Cardenales en el sínodo LGBT de James Martin: por qué aquí no habrá excomuniones

Mientras Roma fulmina con dureza canónica cualquier desviación de la línea litúrgica o disciplinar —el caso de la FSSPX y las consagraciones episcopales de Écône es el ejemplo más reciente—, el activismo abierto en favor de la homosexualidad dentro de la jerarquía no recibe sanción alguna. La razón no es casualidad: la FSSPX cuestiona la legitimidad doctrinal del Concilio Vaticano II; los promotores del «ministerio LGBT» no lo hacen. Por eso unos son excomulgados y otros son ponentes en Georgetown.

La conferencia Outreach 2026, celebrada del 19 al 21 de junio en la Universidad de Georgetown bajo el lema _Walking Side by Side: Celebrating Five Years of Outreach Ministries_, fue organizada por el jesuita James Martin y coincide con el quinto aniversario de esta iniciativa, lo ilustra con nitidez. El cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, intervino el 20 de junio ante cerca de 500 asistentes, abordando cuestiones de misericordia, santidad, moral sexual, el proceso sinodal y el desarrollo doctrinal. Presentó como motivos de esperanza tanto declaraciones recientes de León XIV sobre la unidad eclesial como las conclusiones del Grupo de Estudio 9 del Sínodo, defendiéndolas como legado de Francisco, y cuestionó el énfasis que considera excesivo en los pecados sexuales dentro de la vida de la Iglesia. El cardenal Blase Cupich, por su parte, vinculó el lema de la conferencia con el lema episcopal de León XIV, _In illo uno unum_. Ninguno de los dos arriesga su birrete por ello. INFOVATICANA + 3

El informe del Grupo de Estudio 9, publicado en mayo de 2026, propone abandonar la expresión «cuestiones controvertidas» en favor de la «conversión relacional» y plantea un cambio de paradigma según el cual la verdad no se formula «de una vez para siempre», sino que se desarrolla históricamente en diálogo con experiencias personales. Como «ejemplo de vida», incluye el testimonio de un católico estadounidense casado civilmente con otro hombre, quien escribe que su sexualidad «no es una perversión, desorden o cruz», sino «un don de Dios». James Martin calificó esto de «un cambio importante, incluso histórico, para la Iglesia». INFOVATICANA + 2

El precedente es de octubre de 2024: en un evento organizado por Martin y Outreach al margen del Sínodo, en la Curia jesuita de Roma, el cardenal Stephen Chow, obispo de Hong Kong, dirigió la oración de apertura del acto, titulado «¿Cuál es la experiencia de los católicos LGBTQ?», mientras un católico «casado» con otro hombre pedía que «se exprese el amor». Dos años después, lo que entonces era un acto informal es ya doctrina de trabajo sinodal con respaldo cardenalicio nominal y público. InfoVaticana

Esta secuencia no es un accidente de la era Francisco-Prevost. El otoño pasado, León XIV permitió que miles de «católicos LGBT» entraran en procesión a la Basílica de San Pedro encabezados por una cruz arcoíris, muchos acompañados de parejas del mismo sexo y banderas del orgullo, y Martin afirmó en febrero que León le aseguró en audiencia privada que planea continuar la agenda pro-LGBT de Francisco. InfoVaticanaInfoVaticana

No es casualidad que esta misma estructura eclesial haya sido el escenario de la crisis de abusos sexuales más documentada de la Iglesia contemporánea: el Informe John Jay (2004) sobre clero estadounidense encontró que el 81% de las víctimas identificadas eran varones, la mayoría adolescentes entre 11 y 17 años. El propio informe atribuye el patrón al acceso desigual del clero a menores varones sin supervisión, no a la orientación sexual como causa; pero comentaristas críticos, como National Catholic Register, señalan que si los abusadores no eran pedófilos y las víctimas eran mayoritariamente varones adolescentes, los datos del propio estudio apuntan a un componente homosexual que el informe se resiste a admitir explícitamente. WikipediaNational Catholic Register

Mientras la FSSPX es excomulgada por defender lo que la Iglesia siempre enseñó, los promotores de la «pastoral LGBT» reciben cartas de aliento cardenalicias. La pregunta que el lector debe hacerse no es si habrá sanción. Es por qué no la habrá.

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