sábado, 25 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

domingo, 18 de julio de 2027

San Camilo de Lelis, Confesor

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (1 John. 3, 13-18)

Léctio Epístolæ beáti Joánnis Apóstoli Caríssimi: Nolíte mirári, si odit vos mundus. Nos scimus, quóniam transláti sumus de morte ad vitam, quóniam dilígimus fratres. Qui non díligit, manet in morte: omnis, qui odit fratrem suum, homicída est. Et scitis, quóniam omnis homicída non habet vitam ætérnam in semetípso manéntem. In hoc cognóvimus caritátem Dei, quóniam ille ánimam suam pro nobis pósuit: et nos debémus pro frátribus ánimas pónere. Qui habúerit substántiam hujus mundi, et víderit fratrem suum necessitátem habére, et cláuserit víscera sua ab eo: quómodo cáritas Dei manet in eo? Filíoli mei, non diligámus verbo neque lingua, sed ópere et veritáte.

No extrañéis, hermanos, si os aborrece el mundo. Nosotros conocemos haber sido trasladados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no los ama, queda en la muerte, o está sin caridad. Cualquiera que tiene odio a su hermano, es un homicida. Y ya sabéis que en ningún homicida tiene su morada la vida eterna. En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que dio el Señor su vida por nosotros; y así nosotros debemos estar prontos a dar la vida por la salvación de nuestros hermanos. Quien tiene bienes de este mundo, y viendo a su hermano en necesidad cierra las entrañas, para no compadecerse de él, ¿cómo es posible que resida en él la caridad de Dios? Hijitos míos, no amemos solamente de palabra y con la lengua, sino con obras y de veras o sinceramente. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Tratado 5 sobre la Primera Carta de San Juan — San Agustín

1 Juan 3, 13-18

No os maravilléis, hermanos, si el mundo nos aborrece. ¿Habrá que deciros con frecuencia qué significa el mundo? No el cielo, no la tierra, ni estas obras visibles que Dios hizo, sino los amadores del mundo. Al decir estas cosas tantas veces, a algunos les resulto molesto; pero tan lejos estoy de decirlo sin causa, que a algunos podría preguntárseles si lo dije, y no sabrían responder. Que, aunque sea a la fuerza, algo se fije en los corazones de quienes oyen. ¿Qué es el mundo? El mundo, tomado en mal sentido, son los amadores del mundo; el mundo, cuando la palabra se usa en alabanza, es el cielo y la tierra, y las obras de Dios que hay en ellos; por lo cual se dice: Y el mundo fue hecho por Él. También el mundo es la plenitud de la tierra, como el mismo Juan ha dicho: No sólo por nuestros pecados es Él la propiciación, sino por los del mundo entero; quiere decir, del mundo, de todos los fieles esparcidos por toda la tierra. Pero el mundo, en mal sentido, son los amadores del mundo. Los que aman al mundo no pueden amar a su hermano.

Si el mundo nos aborrece: nosotros sabemos —¿qué sabemos?— que hemos pasado de la muerte a la vida —¿cómo lo sabemos?— porque amamos a los hermanos. Que nadie pregunte a hombre alguno; que cada uno vuelva a su propio corazón: si allí halla el amor fraterno, quede tranquilo, porque ha pasado de la muerte a la vida. Ya está a la derecha; no le importe que ahora su gloria esté escondida: cuando venga el Señor, entonces aparecerá en la gloria. Porque tiene la vida en sí, pero todavía en invierno; la raíz está viva, mas las ramas, por así decir, están secas: dentro está la sustancia que tiene la vida, dentro están las hojas de los árboles, dentro los frutos; pero aguardan el verano. Así pues, sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama, permanece en la muerte. Y para que no juzguéis cosa leve, hermanos, el aborrecer, o el no amar, oíd lo que sigue: Todo el que aborrece a su hermano es homicida. ¿Cómo es esto? Si alguno tuvo por cosa leve aborrecer a su hermano, ¿tendrá también en su corazón por cosa leve el homicidio? No mueve las manos para matar a un hombre; y sin embargo, ya es tenido por Dios como homicida; el otro vive, y no obstante este hombre ya es juzgado como su matador. Todo el que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene la vida eterna permaneciendo en él.

En esto conocemos el amor: se refiere a la perfección del amor, aquella perfección que os hemos encomendado grabar en el corazón: En esto conocemos el amor, en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar la vida por los hermanos. He aquí de dónde vino aquello: Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas. Pues, para que sepáis que Él quería que sus ovejas fuesen apacentadas por él de tal modo que diese su vida por las ovejas, en seguida le dijo esto: Cuando eras joven, te ceñías e ibas a donde querías; mas cuando seas viejo, extenderás tus manos, y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. Esto dijo —dice el evangelista— significando con qué muerte había de glorificar a Dios; de suerte que a aquel a quien había dicho Apacienta mis ovejas, le enseñase también a dar su vida por sus ovejas.

¿De dónde comienza la caridad, hermanos? Atended un poco: hasta dónde llega su perfección, ya lo habéis oído; el fin mismo de ella, y su misma medida, es lo que el Señor nos ha propuesto en el Evangelio: Nadie tiene amor mayor —dice— que el de dar uno la vida por sus amigos. Su perfección, pues, nos la ha propuesto en el Evangelio, y aquí también es su perfección lo que se nos propone; pero os preguntáis a vosotros mismos y os decís: ¿Cuándo nos será posible tener esta caridad? No desesperéis tan pronto de vosotros. Acaso ha nacido y todavía no es perfecta; nutridla, para que no sea ahogada. Mas me diréis: ¿Y en qué he de conocerla? Pues hasta dónde llega su perfección lo hemos oído; oigamos de dónde comienza. Prosigue diciendo: Mas quien tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano padecer hambre, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo mora en él el amor de Dios? He aquí de dónde comienza la caridad. Si aún no eres capaz de morir por tu hermano, sé al menos capaz de dar tus bienes a tu hermano. Ya ahora la caridad hiera tus entrañas, para que no lo hagas por vanagloria, sino de lo más íntimo de la misericordia; para que mires por aquel que ahora padece necesidad. Porque si no puedes dar a tu hermano lo superfluo, ¿podrás dar tu vida por tu hermano? Ahí yace tu dinero en tu seno, que los ladrones pueden quitarte; y aunque los ladrones no te lo quiten, al morir lo dejarás, aun cuando no te deje él mientras vives: ¿qué harás con él? Tu hermano tiene hambre, está en necesidad; acaso esté en apuros, atormentado por su acreedor: es tu hermano, por igual habéis sido comprados, uno es el precio pagado por vosotros, ambos habéis sido redimidos por la sangre de Cristo: mira si tienes misericordia, ya que tienes los bienes de este mundo. Quizá dices: ¿Qué me importa a mí? ¿He de dar mi dinero para que él no padezca trabajo? Si esta es la respuesta que te da tu corazón, no mora en ti el amor del Padre. Si el amor del Padre no mora en ti, no has nacido de Dios. ¿Cómo te jactas de ser cristiano? Tienes el nombre, y no tienes las obras. Mas si a la obra sigue el nombre, llámete cualquiera pagano: muestra con las obras que eres cristiano. Porque si con las obras no te muestras cristiano, aunque todos te llamen cristiano, ¿de qué te aprovecha el nombre donde falta la realidad? Mas quien tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano en necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo mora en él el amor de Dios? Y luego prosigue: Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad.

Tratado 5 sobre la Primera Carta de San Juan, San Agustín · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1888) · fuente: newadvent.org