes de la vida, no son insolentes, no tienen odio, no mienten, creen lo que se les dice y tienen por verdadero lo que oyen. Tal es el sentido literal.
Glosa. Si no os convertís de ese orgullo y de esa indignación en que ahora vivís, y no os hacéis por la virtud tan inocentes y humildes, como son los niños por su edad, no entraréis en el Reino de los Cielos, porque de este modo no se puede entrar. Cualquiera, pues, que se humillare como este niño será el mayor en el Reino de los Cielos.
Remigio. Esto es, en el conocimiento de la gracia, o en la dignidad eclesiástica, o en cierta bienaventuranza eterna.
San Jerónimo. O de otro modo, cualquiera que se humillare como este niño -es decir, el que se humillare a ejemplo mío- entrará en el Reino de los Cielos.
San Jerónimo. Sigue: "Y el que recibiere a un niño tal, en mi nombre, etc."
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 58,3. Esto equivale a decir: No solamente recibiréis una recompensa si os hiciereis como este niño, sino que si honrareis por mí a todos los que se hacen semejantes a un niño, yo determino para vosotros, como recompensa del honor que les habéis dado, el Reino de los Cielos. Y aun les propone otra cosa mayor, en estas palabras: "A mí recibe".
San Jerónimo. Efectivamente, recibe a Cristo aquel que imita su humildad y su inocencia. Y el Señor añade oportunamente, a fin de que los apóstoles no se atribuyesen a sí mismos el honor que se les había dado, que habían recibido ese honor, no por sus méritos, sino por los de su Maestro.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 58,3. Enseguida sigue: "Mas el que escandalizare, etc.". Lo que equivale a decir: Así como tienen una recompensa los que por mí honran a éstos, así también los que los deshonran deben sufrir los más terribles males. Y no os admiréis de que se llame escándalo al desprecio, porque muchos pusilánimes se escandalizan por los desprecios que se les hacen.
San Jerónimo. Observad que el que se escandaliza es un niño. Porque los mayores no se escandalizan y aunque pudieran tomarse estas palabras en un sentido general y aplicarse a todos los que escandalizan a otro, sin embargo, el enlace de las ideas exige, que puedan aplicarse también a los apóstoles, quienes por la pregunta que hicieron al Señor: ¿Quién sería mayor en el Reino de los Cielos? parecía como que debatían una cuestión de dignidad. Si ellos hubieran continuado en esta lucha, podrían por su escándalo haber perdido a todos los que llamaban a la fe, a causa de que veían a los apóstoles divididos por una cuestión de esa especie.
Orígenes, homilia 5 in Matthaeum. Mas ¿cómo aquel que ha sido convertido y hecho como un niño es también el más pequeño y capaz de ser escandalizado? Podemos resolver este reparo de la manera siguiente: todo el que cree en el Hijo de Dios y conforma su vida con los preceptos evangélicos, está convertido y se hace semejante a un niño. Por el contrario, el que no se convierte de tal manera, que quede hecho como un niño, es imposible que entre en el Reino de los Cielos. En toda reunión de creyentes hay algunos que hace poco tiempo que se han convertido y se esfuerzan por hacerse semejantes a los niños, pero aún no se han hecho niños; éstos son tenidos por pequeños en Cristo y capaces de ser escandalizados.
San Jerónimo. Cuando dice el Señor: "Mejor le fuera que colgasen a su cuello una piedra de molino, etc." Usa el Señor el lenguaje acostumbrado en la provincia, pues era costumbre entre los antiguos judíos, castigar a los mayores criminales arrojándolos al mar atados con una piedra y les convenía más este castigo. Porque es mucho mejor recibir un castigo breve, que el ser reservado para sufrir las penas eternas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 58,3. Era una consecuencia de lo anterior el decir: "A mí no recibe", que era el más amargo de todos los males; pero como ellos eran groseros y no se movían por esto, el Señor, para manifestarles la pena que les está reservada, usa un ejemplo conocido, por eso les dice que les fuera mejor el sufrir este castigo. Porque es mucho más terrible el que les está reservado.
San Hilario, in Matthaeum, 18. En sentido místico, el castigo de la piedra de molino significa el mal de la ceguera, puesto que a los asnos, después de vendarles los ojos, se les hace dar vueltas con la piedra. Y muchas veces se designan con el nombre de asnos a los gentiles porque su misma ignorancia les hace ciegos; mas no a los judíos a quienes la misma ciencia de su ley les traza su camino. A éstos les hubiera sido mejor ser precipitados en el mar llevando al cuello la piedra del asno, es decir, de quedar sumergidos en los trabajos de los gentiles y en las tinieblas del siglo, que el de escandalizar a los apóstoles de Cristo. Porque hubieran tenido menos responsabilidad no conociendo a Cristo, que no habiendo recibido al Señor de los profetas.
San Gregorio Magno, Moralia, 11,17. O de otro modo, ¿qué otra cosa significa el mar, sino el siglo? ¿y qué la piedra del asno, sino las acciones terrenales, que aprietan el cuello del alma con los deseos insensatos y la hacen girar en el círculo del pecado? Hay ciertamente algunos que abandonan las acciones terrestres, y, despreciando la humildad, se elevan con una fuerza superior a la de su inteligencia hasta los ejercicios contemplativos; no sólo se precipitan en el error, sino que arrastran consigo a los que están débiles en la verdad. Al que escandaliza, pues, a uno de estos pequeñuelos le hubiera sido mejor que le hubieran arrojado al mar con una piedra al cuello. Porque hubiera sido más fácil para esta alma perversa el ocuparse en los negocios del mundo, que el entregarse a los ejercicios de la contemplación con perjuicio de muchos.
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 1,24. O de otro modo, el que escandalizare a uno de estos pequeños -esto es, de esos humildes como los que quiere el Señor que sean sus discípulos- o con su desobediencia, o con su resistencia, como dice el apóstol sobre Alejandro ( 2Tim 4,14.), conviene que se le ate una piedra de asno al cuello y sea arrojado al fondo del mar, es decir, le conviene que la pasión que tiene por los bienes terrenales (a los que están atados los necios y ciegos), le lleve atado con esa carga a la muerte.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena