lunes, 6 de julio de 2026 · Feria

*L’Osservatore Romano* niega al diablo: ideología disfrazada de exégesis

El suplemento vaticano «Donne Chiesa Mondo» reduce a Satanás a un constructo cultural pagado con el Óbolo de San Pedro.

El número 157 del mensual Donne Chiesa Mondo, suplemento de L’Osservatore Romano, publicado el 1 de julio, dedica su portada al diablo bajo el título «Il diavolo in noi». La biblista y feminista Marinella Perroni, fundadora del Coordinamento Teologhe Italiane, firma el artículo central. El resultado es una operación de demolición silenciosa de un dogma definido, ejecutada con dinero de los fieles.


Perroni no escribe en ningún momento que el diablo no exista. Sería demasiado comprometedor bajo la cabecera del diario pontificio. Elige un método más insidioso: narra. Narra que en el Génesis «no hay ningún diablo»; que la serpiente es simplemente el animal más astuto a ojos de los nómadas del desierto; que la demonología judía entró tarde, por contagio con religiones paganas; que el diablo como figura autónoma sólo aparece en el tardío y helenizado Libro de la Sabiduría; y que Pablo soldó «la serpiente, la mujer y el fruto» con «el diablo, las mujeres y el pecado» para sostener el patriarcado. Nunca concluye. Se limita a mostrar.


Es lo que los manuales llaman falacia genética: explicar el origen de una creencia para insinuar que se reduce a él. El mismo truco con que un adulto desmonta a Papá Noel sin pronunciar la frase prohibida: san Nicolás, el folclore neerlandés, la Coca-Cola… y el niño ya lo sabe. Lo que Perroni omite sistemáticamente es el dato biblico (incluido las tentaciones del desierto);y el dato dogmático: el Concilio de Letrán IV (1215) define que «el diablo y los demás demonios fueron creados buenos pero por sí mismos se hicieron malos» (DS 800). Y lo que omite es que la liturgia bautismal exige aún hoy renunciar a Satanás, no a un arquetipo social.


El resto del fascículo ejecuta la misma partitura. El editorial de Capuzzi y Pinci parte de santa Teresa de Ávila —que veía al demonio como persona real y recomendaba el agua bendita para ahuyentarlo— y llega el viejo truco del simbolismo y la alegoría, llamándolo siempre «diablo». Dacia Maraini explica que «el mal reside dentro de nosotros». La psicoterapeuta de turno traduce los demonios en «represiones del pasado». Página a página, el diablo emigra de la ontología a la psicología. La técnica es siempre la misma: nunca negar, siempre historizar; nunca afirmar, siempre sugerir. San Pablo VI advirtió en 1972 que «sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia».


Ya lo explico San Agustín cuando dijo que «el diablo es como un perro atado con cadena: puede ladrar, puede incluso morder a quien se le acerque demasiado, pero no puede alcanzar a quien se mantiene alejado de él.» Por eso sus agentes tienen tanto empeño en que creamos que no existe Satanás; porque entonces le perdemos el miedo y nos acercaremos a él. Y el peligro es tan evidente que en la única oración que nos enseño Nuestro Señor, acaba con una última petición a Dios: «sed libera nos a Malo».

Fuentes:

Hero.jpg

Esta es la «biblista-feminista» Marinella Perroni, la cual surgiere sin decir (de acuerdo a la doblez de la serpiente y de los fariseos), que el diablo no existe y que por tanto no hay que tenerle miedo.

Deja un comentario