La Archidiócesis australiana incorpora el «Reconocimiento del País» aborigen en sus liturgias y organiza talleres de evangelización con ese syncretismo como bandera.
La Archidiócesis de Brisbane ha puesto en marcha un Plan de Acción para la Reconciliación (RAP) que recomienda explícitamente incluir el llamado Acknowledgement of Country —un rito de reconocimiento de la «soberanía espiritual» de la tierra aborigen— en eventos públicos y en las liturgias principales. La práctica, respaldada a nivel nacional por la Conferencia Episcopal Australiana junto al organismo católico indígena NATSICC, no es un exceso de un párroco rebelde: es política institucional. Y mientras tanto, los bancos siguen vaciándose.
Según los datos recogidos por The Pillar Catholic, la asistencia a Misa en Australia cayó un 33 % entre 2016 y 2021, pasando de 623.400 a 417.350 fieles. La jerarquía achaca el desplome a la pandemia y a «factores estructurales de largo plazo», eludiendo con cuidado cualquier examen de conciencia sobre el contenido de lo que ofrecen. Y lo que ofrecen, según confirma el propio Catholic Leader al detallar el RAP, es la incorporación de invocaciones al territorio ancestral aborigen «donde sea apropiado en liturgias principales». Quod erat demonstrandum. La misma entidad diocesana, Evangelisation Brisbane, organiza talleres de liderazgo bajo el título Catholic Leadership Intensive, presentados como herramientas para «guiar a otros a convertirse al catolicismo» —con ese sincretismo de fondo como pieza central—. No es evangelización: es la venta de un producto que ya nadie quiere comprar.
Conviene ser precisos, porque la honestidad lo exige. La causalidad directa entre el Acknowledgement of Country y el vaciamiento de los templos no está demostrada estadísticamente; la caída de asistencia es anterior al RAP y responde a múltiples causas. Pero el argumento de fondo no necesita esa causalidad lineal para sostenerse: una institución que confunde la inculturación con la capitulación ante el paganismo, que mezcla el Sacrificio del Altar con rituales de cosmovisión animista, y que luego se sorprende de que la gente sensata huya, está diagnosticando ella sola su propio problema. Lex orandi, lex credendi: dime cómo rezas y te diré qué crees. Si lo que se cree en Brisbane cabe en un Acknowledgement of Country, la fe que allí se transmite no es la Fe Católica.
Esta no es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Es la secta sincrética y autorreferencial que emergió del Concilio Vaticano II y que lleva décadas sustituyendo el depósito de la fe por los ídolos culturales de turno. La solución no es un taller de liderazgo con mejores diapositivas; es la conversión, la penitencia y el retorno a la doctrina perenne. Redde quod debes.
Que los fieles que aún conservan la fe busquen sacerdotes que la transmitan íntegra, sin adulteraciones, sin reverencias a la tierra ni guiños a las conferencias episcopales. Ora pro nobis, Sancta Maria.
Fuentes: