miércoles, 21 de octubre de 2026 ✠ San Hilarión, Abad

Golka quitó el abogado a los acusadores de Prevost: ahora es arzobispo

Su primera medida en Denver: callar un año a Ripperger

El 19 de octubre la archidiócesis de Denver confirmó que su arzobispo, James Golka, ha apartado un año de la predicación pública y de las entrevistas al padre Chad Ripperger. El comunicado no da ningún motivo. Golka está en Denver porque Prevost lo puso allí en febrero, y el ascenso tiene una historia que conviene contar: dos años antes, Golka dejó sin abogado a las mujeres que acusan al propio Prevost de encubrimiento.

El abogado de Chiclayo

En abril de 2022 tres hermanas de Chiclayo (Perú) denunciaron ante su obispo, Robert Prevost, abusos sufridos de niñas a manos de dos sacerdotes, uno de ellos Eleuterio Vásquez, el «padre Lute». La diócesis sostiene que Prevost abrió la investigación y la remitió a Roma; las denunciantes lo niegan, y un delegado eclesiástico llegó a calificar aquella instrucción de «una broma […] muy mal hecha», según recoge Chris Jackson en Hiraeth in Exile. Roma archivó la causa.

El 6 de mayo de 2024 las hermanas contrataron como abogado canónico a Mons. Ricardo Coronado-Arrascue, que había sido vicario judicial y canciller de la diócesis de Colorado Springs. Su obispo era Golka. El 31 de mayo, menos de un mes después, Golka firmó un decreto que declaraba a Coronado bajo investigación canónica y le prohibía actuar como abogado eclesiástico.

Hay que decirlo todo. Coronado estaba suspendido por su diócesis desde junio de 2023 por una acusación grave que no se ha hecho pública. Los obispos peruanos le abrieron proceso en agosto de 2024, y la Santa Sede de Prevost lo redujo al estado laical en diciembre. Él niega los cargos. Pero el dato de fondo no cambia: las víctimas de Chiclayo tuvieron abogado tres semanas, y quien se lo quitó fue Golka. El 7 de febrero de 2026 Prevost lo hizo arzobispo de Denver, y el 29 de junio le impuso el palio en San Pedro con sus propias manos.

La primera medida en Denver

Ripperger fundó en 2012 la Sociedad de la Madre Dolorosísima, celebra la Misa de siempre y es probablemente el exorcista más escuchado de Estados Unidos. La archidiócesis lo presenta como un acuerdo: Golka «asked Fr. Ripperger to consider a one-year fast from public speaking and interviews», y el sacerdote «readily agreed». No hay decreto, ni causa, ni acusación conocida. Las conferencias ya convocadas se suspenden.

El contraste habla solo. El mismo Golka, preguntado por Fiducia supplicans, la vio como «simply an effort to accompany people through the imparting of pastoral blessings». La bendición de las parejas del mismo sexo es acompañamiento; la palabra de un sacerdote que expulsa demonios con el ritual de siempre es lo que hay que callar.

Quien nombra responde

Trento no deja lugar a dudas sobre quién carga con lo que hace un obispo mal escogido. Los que proveen las iglesias, «tomando parte en los pecados ajenos, pecan mortalmente a no procurar con empeño que se den las iglesias a los que juzgaren ser más dignos» (ses. XXIV, de ref., c. 1). San Pablo quiere al obispo «irreprensible» (1 Tim. 3, 2).

Prevost no ha escogido a cualquiera para Denver. Ha escogido al obispo que le resolvió un problema personal y que ahora aplica en su archidiócesis el método de la casa: manos abiertas para lo que la Iglesia condena, silencio para quien la sirve. No hace falta que Prevost hable contra la Tradición: basta con nombrar a quienes la callan.

El caso entra en el catálogo de nombramientos de Prevost, en el bloque de encubrimiento. Pidamos a la Virgen de los Dolores, patrona de la Sociedad de Ripperger, que no falten sacerdotes que hablen cuando los quieren callar.

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Fuentes:

De la editorial
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