miércoles, 12 de agosto de 2026 Santa Clara, Virgen

Cinco días, dos dicasterios y un cardenal: la secta conciliar promueve lo que la Escritura dice que excluye del reino de Dios

El 6 de agosto, quince consultores para la vida consagrada. El 11, el Consejo para la Economía, con cuatro de sus cinco cardenales a favor de la causa homosexual. Ese mismo 11, el cardenal de Tokio bendecía la campaña LGBT del Estado japonés

No es un nombramiento suelto ni un descuido de la curia. En cinco días de agosto, León XIV ha renovado dos organismos —el que gobierna a las órdenes religiosas y el que controla el dinero de la Santa Sede— con el mismo perfil de personal, y mientras tanto un cardenal creado por su predecesor aplaudía en público una campaña estatal de propaganda. Conviene verlo junto, porque por separado cada pieza parece anécdota y juntas dibujan una política.

El Consejo para la Economía: cuatro de cinco

El 11 de agosto se renovó el Consejo para la Economía, el organismo que supervisa las finanzas de la Curia. Al frente sigue el cardenal Reinhard Marx, confirmado como coordinador, y entran cuatro cardenales nuevos. De los cinco, cuatro tienen posición pública documentada a favor de la causa homosexual:

  • Marx declaró en 2022 que «la homosexualidad no es un pecado» y que el Catecismo «no es el Corán»; ya en 2019 sostenía que bendecir las uniones homosexuales es lícito, y ha defendido la ordenación de homosexuales.
  • Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, firmó el prólogo del libro Gays y católicos: la Iglesia frente a la realidad, y en julio de este año afirmó que bendecir parejas del mismo sexo «lo cambia todo».
  • Ladislav Nemet, arzobispo de Belgrado, figura desde 2024 en las listas de cardenales favorables a la causa LGBT, y en marzo de 2025 sostuvo que la Iglesia debería salir en defensa de sus derechos.
  • Roberto Repole, arzobispo de Turín, cuya archidiócesis autorizó en 2022 que se administrara la confirmación a un transexual con cambio legal de sexo.

El quinto, Grzegorz Ryś, de Cracovia, es más ambiguo: repite que a nadie se excluye, pero también ha dicho que la Iglesia no reconoce las uniones homosexuales como matrimonio y que se opone a la adopción. Lo dejamos fuera de la cuenta: cuatro de cinco basta, y no hace falta forzar el quinto.

Los consultores de la vida consagrada

Cinco días antes, el 6 de agosto, habían llegado los quince consultores del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada: dos obispos, cinco sacerdotes, dos religiosos y seis religiosas.

El nombramiento más elocuente es el de la hermana Patricia Murray, antigua secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales. En 2021 pidió que del proceso sinodal no se excluyeran los asuntos controvertidos, refiriéndose expresamente al diaconado y al sacerdocio femeninos; y en la rueda de prensa del Sínodo del 16 de octubre de 2023 respondió sobre «el dolor de las personas LGBTQ+» que la cuestión se había tratado «en muchas de las mesas, si no en todas».

Los otros tres que la prensa ha identificado apuntan en la misma dirección por otras vías: la hermana Maria Nirmalini pide una reforma litúrgica «con menos énfasis en la uniformidad y más en la creatividad»; el marista Emili Turú Rofes quiere que las comunidades religiosas se «despojen de los aspectos superfluos de su tradición»; y la hermana María Rosaura González Casas afirma que la Iglesia trata a las mujeres como «ciudadanas de segunda clase».

El mismo día, en Tokio

Y para ver qué hace este personal una vez colocado, no hay que esperar. El 11 de agosto, la misma jornada en que se firmaba el Consejo para la Economía, el cardenal Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio —creado cardenal por Bergoglio en diciembre de 2024—, declaraba «significativo que el gobierno japonés haya articulado con claridad una política dirigida a profundizar en la comprensión de las minorías sexuales».

Se refería al plan estatal aprobado el 16 de junio, derivado de la Ley de Promoción del Entendimiento LGBT de 2023: folletos oficiales, vídeos de formación, adiestramiento del profesorado y directrices para escuelas y empresas. Es decir, propaganda pública sostenida con dinero del Estado. Y el arzobispo de la capital añadía:

Una comunidad inclusiva que acoge a todos no es el fin de nuestra actitud en cuanto tal; es el primer paso hacia la realización del mundo que Dios nos llama a construir.

No se le escapó una palabra sobre la moralidad del acto. Y la noticia no la levanta un medio hostil: la difunde con júbilo New Ways Ministry, el lobby homosexual norteamericano, que la firma el 10 de agosto. Cuando el adversario celebra tus declaraciones sin necesidad de retocarlas, sobra el comentario.

Lo que está escrito

Póngase al lado lo que dice el libro que ese cardenal tiene obligación de predicar. No hace falta subir a la teología especulativa: basta abrirlo.

En el Antiguo Testamento la ley es taxativa: Cum masculo non commiscearis coitu femineo, quia abominatio est — «no te acostarás con varón como con mujer: es abominación» (Lev 18, 22). Dos capítulos después la pena es capital: Qui dormierit cum masculo coitu femineo, uterque operatus est nefas: morte moriantur (Lev 20, 13). Y antes que la ley está el hecho: sobre Sodoma cae el fuego (Gén 19).

Ese fuego el Nuevo Testamento no lo da por episodio cerrado, sino por anticipo de otro. Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas, escribe San Judas, «fueron puestas para escarmiento, sufriendo la pena del fuego perdurable» — ignis aeterni pœnam sustinentes (Jds 7). El castigo temporal de una ciudad quemada es la figura visible de un castigo que no se apaga.

En lo demás, el Nuevo Testamento tampoco suaviza: explica. San Pablo presenta el vicio como castigo ya ejecutado sobre quien cambió la verdad de Dios por la mentira: «los entregó Dios a las pasiones vergonzosas… los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros» (Rom 1, 26-27). Y entonces dice, sin metáfora posible, lo que está realmente en juego:

¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios (1 Cor 6, 9-10).

Repárese en el verbo, porque ahí está todo el pleito. El Apóstol no habla de acoger: habla de quedar fuera. Lo repite a Timoteo, donde los masculorum concubitores figuran entre aquellos contra quienes la ley está puesta (1 Tim 1, 10). No es una cuestión de sensibilidad social, ni de convivencia, ni de bullying escolar: es la salvación eterna de un hombre.

Y a esto responde el cardenal de Tokio con «una comunidad inclusiva que acoge a todos». Exactamente el término contrario al de San Pablo, aplicado exactamente a la misma materia.

Lo que la Iglesia mandaba

La Iglesia no hizo otra cosa que sostener esa doctrina, y sostenerla con consecuencias.

El catecismo que se explicaba en las parroquias contaba la sodomía entre los cuatro pecados que claman al cielo, junto al homicidio voluntario, la opresión del pobre y la retención injusta del jornal del obrero: pecados «de tan crecida maldad» que «su enormidad está provocando y como pidiendo el castigo de la Justicia divina» (García Mazo, Catecismo de la doctrina cristiana).

Y no se quedaba en catequesis. El Código de Derecho Canónico de 1917 imponía al condenado por sodomía la infamia de derecho (c. 2357, § 1). Esa infamia no era una etiqueta: el infame no podía ser padrino de bautismo (c. 765) ni de confirmación (c. 795); si era manifiesto, había de ser apartado de la Eucaristía (c. 855, § 1); quedaba excluido como sospechoso de testificar en juicio (c. 1755, § 2), de ser perito (c. 1795, § 2) y de arbitrar (c. 1931). Para los clérigos regía el c. 2359, § 2.

Compárese. A quien el derecho de la Iglesia no permitía sostener a un niño en la pila bautismal, la estructura conciliar le entrega hoy el gobierno de las órdenes religiosas y las cuentas de la Santa Sede.

No es el giro de un pontificado

Sería cómodo fechar esto en agosto de 2026 y hablar de una deriva personal del último ocupante de la Sede. No lo es.

En julio de 2013 Bergoglio lanzó el «¿quién soy yo para juzgar?» que fijó el marco; en octubre de 2020 se declaró partidario de las uniones civiles; y el 18 de diciembre de 2023 Fiducia supplicans, firmada por Víctor Manuel Fernández, admitió en su número 31 «la posibilidad de bendiciones de parejas en situaciones irregulares y de parejas del mismo sexo». Ese documento es la pieza clave: no declara buena la sodomía —mantiene en el papel la doctrina del matrimonio—, sino que bendice la situación mientras dice no aprobarla. Es el procedimiento de la casa desde el Concilio: se conserva la fórmula antigua en el escaparate y se desmonta lo que la hacía operante.

Y el propio Prevost no ha esperado a agosto de 2026 para dar señales. El 6 de septiembre de 2025, más de mil cuatrocientas personas cruzaron la Puerta Santa de San Pedro en la primera peregrinación LGTB de la historia al Vaticano, precedidas de una cruz arcoíris. No fue una iniciativa tolerada a regañadientes desde fuera: figuraba en el calendario oficial del Jubileo publicado por la Santa Sede.

Peregrinos con banderas arcoíris y trans ante la basílica de San Pedro
Con Prevost: primera peregrinación LGTB al Vaticano. Roma, 6 de septiembre de 2025 — más de 1.400 peregrinos cruzaron la Puerta Santa de San Pedro, en un acto inscrito en el calendario oficial del Jubileo publicado por la Santa Sede. Ilustración generada por IA, no es una fotografía del acto.

Los nombramientos de agosto son la consecuencia administrativa de aquel principio, no una traición a él. Y mientras se firman, el obispo de Pittsburgh, Mark Eckman —nombrado por el propio León XIV—, comunicaba por carta el 7 de agosto, un día después de la primera tanda, que no renovará el permiso de la única Misa tradicional diocesana de su diócesis: la última se celebrará el 4 de septiembre, porque aquel permiso «solo pretendía ser temporal».

Las dos manos hacen el mismo trabajo: se asciende a quien pide «creatividad» y «despojarse de la tradición», se aplaude al Estado que financia la propaganda del vicio, y se cierra el rito que conserva la doctrina. Quien esperaba una rectificación ya tiene la respuesta, y no está en las declaraciones: está en los nombramientos y en los decretos, que es donde se lee lo que un gobierno quiere.

***

Fuentes:

Textos bíblicos citados por la Vulgata clementina y, en castellano, por la Sagrada Biblia de Nácar-Colunga (1944).

Imagen: John Martin, «La destrucción de Sodoma y Gomorra» (1852). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

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