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martes, 24 de marzo de 2015

San Gabriel Arcángel

Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.

Por particular concesión de la silla apostólica se celebra en los reinos de España la festividad del gloriosísimo arcángel san Gabriel, como á quien debemos el singular beneficio de haber anunciado á la santísima Virgen y Señora nuestra la encarnación del divino Verbo, y haber traído al mundo la noticia de su mayor gozo y consuelo, que por tantos años había sido el objeto de las esperanzas de los justos, el blanco de sus suspiros y oraciones, y el fin á que se dirigían las magníficas promesas que el Omnipotente había hecho á su pueblo, sacándole de Egipto y trayéndole á la tierra de promisión, señal manifiesta de que algún día había de sacarle de la esclavitud del demonio, en que vivía desde la primera culpa, y había de traerle al conocimiento perfecto de su santa ley, por medio de un libertador que destruyese el imperio de la muerte, y fuese el redentor de todo Israel.

Estas grandes y verdaderas promesas las conocieron particularmente los justos del antiguo testamento; y como observa el padre san Agustín, á proporción que se iba acercando el tiempo de su cumplimiento, fue también haciéndose mas pública y mas notoria esta certísima esperanza en toda la nación hebrea, de la cual había de nacer el Redentor deseado.

Habiendo leído Daniel en el profeta Jeremías el misterio de la desolación de la ciudad santa, entró en vivísimos deseos de entenderlo; y para ello, comenzó á afligirse con ayunos, oraciones, cilicios y otras penitencias, confesando al mismo tiempo sus pecados y los de su pueblo de Israel; y perseverando en tan santos ejercicios, mereció que el Señor enviase al glorioso arcángel san Gabriel para que le declarase aquel misterio, y le manifestase todas sus particularidades, movido sin duda de los fervorosos deseos y humildes oraciones que había dirigido al Todopoderoso.

De este mismo medio se valió el santo Zacarías, de quien nos dice san Lucas que, viviendo en la observancia de todos los mandamientos y justificaciones del Señor, mereció que se le apareciese en el templo el mismo glorioso arcángel, y le dijese: No temas, Zacarías, porque han sido oídas tus oraciones en presencia del Señor; y sabe que tendrás un hijo, que será tu gozo y alegría, y ha de ser grande delante del Altísimo. Así se verificó, naciendo al tiempo señalado por el arcángel el precursor san Juan Bautista, que fué grande en la presencia de Dios y de los hombres.

La santísima virgen María se empleaba igualmente en estos ejercicios; y aunque su humildad la hacia que se reputase por una indigna esclava del Señor, á quien, sin haber tenido ejemplo que imitar en los tiempos anteriores, había consagrado su virginidad perpetua, renunciando de este modo á la esperanza de que de ella pudiese descender el Mesías; persuadida no obstante, como los justos y santos patriarcas, de que de su pueblo había de salir el deseado de las gentes, enviaba al cielo incesantemente sus suspiros y oraciones, solicitando la venida del Redentor. De lo íntimo de su corazón purísimo clamaba á Dios con el Profeta: Ven, Señor, á visitarnos en paz; ven, y perdona los pecados de tu pueblo de Israel. Una súplica tan fervorosa penetra los cielos, abre sus puertas, y consigue que se comuniquen sus bienes á la tierra.

En efecto, aquel Padre celestial, cuyas misericordias son sobre todas sus obras, envía uno de aquellos soberanos espíritus que asisten á su trono, para que certifique á la santísima Virgen haber sido oídas y despachadas felizmente sus oraciones. El glorioso san Gabriel es el que destina Dios para traer la embajada mas interesante que jamás pudo hacerse de los cielos á la tierra, siendo también el primero entre todas las criaturas á quien se comunicó el secreto del supremo consejo de la Trinidad beatísima. Rompe pues las celestiales esferas, y en alas del deseo de nuestra reparación, desciende á Nazaret de Galilea, y en traje de un joven tan gallardo como honesto, entra en el retrete donde á la sazón se hallaba la santísima Virgen empleada en sus acostumbradas oraciones; y puesto en su presencia, la saluda de esta suerte: Ave, María, llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Turbóse la Virgen al oir estas palabras, y pensaba qué nueva salutación seria esta de parte de un ángel; pero san Gabriel la alentó, añadiendo: No temas, María, porque hallaste gracia en la presencia de Dios: sabe que has de concebir y parir un hijo, á quien llamarás Jesús, y será también hijo del Altísimo. Este hijo reinará eternamente, y su reino no tendrá fin.

Oye la dificultad que la Virgen le propone, diciéndole: ¿Y cómo ha de ser esto, cuando no he conocido ni conozco varón? si he consagrado á Dios mi pureza virginal, ¿cómo puedo concebir y dar á luz el hijo que me anuncias? Pero san Gabriel la manifiesta que permanecerá incorrupto su virginal candor, que todo se ejecutará por obra del Espíritu Santo, y por virtud del Altísimo. También la da otra alegre nueva, y es el feliz preñado de santa Isabel su prima, la que, habiendo permanecido estéril en su juventud, vino á ser madre en su vejez, y estaba ya en el sexto mes de su preñado, cosa que parecía imposible; pero nada hay imposible para Dios.

Tales han sido los honoríficos encargos que ha hecho Dios al arcángel san Gabriel, como vemos en las santas escrituras; señal manifiesta de que es el principal ó el sumo entre los ángeles, como le llama san Gregorio, pues tratándose de la mas suprema embajada que jamás se hizo ó se ha de hacer en el mundo, convenía que fuese destinado para ella uno de los primeros personajes del empíreo. También nos manifiesta el gran poder y valimiento que tiene con Dios este glorioso arcángel, y lo mucho que en su intercesión podemos confiar, si le tenemos una verdadera devoción.

Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.