jueves, 1 de julio de 2027
La Preciosa Sangre de Nuestro Señor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Hebr. 9, 11-15)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Hebrǽos. Fratres: Christus assístens Póntifex futurórum bonórum, per ámplius et perféctius tabernáculum non manufáctum, id est, non hujus creatiónis: neque per sánguinem hircórum aut vitulórum, sed per próprium sánguinem introívit semel in Sancta, ætérna redemptióne invénta. Si enim sanguis hircórum et taurórum, et cinis vítulæ aspérsus, inquinátos sanctíficat ad emundatiónem carnis: quanto magis sanguis Christi, qui per Spíritum Sanctum semetípsum óbtulit immaculátum Deo, emundábit consciéntiam nostram ab opéribus mórtuis, ad serviéndum Deo vivénti? Et ídeo novi Testaménti mediátor est: ut, morte intercedénte, in redemptiónem eárum prævaricatiónum, quæ erant sub prióri Testaménto, repromissiónem accípiant, qui vocáti sunt ætérnæ hereditátis, in Christo Jesu, Dómino nostro.
Mas sobreviniendo Cristo sumo sacerdote que nos había de alcanzar los bienes venideros, por medio de un Tabernáculo más excelente y más perfecto, no hecho a mano, esto es, no de fábrica o formación semejante a la nuestra; y presentándose no con sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino con la sangre propia, entró una sola vez para siempre en el santuario del cielo habiendo obtenido una eterna redención del género humano. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la ternera sacrificada, esparcida sobre los inmundos, los santifica en orden a la purificación legal de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo , el cual por impulso del Espíritu Santo se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas de los pecados, para que tributemos un verdadero culto al Dios vivo? Y por eso es Jesús mediador de un nuevo testamento , a fin de que mediante su muerte para expiación aun de las prevaricaciones cometidas en tiempo del primer Testamento, reciban la herencia eterna prometida a los que han sido llamados de Dios. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 15 + Homilía 16 sobre Hebreos — San Juan Crisóstomo
«Mas Cristo, que ha venido como Pontífice de los bienes futuros, por un tabernáculo mayor y más perfecto, no hecho por mano de hombre.» Aquí se refiere a la carne. Y con razón dijo mayor y más perfecto, porque en ella habita Dios Verbo y toda la virtud del Espíritu; pues no da Dios el Espíritu por medida. Y más perfecto, por ser a la vez irreprensible y por enderezar mayores cosas.
Esto es, no de esta creación. Mira cuánto mayor: pues no sería del Espíritu si lo hubiera fabricado el hombre. Ni tampoco es de esta creación; esto es, no de estas cosas creadas, sino espiritual, del Espíritu Santo.
«Mas Cristo, dice, viniendo como Pontífice»: no dijo hecho, sino viniendo; esto es, viniendo para esto mismo, sin haber sido sucesor de otro. No vino primero y después se hizo Pontífice, sino que vino y se hizo a la vez. Y no dijo viniendo como Pontífice de las cosas que se sacrifican, sino de los bienes futuros, como si su palabra no bastase para ponérnoslo todo delante.
«Ni por la sangre, dice, de machos cabríos y de becerros» —todo ha cambiado— «sino por su propia sangre entró una vez para siempre en el Santuario.» Ved cómo así llamó al Cielo. «Una sola vez, dice, entró en el Santuario, habiendo hallado una redención eterna.» Y esta expresión, habiendo hallado, era propia de cosas muy difíciles y superiores a toda esperanza: cómo, entrando una sola vez, halló una redención eterna.
«Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la vaca, rociada sobre los inmundos, los santifica para purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para servir a Dios vivo?»
Pues si la sangre de los toros, dice, puede purificar la carne, mucho más la sangre de Cristo borrará la mancha del alma. Y para que, al oír santifica, no imagines que es algo grande, señala y muestra la diferencia entre una y otra purificación, y cómo la una es alta y la otra baja. Y dice que con razón es así, pues aquélla es sangre de toros, y ésta la sangre de Cristo.
Y no se contentó con el nombre, sino que expone también el modo de la ofrenda. «El cual, dice, por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios»; esto es, la víctima carecía de tacha, limpia de pecados. Pues esto significa por el Espíritu Santo: no por el fuego, ni por otra cosa alguna.
«Purificará vuestra conciencia, dice, de las obras muertas.» Y bien dijo de las obras muertas: si alguno tocaba un cuerpo muerto, quedaba contaminado; y aquí, si alguno toca una obra muerta, queda manchado en su conciencia. «Para servir, dice, al Dios vivo y verdadero.» Con esto declara que no es posible servir al Dios vivo y verdadero mientras se tienen obras muertas, pues ellas son a la vez muertas y falsas; y con razón lo dice.
Era probable que muchos de los más débiles desconfiasen sobre todo de las promesas de Cristo porque había muerto. Por eso Pablo, con largueza, introdujo esta comparación tomada de la costumbre común. ¿De qué clase es? Dice, en verdad, que por esto mismo debemos tener buen ánimo. ¿Por qué motivo? Porque los testamentos se establecen y cobran fuerza cuando los que los hicieron ya no viven, sino que han muerto. «Y por esto, dice, es Mediador del Nuevo Testamento.» Un testamento se otorga en vista del último día, el de la muerte.
«Y por esto, dice, es Mediador del Nuevo Testamento.» ¿Qué es un mediador? El mediador no es señor de aquello de que es mediador, sino que la cosa pertenece a uno, y el mediador es otro: así, por ejemplo, el mediador de un matrimonio no es el esposo, sino el que ayuda al que va a casarse. Así también aquí: el Hijo se hizo Mediador entre el Padre y nosotros. No quería el Padre dejarnos esta herencia, sino que estaba airado contra nosotros y disgustado, como con quienes se habían apartado de Él; por eso el Hijo se hizo Mediador entre nosotros y Él, y le aplacó.
¿Y qué, pues? ¿Cómo se hizo Mediador? Trajo las palabras de Él y nos las llevó, transmitiéndonos lo que venía del Padre, y añadiendo su propia muerte. Habíamos ofendido; debíamos haber muerto; Él murió por nosotros y nos hizo dignos del Testamento. Por esto es seguro el Testamento: porque en adelante no se otorga a los indignos. Al principio, en verdad, dispuso como padre para con los hijos; mas después que nos hicimos indignos, ya no había necesidad de testamento, sino de castigo.
¿Por qué, pues —diría—, pensáis en la ley? Porque ella nos puso en tal estado de pecado, que nunca hubiéramos podido salvarnos si nuestro Señor no hubiera muerto por nosotros; la ley no habría tenido poder, porque es débil.
Homilía 15 + Homilía 16 sobre Hebreos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Joann. 19, 30-35)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem. In illo témpore: Cum accepísset Jesus acétum, dixit: Consummátum est. Et inclináto cápite trádidit spíritum. Judæi ergo - quóniam Parascéve erat -, ut non remanérent in cruce córpora sábbato - erat enim magnus dies ille sábbati -, rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eórum crura et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura et altérius, qui crucifíxus est cum eo. Ad Jesum autem cum venissent, ut vidérunt eum jam mórtuum, non fregérunt ejus crura, sed unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit; et verum est testimónium ejus.
Jesús luego que chupó el vinagre, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. (Como era día de preparación, o viernes), para que los cuerpos no quedasen en la cruz el sábado, que cabalmente era aquél un sábado muy solemne, suplicaron los judíos a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados, y rompieron las piernas del primero y del otro que había sido crucificado con él. Mas al llegar a Jesús , como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas; sino que uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua. Y quien lo vio, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice la verdad, y la atestigua para que vosotros también creáis; [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Juan 19, 30-35 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Agustín, in Ioannem, tract., 119. Padecía todo esto el que aparecía hombre, y lo disponía todo el que se ocultaba Dios. Por esto dice: "Después, sabiendo que todo se había consumado, a fin de que se cumpliera la Escritura", esto es, lo que había predicho la Escritura: "Y en mi sed me dieron a beber vinagre" ( Sal 68,22), dijo: "Tengo sed", como si dijera: Esto os falta hacer, dad lo que sois. Como que los judíos eran el vinagre, degenerado del vino de los patriarcas y profetas. Había, pues, allí, un vaso lleno de vinagre, como un corazón lleno de iniquidad de este mundo, a manera de esponja, llena de cavernosas y engañosas tortuosidades. Y sigue: "Y ellos, colocando una esponja empapada en vinagre alrededor de un hisopo, la aplicaron a su boca".
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 84. Pero ni a pesar de lo que estaban viendo, se aplacaban, sino que se encrudecían más, ofreciéndole para que bebiera la pócima de los condenados. Y por esta razón se valen de la vara del hisopo.
San Agustín, ut supra. El hisopo en que pusieron la esponja llena de vinagre, es un arbusto despreciable que purga el pecho y representa la humanidad de Cristo que nos purifica. Ni hay que buscar cómo pudieron aplicar la esponja a la boca de Jesús, que estaba elevado de tierra sobre la cruz; pues según dicen los otros evangelistas, y éste omitió, se valieron de una caña para elevar hasta la cruz la esponja con semejante bebida.
Teofilacto. Algunos llaman caña al hisopo, porque tiene unas ramas parecidas a la caña.
Teofilacto. Sigue: "Como hubiese recibido Jesús el vinagre, dijo: Consumado es".
San Agustín, ut supra. ¿Qué era esto, sino lo que estaba profetizado tanto tiempo antes?
Beda. Aquí puede preguntarse: ¿Por qué dice este evangelista: "Como hubiese tomado el vinagre", cuando dice otro: "No quiso beber" ( Mt 27,34)? Esto es fácil de resolver, porque no lo recibió para bebérselo, sino para que se cumpliera la Escritura.
San Agustín, ut supra. Y porque no convenía que quedase nada por cumplir antes de su muerte. Sigue: "E inclinada la cabeza, dio su espíritu". Concluidas todas las cosas que debían ejecutarse, esperaba como el que tenía poder para dejar su alma y volver a tomarla.
San Gregorio, Moralium, 11, 3. Aquí se dice espíritu en lugar del alma, porque si el Evangelista hubiera entendido por espíritu otra cosa diferente que el alma, saliendo el espíritu, el alma hubiera quedado.
Crisóstomo, ut supra. No inclinó la cabeza porque expiró, sino que cuando inclinó la cabeza, entonces expiró. Por cuya razón dijo el Evangelista que era el Señor de todas las cosas.
San Agustín, ut supra. ¿Quién hay que pueda dormir cuando quiera, como Jesús murió cuando quiso? ¡Cuán terrible ha de ser su poder cuando juzgue, si tanto se manifiesta cuando muere!
Teofilacto. El Señor entregó su espíritu a Dios Padre, dándonos a entender que las almas de los Santos no permanecen en los sepulcros, sino que van a las manos del Padre de todos. Las de los pecadores son llevadas al lugar de las penas, esto es, al infierno.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 84. Como los judíos se tragaban un camello y hacían escrúpulo de un mosquito, después de consumar tan gran atentado discutían solícita y diligentemente lo que sigue: "Los judíos, pues, como era Pascua, a fin de que no permaneciesen los cuerpos en la cruz en el sábado", etc.
Beda. Parasceve (esto es preparación) era llamado el día sexto, porque en aquel día los israelitas preparaban dos comidas, pues era muy grande aquel día de sábado (por la solemnidad de la Pascua). "Rogaron, pues, a Pilato que les rompieran las piernas a los ajusticiados".
San Agustín, in Ioannem, tract., 120. No con el objeto de quitarlos de la cruz, sino más bien para no horrorizar con este espectáculo de un suplicio prolongado en el día de fiesta.
Teofilacto. Así se mandaba en la Ley, que no se pusiera el sol estando un hombre en el suplicio, o porque no quisieran ser tenidos por verdugos y homicidas en día festivo.
Crisóstomo, ut supra. Observa cuán grande es el poder de la verdad, pues ellos mismos cuidan de que se cumpla la profecía. Por lo que sigue: "Vinieron, pues, los soldados y quebrantaron las piernas del primero y del otro crucificado con El; pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que un soldado abrió su costado con una lanza".
Teofilacto. Para complacer a los judíos, lancean a Cristo, ultrajando su cuerpo exánime; pero esta injuria se trocó en milagro, porque el manar sangre de un cuerpo muerto es milagro.
San Agustín, ut supra. Con mucha precaución se abstuvo el Evangelista de usar las palabras hirió su costado, o lo rasgó, sino abrió, a fin de que en cierto modo se franqueara la puerta por donde brotaron los sacramentos de la Iglesia, sin los cuales no se entra en la verdadera vida. Y sigue: "Y al instante salió sangre y agua". La sangre fue derramada por la remisión de los pecados, y el agua para suave bebida y purificación. Esto había sido prefigurado por la puerta que a Noé se le mandó abrir en el costado del arca para que entraran los animales que se habían de salvar del diluvio, en los que se simbolizaba la Iglesia. Por esta razón fue hecha la primera mujer del costado de Adán dormido, y este segundo Adán, inclinando la cabeza, durmió en la cruz, para que fuese formada su esposa y saliera de su costado durante su sueño. ¡Oh muerte que a los muertos resucitas! ¿Qué hay más puro que esta sangre? ¿Qué más saludable que esta herida?
Crisóstomo, ut supra. Como de aquí toman origen los sagrados misterios, cuando te acercares al tremendo cáliz, acércate como si fueras a beber del costado de Cristo.
Teofilacto. Avergüéncense los que en el sagrado sacrificio rehusan mezclar el agua con el vino, dando a entender que no creen que del lado de Cristo fluyó agua. Puede haber quien calumniosamente diga que algún resto de vida quedaría en el cuerpo de Cristo, y que por esto brotó sangre, pero el manar agua es una prueba irrefutable contra este argumento. Esta es la razón por qué el Evangelista añadió: "Y el que lo vio dio testimonio".
Crisóstomo, ut supra. Como si dijéramos: No lo oyó a otro, sino que lo vio por sí mismo y es verdadero su testimonio, lo que añadió con razón, contando la injuria hecha a Cristo y dando éste señal admirable para llamar la atención. También lo dijo para que enmudecieran los herejes, y para profetizar futuros misterios que se ocultaban bajo este tesoro.
Crisóstomo, ut supra. Sigue: "Y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis".
San Agustín, ut supra. Lo dice quien lo vio, para que crea el que no lo vio. Dos testimonios cita de las Escrituras sobre estos acontecimientos; pues el que había dicho: "No quebraron a Jesús las piernas", añadió: "Esto sucedió para que se cumpliese la Escritura, que dice: No desmenuzaréis ninguno de sus huesos" ( Ex 12,46), etc. Este precepto había sido dado en la antigua Ley a aquellos que inmolaban el cordero, que fue la figura de la Pasión del Señor. Uno de los soldados abrió su costado con una lanza, y a esto se refiere el otro testimonio, que dice: "Y otro pasaje de la Escritura dice: ellos dirigieron su mirada al que atravesaron", cuyas palabras contienen la promesa de Cristo que había de ser crucificado en su propia carne.
San Jerónimo. Este testimonio está tomado de Zacarías ( Zac 12,10).
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena