lunes, 1 de junio de 2015
Santa Ángela de Mérici, Virgen
Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.
Por los años de 1470, el día 21 de marzo, nació en Desenzano de Brescia, en Italia, Ángela Mérici, hija de padres distinguidos por su nobleza, y más aun por su piedad, los que la dieron una educación cristiana. Desde su tierna infancia comenzó á mostrar la santa un aire grave y modesto, y á practicar tan grandes mortificaciones, que obligaban muchas veces á sus padres á moderar su rigor. La muerte arrebató á estos cuando aun era niña; tomóla entonces bajo su tutela un tío suyo que habitaba en Salo con una de sus hermanas que participaba de los mismos gustos por la piedad. Su tío las dejaba una libertad completa de seguir sus inclinaciones por los ejercicios religiosos; pero como no satisficiese esto su zelo, deseando tener una vida más perfecta, se escaparon un día de la casa para retirarse á una gruta situada en las montañas á cuatro leguas de Salo. Su desaparición repentina derramó la inquietud en la casa, porque á nadie habían prevenido de su proyecto; y haciendo diligencias para buscarlas, se las encontró al fin, y fueron vueltas á la casa del tío, el cual de la misma manera que antes las dejó entera libertad de servir á Dios.
Caminaba Ángela cada día con más rápida carrera en el camino de la perfección, cuando vino el Señor á visitarla con una prueba, llevando á sí á la hermana, á quien amaba entrañablemente, por ser la que con una emulación santa la sostenía en la virtud. Entonces, no buscando consuelos más que en la Religión, entró la joven virgen en la orden tercera de san Francisco, y dando rienda suelta á su fervor practicaba todas las austeridades que su piedad la sugería; llevaba cilicio, no comía más que pan y legumbres, y no vivía más que de limosnas á pesar de las representaciones de su tío. La sagrada comunión, que recibía todos los días, era la fuente donde sacaba las gracias abundantes que sostienen al hombre en los combates que tiene que dar aquí abajo. Entretanto vino á morir su tío, y volviendo la virgen á Desenzano, trabó amistad con muchas hermanas de la orden tercera, á las cuales comunicó el proyecto que hacía mucho tiempo tenia en su alma de consagrarse á la instrucción de las niñas, en el que nuevamente se confirmó por una visión que tuvo. Conviniendo en él las compañeras á quienes dio parte, luego principiaron á reunir las niñas de aquellos parajes, y á enseñarlas la doctrina cristiana; y bendiciendo el Señor tan piadosa empresa, bien pronto se conoció su utilidad por la mudanza que obraron en las jóvenes tan virtuosas maestras; de manera que, envidiosa la ciudad de Brescia, capital del Bresano, de los bienes que se hacían en Desenzano, llamó á Ángela á sus muros, donde confirmó plenamente la alta opinión que se había concebido de sus talentos y virtudes.
Algún tiempo después de su llegada á Brescia, movida del deseo de visitar los lugares que santificó el Señor con su presencia, emprendió el viaje de la Tierra Santa; mas, habiendo perdido la vista antes de llegar á Palestina, fue obligada á dar la vuelta, y no recobró su uso hasta que estuvo en Italia. En el año de 1525 hizo el viaje á Roma para ganar el jubileo, y tuvo el consuelo de ser recibida en audiencia por el papa Clemente VII, quien manifestó hacer mucho aprecio de ella. Contrariada en sus buenas obras por las guerras que afligieron á la Italia, no pudo establecer los fundamentos de su orden hasta en el año de 1535, en el que, asociándose primeramente doce compañeras, formó una regla para guiarlas en las funciones penosas y meritorias de instruir á las niñas; dió á su instituto el nombre de santa Úrsula, para impedir que algún día se le diese su propio nombre; y como fuese necesario nombrar una superiora, hizo todo lo que estaba de su parte para no ser promovida á este cargo, que al fin fué obligada á aceptar á pesar de todas sus repugnancias. Más tarde quiso hacer dimisión, y fué preciso que el obispo de la diócesis interpusiese su autoridad para hacerla proseguir en el puesto.
Una grave enfermedad la arrebató á sus hijas el día 27 de enero de 1540. Su muerte difundió el duelo por toda la ciudad. Fué enterrada cerca del altar mayor de la iglesia de santa Afra, su parroquia, según el deseo que había manifestado. Clemente XII la beatificó el 30 de abril de 1768, y Pío VII la canonizó solemnemente el 24 de mayo de 1807. Su instituto se ha extendido por casi toda la Europa, y en nuestros días cuenta con algunas casas hasta en América.
Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.