martes, 4 de noviembre de 2014
San Carlos Borromeo, Obispo y Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Eccli. 44, 16-27; 45, 3-20)
Léctio libri Sapiéntiæ Ecce sacérdos magnus, qui in diébus suis plácuit Deo, et invéntus est justus: et in témpore iracúndiæ factus est reconciliátio. Non est invéntus símilis illi, qui conservávit legem Excélsi. Ideo jurejurándo fecit illum Dóminus créscere in plebem suam. Benedictiónem ómnium géntium dedit illi, et testaméntum suum confirmávit super caput ejus. Agnóvit eum in benedictiónibus suis: conservávit illi misericórdiam suam: et invénit grátiam coram óculis Dómini. Magnificávit eum in conspéctu regum: et dedit illi corónam glóriæ. Státuit illi testaméntum ætérnum, et dedit illi sacerdótium magnum: et beatificávit illum in glória. Fungi sacerdótio, et habére laudem in nómine ipsíus, et offérre illi incénsum dignum in odórem suavitátis.
Enoc agradó a Dios, y fue transportado al paraíso para predicar al fin del mundo a las naciones la penitencia. Noé fue hallado perfectamente justo; y en el tiempo de la ira vino a ser instrumento de reconciliación. Por eso fue dejado un resto de vivientes en la tierra, cuando vino el diluvio. A Noé fue hecha aquella promesa sempiterna, según la cual no pueden ser destruidos por otro diluvio todos los mortales. Abrahán, aquel gran padre de muchas gentes, que no tuvo semejante en la gloria, el cual guardó la ley del Altísimo, y estrechó con él la alianza, la que ratificó con la circuncisión de su carne, y en la tentación fue hallado fiel. Por eso juró el Señor darle gloria en su descendencia, y que se multiplicaría su linaje como el polvo de la tierra, y que su posteridad sería ensalzada como las estrellas del cielo, y tendría por herencia el continente de mar a mar, y desde el río Eufrates hasta los términos de la tierra. 24. Y del mismo modo se portó con Isaac por amor de Abrahán, su padre. 25. A él le dio el Señor la bendición de todas las naciones, y después confirmó su pacto o promesa sobre la cabeza de Jacob . 26. Al cual reconoció y distinguió con sus bendiciones, y le dio la herencia, repartiéndosela entre las doce tribus. 27. Y le concedió que en su linaje hubiese siempre varones piadosos, que fuesen amados de todas las gentes. A causa de Abraham le dio la bendición de todas las gentes, y confirmó su alianza sobre la cabeza de Jacob. Reconocióle en sus bendiciones, y le dio la herencia, y se la dividió entre las doce tribus. Y conservó de él hombres de misericordia, los cuales hallaron gracia a los ojos de todo mortal. Fue amado de Dios y de los hombres: bendita es su memoria. Lo glorificó en presencia de los reyes; dio los preceptos o mandamientos que promulgase a su pueblo, y le mostró su gloria. Lo santificó por medio de su fe y mansedumbre, y lo escogió entre todos los hombres. Por eso oyó Moisés a Dios y su divina voz; y lo hizo Dios entrar dentro de la nube; donde cara a cara le dio los mandamientos y la ley de vida y de ciencia, para que enseñase a Jacob su pacto o alianza, y sus juicios u ordenanzas a Israel. Ensalzó a Aarón, hermano de Moisés y semejante a él, de la tribu de Leví. Asentó con él un pacto eterno; y le dio el sacerdocio de la nación, y lo llenó de felicidad y gloria. Le ciñó con un cíngulo precioso, y lo vistió con vestiduras de gloria; y le honró con ornamentos de mucha majestad. Le puso la túnica talar sobre la túnica interior, y le dio el efod o espaldar, y puso alrededor de la orla de la vestidura talar muchísimas campanillas de oro, para que sonasen cuando se moviese, y se oyese su sonido al entrar en el templo, a fin de excitar la atención en los hijos de su pueblo. Le puso el racional, o pectoral santo, tejido de oro, y de jacinto, y de púrpura, obra de un varón sabio, dotado de verdadera prudencia; labor artificiosa, hecha de hilo de púrpura, torcido, con piedras preciosas engastadas en oro, esculpidas por industrioso lapidario, tantas en número cuantas eran las tribus de Israel, y para memoria de éstas. Sobre su mitra colocó una diadema o lámina de oro, donde estaba esculpido el sello de santidad, ornamento de gloria, obra primorosa, que con su belleza se llevaba tras sí los ojos. No se han visto antes de este adorno sacerdotal cosas tan preciosas, desde que el mundo es mundo. Jamás las vistió o usó hombre alguno de otra gente, sino solamente los hijos de éste y sus nietos perpetuamente. Sus sacrificios eran diariamente consumidos con el fuego. Moisés le llenó o consagró las manos, y le ungió con el óleo sagrado. A él fue concedido, y a su descendencia por un pacto o promesa eterna, y duradera como los cielos, ejercer las funciones del sacerdocio y cantar las alabanzas de Dios, y en su nombre bendecir solemnemente a su pueblo. El Señor lo escogió entre todos los vivientes para que le ofreciese los sacrificios, y el incienso, y olor suave; a fin de que haciendo con eso memoria de su pueblo, se le mostrase propicio. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario al Eclesiástico, caps. 44, 45 — Cornelio a Lápide
V. 16. HENOC AGRADÓ A DIOS, Y FUE TRASLADADO AL PARAÍSO, PARA DAR A LAS GENTES PENITENCIA. — Después de las alabanzas comunes a todos, comienza ya los elogios de cada uno. Empieza por Henoc, omitiendo a Adán, Abel, Set y Enós, porque Henoc fue más ilustre que todos ellos y que los demás antecesores, y por eso digno de conducir, como caudillo, este coro de héroes; y sobre todo porque Henoc no vivió santamente sólo para sí, como Abel y Set, sino que resplandeció con su santidad ante todo el orbe, y mucho más resplandecerá al fin del mundo, para el cual Dios lo reserva y destina. Pues Henoc «anduvo con Dios», esto es, como vierten los Setenta, y tras ellos el Siracida, «agradó a Dios», a saber, como el siervo carísimo agrada a su señor, o el hijo agrada a su padre. Véase lo dicho en Génesis V, 22.
El «al paraíso» ya no se halla en el griego, pero el Nuestro lo leyó en otro tiempo en el griego, según juzgan Sixto de Siena, Delrío y otros; o al menos lo sobrentendió en el «fue trasladado», como quiere Jansenio. Porque el sentir común de la Iglesia y de los fieles en todos los tiempos fue que Henoc fue trasladado al paraíso: así, cuando se decía que Henoc había sido trasladado, al punto todos entendían que había sido trasladado al paraíso. Es, pues, de fe que Henoc fue trasladado al paraíso, pues así lo afirma expresamente aquí la Sagrada Escritura, a saber, la Vulgata latina, a la cual el Santo Concilio de Trento (sesión IV) sancionó que debe recibirse como Escritura auténtica y verdadera en todo, y anteponerse a los códices griegos y hebreos.
Pregúntase, pues, cuál sea el paraíso al que fue trasladado Henoc. Algunos entienden por paraíso el limbo de los padres o seno de Abrahán; otros, el cielo, como san Ambrosio y san Jerónimo. Pero digo que este paraíso está en la tierra, y que parece ser aquel paraíso terrenal en que fue puesto Adán al principio; porque Elías y Henoc no están en el cielo, ya que aún no han muerto, y mucho menos son bienaventurados; ni tampoco en el infierno, que es cárcel y gehena, no paraíso; luego están en la tierra, y en el paraíso terrenal, pues ningún lugar hay más digno de su rapto y feliz vida. Esto lo enseñan muchísimos Padres y Doctores, y en primer lugar san Ireneo (lib. V Contra las herejías, cap. v), que afirma haberlo recibido de la tradición de los presbíteros de Asia, quienes a su vez lo recibieron de los Apóstoles.
PARA DAR A LAS GENTES PENITENCIA. — Así ha de leerse con los códices romanos y griegos, esto es, «penitencia», no «sabiduría», como leen Rabano y otros; aunque el sentido viene a ser el mismo, pues la verdadera sabiduría del pecador es la penitencia. El sentido es: Fue trasladado Henoc para que, volviendo, dé a las gentes ejemplos, avisos y estímulos de penitencia, con que ellas, movidas, hagan penitencia de los pecados que al fin del mundo, por el Anticristo, sus precursores y secuaces, abundarán por todo el orbe y desbordarán como un diluvio. Nótese el «a las gentes», pues Henoc fue Gentil, esto es, anterior a Abrahán y Moisés, a quienes se dio la circuncisión y el judaísmo: él, pues, como Gentil, predicará la penitencia a los gentiles; así como Elías, cuasi Judío, la predicará a los Judíos; por eso se vestirán de sacos, esto es, de cilicios, como pregoneros de la penitencia (Apoc. cap. xi, 3).
De este lugar del Siracida es cierto que Henoc, lo mismo que Elías, ha de volver al fin del mundo, para que a los hombres arrastrados por el Anticristo a la infidelidad y a todos los vicios, los reduzcan a la fe y a la virtud. Éste es el sentido y consenso de la Iglesia y de todos los ortodoxos. Lo mismo predijo san Juan (Apoc. xi, 3), donde también describe su vida y su muerte.
Los códices griegos modernos disienten aquí, como muchas veces en otros lugares, de la Vulgata latina; pues tienen: «Henoc fue trasladado como ejemplo de penitencia a las generaciones». Jansenio, siguiendo esta lección, niega que de este lugar se pruebe eficazmente que Henoc ha de venir al fin del mundo a combatir contra el Anticristo. Pero muy otro es el sentir de los demás intérpretes y de los fieles. Por lo cual nuestro Intérprete parece haber leído «para que dé penitencia», y esa lección siguieron por doquier los antiguos y los modernos, que de este lugar unánime y constantemente enseñan que Henoc ha de venir con Elías contra el Anticristo; pues no hay otro lugar en la Escritura que lo signifique con claridad, sino éste. Por tanto, la Vulgata latina ha de preferirse aquí a los griegos modernos, por decreto del Concilio de Trento (sesión IV); y no se han de acomodar los textos latinos a los griegos, sino los griegos a los latinos. Que el «fue trasladado» lo arguye: pues para ser en su siglo ejemplo vivo de penitencia, no debiera haber sido trasladado, sino permanecer superviviente en vida; y por haber sido trasladado, es señal de que se reserva para los siglos futuros. De donde Tertuliano (lib. Del Alma, cap. L), hablando de Henoc y Elías: «Se reservan para morir, para extinguir con su sangre al Anticristo».
De aquí es probable que este rapto de Henoc fuese en plena luz y público, visible a todos, más aún, espléndido y augusto: por ejemplo, por medio de ángeles que se le aparecieron en un carro de fuego, o en una nube, o en cuerpo glorioso; tanto porque lo merece su eximia santidad y su trato con Dios y con los ángeles, cuanto porque su compañero Elías fue arrebatado en un carro de fuego (IV Reyes, II), y Henoc no fue inferior a Elías; antes bien, Elías fue hijo de Henoc, pues desciende de él por Noé por recta serie de generaciones. Por lo cual san Ambrosio (in Ps. CXVIII) enseña que Henoc fue figura de Cristo: «Henoc —dice—, ¿no es acaso manifiesto indicio de la piedad y divinidad del Señor, por cuanto el Señor no sintió la muerte y volvió al cielo, siendo así que el autor de su linaje fue arrebatado al cielo?».
V. 17. NOÉ FUE HALLADO PERFECTO, JUSTO, Y EN EL TIEMPO DE LA IRA FUE HECHO RECONCILIACIÓN. — Desde Henoc, cuasi primer pregonero de la penitencia en un mundo cubierto de vicios, pasa al segundo, esto es, a Noé, que fue tataranieto de Henoc; de suerte que, así como Henoc fue el séptimo desde Adán, Noé fue el décimo, y en él acaba la primera década de generaciones y el primer siglo del mundo. El «justo» puede juntarse con «perfecto» (así vierte la Tigurina: «Noé fue hallado perfectamente justo»); o, separando con coma el «justo» del «perfecto», como hacen los romanos, Rabano y otros, el «justo» explica el «perfecto»: Noé fue perfecto porque fue justo por excelencia, esto es, justísimo y santísimo, fénix y sol de justicia de su edad; pues anduvo con Dios, «y», es decir, por eso, «en el tiempo de la ira», cuando airado Dios quería perder a todo el género humano, «fue hecho reconciliación», porque aplacó a Dios para que salvase al género humano por él y por sus hijos en el arca. Fue, pues, semillero de la naturaleza humana y del nuevo siglo; por lo cual, como dice Nacianceno: «Noé fue el padre del segundo mundo».
En lugar de «reconciliación», en griego está ἀντάλλαγμα, esto es, conmutación, permuta, redención y precio de redención. Fue, pues, la piedad y santidad de Noé el precio con que él, ante la justicia de Dios, cuasi redimió tanto a su familia, para que no se anegase en el común diluvio, como, por consiguiente, la esperanza y propagación del género humano. Por eso «le fue dejado el resto de la tierra», esto es, la simiente que quedó en la tierra, con que se conservó la descendencia de los hombres. De donde Noé fue figura de Cristo redentor, que con su sangre, cuasi como precio, compró y redimió de la ruina al género humano. Véase lo dicho en I Pedro III, 20 y 21. Mira aquí cuán grande fue la santidad de Noé, y cuánto puede ante Dios un solo hombre eminentemente santo; pues Noé con su santidad resistió a Dios, que quería perder a todo el género humano, y le ató cuasi las manos para que se perdonase a sí y al género humano.
V. 18. POR ESO FUE DEJADO EL RESTO DE LA TIERRA, CUANDO SE HIZO EL DILUVIO. — «Resto» se toma aquí sustantivamente, pues es lo mismo que «reliquias»: por la santidad de Noé, con que reconcilió a Dios airado con la tierra y con el género humano, dejó Dios algún resto, esto es, algunas reliquias de hombres para habitar y cultivar la tierra y para propagar el género humano, a saber, Noé con sus hijos. Pues, como dice san Pedro (I epíst., cap. III, 20), en el arca «ocho almas se salvaron». Tropológicamente, Rabano y Lirano: Noé significa a los rectores que, entre los oleajes del siglo, gobiernan el arca, esto es, la Iglesia, y predican el bautismo de penitencia, aplacando a Dios con oraciones y sacrificios en favor del género humano. Así también san Agustín (in Ps. CXXXII): «Noé significa a los rectores de la Iglesia, porque él gobernó el arca en el diluvio».
V. 19. LOS TESTAMENTOS DEL SIGLO FUERON PUESTOS EN SU MANO, PARA QUE NO PUDIESE SER DESTRUIDA TODA CARNE POR EL DILUVIO. — Llama «testamentos» a los pactos «del siglo», esto es, con el siglo o mundo, a saber, los concertados por Dios con Noé y con los demás hombres, descendientes suyos, sobre no traer más un diluvio al orbe con que de nuevo se anegue toda carne de hombres y animales; o llama pactos «del siglo» a los pactos eternos y perpetuos, aludiendo a aquello: «me acordaré de la alianza sempiterna que se pactó entre Dios y toda alma viviente» (Génesis ix, 16), donde da el arco iris por señal y confirmación de esta alianza perpetua. Entiéndese del diluvio de agua; pues por el diluvio de fuego perecerá y se quemará todo el orbe en el día del juicio, como enseña san Pedro (epíst. II, cap. III). Pactó, pues, Dios con Noé, como con otro Adán, cabeza de todo el género humano, alianza eterna y jamás violable, de que los hombres nunca serían de nuevo exterminados por diluvio.
V. 20. ABRAHÁN, GRANDE PADRE DE MULTITUD DE GENTES, Y NO SE HALLÓ SEMEJANTE A ÉL EN GLORIA. — La Tigurina: «Grande fue Abrahán, padre de muchas gentes, y no hubo gloria semejante a la suya»; el Siríaco: «Abrahán, padre de asambleas de pueblos, y no se halló mancha en su gloria». Éste es el tercer Patriarca y restaurador del orbe en la fe y culto de Dios, a saber, «Abrahán», que fue «grande» por elección, santidad y honor. Alude a la etimología de Abram y Abrahán; pues al principio se llama Abram, cuasi «padre excelso», y luego, llamado por Dios, se llamó Abrahán, cuasi «padre de gran multitud de gentes», que de él habían de nacer y propagarse, parte según la carne (como fueron los Judíos), parte según la fe y el espíritu (cuales son los fieles y cristianos, que imitan la fe de Abrahán). Véase lo dicho en Génesis cap. XVII, vers. 5.
Comentario al Eclesiástico, caps. 44, 45, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Matt. 25, 14-23)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: Homo péregre proficíscens vocávit servos suos, et trádidit illis bona sua. Et uni dedit quinque talénta, álii autem duo, álii vero unum, unicuíque secúndum própriam virtútem, et proféctus est statim. Abiit autem, qui quinque talénta accéperat, et operátus est in eis, et lucrátus est ália quinque. Simíliter et, qui duo accéperat, lucrátus est ália duo. Qui autem unum accéperat, ábiens fodit in terram, et abscóndit pecúniam dómini sui. Post multum vero témporis venit dóminus servórum illórum, et pósuit ratiónem cum eis. Et accédens qui quinque talénta accéperat, óbtulit ália quinque talénta, dicens: Dómine, quinque talénta tradidísti mihi, ecce, ália quinque superlucrátus sum. Ait illi dóminus ejus: Euge, serve bone et fidélis, quia super pauca fuísti fidélis, super multa te constítuam: intra in gáudium dómini tui. Accéssit autem et qui duo talénta accéperat, et ait: Dómine, duo talénta tradidísti mihi, ecce, ália duo lucrátus sum. Ait illi dóminus ejus: Euge, serve bone et fidélis, quia super pauca fuísti fidélis, super multa te constítuam: intra in gáudium dómini tui.
Porque el Señor obrará como un hombre que, yéndose a lejanas tierras, convocó a sus criados y les entregó sus bienes. Dando al uno cinco talentos, a otro dos, y uno solo a otro, a cada uno según su capacidad, y se marchó inmediatamente. El que recibió cinco talentos fue, y negociando con ellos, sacó de ganancia otros cinco. De la misma suerte aquel que había recibido dos, ganó otros dos. Mas el que recibió uno, fue e hizo un hoyo en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Pasado mucho tiempo, volvió el amo de dichos criados, y los llamó a cuentas. Llegando el que había recibido cinco talentos, le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco más que he ganado con ellos. Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno, siervo diligente y leal; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho; ven a tomar parte en el gozo de tu señor. Se acercó después el que había recibido dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me diste; aquí te traigo otros dos que he ganado con ellos. Le dijo su amo: ¡Muy bien, siervo bueno y fiel!, pues has sido fiel en pocas cosas, yo te confiaré muchas más; ven a participar del gozo de tu señor. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 25, 14-23 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Glosa. En la precedente parábola ha sido demostrada la condenación de aquéllos que no se habían provisto suficientemente de aceite. Bien se entienda por aceite la pureza de las buenas obras, bien la satisfacción de la conciencia o de la limosna que se hace con dinero.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,2. Esta parábola se aduce contra aquéllos que no sólo con dinero, sino ni aun con palabras, ni de ningún otro modo quieren ser útiles a sus prójimos, sino que todo lo ocultan. Por eso que dice: "Así, pues, como un hombre que marchó muy lejos", etc.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Este hombre que marcha lejos, es nuestro Redentor, que subió al cielo, con aquella carne que había tomado, la cual tiene su lugar propio en la tierra, y es llevada como en peregrinación, cuando es colocada en el cielo por nuestro Redentor.
Orígenes, in Matthaeum, 33. Según la naturaleza de su divinidad no viaja, sino según la ordenación del cuerpo que tomó, pues quien dice a sus discípulos: Yo estoy con vosotros hasta la consumación del siglo ( Mt 28,20), es el unigénito de Dios, que no está circunscrito a extensión corporal. Y al decir eso no dividimos a Jesús, sino que respetamos los accidentes propios de cada naturaleza. Podemos decir que el Señor viaja con aquéllos que viven dentro de la fe sin ver su esencia, y el Señor estará con nosotros hasta que saliendo de nuestros cuerpos nos reuniremos con él. Es de advertir que el texto no dice: como el hombre viajero, así yo el Hijo del hombre; porque él mismo es quien propone la parábola del peregrino como hombre, no como Hijo de Dios.
San Jerónimo. Convocados, pues, los apóstoles, les entregó la doctrina evangélica; distribuyéndola dando a unos más y a otros menos, pero no según su generosidad o mezquindad, sino según la capacidad y fuerzas de cada uno de los que la recibían. Así como dice el Apóstol, que los que no podían digerir un alimento sólido, los alimentaba con leche. De aquí sigue: "Y a uno le dio cinco talentos y a otro", etc. En los cinco, en los dos y en uno talentos, entendemos que a cada uno fueron dadas diversas gracias.
Orígenes, in Matthaeum, 33. Cuando vieres que aquéllos que han recibido el ministerio de la predicación, unos tienen más y otros menos, o por decirlo así, comparados con los mejores algunos tienen tan poco, conocerás las diferencias con que recibieron de Jesucristo el don de la palabra divina, porque diferente fue la eficacia que produjo por medio de aquéllos que recibieron cinco talentos, que la de los que recibieron dos, y otra la de los que recibieron uno, pues no cabía en todos la misma medida de la gracia. Y el que recibió un talento, recibió en verdad un don no despreciable, pues es mucho recibir un talento de tal Señor. El recibir tres es propio del siervo, así como son tres los que producen fruto. El que recibió cinco talentos es el que puede dar a la Sagrada Escritura la más elevada interpretación de su sentido divino. El que recibe dos talentos es aquel que tiene conocimiento de lo corporal, pues dos es el número de lo carnal; y aun al de menos capacidad dio un talento el señor de los siervos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. O de otro modo: los cinco talentos denotan los dones de los cinco sentidos, es decir, la ciencia de las cosas exteriores; mientras que los dos talentos significan la inteligencia y el obrar; y un talento indica tan sólo el don de la inteligencia.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Sigue: "Y marchó en seguida".
Glosa. No cambiando de lugar, sino dejándoles en libertad de obrar a su arbitrio.
Glosa. Sigue: Fue, pues, el que había recibido cinco talentos y agenció otros cinco.
San Jerónimo. Recibidos, pues, los sentidos corporales, duplicó en sí el conocimiento de lo celestial, conociendo por las criaturas al Creador, por las cosas corporales las incorporales, y por las del tiempo las eternas.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Hay también muchos, que si bien no saben penetrar en las cosas interiores y espirituales, sin embargo, por el deseo de alcanzar la gloria, enseñan lo bueno que pueden, y mientras se guardan de los deseos de la carne, de la ambición de las cosas terrenas y del deseo de las visibles, apartan a otros de ellas con sus consejos.
Orígenes, in Matthaeum, 33. Los que tienen los sentidos despejados hablando provechosamente y elevándose ellos mismos a mayor ciencia y enseñando con esmero, adquirieron otros cinco talentos. Porque nadie recibe aumento de otra virtud, sino de aquélla que tiene; y cuanto él la posee, tanto la comunica a otro, y no más.
San Hilario, in Matthaeum, 27. El siervo aquel que recibió cinco talentos es el pueblo creyente que vino de la ley, partiendo de la cual duplicó su mérito, cumpliendo la obra de la fe evangélica.
San Hilario, in Matthaeum, 27. Sigue: "Igualmente el que había recibido dos talentos aumentó otros dos".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Hay algunos que comprendiendo y obrando predican a otros y reportan doble ganancia de su negocio, porque predicando a un mismo tiempo a ambos sexos, doblan los talentos.
Orígenes, in Matthaeum, 33. "Lucraron otros dos", esto es, la inteligencia literal y otra más sublime.
San Hilario, in Matthaeum, 27. Aquel siervo a quien se encargaron dos talentos, es el pueblo gentil justificado por la fe y por la confesión del Hijo y del Padre; esto es, por la confesión de nuestro Señor Jesucristo, Dios y hombre de espíritu y carne. Estos son, pues, los dos talentos que le fueron confiados. Pero como el pueblo judío había conocido todos los misterios que se contienen en los cinco talentos, esto es, en la Ley y lo duplicó por la fe en el Evangelio, así el pueblo de los gentiles mereció la comprensión y las obras por el aumento de los dos talentos.
San Hilario, in Matthaeum, 27. Sigue: "Pero el que recibió un talento marchándose, cavó en la tierra", etc.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Esconder en tierra el talento, es emplear el ingenio en asuntos terrenales.
Orígenes, in Matthaeum, 33. Cuando vieres alguno que tiene habilidad para enseñar y aprovechar a las almas, y que oculta este mérito, aunque en el trato manifieste cierta religiosidad, no dudes en decir que este tal recibió un talento y él mismo lo enterró.
San Hilario, in Matthaeum, 27. Este siervo que recibió un talento y lo escondió en la tierra, es el pueblo que persiste en la ley judía, que por envidia y por no querer salvar a las naciones, escondió en tierra el talento recibido; ocultar el talento en la tierra es ocultar bajo la envidia de la pasión corporal la gloria de la nueva predicación.
San Hilario, in Matthaeum, 27. Sigue: "Después de mucho tiempo vino el Señor y llamó a cuentas", etc. Conviene poner atención en el examen de este juicio.
Orígenes, in Matthaeum, 33. Observa en este pasaje que no son los siervos los que acuden al Señor para ser juzgados, sino que el Señor es quien viene a ellos a su debido tiempo. Por eso dice: "Después de mucho tiempo", esto es, después que envió a los que consideró aptos para procurar la salvación de las almas. Por tanto, no es fácil conocer quien de ellos que sea apto para semejante obra, ha de salir pronto de esta vida, como claramente se deduce por el hecho de que también los apóstoles envejecieron. Por lo que dice a Pedro: "Cuando envejecieras extenderás tu mano" ( Jn 21,18); y San Pablo ha dicho a Filemón: "Pablo ahora es anciano" ( Flm 9).
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,2. Nota que el Señor no exige inmediatamente la cuenta, para que admires su longanimidad; y a mí me parece que encubriendo simuladamente el tiempo de su resurrección, dijo esto.
San Jerónimo. Dice, pues: pasado mucho tiempo, porque largo es el tiempo entre la ascensión del Salvador y su segunda venida.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,1. Este pasaje del Evangelio reclama nuestra atención porque aquéllos que en este mundo han recibido más que los otros, han de sufrir un juicio más severo ante el autor del mundo. Porque a proporción que se aumentan los dones, crece la obligación de la cuenta. Y por tanto debe ser más humilde, por razón de su cargo, aquél que más estrechado se ve a darla.
Orígenes, in Matthaeum, 33. La confianza dio valor a aquél que había recibido cinco talentos para acercarse el primero al Señor. "Y acercándose el que había recibido cinco talentos", etc.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,2. El siervo, pues, que entregó duplicados los talentos, es alabado por el Señor y llevado a la eterna recompensa. Por lo que añade: "Díjole el Señor": alégrate.
Rábano. Alégrate, es una interjección, por la que indica su gozo el Señor, que invita a la eterna felicidad al siervo que ha trabajado bien; por lo que el Profeta dice, "nos inundarás en el gozo de tu rostro" ( Sal 15,11).
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,2. Siervo bueno, porque se refiere a la caridad con el prójimo; y fiel, porque no se apropió nada de lo que a su Señor pertenecía.
San Jerónimo. Fuiste fiel en lo poco, porque todo lo que al presente tenemos, aunque parezca grande y abundante, sin embargo, es poca cosa en comparación de los bienes futuros.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,2. Entonces el siervo fiel será puesto sobre lo mucho; porque libre de toda molestia de corrupción gozará en el cielo de eterno gozo. Entonces entrará en el perfecto gozo de su Señor, cuando arrebatado a aquella eterna patria, y agregado a los coros de los ángeles, se hallará poseído interiormente de un gozo, que no será interrumpido por la corrupción exterior.
San Jerónimo. ¿Qué mayor premio puede darse al siervo fiel que estar y disfrutar en el gozo de su Señor?
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,3. Esta es la expresión de toda bienaventuranza.
San Agustín, de Trinitate, 1,8. Este será nuestro gozo pleno, que mayor no puede haberlo, gozar de Dios en la Trinidad, a cuya imagen hemos sido hechos.
San Jerónimo. El Padre de familia felicita con la misma alabanza a los dos siervos, al que había doblado en diez los cinco talentos, y al que de dos hizo cuatro: ambos, pues, reciben igual premio, no por consideración de la grandeza del lucro, sino por la solicitud de su voluntad. Sigue: "Acercóse, pues, el que había recibido dos talentos".
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. En lo que dice que, acercándose uno que había recibido cinco, y el otro dos, entiende por acceso el tránsito de este mundo al otro, y nota que son las mismas las palabras que dirige a los dos, para que no crea que aquél que recibió menos facultades, y empleó todas las que había recibido, había de merecer de Dios menos premio que el otro que tuvo mayores medios. Lo único que se busca es que el hombre emplee en la gloria de Dios todo cuanto de El haya recibido.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,3. El siervo que no quiso negociar con el talento, lo volvió al Señor con excusas: "Acercándose, pues", etc.
San Jerónimo. En verdad está escrito "para excusar con excusas sus pecados" ( Sal 140,4), esto sucede a este siervo, añadiendo el pecado de soberbia a los de pereza y negligencia. Porque el que debió confesar sencillamente su inercia y rogar al Padre de familia, por el contrario, le calumnia, y pretende haber obrado con prudencia, no exponiéndose a perder el dinero buscando ganancias.
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. Paréceme que este siervo se encontraría entre los creyentes; no empero entre los operarios fieles, sino entre los vergonzantes que lo hacen todo de modo que no sean conocidos como cristianos. Y aun creo que son de aquéllos que temen a Dios y le consideran como austero e implacable. Esto indica cuando dice: "Señor, sé que eres hombre duro": comprendemos que, en verdad nuestro Señor, recoge en donde no sembró, porque el justo siembra en el espíritu, del cual sacará vida eterna. Coge, aun en donde no siembra, y amontona en donde no esparce: porque considera como recogido para sí todo lo que en los pobres se sembrare.
San Jerónimo. Por aquello que este siervo se atrevió a decir: "Coges en donde no sembraste", entendemos que el Señor acepta las virtudes, aun de los gentiles y filósofos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,3. Muchos hay en la Iglesia que se parecen a este siervo, que temiendo entrar en el camino de una vida mejor, no se atreven a sacudir la pereza de su cuerpo; y creyéndose pecadores tiemblan de tomar el camino de la santidad, y no se horrorizan de permanecer en sus iniquidades.
San Hilario, in Matthaeum, 27. También se entiende por este siervo, el pueblo judío aferrado a su ley. Alega como pretexto de su alejamiento de la ley evangélica el miedo y dice: aquí está lo que es tuyo, o como si hubiera observado todo aquello que por el Señor está mandado. Sabiendo que yerra, queriendo recoger frutos de justicia donde la ley no ha sido admitida, y hacer fieles de entre los gentiles dispersos, que no son de la estirpe de Abraham.
San Jerónimo. Pero con lo mismo que creía excusarse, se condena a sí mismo. Por lo que sigue: "Respondiendo, pues, su Señor, le dijo: Siervo malo". Le llama siervo malo, porque calumnió al Señor; perezoso, porque no quiso duplicar el talento, y le condena tanto por la soberbia como por la pereza. Si me tenías por duro y cruel, y que buscaba lo ajeno, ¿por qué no obrabas con lo mío con más diligencia y dabas mi dinero o mi plata a los negociantes? Porque ambas cosas significa en griego, la palabra argurion . La palabra del Señor es pura como el oro y la plata pasados por el crisol ( Sal 11,7). El dinero, pues, y la plata son la predicación del divino Evangelio, que debió darse a los negociantes; esto es, o a los demás doctores así como los apóstoles ordenaron Obispos y Presbíteros en cada diócesis, o a todos los creyentes, que pueden duplicar el capital y devolverlo con usuras, para que practiquen las buenas obras que aprendieron de la predicación.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,4. Así como hay peligro de que los doctores oculten el talento del Señor, también los oyentes pueden incurrir en la misma falta cuando se les exijan los réditos de lo que se les enseñó; a saber, si no han procurado penetrar en la inteligencia de lo que no han oído, por la meditación de lo que oyeron.
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. Aunque el Señor no toleró el pasar por severo, como el siervo pensaba, consintió sin embargo los demás descargos que éste dio. Pero en verdad, es duro para con aquéllos que abusan de la misericordia de Dios, no para conversión, sino para su abandono.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,4. Oigamos la sentencia que el Señor proferirá contra el siervo perezoso: "Quitadle, pues, el talento que se le dio y dadlo a aquél que tiene diez talentos".
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. Puede el Señor, ciertamente, en fuerza de su divino poder quitar la suficiencia al perezoso, que abusa de ella, y darla a aquél que la multiplicará.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,4. Parecía más conforme que se diese mejor a aquél que tenía dos, que al otro que había recibido cinco. Debió, pues, darlo al que tenía menos: pero como por cinco talentos se designa la ciencia exterior, y por los dos talentos el entendimiento y la obra, tuvo más el de los dos que el que había recibido cinco. Porque si bien el de los cinco talentos mereció la administración de las cosas exteriores, todavía quedó vacío del conocimiento de las eternas: el talento, pues, que según dijimos, significa el entendimiento, debió darse a aquél que administró bien las cosas exteriores: lo que diariamente vemos en la Santa Iglesia, a saber: que gozan del conocimiento de las cosas internas los que fielmente administran las externas.
San Jerónimo. Se da el talento a aquél que había agenciado otros diez, para que entendamos cuán grande es el gozo del Señor en el trabajo de uno y otro; a saber aquel que duplicó los dos y el que duplicó los cinco, sin embargo merecía mayor premio el que más trabajó en favor de su Señor.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,6. Generalmente se cita alguna vez la sentencia que dice: "A todo el que tiene se le dará", etc. Quien, pues, tiene caridad, recibe además otros dones; así como el que no la tiene, aun los que recibió, los perderá.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,3. El que tiene el don de la predicación y de la doctrina para aprovechar, pierde estos dones si no usa de ellos; pero el que los cultiva atrae otros mayores.
San Jerónimo. Muchos naturalmente sabios y con talento, si fueren negligentes y dejaran perder por desidia estos dotes naturales, en comparación de aquél que, aunque algo menos capaz, compensó con su trabajo e industria lo que recibió de menos, pierden con los dotes naturales el premio que se les había prometido, y ven cómo pasa a otros. Puede también entenderse así: el que tiene fe y buena voluntad en Dios, aunque, si como hombre apareciese tener de menos en sus obras, le dará el buen juez lo que falte; pero a aquél que no tuviere fe, aunque tuviere las demás virtudes naturalmente adquiridas, las perderá. Por eso dijo con elegancia: Lo que parece tener, le será quitado; porque a aquel que no ha recibido la fe cristiana, no se le debe imputar el abuso de ella, sino a aquél mal administrador que dio los bienes de naturaleza aun al siervo malo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,6. Quien no tiene caridad, incluso lo que le parese poseer lo pierde.
San Hilario, in Matthaeum, 27. La gloria y el honor de la ley pertenece a aquéllos que practican el Evangelio: al paso que se quitará a aquéllos que no tienen la fe de Cristo aun cuando parecía que tenían la de la ley.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,3. El siervo malo no sólo es castigado con el daño, sino también con la pena intolerable y la acusación y denuncia. Por eso sigue: "Arrojad al siervo inútil a las tinieblas exteriores", etc.
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. Esto es, en donde no hay ninguna luz, ni siquiera corporal, ni hay visión de Dios, sino que como pecadores indignos de la presencia divina, son condenados para expiación a las que se llaman tinieblas exteriores. Alguno que ha explicado antes que nosotros acerca de las tinieblas del abismo que existe fuera del mundo; dice que como indignos de todo el mundo son arrojados fuera en aquel abismo de tinieblas que nadie las ilumina.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,6. Y así incurre en la pena de tinieblas exteriores el que por su espontánea culpa cae en las interiores.
San Jerónimo. ¿Qué se entiende por la pena de llanto y rechinar de dientes? Lo dijimos arriba.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 78,3. Advierte que no solamente es castigado con la última pena el que roba lo ajeno y obra mal, sino también el que no practicó el bien.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 9,6. El que tiene, pues, talento, procure no ser perro mudo; el que tiene abundancia de bienes, no descuide la caridad; el que experiencia de mundo, dirija a su prójimo; el que es elocuente, interceda con el rico por los pobres; porque a cada uno se le contará como talento lo que hiciere aunque fuese por el más pequeño.
Orígenes, homilia 33 in Matthaeum. Si a alguno disgusta el oír que será juzgado porque no enseñó a otros, recuerde aquello del Apóstol: "¡Ay de mí si no evangelizare!" ( 1Cor 9,16).
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena