El presidente de la Academia de Teología pide un mundo sin religión y sin Dios
Mons. Antonio Staglianò, obispo emérito de Noto, presidente de la Pontificia Academia de Teología e en inventor de la «teología Pop» ha proclamado desde el púlpito que «tiene razón John Lennon» cuando en Imagine pide imaginar un mundo sin paraíso, sin religión y sin Dios. No lo dijo un cantautor ni un periodista: lo dijo, invocando expresamente su condición de «obispo de la Iglesia católica», quien preside el organismo que debería custodiar la sana doctrina.
La canción más bella del mundo, según un príncipe de la Iglesia
«Aboliamo la religione, aboliamo Dio, aboliamo il paradiso», recita Staglianò antes de añadir: «¿Tiene razón o no? Yo, obispo de la Iglesia católica, os digo: tiene razón John Lennon». El prelado se apoya en el verso Nothing to kill or die for —«nada por lo que matar o morir»— para sostener que la fe verdadera no pide morir por nada. Y remata equiparando la cruz de Cristo con el ateísmo militante y el satanismo de un músico que cantó precisamente la abolición de toda religión.
La maniobra es vieja y conocida: vaciar una consigna anticristiana de su veneno aparente para presentarla como compatible con el Evangelio. Pero Imagine no es un inocente himno a la paz. Su letra pide expresamente un mundo «sin cielo» y «sin religión», y la crítica honrada —católica y laica— siempre la ha entendido por lo que es: un manifiesto de ateísmo práctico. Bautizar ese programa como predicación cristiana no es pastoral: es traición y apostasia.
El error de Marción, con cuello romano
Más grave aún es la exégesis con que Staglianò pretende fundar su tesis. Para hacer encajar a Cristo con Lennon, opone un «Abbá» puramente amoroso al Dios del Antiguo Testamento, al que niega haber herido a los primogénitos de Egipto o haber mandado a Saúl pasar a cuchillo a sus enemigos. Esto no es novedad teológica: es el viejo error de Marción, condenado ya en el siglo II, que escindía al Dios «vengativo» de la Antigua Alianza del Dios «bueno» del Nuevo Testamento. La Iglesia definió contra él que hay un solo Dios, autor de ambos Testamentos. Un presidente de Academia de Teología debería saberlo; que lo ignore o lo silencie dice mucho de la «Roma actual».
Hay verdades por las que se muere
Y el corazón del asunto es el desprecio al martirio. Nothing to kill or die for: nada por lo que morir. Pero la Iglesia ha sido sembrada y regada por la sangre de quienes sí murieron por la Verdad: empezando por San Esteban, San Pedro y San Pablo hasta llegar a los millones de martires del siglo XX y XXI, el martirio ha sido siempre considerado por la Iglesia como la mas alta forma de seguir e imitar a Cristo. Y rechazar el martirio , es una forma de rachazar a Cristo y su muerte sacrificial. Negarlo no es mansedumbre evangélica; es disolver la fe en sentimentalismo pop.
Que semejante predicación brote del vértice de la teología «oficial» no debe escandalizar a quien observa la actual crisis desde la Tradición: es el fruto maduro de la apostasía del Vaticano II. Cuando los pastores prefieren a Lennon antes que a Cristo, el fiel católico no tiene más refugio que resistir inamovible en la fe verdadera y perenne. Recemos en desagravio, y pidamos a la Inmaculada para que interceda y se acorte estos días de tinieblas.
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Fuentes: