viernes, 27 de marzo de 2015
San Juan Damasceno, Confesor y Doctor de la Iglesia
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (2 Tim. 2, 8-10; 3, 10-12)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum Caríssime: Memor esto, Dóminum Jesum Christum resurrexísse a mórtuis ex sémine David, secúndum Evangélium meum, in quo labóro usque ad víncula, quasi male óperans: sed verbum Dei non est alligátum. Ideo ómnia sustíneo propter eléctos, ut et ipsi salútem consequántur, quæ est in Christo Jesu, cum glória coelésti. Tu autem assecútus es meam doctrínam, institutiónem, propósitum, fidem, longanimitátem, dilectiónem, patiéntiam, persecutiónes, passiónes: quália mihi facta sunt Antiochíæ, Icónii et Lystris: quales persecutiónes sustínui, et ex ómnibus erípuit me Dóminus. Et omnes, qui pie volunt vívere in Christo Jesu, persecutiónem patiéntur.
Acuérdate que nuestro Señor Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según la buena nueva que predico, por el cual estoy yo padeciendo hasta verme entre cadenas, como malhechor; si bien la palabra de Dios no está encadenada. Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, a fin de que consigan también ellos la salvación, adquirida por Jesucristo, con la gloria celestial. Tú al contrario, mi caro Timoteo, ya has visto mi doctrina, mi modo de proceder, el fin que me propongo, cuál es mi fe, mi longanimidad, mi caridad, mi paciencia, cuáles las persecuciones y vejaciones que he padecido, lo que me aconteció en Antioquía e Iconio, y en Listra, cuán grandes han sido las persecuciones que he tenido que sufrir, y cómo de todas me ha sacado a salvo el Señor. Y ya se sabe que todos los que quieren vivir virtuosamente según Jesucristo, han de padecer persecución. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 4 + Homilía 5 + Homilía 6 + Homilía 7 + Homilía 8 sobre 2 Timoteo — San Juan Crisóstomo
Vers. 8, 9. «Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según mi Evangelio, por el cual sufro trabajos hasta las cadenas, como un malhechor.»
¿Con qué fin se recuerda esto? Va dirigido principalmente contra los herejes y, al mismo tiempo, sirve para alentar a Timoteo, mostrándole el provecho de los padecimientos, puesto que Cristo, nuestro Maestro, venció Él mismo la muerte padeciendo. «Acuérdate de esto —dice— y tendrás consuelo suficiente. Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos.» Pues sobre este punto muchos habían comenzado ya a subvertir la economía de la salvación, avergonzándose ante la inmensidad del amor de Dios hacia los hombres. Porque tales son los beneficios que Dios nos ha concedido, que los hombres se avergonzaban de atribuirlos a Dios y no podían creer que hubiera descendido hasta tanto. «Según mi Evangelio.» Así habla por doquier en sus Epístolas, diciendo «según mi Evangelio», ya porque estaban obligados a creerle, ya porque había algunos que predicaban otro Evangelio.
«Por el cual sufro trabajos —dice— como un malhechor, hasta las cadenas.» De nuevo introduce consuelo y aliento tomándolos de sí mismo, y dispone el ánimo de quien le escucha con estas dos cosas: primero, que sepa que él soporta penalidades; y segundo, que no las soporta sino con un fin provechoso, pues así habrá ganancia, mientras que de otro modo hasta habría daño. Porque ¿de qué aprovecha mostrar que un maestro se ha expuesto a penalidades, pero no con fin alguno útil? Mas si es en provecho de algo, si es para bien de los que son enseñados, entonces es digno de admiración.
«Pero la palabra de Dios no está encadenada.» Es decir: si fuéramos soldados de este mundo y sostuviéramos una milicia terrena, valdrían las cadenas que atan nuestras manos. Mas ahora Dios nos ha hecho de tal condición que nada puede sojuzgarnos. Porque nuestras manos están atadas, pero no nuestra lengua, ya que nada puede atar la lengua sino la cobardía y la incredulidad solamente; y donde éstas no se hallan, aunque nos carguéis de cadenas, la predicación del Evangelio no queda encadenada. Si atáis a un labrador, le impedís sembrar, pues siembra con la mano; pero si atáis a un maestro, no estorbáis la palabra, porque ésta se siembra con la lengua, no con la mano. Nuestra palabra, pues, no está sujeta a cadenas. Porque, aunque nosotros estemos atados, ella está libre y corre su carrera. ¿Cómo? Porque, aun estando atados, he aquí que predicamos. Esto es para aliento de los que están libres. Pues si nosotros, que estamos atados, predicamos, mucho más os conviene hacerlo a vosotros, que estáis sueltos. Habéis oído que padezco estas cosas como un malhechor: no os desalentéis. Porque es gran maravilla que, estando atado, haga yo la obra de los que están libres; que, estando atado, venza a todos; que, estando atado, prevalezca sobre los que me ataron. Porque es la palabra de Dios, no la nuestra. Las cadenas humanas no pueden atar la palabra de Dios. Estas cosas las padezco por amor de los elegidos.
Vers. 10. «Por eso todo lo soporto —dice— por amor de los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, con la gloria eterna.»
He aquí otro estímulo. «Padezco estas cosas —dice— no por mí, sino por la salvación de los demás. En mi mano estaba haber vivido libre de peligro y no haber sufrido nada de esto, si hubiera mirado por mi propio interés. ¿Por qué, entonces, padezco estas cosas? Por el bien de los demás, para que otros alcancen la vida eterna.» ¿Y qué te prometes a ti mismo? No ha dicho simplemente «por amor de estas personas», sino «por amor de los elegidos». Si Dios los ha elegido, nos conviene padecerlo todo por ellos. «Para que también ellos alcancen la salvación.» Al decir «también ellos», quiere decir: al igual que nosotros. Porque Dios nos ha elegido también a nosotros; y así como Dios padeció por amor nuestro, así debemos nosotros padecer por amor de ellos. De modo que es cosa de justa correspondencia, no de favor. De parte de Dios fue gracia, pues sin haber recibido antes beneficio alguno, nos hizo bien; pero de parte nuestra es correspondencia, pues, habiendo recibido antes los beneficios de Dios, padecemos por causa de éstos, por quienes padecemos, para que alcancen la salvación. ¿Qué dices? ¿Qué salvación? Tú, que no fuiste autor de salvación para ti mismo, sino que te perdías a ti mismo, ¿eres autor de salvación para otros? De ningún modo; y por eso añade: «la salvación que está en Cristo Jesús»; la que es verdaderamente salvación, «con la gloria eterna». Las cosas presentes son penosas, pero no pasan de la tierra. Las cosas presentes son ignominiosas, pero son pasajeras. Están llenas de amargura y de dolor, pero no duran sino hoy y mañana.
Vers. 10. «Pero tú has seguido de cerca mi doctrina.» Por tanto, sé fuerte; pues no sólo estuviste presente, sino que la seguiste puntualmente. Aquí parece dar a entender que el tiempo había sido largo, al decir: «Has seguido de cerca mi doctrina» —esto se refiere a su enseñanza—; «mi conducta» —esto, a su modo de vivir—; «mi propósito» —esto, a su celo y a la firmeza de su alma—. No dije estas cosas —da a entender— sin ponerlas por obra, ni fui filósofo sólo de palabra. «Mi fe, mi longanimidad»: quiere decir que nada de esto me turbó. «Mi caridad», que aquellos hombres no tenían; «mi paciencia», que tampoco tenían. Hacia los herejes —quiere decir— muestro mucha longanimidad; y paciencia, la que se muestra bajo la persecución.
Dos cosas inquietan a un maestro: el número de los herejes y la falta de fortaleza de los hombres para soportar los padecimientos. Y, sin embargo, mucho ha dicho acerca de esto: que siempre los ha habido y siempre los habrá, y que ninguna edad estará libre de ellos, y que no podrán dañarnos, y que en el mundo hay vasos de oro y de plata. Ved cómo pasa a discurrir sobre sus tribulaciones: «las que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra».
¿Por qué ha escogido estos casos de entre muchos? Porque los demás eran conocidos de Timoteo, y éstos quizá eran sucesos recientes; y no menciona los anteriores, pues no los va enumerando uno por uno, ya que no le mueve la ambición ni la vanagloria, sino que los refiere para consuelo de su discípulo, no por ostentación. Y aquí habla de Antioquía de Pisidia y de Listra, de donde era el mismo Timoteo. «Cuántas persecuciones soporté.» Había doble motivo de consuelo: que mostré un celo generoso y que no fui abandonado. No puede decirse que Dios me desamparara, sino que hizo más resplandeciente mi corona.
«Cuántas persecuciones soporté; mas de todas ellas me libró el Señor.»
Vers. 12. «Y, en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.»
«Mas ¿por qué —dice— he de hablar sólo de mí mismo? Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido.» Aquí llama persecuciones a las aflicciones y a las tristezas, pues no es posible que el hombre que sigue el camino de la virtud no se vea expuesto a la pena, a la tribulación y a las tentaciones. Porque ¿cómo ha de escapar de ello quien anda por la senda estrecha y angosta y ha oído que «en el mundo tendréis tribulación»? Si Job dijo en su tiempo que «la vida del hombre sobre la tierra es una prueba», ¿cuánto más lo era en aquellos días?
Homilía 4 + Homilía 5 + Homilía 6 + Homilía 7 + Homilía 8 sobre 2 Timoteo, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Luc. 6, 6-11)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Factum est et in álio sábbato, ut intráret Jesus in synagógam et docéret. Et erat ibi homo, et manus ejus déxtera erat árida. Observábant autem scribæ et pharisæi, si in sábbato curáret: ut invenírent, unde accusárent eum. Ipse vero sciébat cogitatiónes eórum. Et ait hómini, qui habébat manum áridam: Surge et sta in médium. Et surgens stetit. Ait autem ad illos Jesus: Intérrogo vos, si licet sábbatis benefácere, an male: ánimam salvam fácere, an pérdere? Et circumspéctis ómnibus dixit hómini: Exténde manum tuam. Et exténdit: et restitúta est manus ejus. Ipsi autem repléti sunt insipiéntia, et colloquebántur ad ínvicem, quidnam fácerent Jesu.
Sucedió que entró otro sábado en la sinagoga, y se puso a enseñar. Se hallaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y los escribas y fariseos le estaban acechando, a ver si curaría en sábado, para tener de qué acusarle. Pero Jesús , que calaba sus pensamientos, dijo al que tenía seca la mano: Levántate, y ponte en medio. Se levantó y se puso en medio. Les dijo entonces Jesús : Tengo que haceros una pregunta: ¿Es lícito en los días de sábado hacer bien, o mal? ¿Salvar a un hombre la vida, o quitársela? Y dando una mirada a todos alrededor dijo al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y la mano quedó sana. Mas ellos llenos de furor, conferenciaban entre sí, qué podrían hacer contra Jesús . [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 6, 6-11 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Ambrosio. Aquí el Señor pasa a otras cosas; porque como se proponía salvar a todo el hombre, curaba un miembro después del otro; de donde se dice: "Y aconteció, que entrando otro sábado en la sinagoga, enseñaba".
Beda. En los sábados es cuando especialmente cura y enseña, no solamente para demostrar que el sábado es un día consagrado a Dios, sino también porque los sábados era cuando se reunía gente más solemnemente.
San Cirilo. Enseñaba verdaderamente cosas superiores a la inteligencia humana, y abría a los que le oían el camino que conduce a la vida eterna; y después que había explicado su doctrina, mostraba de repente su divino poder. Y sigue: "Y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha".
Beda. Como el Maestro acababa de excusar con su ejemplo laudable la violación del sábado -que reprochaban a sus discípulos-, ahora le observan a El para calumniarle; de donde prosigue: "Y los escribas y los fariseos le estaban acechando por ver si curaba en sábado", esto es, para si no curaba, argüirle de crueldad o imbecilidad; y si curaba en sábado, considerarlo como infractor de la ley; por esto dice: "Para hallar de qué acusarlo".
San Cirilo. Esta es la costumbre del adversario: alimenta en sí la enfermedad del dolor con las alabanzas de otros; pero el Señor conoce todas las cosas, y penetra los secretos del corazón. Y sigue: "Mas El sabía los pensamientos de ellos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio: y él levantándose se puso en pie". Sin duda, con el fin de mover al cruel fariseo a que tuviese compasión; y que la misma pasión mitigase las llamas de la ira.
Beda. Comprendiendo el Señor la calumnia que le preparaban, reprende a aquellos que no interpretan bien los mandamientos de la ley, creyendo que en los sábados no podían hacerse obras buenas, siendo así que la ley únicamente manda abstenerse de los trabajos serviles en el sábado -esto es, de las malas acciones-. Por ello Jesús les dijo: "Os pregunto: ¿Es lícito en los sábados hacer bien", etc.
San Cirilo. La cuestión es oportunísima, porque si es lícito hacer bien en el sábado, y nada puede estorbar que los que sufren alcancen misericordia del Señor, en cuyo caso no tiene cabida la calumnia levantada contra Jesucristo; pero si no es lícito hacer obras buenas en el sábado, y la ley prohibe trabajar por la salvación de las almas, entonces se convertían en acusadores de la ley. Si queremos discutir la institución del sábado, observaremos que fue establecido para hacer obras piadosas; estaba mandado que en el sábado no se trabajase, con el fin de que descansen -como se dice en el Deuteronomio ( Dt 5,14)-, tu siervo, tu criada, y todo animal que te pertenezca. Por tanto, el que se compadece del buey y de los demás animales, ¿cómo no se compadecerá del hombre afligido con una grave enfermedad?
San Ambrosio. La ley figura en las presentes circunstancias, la forma de los futuros tiempos, en los cuales habrá ciertamente ferias de males, no de bienes; pues aunque se descanse de los trabajos materiales, no se estará ocioso, sino que se descansará alabando a Dios con obras buenas.
San Agustín, De quaest. Evang., lib. 2, quaest. 9. Habiendo curado el cuerpo, preguntó de esta manera: "¿Es lícito salvar las almas o perderlas?" Acaso porque hacía los milagros para establecer la fe, en la que se encuentra la salvación del alma, o porque la curación de la mano derecha significa la salvación del alma, la cual, no haciendo buenas obras, tenía, en cierto modo, seca su derecha; o también, por alma, entiende al hombre, así como se acostumbra a decir: "Hubo allí tantas almas".
San Agustín, de cons. evang. 2, 35. Pero aun puede preguntarse como dijo San Mateo, que ellos preguntaron al Señor si era lícito curar en sábado; cuando San Lucas hace ver, que fue el Señor quien les preguntó a ellos. Debe entenderse aquí, que ellos preguntaron primero al Señor, si era lícito el curar en sábado; y que después el Señor, conociendo los pensamientos de ellos, les salía como al encuentro, colocando en medio a aquél a quien se proponía curar, y les preguntó, como dicen San Marcos y San Lucas.
San Agustín, de cons. evang. 2, 35. Prosigue: "Y mirándolos a todos".
Tito, Bostrense. Como haciendo fijar los ojos de todos, y excitando su inteligencia a la consideración del negocio, dijo a aquel hombre: "Tiende tu mano". Yo que he creado al hombre, soy quien te mando; el que tenía enferma la mano, obedeció y fue curado. Por lo que sigue: "El la extendió, y fue sana la mano". Los que debían admirarse ante aquel milagro, aumentan su malicia. Por lo cual sigue: "Y ellos se llenaron de furor, y hablaban los unos con los otros, qué harían de Jesús".
Orígenes. O como dice San Mateo, se salen y consultan el modo de matarlo.
San Cirilo. ¡Oh fariseo, ves al que hace cosas prodigiosas, y que cura a los enfermos en virtud de un poder superior, y tú proyectas su muerte por envidia!
Beda. Este hombre es figura del linaje humano, árido porque no producía obras buenas, desde que representado en su primer padre, alargó la mano para coger la manzana, cuya mala acción enmendó el inocente Hijo de Dios, extendiendo sus manos en la cruz. La mano de la humanidad en la sinagoga estaba seca; porque donde se encuentra mayor copia de los conocimientos, allí comete mayor culpa el que quebranta lo mandado.
San Ambrosio. Ya has oído al que dice estas palabras: "Extiende tu mano": esta medicina es común y general; y tú que crees tener buena la mano, evita que se te seque por la avaricia o por el sacrilegio. Extiéndela muchas veces, favoreciendo a tu prójimo, y dispensando tu protección a la viuda; defiende de cualquier injuria a quien veas sufrir bajo el peso de la calumnia, extiende también tu mano al pobre que te pide; extiéndela también al Señor, pidiéndole el perdón de tus pecados. Así es como debe extenderse la mano, y así es como se cura.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena