El nombramiento de Salvatore Cordileone para el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, anunciado por León XIV el 25 de julio de 2026, ha sido recibido con euforia en amplios sectores del catolicismo «tradicional» en redes sociales. Se le presenta como prueba de que el actual ocupante de la sede de Roma no es hostil a la misa tradicional, y como reivindicación de un obispo que «pontifica con regularidad en el rito romano tradicional» y que apenas unas semanas antes había conferido órdenes menores a seminaristas del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote en Gricigliano. El entusiasmo, sin embargo, descansa sobre una lectura superficial: gusto litúrgico por el rito antiguo no equivale a ortodoxia doctrinal, y menos aún a fidelidad a la disciplina perenne de la Iglesia respecto del error religioso.
Ecumenismo practicado, no solo tolerado
Cordileone no es un obispo que se limite a convivir pasivamente con el pluralismo religioso post-conciliar: lo ejerce activamente. El 7 de enero de 2025 participó como orador en una bendición interreligiosa al entonces alcalde electo de San Francisco, Daniel Lurie, celebrada en la sinagoga reformista Congregation Emanu-El. Allí, entre menorás, aguardó su turno junto a representantes de «las distintas creencias» de la ciudad y, acto seguido, se unió a todos ellos —rabinos incluidos— para impartir una bendición colectiva al nuevo alcalde. Meses antes, el 19 de octubre de 2024, la propia Arquidiócesis de San Francisco había hecho pública la noticia de que Cordileone organizó un encuentro interreligioso en su residencia episcopal.
Y a la muerte de Bergoglio publico un comunicado que entre otras dulzainas decia que «El derramamiento de oraciones, buena voluntad y amor por nuestro Santo Padre no solo de parte de los católicos sino de personas de diferentes religiones en todo el mundo es edificante y personalmente me llena de gratitud».
Estos no son gestos de cortesía cívica ambigua: son actos formales de «unionismo» religioso —oración conjunta y bendición compartida con ministros de cultos no católicos como si su mediación religiosa fuera legítima— exactamente el tipo de praxis que Mortalium Animos de Pío XI condenó sin ambages como incompatible con la fe católica, al negar que la unidad de los cristianos, y con mayor razón la de las religiones, pueda buscarse fuera del regreso a la única Iglesia verdadera.
Fiducia Supplicans: disciplina, no doctrina
Cuando en diciembre de 2023 el Vaticano publicó Fiducia Supplicans, autorizando bendiciones a parejas del mismo sexo, la reacción de Cordileone reveló el límite real de su «conservadurismo». No rechazó el documento como ilegítimo ni denunció su contradicción con la moral católica perenne: emitió un memorando privado con cinco instrucciones restringiendo cómo debían aplicarse esas bendiciones, dejando en manos del criterio sacerdotal si concederlas o no. Es decir, aceptó la autoridad del documento y discutió únicamente su prudencia pastoral —una postura de gestión interna dentro del marco conciliar, no de ruptura con él.
El patrón de fondo
Su historial en materia de moral sexual es, ciertamente, más firme que el de la media episcopal: impulsó la Proposición 8, negó públicamente la comunión a personas en relaciones homosexuales activas y exigió a los profesores de sus colegios no contradecir la doctrina sobre matrimonio y sexualidad. Pero incluso ahí operó siempre dentro de la lógica del «diálogo» postconciliar: mantuvo reuniones «cordiales y productivas» con el grupo activista CALGM, declinó en 2015 acudir a una marcha por el matrimonio tradicional para no dañar la relación con esos colectivos, y evitó cualquier acto público de reprobación formal del error que trascendiera lo disciplinar-pastoral.
Conclusión
Cordileone ejemplifica con precisión el fenómeno que hemos documentado repetidamente en la FSSPX y en otros círculos «tradicionales»: preferencia estética por el rito antiguo, combinada con aceptación práctica y activa de los principios eclesiológicos de Vatican II —libertad religiosa, ecumenismo, colegialidad ministerial compartida—. Su promoción por León XIV a la Signatura Apostólica no contradice esa lectura; la confirma. No es la Iglesia recompensando a un disidente doctrinal, sino la secta conciliar integrando plenamente a uno de sus miembros más «decorativamente» tradicionales.
Fuentes: InfoVaticana (25-jul-2026); ACI Prensa (25-jul-2026); Catholic Culture; New Ways Ministry (04-ene-2024, 28-oct-2012); Tradition in Action; National Catholic Reporter (jun-2015).
Piedrasanta
La novela y los diálogos
La novela de la comunidad católica en tiempos de apostasía. — Miguel Echeverría
Ver en Amazon →