domingo, 10 de febrero de 2041
V Domingo después de Epifanía
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Col. 3, 12-17)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Colossénses Fratres: Indúite vos sicut elécti Dei, sancti et dilécti, víscera misericórdiæ, benignitátem, humilitátem, modéstiam, patiéntiam: supportántes ínvicem, et donántes vobismetípsis, si quis advérsus áliquem habet querélam: sicut et Dóminus donávit vobis, ita et vos. Super ómnia autem hæc caritátem habéte, quod est vínculum perfectiónis: et pax Christi exsúltet in córdibus vestris, in qua et vocáti estis in uno córpore: et grati estóte. Verbum Christi hábitet in vobis abundánter, in omni sapiéntia, docéntes et commonéntes vosmetípsos psalmis, hymnis et cánticis spirituálibus, in grátia cantántes in córdibus vestris Deo. Omne, quodcúmque fácitis in verbo aut in ópere, ómnia in nómine Dómini Jesu Christi, grátias agéntes Deo et Patri per ipsum.
Revestíos, pues, como escogidos que sois de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de compasión, de benignidad, de humildad, de modestia, de paciencia, sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro, así como el Señor os ha perdonado, así lo habéis de hacer también vosotros. Pero sobre todo mantened la caridad, la cual es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo triunfe en vuestros corazones, paz divina a la cual fuisteis asimismo llamados para formar todos un solo cuerpo, y sed agradecidos a Dios por éste y otros beneficios. La palabra de Cristo o su doctrina en abundancia tenga su morada entre vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros, con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón con gracia o edificación las alabanzas a Dios. Todo cuanto hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo, y a gloria suya, dando por medio de él gracias a Dios Padre. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 8 + Homilía 9 sobre Colosenses — San Juan Crisóstomo
Vers. 12. Revestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados. Muestra la facilidad de la virtud, para que la posean sin cesar y la usen como el mayor ornamento. La exhortación va acompañada también de alabanza, pues entonces su fuerza es mayor. Porque antes eran santos, pero no escogidos; mas ahora son a la vez escogidos, santos y amados.
Entrañas de misericordia. No dijo simplemente misericordia, sino que con mayor énfasis empleó las dos palabras. Y no dijo que fuese como para con los hermanos, sino como de los padres para con los hijos. Pues no me digas que pecó; por eso dijo entrañas. Y no dijo misericordia a secas, para no tenerlos en poca estima, sino entrañas de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, longanimidad; soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tuviere queja contra otro: así como Cristo os perdonó, así también vosotros.
De nuevo habla según el género, y siempre lo hace; pues de la benignidad procede la humildad de espíritu, y de ésta la longanimidad. Soportándoos, dice, los unos a los otros, esto es, dejando pasar las cosas. Y mira cómo ha mostrado que no es nada, llamándolo queja, y diciendo: así como Cristo os perdonó. ¡Grande es el ejemplo! Y así hace siempre: los exhorta según Cristo. Queja lo llama. Con estas palabras, en verdad, mostró que era cosa pequeña; pero cuando nos ha puesto delante el ejemplo, nos ha persuadido de que, aun cuando tuviéramos graves cargos que presentar, debemos perdonar. Pues la expresión así como Cristo significa esto, y no sólo esto, sino también de todo corazón; y no sólo esto, sino que debemos incluso amar. Porque Cristo, puesto en medio, trae consigo todas estas cosas: que aunque los agravios sean grandes, aunque no hayamos sido los primeros en injuriar, aunque nosotros seamos de gran condición y ellos de poca, aunque de seguro nos hayan de ultrajar después, debemos dar por ellos nuestra vida (pues las palabras así como esto exigen); y que no sólo hasta la muerte ha de detenerse uno, sino, si fuera posible, continuar aun después de la muerte.
Vers. 14. Y sobre todas estas cosas, revestíos de la caridad, que es el vínculo de la perfección. ¿Veis lo que dice? Porque, siendo posible que quien perdona no ame, dice: es menester que también le améis; y señala un camino por el cual se hace posible perdonar. Pues es posible que uno sea benigno, manso, humilde de corazón y longánime, y sin embargo no afectuoso. Y por eso dijo al principio: entrañas de misericordia, esto es, amor y compasión. Y sobre todas estas cosas, la caridad, que es el vínculo de la perfección. Lo que quiere decir es esto: que no hay provecho en aquellas cosas, pues todas se deshacen si no se hacen con caridad; ella es la que las traba a todas juntas; cualquier bien que menciones, si falta la caridad, nada es, se desvanece. Y es como en una nave: aunque su aparejo sea grande, si no hay cabos que la ciñan, de nada sirve; y en una casa, si no hay vigas que la traben, lo mismo; y en un cuerpo, aunque los huesos sean grandes, si no hay ligamentos, de nada sirven. Porque cualesquiera buenas obras que uno tenga, todas se desvanecen si no está presente la caridad. No dijo que es la cumbre, sino algo mayor, el vínculo; esto es más necesario que aquello. Pues la cumbre es una intensidad de la perfección, mas el vínculo es lo que mantiene firmemente unidas aquellas cosas que producen la perfección; es, por así decir, la raíz.
Vers. 15. Y reine en vuestros corazones la paz de Dios, a la cual también fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La paz de Dios. Ésta es la que es firme y estable. Pues si tenéis paz por causa de los hombres, pronto llega a disolverse; mas si por causa de Dios, jamás. Aunque había hablado de la caridad en general, de nuevo desciende a lo particular. Porque hay también un amor desmedido; por ejemplo, cuando por mucho amor uno acusa sin razón, se enreda en contiendas y contrae aversiones. No esto, dice, no esto deseo; no que exageréis las cosas, sino que, como Dios hizo la paz con vosotros, así también vosotros la hagáis. ¿Cómo hizo la paz? Por su propia voluntad, no habiendo recibido nada de vosotros. ¿Qué es esto? Reine en vuestros corazones la paz de Dios. Si dos pensamientos combaten entre sí, no pongas por juez a la ira ni al rencor para que se lleven el premio, sino a la paz. Por ejemplo: supón que uno ha sido injuriado injustamente; de la injuria nacen dos pensamientos, el uno que le manda vengarse, el otro que le manda soportar; y luchan uno con otro: si la paz de Dios se adelanta como árbitro, otorga el premio al que manda soportar, y avergüenza al otro. ¿Cómo? Persuadiéndole de que Dios es paz, de que ha hecho la paz con nosotros. No sin razón muestra cuán grande es la lucha que hay en este asunto. No juzgue la ira, dice, ni la contienda, ni la paz humana; pues la paz humana viene de vengarse, de no sufrir ningún grave mal. Mas no es esto lo que yo pretendo, dice, sino aquella que Él mismo dejó.
Ha representado dentro, en los pensamientos, una arena, un certamen, una lucha y un árbitro. Luego, de nuevo, la exhortación: a la cual fuisteis llamados, dice, esto es, para la cual fuisteis llamados. Les ha recordado de cuántos bienes es causa la paz; por ella os llamó, para ella os llamó, de modo que recibáis un premio digno. Pues ¿por qué nos hizo un solo cuerpo? ¿No fue para que ella reinara? ¿No fue para que tuviéramos ocasión de estar en paz? ¿Por qué somos todos un solo cuerpo? Por la paz somos un solo cuerpo, y por ser un solo cuerpo estamos en paz. Mas ¿por qué no dijo: venza la paz de Dios, sino: arbitre? La hizo más honorable. No quiso que el mal pensamiento viniera a luchar con ella, sino que se mantuviera por debajo. Y el nombre mismo de premio alegró al oyente. Pues si ella ha dado el premio al buen pensamiento, por muy desvergonzadamente que se porte el otro, ya de nada sirve. Y además, el otro, sabiendo que, por muchas proezas que hiciere, no había de recibir el premio, aunque se hinche y acometa con más vehemencia, desistirá como quien trabaja sin provecho. Y bien añadió: y sed agradecidos. Pues esto es ser agradecido, y muy eficazmente: portarse con sus consiervos como Dios se porta consigo mismo, someterse al Señor, obedecer, dar gracias por todas las cosas, aunque alguno le injurie o le golpee.
Reside en vosotros abundantemente la palabra de Cristo, en toda sabiduría; enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios. Y todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Habiéndolos exhortado a ser agradecidos, muestra también el camino, aquel del que poco ha os he hablado. ¿Y qué dice? Reside en vosotros abundantemente la palabra de Cristo; o más bien, no sólo de este modo, sino también de otro. Pues yo dije que debemos contar a los que han padecido cosas más terribles y a los que han sufrido males más graves que los nuestros, y dar gracias de que tales cosas no nos hayan tocado en suerte; mas ¿qué dice él? Resida en vosotros la palabra de Cristo, esto es, la enseñanza, las doctrinas, la exhortación, en la cual dice que la vida presente no es nada, ni sus bienes. Si esto sabemos, no cederemos ante ninguna adversidad. Resida en vosotros, dice, abundantemente; no simplemente que resida, sino con gran abundancia. Oíd, cuantos sois del siglo y tenéis a cargo esposa e hijos, cómo también a vosotros os encomienda especialmente la lectura de las Escrituras, y no hecha a la ligera ni de cualquier modo, sino con mucho empeño. Porque, así como el rico en dinero puede soportar multas y daños, así el que es rico en las doctrinas de la sabiduría soportará no sólo la pobreza, sino también todas las calamidades con facilidad, y aun más fácilmente que aquél. Pues, en cuanto a aquél, pagando la multa el rico necesariamente se empobrece y queda menesteroso, y si muchas veces padeciere de ese modo, ya no podrá soportarlo; mas en este caso no es así, porque ni siquiera gastamos nuestros sanos pensamientos cuando nos es necesario soportar algo que no quisiéramos, sino que permanecen con nosotros de continuo. Y advierte la sabiduría de este bienaventurado varón. No dijo simplemente: esté en vosotros la palabra de Cristo, sino ¿qué? Resida en vosotros, y abundantemente.
En toda sabiduría, enseñándoos y amonestándoos unos a otros. En toda, dice. Llama sabiduría a la virtud, y la humildad de espíritu es sabiduría, y la limosna, y otras cosas semejantes son sabiduría; así como sus contrarios son necedad, pues también la crueldad procede de la necedad. Por lo cual en muchos lugares llama necedad a todo el pecado. Dijo el necio en su corazón: No hay Dios; y también: Se pudrieron y corrompieron mis llagas ante la faz de mi necedad. Pues ¿qué hay más necio, dime, que quien se envuelve en sus propios vestidos, mas no se cuida de sus hermanos desnudos; que alimenta perros, y no le importa que la imagen de Dios perezca de hambre; que está persuadido de que las cosas humanas no son nada, y sin embargo se aferra a ellas como si fueran inmortales? Así pues, como nada hay más necio que tal hombre, nada hay más sabio que el que alcanza la virtud. Porque mira cuán sabio es: reparte de sus bienes, es compasivo, es amante de los hombres, ha considerado bien que tiene con ellos una naturaleza común; ha considerado bien el uso de la riqueza, que no merece estima alguna; que se debe ser más ahorrativo con los cuerpos que nos son afines que con la riqueza. El que desprecia la gloria es del todo sabio, pues conoce las cosas humanas; y el conocimiento de las cosas divinas y humanas es la filosofía. Así pues, sabe cuáles son las cosas divinas y cuáles las humanas, y de las unas se aparta, y en las otras pone su esfuerzo. Y sabe también dar gracias a Dios en todas las cosas; tiene por nada la vida presente; por eso ni se deleita con la prosperidad, ni se aflige con la condición contraria.
Enseñándoos, dice, y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales. Advierte también la delicadeza de Pablo. Viendo que la lectura es trabajosa y grande su fastidio, no los condujo a las historias, sino a los salmos, para que a la vez deleitéis vuestra alma con el canto y suavemente aliviéis vuestras fatigas. Himnos, dice, y cánticos espirituales. Mas ahora vuestros hijos entonarán cantos y danzas de Satanás, como los cocineros, los reposteros y los músicos; nadie sabe salmo alguno, sino que hasta parece cosa de vergüenza, y burla, y chanza. Ahí está el almacén de todos estos males. Porque, cualquiera que sea el suelo en que está la planta, tal es el fruto que da; si en suelo arenoso y salobre, de igual naturaleza es su fruto; si en uno dulce y fértil, otra vez es semejante. Así, la materia de la instrucción es como una fuente.
¿Cuál es el himno de los de arriba? Los fieles lo saben. ¿Qué dicen los querubines allá en lo alto? ¿Qué dicen los ángeles? Gloria a Dios en las alturas. Por eso, después de la salmodia vienen los himnos, como cosa de mayor perfección. Con salmos, dice, con himnos, con cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios. Quiere decir, o bien esto: que Dios por gracia nos ha dado estas cosas; o bien: con los cánticos en la gracia; o bien: amonestándoos y enseñándoos unos a otros en la gracia; o bien: que tenían estos dones por gracia; o bien es una explicación, y quiere decir: por la gracia del Espíritu. Cantando en vuestros corazones a Dios. No simplemente con la boca, quiere decir, sino con atención. Pues esto es cantar a Dios; aquello, al aire, porque la voz se dispersa sin fruto. No para ostentación, quiere decir. Y aunque estéis en la plaza, podéis recogeros y cantar a Dios sin que nadie os oiga. Pues también Moisés oró de este modo, y fue escuchado, porque dice: ¿Por qué clamas a Mí?, aun cuando nada había dicho, sino que clamaba con el pensamiento —por lo cual sólo Dios le oyó— con corazón contrito. Pues no se prohíbe a nadie, aun caminando, orar en su corazón y morar en las alturas.
Vers. 17. Y todo cuanto hagáis, dice, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Porque si así lo hacemos, nada habrá manchado, nada inmundo, dondequiera que sea invocado Cristo. Si coméis, si bebéis, si os casáis, si viajáis, hacedlo todo en el nombre de Dios, esto es, llamándole en vuestra ayuda: en todo, orándole primero, así emprended vuestro negocio. ¿Queréis decir algo? Poned esto por delante. Por esta causa también nosotros ponemos al frente de nuestras epístolas el nombre del Señor. Dondequiera que esté el nombre de Dios, todo es de buen augurio. Pues si los nombres de los cónsules dan firmeza a los escritos, mucho más el nombre de Cristo. O quiere decir esto: después de Dios, decid y haced todas las cosas, no introduzcáis además a los ángeles. ¿Coméis? Dad gracias a Dios antes y después. ¿Dormís? Dad gracias a Dios antes y después. ¿Os lanzáis al foro? Haced lo mismo; nada mundano, nada de esta vida. Hacedlo todo en el nombre del Señor, y todo os saldrá prósperamente. Dondequiera que se ponga el Nombre, allí todas las cosas son de buen augurio. Si arroja demonios, si ahuyenta enfermedades, mucho más hace fácil el negocio.
¿Y qué es hacer de palabra o de obra? Pedir o ejecutar cualquier cosa. Oíd cómo en el nombre de Dios envió Abraham a su siervo; David en el nombre de Dios mató a Goliat. Admirable es su Nombre y grande. Y también Jacob, enviando a sus hijos, dice: Mi Dios os dé gracia a los ojos de aquel varón. Porque el que esto hace tiene por aliado a Dios, sin el cual nada osaba emprender. Honrado, pues, al ser invocado, honrará a su vez haciéndoles fácil su negocio. Invocad al Hijo, dad gracias al Padre. Pues cuando el Hijo es invocado, el Padre es invocado, y cuando a Él se le dan gracias, al Hijo se le han dado gracias.
Homilía 8 + Homilía 9 sobre Colosenses, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 13, 24-30)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus turbis parábolam hanc: Símile factum est regnum cœlórum hómini, qui seminávit bonum semen in agro suo. Cum autem dormírent hómines, venit inimícus ejus, et superseminávit zizánia in médio trítici, et ábiit. Cum autem crevísset herba et fructum fecísset, tunc apparuérunt et zizánia. Accedéntes autem servi patrisfamílias, dixérunt ei: Dómine, nonne bonum semen seminásti in agro tuo? Unde ergo habet zizánia? Et ait illis: Inimícus homo hoc fecit. Servi autem dixérunt ei: Vis, imus, et collígimus ea? Et ait: Non: ne forte colligéntes zizánia eradicétis simul cum eis et tríticum. Sínite utráque créscere usque ad messem, et in témpore messis dicam messóribus: Collígite primum zizánia, et alligáte ea in fascículos ad comburéndum, tríticum autem congregáte in hórreum meum.
Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Estando ya el trigo en hierba y apuntando la espiga, se descubrió asimismo la cizaña. Entonces los criados del padre de familia acudieron a él, y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo?; pues ¿cómo tiene cizaña? Les respondió: Algún enemigo mío la habrá sembrado. Replicaron los criados: ¿Quieres que vayamos a cogerla? A lo que respondió: No, porque no suceda que, arrancando la cizaña, arranquéis con ella el trigo. Dejad crecer una y otro hasta la siega, que al tiempo de la siega, yo diré a los segadores: coged primero la cizaña, y haced gavillas de ella para el fuego, y meted después el trigo en mi granero. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 13, 24-30 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. El Señor habló en la parábola anterior de aquellos que no reciben la palabra de Dios, y ahora habla de aquellos que la reciben alterada, porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad. Por eso sigue: "Otra parábola les propuso", etc.
San Jerónimo. Les propuso otra parábola, a la manera de un rico que sirve distintos manjares a sus convidados, a fin de que tome cada uno el que es más a propósito para su estómago. Y no dijo la otra, sino otra, porque si hubiera dicho la otra, no podríamos esperar otra tercera; y dijo otra, para manifestar que seguirían otras muchas. El sentido de la parábola lo manifiesta el Señor cuando añade: "Semejante es el reino de los cielos a un hombre que sembró buena simiente", etc.
Remigio. Llama reino de los cielos al mismo Hijo de Dios, y dice que este reino es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. Nos presenta en seguida los lazos del demonio diciendo: "Y mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue". Con estas palabras nos hace ver que el error viene después de la verdad, cosa demostrada por la experiencia. Así, después de los profetas vinieron los falsos profetas; después de los Apóstoles los falsos apóstoles; y después de Cristo el Anticristo. Porque no se esfuerza el diablo en tentar a quien no lo ha de imitar ni a quien no puede tender sus lazos, porque ha visto que la simiente fructifica, a veces como ciento, otras como sesenta, y otras como treinta, y que no puede él arrebatar ni sofocar la que tiene buenas raíces, y por eso se vale de otro engaño, confundiendo su propia simiente y revistiendo sus obras con colores y semejanzas que sorprenden al que se deja engañar con facilidad. Por eso no dice el Señor que siembra una simiente cualquiera, sino la cizaña, que es muy parecida, al menos a la vista, a la simiente del sembrador: tal es la malicia del diablo; siembra cuando han nacido las simientes, para de esta manera causar más daños a los intereses del agricultor.
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 11. Y dice: "Mientras dormían los hombres" porque cuando los jefes de la Iglesia obran con negligencia, o cuando los apóstoles son visitados por el sueño de la muerte, viene el diablo y siembra sobre aquellos a quienes el Señor llama hijos malos. Pero se pregunta ahora: ¿son éstos los herejes o los malos católicos?. Porque manifestándonos que están sembrados en medio del trigo parece significar que son todos de una misma comunión. Pero sin embargo, como en la interpretación de la palabra campo no se significa a la Iglesia, sino a todo el mundo, se comprende que habla de los herejes, que se hallan mezclados en este mundo con los buenos. De aquí es que a los que son malos pero tienen la misma fe se les llama paja mejor que cizaña. La paja, efectivamente, tiene la misma raíz y fundamento que el grano. En cuanto a los cismáticos, parece que tienen más semejanza con las espigas podridas, o con las pajas de aristas rotas y divididas que se arrojan de la mies. Pero no se debe sacar de aquí la consecuencia de que los herejes y cismáticos son forzosamente separados de la Iglesia corporalmente, porque hay muchos en el seno de la Iglesia que no defienden su error de manera que puedan atraer al pueblo. Porque si lo hicieren así, entonces serían expulsados en seguida de la Iglesia. ( Y más abajo): Cuando el diablo con sus detestables errores y falsas doctrinas ha sembrado la cizaña (esto es, ha arrojado las herejías valiéndose del nombre de Cristo) se oculta con más cuidado y se hace más invisible; y esto es lo que significa: "Y se fue". Se comprende, pues, que el Señor significó en esta parábola con la palabra cizaña (como terminó en la exposición) no algunos escándalos, sino todos los escándalos, y a aquellos que cometen ciertas maldades.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. En las siguientes líneas describe perfectamente la marcha de los herejes: "Y después que creció la yerba e hizo fruto, apareció entonces la cizaña". Al principio los herejes no dan la cara, pero cuando tienen más libertad y algunos otros participan de su error, entonces vierten su veneno.
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 12. O de otra manera, cuando el hombre espiritual empieza a juzgar todas las cosas, entonces comienzan a aparecer los errores, y distingue cuánto dista de la verdad lo que ha oído o leído. Pero mientras llega a la perfección espiritual, puede ser envuelto en la multitud de errores que se han propalado con el nombre de Cristo. Por eso sigue: "Y llegando los siervos del padre de familia, le dijeron: Señor, ¿por ventura no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de dónde tiene cizaña?" Ocurre preguntar aquí quiénes son esos siervos: si son los siervos aquellos a quienes después llama segadores, o si son los ángeles, a quienes en la explicación que él nos ha dado de esta parábola llama también segadores; pero que nadie se atreve a afirmar que los ángeles no tuvieron conocimiento del que sembró la cizaña; por consiguiente deben entenderse por siervos los mismo fieles a quienes no nos debe admirar los llame además buena simiente, porque se puede expresar una misma cosa con diferentes nombres, según la relación con que se la considere; el mismo Salvador es llamado en un mismo Evangelio ( Jn 10) a la vez " puerta y pastor ".
Remigio. Se llegan a Dios, no con el cuerpo, sino con el corazón y el deseo del alma. De esta manera comprenden que todo se hizo por astucia del diablo y por eso les dice: "Hombre enemigo ha hecho esto".
San Jerónimo. Llama al diablo hombre enemigo porque no es Dios. Y así se dice de él en el Salmo 9: "Levántate, Señor, para que no tome fuerzas el hombre" ( Sal 9,20). Por esta razón no debe dormirse el que está al frente de la Iglesia, no sea que por descuido suyo siembre el hombre enemigo la cizaña, esto es, las afirmaciones heréticas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. Y se llama enemigo a causa de los perjuicios que causa al hombre, porque siempre nos está maltratando, aunque no sea el origen de su tratamiento la enemistad que nos tiene, sino la que profesa a Dios.
San Agustín. quaestiones evangeliorum, 12. Al conocer los siervos de Dios que el diablo, sintiendo que nada podía hacer contra el autor de tan gran nombre, ha tramado un fraude para ocultar sus mentiras bajo el mismo nombre, puede presentárseles el deseo, en la medida que tengan algún poder temporal, de apartar a los hombres de las cosas mundanas. Pero para saber que deben hacer consultan antes a la justicia de Dios. De donde sigue: "¿Quieres que vayamos y la cojamos?".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. Debemos admirar en este pasaje la solicitud y el amor de los siervos: se apresuran a arrancar la cizaña, lo que prueba la solicitud por su simiente, y no tratan de que se castigue a nadie sino de que no muera la buena simiente.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1. La respuesta del Señor es la siguiente: "Y les dijo: no".
San Jerónimo. Hay ocasiones para hacer penitencia; y se nos aconseja que no hagamos perecer en seguida a nuestros hermanos; porque puede ocurrir que alguno esté hoy manchado con algún dogma herético, mañana se arrepienta y comience a defender la verdad: "No sea que cogiendo la cizaña, arranquéis también el trigo".
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 12. Palabras que no pueden menos que engendrar en ellos una paciencia y una tranquilidad grandísima. La razón de esta parábola es, que los que son buenos, pero que aun están débiles, necesitan de esta mezcla con los malos, ya para adquirir fortaleza con el ejercicio, ya para que comparando los unos con los otros se estimulen a ser mejores. O también se arrancan al mismo tiempo el trigo y la cizaña, porque hay muchos que al principio son cizaña y después se hacen trigo. Si a éstos no se les sufre con paciencia cuando son malos, no se consigue el que muden de costumbres; y si fuesen arrancados en ese estado, se arrancaría al mismo tiempo lo que con el tiempo y el perdón hubiera sido trigo. Por eso nos previene el Señor que no hagamos desaparecer de esta vida a esa clase de hombres, no sea que por quitar la vida a los malos se la quitemos a los que quizá hubieran sido buenos, o perjudiquemos a los buenos, a quienes, a pesar suyo, pueden ser útiles. El momento oportuno de quitarles la vida será cuando ya no les quede tiempo para mudar de vida, y el contraste de sus errores con la verdad no pueda ser útil a los buenos: "Dejad crecer lo uno y lo otro hasta la siega", esto es, hasta el juicio.
San Jerónimo. Pero parece que esta doctrina contradice a aquel precepto: "Quitad el mal de entre vosotros" ( 1Cor 5,13); porque efectivamente si se prohibe arrancar la cizaña, y se manda conservarla hasta la siega, ¿de qué modo se han de quitar de entre nosotros ciertos hombres? Pero no hay o es muy poca la diferencia entre el trigo y la cizaña, llamada vulgarmente vallico, que cuando aun está en estado de yerba y su tallo no está coronado de espiga, es muy parecida al trigo. Por esta razón nos advierte el Señor que no demos nuestro dictamen sin un examen detenido sobre cosas dudosas, sino que las dejemos a juicio de Dios, a fin de que arroje el Señor en el día del juicio de entre los santos, no a los criminales sospechosos sino a los que entonces serán bien manifiestos.
San Agustín, contra epistulam Parmeniani, 3,2. Cuando algún cristiano hubiera sido cogido en el seno de la Iglesia en algún pecado digno de ser anatematizado, anatematícese en donde no haya peligro de dar lugar al cisma, y hágase con amor a fin de no arrancarlo, sino de corregirlo. Pero si él no se reconociere y ni se corrigiere con la penitencia, él mismo se saldrá fuera y será separado de la comunión de la Iglesia por su propia voluntad. Por eso el Señor al decir: "Dejad crecer lo uno y lo otro hasta la siega", da la razón en las palabras siguientes: "No sea que cogiendo la cizaña arranquéis también el trigo". Donde manifiesta claramente, que cuando no hay ese peligro y hay completa seguridad de la permanencia de la simiente (esto es, cuando el crimen es tan conocido y detestado de todos, que no hay absolutamente nadie, o si hay alguno que se atreva a defenderlo, es tan poco notable que no puede dar lugar al cisma), no debe descuidarse la severidad de la disciplina, en la que es tanto más eficaz la corrección del mal cuanto más se respetan las leyes de la caridad. Pero cuando el mal ha gangrenado a la multitud, no queda más remedio que el sentir y gemir. De ahí es que debe el hombre corregir con amor aquello que pueda, y lo que no pueda, sufrirlo con paciencia y gemir y llorar hasta que la corrección venga de lo alto, y esperar hasta la siega el arrancar la cizaña y el aventar la paja. Cuando se puede levantar la voz en medio de un pueblo, debe hacerse la corrección de las desmoralizadas turbas con expresiones generales, principalmente si nos ofrece la ocasión y la oportunidad algún castigo del cielo enviado por Dios, de hacerles ver que son castigados cual merecen; porque las calamidades públicas vuelven dóciles los oídos de aquellos que escuchan las palabras del que los corrige y excitan más fácilmente a los corazones afligidos a confesarse gimiendo que a resistirse murmurando. Y aunque no exista calamidad pública, se puede, siempre que se habla en público, corregir a la multitud en medio de la multitud. Porque así como se enfurece cuando se habla en particular, así también suele gemir cuando se la reprende en general.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,1-2. Dijo el Señor todo esto para prohibir las muertes. No convenía quitar la vida a los herejes, porque de esta manera se trabaría una lucha sin piedad en todo el mundo. Por eso dice: "No la arranquéis al mismo tiempo que el trigo", es decir, si empuñáis las armas, y quitáis la vida a los herejes, vuestros golpes alcanzarán necesariamente a multitud de santos. No prohibe, pues, el Señor, el contener a los herejes, el atajar la libre propaganda de sus errores, sus sínodos y sus reuniones, sino el destruirlos y quitarles la vida.
San Agustín, epístolas, 93,17. En un principio yo era de la opinión de no obligar a nadie a entrar en la unidad de Cristo, a obrar con la palabra, a combatir con la discusión, a vencer con la razón, a fin de que no tengamos por católicos hipócritas a aquellos a quienes hemos conocido como herejes marcados. Sin embargo, mi opinión era el no combatir con palabras, sino el dominar con ejemplos. Las leyes terribles por las que los reyes sirven a Dios con temblor de tal manera les fueron útiles, que se vieron precisados a decir unos: desde luego era ésta nuestra voluntad, pero damos mil gracias a Dios, que nos ha presentado la ocasión, y nos ha quitado todo pretexto para diferirla. Otros: sabíamos que ésta era la verdad, pero no sabemos por qué costumbre nos deteníamos: mil gracias a Dios que ha roto nuestras ligaduras. Otros: ignorábamos que fuera ésta la verdad, ni teníamos deseo de aprenderla; pero el miedo nos ha hecho volver a ella: gracias a Dios que nos despertó de nuestro letargo con el estímulo del terror. Otros dicen: Nosotros teníamos miedo de entrar por los rumores falsos, que hubiéramos desconocido ser falsos si no hubiéramos entrado, pero ni hubiéramos entrado, sino a viva fuerza; gracias a Dios, que nos ha quitado nuestra perplejidad con la persecución, nos ha enseñado por experiencia cuán sin fundamento y cuán falsas son las voces que han extendido sobre su Iglesia. Otros dicen: nosotros juzgábamos que no era cosa de interés el recibir la fe de Cristo, pero gracias al Señor que ha hecho que concluya nuestra separación, nos ha unido a un solo Dios, y nos ha manifestado la unidad del culto. Sirvan, pues, los reyes a Cristo, y promulguen leyes en favor de Cristo.
San Agustín, epístolas, 185, 32 et 22. ¿Quién de vosotros no sólo deseará que perezcan los herejes, sino también el que experimenten pérdidas? Pues no de otro modo mereció tener la paz la casa de David, si no hubiese desaparecido su hijo Absalón en la guerra que hizo contra su padre ( 2Sam 18), aun cuando este rey infortunado había recomendado a sus servidores el mayor cuidado para que conservasen la vida de su hijo, en quien su corazón de padre miraba sólo al arrepentimiento para perdonarlo. El por su rebelión fue víctima de su resistencia, y al padre no le quedó más que llorarlo, y consolar su dolor con la paz devuelta a sus estados. Así la Iglesia católica nuestra madre, cuando atrae a su seno un gran número de hijos con la pérdida de algunos otros, dulcifica y cura el dolor de su corazón maternal con el espectáculo de los pueblos que ha salvado. ¿Dónde se funda, pues, lo que algunos vociferan: "¿Uno es libre para creer o para no creer? ¿A quién forzó Cristo? ¿A quién obligó?" Ahí tienen al Apóstol San Pablo. Reconozcan en él a Cristo primero postrándolo, y después enseñándole; primero hiriendo y después consolando ( Hch 9). Pero es cosa admirable, que aquel que entró en el Evangelio obligado por un castigo corporal, trabajó más en el Evangelio, que aquellos que fueron llamados sólo con la palabra ( 1Cor 15). ¿Por qué la Iglesia no obligará a sus hijos perdidos a volver, si esos mismos hijos perdidos precisan a otros a perecer?
San Agustín, epístolas, 185, 32 et 22. Sigue: "Y en el tiempo de la siega diré a los segadores: Coged primeramente la cizaña, y atadla en manojos para quemarla".
Remigio. Llama él siega al tiempo en que se está segando. Y por siega se entiende el día del juicio, en que los buenos serán separados de los malos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 46,2. ¿Pero por qué dice: coged primeramente la cizaña? A fin de que no crean los buenos que juntamente con la cizaña se debe arrancar también el trigo.
San Jerónimo. Está bien manifiesto en las palabras: "lanzad al fuego los manojos de cizaña y reunid el trigo en los graneros", que los herejes, de cualquier clase que sean, y también los hipócritas, serán quemados en los fuegos del infierno. Y los santos (que es lo que se da a entender con la palabra trigo) serán recibidos en los graneros, esto es, en las mansiones celestiales.
San Agustín, quaestiones euangeliorum, 1, 12. Se puede preguntar: ¿por qué no dijo el Señor: haced un solo haz y un solo montón con la cizaña? Sin duda para significar que había muchas clases de herejes, que estaban separados no sólo del trigo, sino también unos de otros. Y por esto los manojos figuran sus diferentes reuniones, en las que cada partido está unido por su propia comunión, y entonces es cuando se debe principiar a atarlos para prenderles fuego, puesto que entonces es cuando separados de la Iglesia católica, principian a formar como unas iglesias propias. No serán quemados hasta el fin de los tiempos pero quedarán atados en manojos. Pero si esto se verificase en seguida, no habría muchos que hicieran penitencia y reconocieran su error y volviesen a la Iglesia. Por esta razón no se formarán los manojos hasta el fin, con objeto de que no sean castigados sin orden alguno, sino que lo será cada uno conforme a su perversidad.
Rábano. Y es de notar que cuando dice: "Sembró buena simiente" significa la buena voluntad de los elegidos; y cuando dice: "Llegó el enemigo" quiso intimarnos la cautela que debíamos tener y en las palabras: "Creciendo la cizaña, el hombre enemigo hizo esto" nos recomendó la paciencia; y en aquellas otras: "No sea que cogiendo la cizaña" nos dio un ejemplo de discreción; y cuando añade: "Dejad crecer lo uno y lo otro hasta la siega" nos recomendó la longanimidad; y por último la justicia cuando dijo: "Atadla en manojos para quemarla", etc.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena