martes, 23 de marzo de 2027
Verde · simple
Martes Santo
Al pie del altar
In nómine Patris, ✠ et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
En el nombre del Padre, ✠ y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
Salmo 42 (se omite en las Misas de difuntos y en tiempo de Pasión):
℣. Júdica me, Deus, et discérne causam meam de gente non sancta: ab hómine iníquo et dolóso érue me.
℟. Quia tu es, Deus, fortitúdo mea: quare me repulísti, et quare tristis incédo, dum afflígit me inimícus?
℣. Emítte lucem tuam et veritátem tuam: ipsa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum tuum et in tabernácula tua.
℟. Et introíbo ad altáre Dei: ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Confitébor tibi in cíthara, Deus, Deus meus: quare tristis es, ánima mea, et quare contúrbas me?
℟. Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: salutáre vultus mei, et Deus meus.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in sǽcula sæculórum. Amen.
℣. Júzgame, oh Dios, y aparta mi causa de la gente no santa: líbrame del hombre inicuo y engañoso.
℟. Porque tú, oh Dios, eres mi fortaleza: ¿por qué me has rechazado, y por qué he de andar triste, mientras me aflige el enemigo?
℣. Envía tu luz y tu verdad: ellas me guiaron y me condujeron a tu monte santo y a tus tabernáculos.
℟. Y subiré al altar de Dios: a Dios, que alegra mi juventud.
℣. Te alabaré con la cítara, oh Dios, Dios mío: ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas?
℟. Espera en Dios, porque aún he de alabarle: salvación de mi rostro y Dios mío.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
℣. Adjutórium nostrum ✠ in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cælum et terram.
℣. Nuestro auxilio ✠ está en el nombre del Señor.
℟. Que hizo el cielo y la tierra.
El sacerdote, profundamente inclinado, hace la confesión:
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et vobis, fratres: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
Yo confieso ante Dios todopoderoso, ante la bienaventurada siempre Virgen María, ante el bienaventurado san Miguel Arcángel, ante el bienaventurado san Juan Bautista, ante los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ante todos los Santos, y ante vosotros, hermanos, que pequé mucho de pensamiento, palabra y obra: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por eso ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí al Señor, Dios nuestro.
℟. Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam. Amen.
℟. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. Amén.
Los ministros repiten la confesión (diciendo «a ti, padre» donde el sacerdote decía «a vosotros, hermanos»). Después el sacerdote dice:
℣. Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam.
℟. Amen.
℣. Indulgéntiam, ✠ absolutiónem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus.
℟. Amen.
℣. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
℣. El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda ✠ la indulgencia, la absolución y el perdón de nuestros pecados.
℟. Amén.
℣. Deus, tu convérsus vivificábis nos.
℟. Et plebs tua lætábitur in te.
℣. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
℟. Et salutáre tuum da nobis.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Oh Dios, volviéndote a nosotros nos darás vida.
℟. Y tu pueblo se alegrará en ti.
℣. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
℟. Y danos tu salvación.
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Orémus. Aufer a nobis, quǽsumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Aparta de nosotros, te rogamos, Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con almas puras al Santo de los santos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Orámus te, Dómine, per mérita Sanctórum tuórum, quorum relíquiæ hic sunt, et ómnium Sanctórum: ut indulgére dignéris ómnia peccáta mea. Amen.
Te rogamos, Señor, por los méritos de tus Santos, cuyas reliquias aquí están, y de todos los Santos, que te dignes perdonar todos mis pecados. Amén.
Introito (Gal. 6, 14)
Nos autem gloriári opórtet in Cruce Dómini nostri Jesu Christi: in quo est salus, vita et resurréctio nostra: per quem salváti et liberáti sumus. Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.
A mí líbreme Dios de gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por quien el mundo está muerto y crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. [Torres Amat]
Kyrie
Kýrie, eléison. (ter)
Christe, eléison. (ter)
Kýrie, eléison. (ter)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Cristo, ten piedad. (tres veces)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria
Se dice en las fiestas y tiempos de gozo; se omite en Adviento, Cuaresma y Misas feriales.
Glória in excélsis Deo. Et in terra pax homínibus bonæ voluntátis. Laudámus te. Benedícimus te. Adorámus te. Glorificámus te. Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam. Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens. Dómine Fili unigénite, Jesu Christe. Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris. Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis. Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram. Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis. Quóniam tu solus Sanctus. Tu solus Dóminus. Tu solus Altíssimus, Jesu Christe. Cum Sancto Spíritu ✠ in glória Dei Patris. Amen.
Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu inmensa gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo unigénito, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas los pecados del mundo, acoge nuestra súplica. Tú que estás sentado a la diestra del Padre, ten piedad de nosotros. Porque tú solo eres Santo. Tú solo Señor. Tú solo Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo ✠ en la gloria de Dios Padre. Amén.
Colecta
Omnípotens sempitérne Deus: da nobis ita Domínicæ passiónis sacraménta perágere; ut indulgéntiam percípere mereámur.
Dios omnipotente y sempiterno, concedednos celebrar de tal modo los sacramentos de la pasión del Señor que merezcamos alcanzar el perdón.
Epístola (Jer. 11, 18-20)
Léctio Jeremíæ Prophétæ.
Lectura del profeta Jeremías.
In diébus illis: Dixit Jeremías: Dómine, demonstrásti mihi, et cognóvi: tunc ostendísti mihi stúdia eórum. Et ego quasi agnus mansuétus, qui portátur ad víctimam: et non cognóvi, quia cogitavérunt super me consília, dicéntes: Mittámus lignum in panem ejus, et eradámus eum de terra vivéntium, et nomen ejus non memorétur ámplius. Tu autem, Dómine Sábaoth, qui júdicas juste et probas renes et corda, vídeam ultiónem tuam ex eis: tibi enim revelávi causam meam, Dómine, Deus meus.
Mas tú, ¡oh Señor!, me lo hiciste ver, y lo conocí; tú me mostraste entonces sus depravados designios. Y yo era como un manso cordero, que es llevado al sacrificio, y no había advertido que ellos habían maquinado contra mí, diciendo: ¡Ea!, démosle el leño en lugar de pan, y exterminémosle de la tierra de los vivientes; y no quede ya más memoria de su nombre. Pero tú, ¡oh Señor de los ejércitos!, que juzgas con justicia, y escudriñas los corazones y los afectos, tú harás que yo te vea tomar venganza de ellos; puesto que en tus manos puse mi causa. [Torres Amat]
Gradual
Ego autem, dum mihi molésti essent, induébam me cilício, et humiliábam in jejúnio ánimam meam: et orátio mea in sinu meo convertétur. Júdica, Dómine, nocéntes me, expúgna impugnántes me: apprehénde arma et scutum, et exsúrge in adjutórium mihi.
Traducción en preparación.
Evangelio
Antes de leer el Evangelio, el sacerdote dice inclinado:
Munda cor meum ac lábia mea, omnípotens Deus, qui lábia Isaíæ Prophétæ cálculo mundásti igníto: ita me tua grata miseratióne dignáre mundáre, ut sanctum Evangélium tuum digne váleam nuntiáre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, que purificaste los labios del profeta Isaías con un carbón encendido: dígnate por tu bondadosa misericordia purificarme de tal modo que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Evangelio (Marc. 14, 1-72; 15, 1-46)
Pássio Dómini nostri Jesu Christi secúndum Marcum In illo témpore: Erat Pascha, et ázyma post bíduum, et quærébant summi sacerdótes et scribæ, quómodo Jesum dolo tenérent et occíderent. Dicébant autem: S. Non in die festo, ne forte tumúltus fíeret in pópulo. C. Et cum esset Jesus Bethániæ in domo Simónis leprósi, et recúmberet: venit múlier habens alabástrum unguénti nardi spicáti pretiósi, et fracto alabástro, effúdit super caput ejus. Erant autem quidam indígne feréntes intra semetípsos, et dicéntes: S. Ut quid perdítio ista unguénti facta est? Póterat enim unguéntum istud venúmdari plus quam trecéntis denáriis, et dari paupéribus. C. Et fremébant in eam. Jesus autem dixit: J. Sínite eam: quid illi molésti estis? Bonum opus operáta est in me. Semper enim páuperes habétis vobíscum: et cum voluéritis, potéstis illis benefácere: me autem non semper habétis. Quod hábuit hæc, fecit: prævénit úngere corpus meum in sepultúram. Amen, dico vobis: Ubicúmque prædicátum fúerit Evangélium istud in univérso mundo, et, quod fecit hæc, narrábitur in memóriam ejus. C. Et Judas Iscariótes, unus de duódecim, ábiit ad summos sacerdótes, ut próderet eum illis. Qui audiéntes, gavísi sunt: et promisérunt ei pecúniam se datúros. Et quærébat, quómodo illum opportúne tráderet. Et primo die azymórum quando pascha immolábant, dicunt ei discípuli: S. Quo vis eámus, et parémus tibi, ut mandúces pascha? C. Et mittit duos ex discípulis suis, et dicit eis: J. Ite in civitátem: et occúrret vobis homo lagénam aquæ bájulans, sequímini eum: et quocúmque introíerit, dícite dómino domus, quia Magíster dicit: Ubi est reféctio mea, ubi pascha cum discípulis meis mandúcem? Et ipse vobis demonstrábit cenáculum grande stratum: et illic paráte nobis. C. Et abiérunt discípuli ejus, et venérunt in civitátem: et invenérunt, sicut díxerat illis, et paravérunt pascha. Véspere autem facto, venit cum duódecim. Et discumbéntibus eis et manducántibus, ait Jesus: J. Amen, dico vobis, quia unus ex vobis tradet me, qui mánducat mecum. C. At illi cœpérunt contristári et dícere ei singulátim: S. Numquid ego? C. Qui ait illis: J. Unus ex duódecim, qui intíngit mecum manum in catíno. Et Fílius quidem hóminis vadit, sicut scriptum est de eo: væ autem hómini illi, per quem Fílius hóminis tradétur. Bonum erat ei, si non esset natus homo ille. C. Et manducántibus illis, accépit Jesus panem: et benedícens fregit, et dedit eis, et ait: J. Súmite, hoc est corpus meum. C. Et accépto cálice, grátias agens dedit eis: et bibérunt ex illo omnes. Et ait illis: J. Hic est sanguis meus novi Testaménti, qui pro multis effundétur. Amen, dico vobis, quia jam non bibam de hoc genímine vitis usque in diem illum, cum illud bibam novum in regno Dei. C. Et hymno dicto, exiérunt in montem Olivárum. Et ait eis Jesus: J. Omnes scandalizabímini in me in nocte ista: quia scriptum est: Percútiam pastórem, et dispergéntur oves. Sed postquam resurréxero, præcédam vos in Galilǽam, C. Petrus autem ait illi: S. Et si omnes scandalizáti fúerint in te, sed non ego. C. Et ait illi Jesus: J. Amen, dico tibi, quia tu hódie in nocte hac, priúsquam gallus vocem bis déderit, ter me es negatúrus. C. At ille ámplius loquebátur: S. Et si oportúerit me simul cómmori tibi, non te negábo. C. Simíliter autem et omnes dicébant. Et véniunt in prǽdium, cui nomen Gethsémani. Et ait discípulis suis: J. Sedéte hic, donec orem. C. Et assúmit Petrum et Jacóbum et Joánnem secum: et cœpit pavére et tædére. Et ait illis: J. Tristis est ánima mea usque ad mortem: sustinéte hic, et vigiláte. C. Et cum processísset páululum, prócidit super terram: et orábat, ut, si fíeri posset, transíret ab eo hora: et dixit: J. Abba, Pater, ómnia tibi possibília sunt, transfer cálicem hunc a me: sed non quod ego volo, sed quod tu. C. Et venit et invénit eos dormiéntes. Et ait Petro: J. Simon, dormis? non potuísti una hora vigiláre? Vigiláte et oráte, ut non intrétis in tentatiónem. Spíritus quidem promptus est, caro vero infírma. C. Et íterum ábiens orávit, eúndem sermónem dicens. Et revérsus, dénuo invénit eos dormiéntes - erant enim óculi eórum graváti - et ignorábant, quid respondérent ei. Et venit tértio, et ait illis: J. Dormíte jam et requiéscite. Súfficit: venit hora: ecce, Fílius hóminis tradétur in manus peccatórum. Súrgite, eámus: ecce, qui me tradet, prope est. C. Et, adhuc eo loquénte, venit Judas Iscariótes, unus de duódecim, et cum eo turba multa cum gládiis et lignis, a summis sacerdótibus et scribis et senióribus. Déderat autem tráditor ejus signum eis, dicens: S. Quemcúmque osculátus fúero, ipse est, tenéte eum et dúcite caute. C. Et cum venísset, statim accédens ad eum, ait: S. Ave, Rabbi. C. Et osculátus est eum. At illi manus injecérunt in eum, et tenuérunt eum. Unus autem quidam de circumstántibus, edúcens gládium, percússit servum summi sacerdótis: et amputávit illi aurículam. Et respóndens Jesus, ait illis: J. Tamquam ad latrónem exístis cum gládiis et lignis comprehéndere me? cotídie eram apud vos in templo docens, et non me tenuístis. Sed ut impleántur Scriptúræ. C. Tunc discípuli ejus relinquéntes eum, omnes fugérunt. Adoléscens autem quidam sequebátur eum amíctus síndone super nudo: et tenuérunt eum. At ille, rejécta síndone, nudus profúgit ab eis. Et adduxérunt Jesum ad summum sacerdótem: et convenérunt omnes sacerdótes et scribæ et senióres. Petrus autem a longe secútus est eum usque intro in átrium summi sacerdótis: et sedébat cum minístris ad ignem, et calefaciébat se. Summi vero sacerdótes et omne concílium quærébant advérsus Jesum testimónium, ut eum morti tráderent, nec inveniébant. Multi enim testimónium falsum dicébant advérsus eum: et conveniéntia testimónia non erant. Et quidam surgéntes, falsum testimónium ferébant advérsus eum, dicéntes: S. Quóniam nos audívimus eum dicéntem: Ego dissólvam templum hoc manufáctum, et per tríduum áliud non manufáctum ædificábo. C. Et non erat convéniens testimónium illórum. Et exsúrgens summus sacérdos in médium, interrogávit Jesum, dicens: S. Non respóndes quidquam ad ea, quæ tibi objiciúntur ab his? C. Ille autem tacébat et nihil respóndit. Rursum summus sacérdos interrogábat eum, et dixit ei: S. Tu es Christus, Fílius Dei benedícti? C. Jesus autem dixit illi: J. Ego sum: et vidébitis Fílium hóminis sedéntem a dextris virtútis Dei, et veniéntem cum núbibus cœli. C. Summus autem sacérdos scindens vestiménta sua, ait: S. Quid adhuc desiderámus testes? Audístis blasphémiam: quid vobis videtur? C. Qui omnes condemnavérunt eum esse reum mortis. Et cœpérunt quidam conspúere eum, et veláre fáciem ejus, et cólaphis eum cǽdere, et dícere ei: S. Prophetíza. C. Et minístri álapis eum cædébant. Et cum esset Petrus in átrio deórsum, venit una ex ancíllis summi sacerdótis: et cum vidísset Petrum calefaciéntem se, aspíciens illum, ait: S. Et tu cum Jesu Nazaréno eras. C. At ille negávit, dicens: S. Neque scio neque novi, quid dicas. C. Et éxiit foras ante átrium, et gallus cantávit. Rursus autem cum vidísset illum ancílla, cœpit dícere circumstántibus: Quia hic ex illis est. At ille íterum negávit. Et post pusíllum rursus, qui astábant, dicébant Petro: S. Vere ex illis es: nam et Galilǽus es. C. Ille autem cœpit anathematizáre et juráre: Quia néscio hóminem istum, quem dícitis. Et statim gallus íterum cantávit. Et recordátus est Petrus verbi, quod díxerat ei Jesus: Priúsquam gallus cantet bis, ter me negábis. Et cœpit flere. Et conféstim mane consílium faciéntes summi sacerdótes, cum senióribus et scribis et univérso concílio, vinciéntes Jesum, duxérunt, et tradidérunt Piláto. Et interrogávit eum Pilátus: S. Tu es Rex Judæórum? C. At ille respóndens, ait illi: J. Tu dicis. C. Et accusábant eum summi sacerdótes in multis. Pilátus autem rursum interrogávit eum, dicens: S. Non respóndes quidquam? vide, in quantis te accúsant. C. Jesus autem ámplius nihil respóndit, ita ut mirarétur Pilátus. Per diem autem festum solébat dimíttere illis unum ex vinctis, quemcúmque petiíssent. Erat autem, qui dicebátur Barábbas, qui cum seditiósis erat vinctus, qui in seditióne fécerat homicídium. Et cum ascendísset turba, cœpit rogáre, sicut semper faciébat illis. Pilátus autem respóndit eis, et dixit: S. Vultis dimíttam vobis Regem Judæórum? C. Sciébat enim, quod per invídiam tradidíssent eum summi sacerdótes. Pontífices autem concitavérunt turbam, ut magis Barábbam dimítteret eis. Pilátus autem íterum respóndens, ait illis: S. Quid ergo vultis fáciam Regi Judæórum? C. At illi íterum clamavérunt: S. Crucifíge eum. C. Pilátus vero dicébat illis: S. Quid enim mali fecit? C. At illi magis clamábant: S. Crucifíge eum. C. Pilátus autem volens pópulo satisfácere, dimísit illis Barábbam, et trádidit Jesum flagéllis cæsum, ut crucifigerétur. Mílites autem duxérunt eum in átrium prætórii, et cónvocant totam cohórtem, et índuunt eum púrpura, et impónunt ei plecténtes spíneam corónam. Et cœpérunt salutáre eum: Ave, Rex Judæórum. Et percutiébant caput ejus arúndine: et conspuébant eum et, ponéntes génua, adorábant eum. Et postquam illusérunt ei, exuérunt illum púrpura, et induérunt eum vestiméntis suis: et edúcunt illum, ut crucifígerent eum. Et angariavérunt prætereúntem quémpiam, Simónem Cyrenǽum, veniéntem de villa, patrem Alexándri et Rufi, ut tólleret crucem ejus. Et perdúcunt illum in Gólgotha locum, quod est interpretátum Calváriæ locus. Et dabant ei bíbere myrrhátum vinum: et non accépit. Et crucifigéntes eum, divisérunt vestiménta ejus, mitténtes sortem super eis, quis quid tólleret. Erat autem hora tértia: et crucifixérunt eum. Et erat títulus causæ ejus inscríptus: Rex Judæórum. Et cum eo crucifígunt duos latrónes: unum a dextris et alium a sinístris ejus. Et impléta est Scriptúra, quæ dicit: Et cum iníquis reputátus est. Et prætereúntes blasphemábant eum, movéntes cápita sua et dicéntes: S. Vah, qui déstruis templum Dei, et in tribus diébus reædíficas: salvum fac temetípsum, descéndens de cruce. C. Simíliter et summi sacerdótes illudéntes, ad altérutrum cum scribis dicébant: S. Alios salvos fecit, seípsum non potest salvum fácere. Christus Rex Israël descéndat nunc de cruce, ut videámus et credámus. C. Et qui cum eo crucifíxi erant, convitiabántur ei. Et facta hora sexta, ténebræ factæ sunt per totam terram, usque in horam nonam. Et hora nona exclamávit Jesus voce magna, dicens: J. Eloi, Eloi, lamma sabactháni? C. Quod est interpretátum: J. Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquísti me? C. Et quidam de circumstántibus audiéntes, dicébant: S. Ecce, Elíam vocat. C. Currens autem unus, et implens spóngiam acéto, circumponénsque cálamo, potum dabat ei, dicens: S. Sínite, videámus, si véniat Elías ad deponéndum eum. C. Jesus autem emíssa voce magna exspirávit. (Hic genuflectitur, et pausatur aliquantulum) Et velum templi scissum est in duo, a summo usque deórsum. Videns autem centúrio, qui ex advérso stabat, quia sic clamans exspirásset, ait: S. Vere hic homo Fílius Dei erat. C. Erant autem et mulíeres de longe aspiciéntes: inter quas erat María Magdaléne, et María Jacóbi minóris, et Joseph mater, et Salóme: et cum esset in Galilǽa, sequebántur eum, et ministrábant ei, et áliæ multæ, quæ simul cum eo ascénderant Jerosólymam. D. Jube, domne, benedicere. S. Dóminus sit in corde tuo et in lábiis tuis: ut digne et competénter annúnties Evangélium suum: In nómine Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti. Amen. Et cum jam sero esset factum ((quia erat Parascéve, quod est ante sábbatum)) venit Joseph ab Arimathǽa, nóbilis decúrio, qui et ipse erat exspéctans regnum Dei, et audácter introívit ad Pilátum, et pétiit corpus Jesu. Pilátus autem mirabátur, si jam obiísset. Et accersíto centurióne, interrogávit eum, si jam mórtuus esset. Et cum cognovísset a centurióne, donávit corpus Joseph. Joseph autem mercátus síndonem, et depónens eum invólvit síndone, et pósuit eum in monuménto, quod erat excísum de petra, et advólvit lápidem ad óstium monuménti.
Dos días después era la Pascua, cuando comienzan los ázimos: y los príncipes de los sacerdotes y los escribas andaban trazando como prender a Jesús con engaño y quitarle la vida. Mas no será, decían, en la fiesta, para que no se amotine el pueblo. Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, estando a la mesa, entró su mujer con un vaso de alabastro lleno de ungüento o perfume hecho de la espiga del nardo, de mucho precio, y quebrando el vaso, derramó el bálsamo sobre la cabeza de Jesús. Algunos de los presentes irritados interiormente, decían: ¿A qué fin desperdiciar ese perfume, siendo así que se podía vender en más de trescientos denarios, y dar el dinero a los pobres? Con este motivo bramaban contra ella. Mas Jesús les dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? La obra que ha hecho conmigo es buena, pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando quisiereis; mas a mí no me tendréis siempre. Ella ha hecho cuanto estaba en su mano; se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que doquiera que se predicare este mensaje de salvación por todo el mundo, se contará también en memoria o alabanza de esta mujer lo que acaba de hacer. Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, salió a verse con los sumos sacerdotes, para entregarles a Jesús. Los cuales cuando le oyeron, se holgaron mucho, y prometieron darle dinero. Y él ya no buscaba sino ocasión oportuna para entregarle. El primer día, pues, de los ázimos en que sacrificaban el cordero pascual, le dijeron los discípulos: ¿A dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de la Pascua? Y Jesús envió a dos de ellos, diciéndoles: Id a la ciudad, y encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle. Y en dondequiera que entrare, decid al amo de la casa, que el Maestro os envía a decir: ¿Dónde está la sala en que he de celebrar la cena de la Pascua con mis discípulos? Y él os mostrará una pieza de comer grande, bien arreglada; preparadnos allí lo necesario. Fueron, pues, los discípulos, y llegando a la ciudad, hallaron todo lo que les había dicho, y dispusieron las cosas para la Pascua. Puesto ya el sol, fue Jesús allá con los doce. Y estando a la mesa, y comiendo, dijo Jesús: En verdad os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me hará traición. Comenzaron entonces ellos a entristecerse y a decirle uno después de otro: ¿Seré yo acaso? El les respondió: Es uno de los doce, uno que mete conmigo la mano o moja en un mismo plato. Verdad es que el Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre será entregado! Mejor sería para tal hombre no haber nacido. Durante la cena, tomó Jesús pan, y bendiciéndolo lo partió, y se los dio, y les dijo: Tomad, éste es mi cuerpo. Y cogiendo el cáliz, dando gracias se lo alargó; y bebieron todos de él. Y les dijo: Esta es la sangre mía de la nueva alianza, la cual será derramada por muchos. En verdad os digo, que de hoy más no beberá de este fruto de la vid, hasta el día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. Y dicho el himno de acción de gracias, salieron hacia el monte de los Olivos. Antes de partir les dijo aún Jesús: Todos os escandalizaréis por ocasión de mí esta noche, según está escrito: Heriré al pastor, y se descarriarán las ovejas. Pero resucitando me pondré a vuestro frente en Galilea. Pedro le dijo entonces: Aun cuando fueres para todos los demás un objeto de escándalo, no lo serás para mí. Jesús le replicó: En verdad te digo, que tú, hoy mismo esta noche, antes de la segunda vez que cante el gallo, tres veces me negarás. El no obstante se afirmaba más y más en lo dicho, añadiendo: Aunque me sea forzoso morir contigo, yo no te negaré. Y lo mismo decían todos los demás. En esto llegan a la granja llamada Getsemaní. Y dice a sus discípulos: Sentaos aquí mientras yo hago oración. Y llevándose consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan, comenzó a atemorizarse y angustiarse. Y les dijo: Mi alma siente angustias de muerte; aguardad aquí y estad en vela. Y apartándose un poco adelante, se postró en tierra; y suplicaba que, si se pudiese, se alejase de él aquella hora: ¡Oh Padre, Padre!, decía, todas las cosas te son posibles, aparta de mí este cáliz. Mas no sea lo que yo quiero, sino lo que tú. Viene después a los tres, y los halló dormidos. Y dice a Pedro: ¿Simón, tú duermes?, ¿aun no has podido velar una hora? Velad, y orad para que no caigáis en la tentación. El espíritu a la verdad está pronto, pero la carne es flaca. Se fue otra vez a orar, repitiendo las mismas palabras. Y habiendo vuelto, los encontró de nuevo dormidos (porque sus ojos estaban cargados de sueño) y no sabían qué responderle. Al fin vino tercera vez, y les dijo: Ea, dormid y reposad... Pero basta ya, la hora es llegada. Y ved aquí que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos de aquí, y vamos, que ya el traidor está cerca. Estando todavía hablando, llega Judas Iscariote, uno de los doce, acompañado de mucha gente, con espadas y con garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes, por los escribas y por los ancianos. El traidor les había dado una seña, diciendo: A quien yo besare, él es, prendedlo y conducidlo con cautela. Así al punto que llegó, arrimándose a Jesús, le dijo: Maestro mío, Dios te guarde. Y lo besó. Ellos entonces le echaron las manos, y le aseguraron. Entretanto uno de los presentes (Pedro) desenvainando la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote, y le cortó una oreja. Jesús, tomando la palabra, les dijo: ¿Como si yo fuese algún ladrón, habéis salido a prenderme con espadas y con garrotes? Todos los días estaba entre vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Pero es necesario que se cumplan las Escrituras. Entonces sus discípulos, abandonándolo, huyeron todos. Pero cierto mancebo lo iba siguiendo envuelto solamente en una sábana o lienzo sobre sus carnes, y los soldados lo cogieron. Mas él soltando la sábana, desnudo se escapó de ellos. Jesús fue conducido a casa del sumo sacerdote, donde se juntaron todos los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos. Pedro como quiera le fue siguiendo a lo lejos, hasta dentro del palacio del sumo sacerdote, donde se sentó al fuego con los criados, y estaba calentándose. Mientras tanto los príncipes de los sacerdotes, con todo el concilio, andaban buscando contra Jesús algún testimonio, para condenarle a muerte, y no lo hallaban. Porque dado que muchos atestiguaban falsamente contra él, los tales testimonios no estaban acordes, ni eran suficientes para condenarlo a muerte. Comparecieron algunos que alegaron contra él este falso testimonio: Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este templo hecho de mano de los hombres, y en tres días construiré otro sin obra de mano alguna. Pero tampoco en este testimonio estaban acordes. Entonces el sumo sacerdote levantándose en medio del congreso, interrogó a Jesús, diciéndole; ¿No respondes nada a los cargos que te hacen éstos? Jesús callaba, y nada respondió. Lo interrogó el sumo sacerdote nuevamente, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, o Mesías, el Hijo de Dios bendito? A esto le respondió Jesús: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la majestad de Dios, y venir sobre las nubes del cielo. Al punto, el sumo sacerdote, rasgando sus vestiduras, dijo: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Vosotros mismos habéis oído la blasfemia, ¿qué os parece? Y todos ellos lo condenaron por reo de muerte. Y luego empezaron algunos a escupirle, y tapándole la cara, le daban golpes, diciéndole: Profetiza, o adivina quién te ha dado; y los guardianes del templo le daban bofetadas. Entretando, hallándose Pedro abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y viendo a Pedro que se estaba calentando, clavados en él los ojos, le dijo: Tú también andabas con Jesús Nazareno. Mas él lo negó, diciendo: Ni le conozco, ni sé lo que dices. Y saliéndose fuera del zaguán, cantó el gallo. Reparando de nuevo en él la criada, empezó a decir a los presentes: Sin duda éste es de aquéllos. Mas él lo negó segunda vez. Un poquito después, los que estaban allí decían nuevamente a Pedro: Seguramente tú eres de ellos, pues eres también galileo. Aquí comenzó a echarse maldiciones, y a asegurar con juramento: Yo no conozco a ese hombre de que habláis. Y al instante cantó el gallo la segunda vez. Con lo que se acordó Pedro de la palabra que Jesús le había dicho: Antes de cantar el gallo por segunda vez, tres veces me habrás ya negado. Y comenzó a llorar. Y luego que amaneció, habiéndose juntado para deliberar los sumos sacerdotes, con los ancianos y los escribas, y todo el consejo o Sanedrín, ataron a Jesús, y le condujeron y entregaron a Pilatos. Pilatos le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judíos? A que Jesús respondiendo, le dijo: Tú lo dices. Y como los príncipes de los sacerdotes lo acusaban con muchos puntos, Pilatos volvió nuevamente a interrogarlo, diciendo: ¿No respondes nada?, mira de cuántas cosas te acusan. Jesús nada más contestó, de modo que Pilatos estaba todo maravillado. Solía él, por razón de la fiesta de Pascua, concederles la libertad de uno de los presos, cualquiera que el pueblo pidiese. Entre éstos había uno llamado Barrabás, el cual estaba preso con otros sediciosos, por haber en cierto motín cometido un homicidio. Pues como el pueblo acudiese a esta sazón a pedirle el indulto que siempre les otorgaba, Pilatos les respondió, diciendo: ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? Porque sabía que los príncipes de los sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Mas los sacerdotes instigaron al pueblo a que pidiese más bien la libertad de Barrabás. Pilatos de nuevo les habló, y les dijo: ¿Pues qué queréis que haga del rey de los judíos? Y ellos volvieron a gritar: ¡Crucifícalo! Y les decía: ¿Pues qué mal es el que ha hecho? Mas ellos gritaban con mayor fuerza: ¡Crucifícalo! Al fin Pilatos, deseando contentar al pueblo, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, se los entregó para que fuese crucificado. Los soldados le llevaron entonces al patio del pretorio, y reuniéndose allí toda la corte, lo vistieron con un manto de color púrpura, y le pusieron una corona de espinas entretejidas. Comenzaron en seguida a saludarle diciendo: ¡Salve, oh rey de los judíos! Al mismo tiempo herían su cabeza con una caña, y lo escupían, e hincando las rodillas le adoraban. Después de haberse así mofado de él, lo desnudaron de la púrpura, y volviéndole a poner sus vestidos, lo condujeron afuera para crucificarlo. Al paso alquilaron a un hombre que venía de una granja, llamado Simón Cireneo, padre de Alejandro y de Rufo obligándolo a que llevase la cruz de Jesús, Y de esta suerte lo conducen al lugar llamado Gólgota, que quiere decir calvario. Allí le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no quiso beberlo. Y después de haberlo crucificado, repartieron sus ropas, echando suertes sobre la parte que había de llevar cada uno. Era ya cumplidas las nueve de la mañana, cuando le crucificaron. Y estaba escrita la causa de su sentencia con este letrero: EL REY DE LOS JUDIOS. Crucificaron también con él a los dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda, con lo que se cumplió la Escritura, que dice: Y fue puesto en la clase de los malhechores. Los que iban y venían blasfemaban de él, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Hola!, tú que destruyes el templo de Dios, y que lo reedificas en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz. De la misma manera, mofándose de él los príncipes de los sacerdotes, con los escribas, se decían el uno al otro: A otros ha salvado, y no puede salvarse a sí mismo. El Cristo, el rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que seamos testigos de vista, y le creamos. También los que estaban crucificados con él, lo ultrajaban. Y a las doce del día se cubrió toda la tierra de tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres de la tarde exclamó Jesús diciendo en voz grande: ELOI, ELOI, ¿LAMMA SABACTANI?, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Oyéndolo algunos de los presentes, decían: Ved cómo llama a Elías. Y corriendo uno de ellos, empapó una esponja en vinagre, y revolviéndola en la punta de una caña, le daba a beber, diciendo: Dejad y veremos si viene Elías a descolgarlo de la cruz. Mas Jesús, dando un gran grito, expiró. Y al mismo tiempo el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo. Y el centurión que estaba allí presente, viendo que había expirado con gran clamor, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Había allí también varias mujeres que estaban mirando de lejos, entre las cuales, estaba María Magdalena, y María madre de Santiago el menor y de José, y Salomé mujer de Zebedeo, que cuando estaba en Galilea, le seguían y le asistían; y también otras muchas, que con él habían subido a Jerusalén. Al caer el sol (por ser aquel día la parasceve, o día de preparación, que precede al sábado) fue José de Arimatea, persona ilustre y senador, el cual esperaba también el reino de Dios, y entró denodadamente a Pilatos, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilatos, admirándose de que tan pronto hubiese muerto, hizo llamar al centurión, y le preguntó si efectivamente era muerto. Y habiéndole asegurado que sí el centurión, dio el cuerpo a José. José, comprada una sábana, bajó a Jesús de la cruz, y lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, y arrimando una gran piedra, dejó así con ella cerrada la entrada. [Torres Amat]
Terminado el Evangelio, el ministro responde: «Laus tibi, Christe» (Alabanza a ti, Cristo), y el sacerdote besa el libro diciendo: «Por las palabras del Evangelio se borren nuestros pecados».
Credo
Símbolo niceno-constantinopolitano. Se dice los domingos y en las fiestas principales.
Credo in unum Deum, Patrem omnipoténtem, factórem cæli et terræ, visibílium ómnium et invisibílium. Et in unum Dóminum Jesum Christum, Fílium Dei unigénitum. Et ex Patre natum ante ómnia sǽcula. Deum de Deo, Lumen de Lúmine, Deum verum de Deo vero. Génitum, non factum, consubstantiálem Patri: per quem ómnia facta sunt. Qui propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de cælis. (Hic genuflectitur) Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine: Et homo factus est. Crucifíxus étiam pro nobis: sub Póntio Piláto passus, et sepúltus est. Et resurréxit tértia die, secúndum Scriptúras. Et ascéndit in cælum: sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória judicáre vivos et mórtuos: cujus regni non erit finis. Et in Spíritum Sanctum, Dóminum et vivificántem: qui ex Patre Filióque procédit. Qui cum Patre et Fílio simul adorátur et conglorificátur: qui locútus est per Prophétas. Et unam sanctam cathólicam et apostólicam Ecclésiam. Confíteor unum baptísma in remissiónem peccatórum. Et exspécto resurrectiónem mortuórum. Et vitam ventúri sǽculi. Amen.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no creado, consustancial al Padre: por quien todo fue hecho. Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos. (Aquí se arrodilla) Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen: y se hizo hombre. Y por nosotros fue también crucificado: bajo el poder de Poncio Pilato padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Y subió al cielo: está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo ha de venir con gloria a juzgar a vivos y muertos: y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida: que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado: que habló por los Profetas. Y en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo venidero. Amén.
Ofertorio
Ofertorio (Ps. 139, 5)
Custódi me, Dómine, de manu peccatóris: et ab homínibus iníquis éripe me.
Defiéndeme, Señor, de las manos del pecador; y líbrame de los hombres inicuos, que intentan dar conmigo en tierra. [Torres Amat]
El sacerdote ofrece la hostia:
Súscipe, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi, et illis profíciat ad salútem in vitam ætérnam. Amen.
Recibe, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los presentes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos: para que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y la vida eterna. Amén.
Echa vino y una gota de agua en el cáliz, bendiciendo el agua:
Deus, ✠ qui humánæ substántiæ dignitátem mirabíliter condidísti, et mirabílius reformásti: da nobis per hujus aquæ et vini mystérium, ejus divinitátis esse consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps, Jesus Christus, Fílius tuus, Dóminus noster: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, ✠ que admirablemente creaste la dignidad de la naturaleza humana, y más admirablemente la restauraste: concédenos, por el misterio de esta agua y de este vino, ser partícipes de la divinidad de Aquel que se dignó hacerse partícipe de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor: que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Ofrece el cáliz:
Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecántes cleméntiam: ut in conspéctu divínæ majestátis tuæ, pro nostra et totíus mundi salúte, cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.
Te ofrecemos, Señor, el cáliz de la salvación, implorando tu clemencia: para que suba como olor de suavidad ante tu divina majestad, por nuestra salvación y la del mundo entero. Amén.
In spíritu humilitátis et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus.
Con espíritu de humildad y con ánimo contrito, seamos recibidos por ti, Señor: y de tal modo se realice hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que te sea agradable, Señor Dios.
Veni, sanctificátor omnípotens ætérne Deus: et béne ✠ dic hoc sacrifícium, tuo sancto nómini præparátum.
Ven, santificador, Dios todopoderoso y eterno: y bendice ✠ este sacrificio, preparado para tu santo nombre.
Lavándose las manos (Salmo 25):
Lavábo inter innocéntes manus meas: et circúmdabo altáre tuum, Dómine: ut áudiam vocem laudis, et enárrem univérsa mirabília tua. Dómine, diléxi decórem domus tuæ et locum habitatiónis glóriæ tuæ. Ne perdas cum ímpiis, Deus, ánimam meam, et cum viris sánguinum vitam meam: in quorum mánibus iniquitátes sunt: déxtera eórum repléta est munéribus. Ego autem in innocéntia mea ingréssus sum: rédime me et miserére mei. Pes meus stetit in dirécto: in ecclésiis benedícam te, Dómine. Glória Patri…
Lavaré mis manos entre los inocentes: y rodearé tu altar, Señor: para oír la voz de tu alabanza, y contar todas tus maravillas. Señor, he amado la hermosura de tu casa y el lugar donde habita tu gloria. No pierdas, oh Dios, mi alma con los impíos, ni mi vida con los hombres sanguinarios: en cuyas manos hay iniquidades, y su diestra está llena de sobornos. Mas yo he caminado en mi inocencia: redímeme y ten piedad de mí. Mi pie ha permanecido en el camino recto: en las asambleas te bendeciré, Señor. Gloria al Padre…
Súscipe, sancta Trínitas, hanc oblatiónem, quam tibi offérimus ob memóriam passiónis, resurrectiónis, et ascensiónis Jesu Christi, Dómini nostri: et in honórem beátæ Maríæ semper Vírginis, et beáti Joannis Baptistæ, et sanctórum Apostolórum Petri et Pauli, et istórum et ómnium Sanctórum: ut illis profíciat ad honórem, nobis autem ad salútem: et illi pro nobis intercédere dignéntur in cælis, quorum memóriam ágimus in terris. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Recibe, santísima Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la pasión, resurrección y ascensión de Jesucristo, nuestro Señor: y en honor de la bienaventurada siempre Virgen María, del bienaventurado san Juan Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, de estos y de todos los Santos: para que a ellos les aproveche para su honor y a nosotros para nuestra salvación: y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos cuya memoria celebramos en la tierra. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Vuelto al pueblo, el sacerdote dice:
Oráte, fratres: ut meum ac vestrum sacrifícium acceptábile fiat apud Deum Patrem omnipoténtem.
℟. Suscípiat Dóminus sacrifícium de mánibus tuis ad laudem et glóriam nóminis sui, ad utilitátem quoque nostram, totiúsque Ecclésiæ suæ sanctæ.
Orad, hermanos: para que mi sacrificio, que es también el vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso.
℟. Reciba el Señor de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, y también para provecho nuestro y de toda su santa Iglesia.
Secreta
Sacrifícia nos, quǽsumus, Dómine, propénsius ista restáurent: quæ medicinálibus sunt institúta jejúniis.
Nos restauren más plenamente, os rogamos, Señor, estos sacrificios, que han sido instituidos con ayunos medicinales.
Prefacio
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Sursum corda.
℟. Habémus ad Dóminum.
℣. Grátias agámus Dómino, Deo nostro.
℟. Dignum et justum est.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, Dios nuestro.
℟. Es digno y justo.
El Prefacio propio del tiempo o de la fiesta.
Concluido el Prefacio:
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cæli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
Canon de la Misa
El Canon, invariable, se reza en secreto. Es el corazón del sacrificio.
Te ígitur, clementíssime Pater, per Jesum Christum, Fílium tuum, Dóminum nostrum, súpplices rogámus ac pétimus, uti accépta hábeas et benedícas hæc ✠ dona, hæc ✠ múnera, hæc ✠ sancta sacrifícia illibáta, in primis quæ tibi offérimus pro Ecclésia tua sancta cathólica: quam pacificáre, custodíre, adunáre et régere dignéris toto orbe terrárum: una cum fámulo tuo Papa nostro N. et Antístite nostro N. et ómnibus orthodóxis atque cathólicæ et apostólicæ fídei cultóribus.
A ti, pues, clementísimo Padre, por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor, humildemente rogamos y pedimos que aceptes y bendigas estos ✠ dones, estos ✠ presentes, estos ✠ santos sacrificios inmaculados, que ante todo te ofrecemos por tu santa Iglesia católica: dígnate darle la paz, protegerla, unirla y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo nuestro Papa N., nuestro Obispo N., y todos los que, fieles a la recta doctrina, guardan la fe católica y apostólica.
Memento de los vivos:
Meménto, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N. et ómnium circumstántium, quorum tibi fides cógnita est et nota devótio, pro quibus tibi offérimus: vel qui tibi ófferunt hoc sacrifícium laudis, pro se suísque ómnibus: pro redemptióne animárum suárum, pro spe salútis et incolumitátis suæ: tibíque reddunt vota sua ætérno Deo, vivo et vero.
Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., y de todos los presentes, cuya fe y devoción te son conocidas, por quienes te ofrecemos, o que te ofrecen, este sacrificio de alabanza por sí y por todos los suyos: por la redención de sus almas, por la esperanza de su salvación y de su seguridad, y te tributan sus homenajes a ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
Communicantes (con variaciones propias en las grandes fiestas):
Communicántes, et memóriam venerántes, in primis gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis Dei et Dómini nostri Jesu Christi: sed et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuórum, Petri et Pauli, Andréæ, Jacóbi, Joánnis, Thomæ, Jacóbi, Philíppi, Bartholomǽi, Matthǽi, Simónis et Thaddǽi: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Joánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Unidos en comunión y venerando la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo; y también de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos: por cuyos méritos y ruegos concédenos que en todo seamos defendidos con el auxilio de tu protección. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Hanc ígitur oblatiónem servitútis nostræ, sed et cunctæ famíliæ tuæ, quǽsumus, Dómine, ut placátus accípias: diésque nostros in tua pace dispónas, atque ab ætérna damnatióne nos éripi, et in electórum tuórum júbeas grege numerári. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Te rogamos, Señor, que aceptes aplacado esta ofrenda de nosotros, tus siervos, y de toda tu familia: dispón en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y manda que seamos contados en el número de tus elegidos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Quam oblatiónem tu, Deus, in ómnibus, quǽsumus, bene ✠ díctam, adscríp ✠ tam, ra ✠ tam, rationábilem acceptabilémque fácere dignéris: ut nobis Cor ✠ pus et San ✠ guis fiat dilectíssimi Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi.
Dígnate, oh Dios, hacer que esta ofrenda sea en todo bendita ✠, aprobada ✠, ratificada ✠, razonable y aceptable: para que se convierta para nosotros en el Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Qui prídie quam paterétur, accépit panem in sanctas ac venerábiles manus suas, et elevátis óculis in cælum ad te Deum, Patrem suum omnipoténtem, tibi grátias agens, bene ✠ díxit, fregit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et manducáte ex hoc omnes:
El cual, la víspera de su pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dándote gracias, lo bendijo ✠, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed todos de él:
HOC EST ENIM CORPUS MEUM.
PORQUE ESTO ES MI CUERPO.
Símili modo postquam cenátum est, accípiens et hunc præclárum Cálicem in sanctas ac venerábiles manus suas: item tibi grátias agens, bene ✠ díxit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et bíbite ex eo omnes:
Del mismo modo, acabada la cena, tomando también este glorioso cáliz en sus santas y venerables manos, dándote de nuevo gracias, lo bendijo ✠ y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él:
HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI, NOVI ET ÆTERNI TESTAMENTI: MYSTERIUM FIDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM.
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DE LA NUEVA Y ETERNA ALIANZA: MISTERIO DE FE: QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA PARA REMISIÓN DE LOS PECADOS.
Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis.
Cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria mía.
Unde et mémores, Dómine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, ejúsdem Christi Fílii tui, Dómini nostri, tam beátæ passiónis, nec non et ab ínferis resurrectiónis, sed et in cælos gloriósæ ascensiónis: offérimus præcláræ majestáti tuæ de tuis donis ac datis, Hóstiam ✠ puram, Hóstiam ✠ sanctam, Hóstiam ✠ immaculátam, Panem ✠ sanctum vitæ ætérnæ, et Cálicem ✠ salútis perpétuæ.
Por lo cual, Señor, nosotros, tus siervos, y también tu pueblo santo, recordando la bienaventurada pasión del mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, su resurrección de entre los muertos y su gloriosa ascensión a los cielos, ofrecemos a tu excelsa majestad, de tus dones y dádivas, la Hostia ✠ pura, la Hostia ✠ santa, la Hostia ✠ inmaculada, el Pan ✠ santo de la vida eterna y el Cáliz ✠ de la salvación perpetua.
Supra quæ propítio ac seréno vultu respícere dignéris: et accépta habére, sícuti accépta habére dignátus es múnera púeri tui justi Abel, et sacrifícium Patriárchæ nostri Abrahæ: et quod tibi óbtulit summus sacérdos tuus Melchísedech, sanctum sacrifícium, immaculátam hóstiam.
Dígnate mirar estas ofrendas con rostro propicio y sereno, y aceptarlas como te dignaste aceptar los dones de tu siervo el justo Abel, y el sacrificio de nuestro patriarca Abraham, y el que te ofreció tu sumo sacerdote Melquisedec, sacrificio santo, hostia inmaculada.
Súpplices te rogámus, omnípotens Deus: jube hæc perférri per manus sancti Angeli tui in sublíme altáre tuum, in conspéctu divínæ majestátis tuæ: ut, quotquot ex hac altáris participatióne sacrosánctum Fílii tui Cor ✠ pus et Sán ✠ guinem sumpsérimus, omni benedictióne cælésti et grátia repleámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Humildemente te rogamos, Dios todopoderoso, que mandes llevar estas ofrendas por manos de tu santo Ángel a tu sublime altar, ante la presencia de tu divina majestad: para que cuantos, participando de este altar, recibiéremos el sacrosanto Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu Hijo, seamos colmados de toda bendición celestial y de gracia. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Memento de los difuntos:
Meménto étiam, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N., qui nos præcessérunt cum signo fídei, et dórmiunt in somno pacis. Ipsis, Dómine, et ómnibus in Christo quiescéntibus, locum refrigérii, lucis et pacis, ut indúlgeas, deprecámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., que nos precedieron con la señal de la fe y duermen el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a todos los que descansan en Cristo, te rogamos que les concedas el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Nobis quoque peccatóribus fámulis tuis, de multitúdine miseratiónum tuárum sperántibus, partem áliquam et societátem donáre dignéris, cum tuis sanctis Apóstolis et Martýribus: cum Joánne, Stéphano, Matthía, Bárnaba, Ignátio, Alexándro, Marcellíno, Petro, Felicitáte, Perpétua, Agatha, Lúcia, Agnéte, Cæcília, Anastásia, et ómnibus Sanctis tuis: intra quorum nos consórtium, non æstimátor mériti, sed véniæ, quǽsumus, largítor admítte. Per Christum, Dóminum nostrum.
También a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en la multitud de tus misericordias, dígnate concedernos alguna parte y compañía con tus santos Apóstoles y Mártires: con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos tus Santos: en cuya compañía te rogamos nos admitas, no pesando nuestros méritos, sino concediéndonos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Per quem hæc ómnia, Dómine, semper bona creas, sanctí ✠ ficas, viví ✠ ficas, bene ✠ dícis et præstas nobis.
Por quien, Señor, sigues creando todos estos bienes, los santi ✠ ficas, los vivi ✠ ficas, los bendi ✠ ces y nos los das.
Per Ip ✠ sum, et cum Ip ✠ so, et in Ip ✠ so, est tibi Deo Patri ✠ omnipoténti, in unitáte Spíritus ✠ Sancti, omnis honor et glória.
Por Él ✠, y con Él ✠, y en Él ✠, a ti, Dios Padre ✠ todopoderoso, en la unidad del Espíritu ✠ Santo, todo honor y toda gloria.
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Comunión
Orémus. Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Pater noster, qui es in cælis: sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo. Amen.
Oremos. Amonestados por saludables preceptos, y formados por la divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea tu nombre: venga a nosotros tu reino: hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy: y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal. Amén.
Líbera nos, quǽsumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus et futúris: et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genetríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, da propítius pacem in diébus nostris: ut, ope misericórdiæ tuæ adjúti, et a peccáto simus semper líberi et ab omni perturbatióne secúri. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus. Per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Líbranos, te rogamos, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros: y, por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, con tus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días: para que, ayudados por el auxilio de tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y seguros de toda perturbación. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. Por todos los siglos de los siglos. Amén.
℣. Pax Dómini sit semper vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. La paz del Señor sea siempre con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Hæc commíxtio et consecrátio Córporis et Sánguinis Dómini nostri Jesu Christi fiat accipiéntibus nobis in vitam ætérnam. Amen.
Esta mezcla y consagración del Cuerpo y de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo nos aproveche, al recibirla, para la vida eterna. Amén.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: danos la paz.
Dómine Jesu Christe, qui dixísti Apóstolis tuis: Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: ne respícias peccáta mea, sed fidem Ecclésiæ tuæ; eámque secúndum voluntátem tuam pacificáre et coadunáre dignéris: Qui vivis et regnas Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: La paz os dejo, mi paz os doy: no mires mis pecados, sino la fe de tu Iglesia, y dígnate darle la paz y unirla según tu voluntad: Tú que vives y reinas, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Dómine Jesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntáte Patris, cooperánte Spíritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificásti: líbera me per hoc sacrosánctum Corpus et Sánguinem tuum ab ómnibus iniquitátibus meis et univérsis malis: et fac me tuis semper inhærére mandátis, et a te numquam separári permíttas: Qui cum eódem Deo Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas Deus in sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, con la cooperación del Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo: líbrame por este tu sacrosanto Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los males: y haz que cumpla siempre tus mandamientos, y no permitas que jamás me aparte de ti: Tú que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Percéptio Córporis tui, Dómine Jesu Christe, quod ego indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in judícium et condemnatiónem: sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
La recepción de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo, indigno, me atrevo a recibir, no se me convierta en juicio y condenación: sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa del alma y del cuerpo, y como remedio saludable: Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Panem cæléstem accípiam, et nomen Dómini invocábo.
Tomaré el Pan celestial e invocaré el nombre del Señor.
Dómine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. (ter)
Señor, no soy digno de que entres en mi morada: pero di una sola palabra y mi alma quedará sana. (tres veces)
Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Quid retríbuam Dómino pro ómnibus quæ retríbuit mihi? Cálicem salutáris accípiam, et nomen Dómini invocábo. Laudans invocábo Dóminum, et ab inimícis meis salvus ero.
¿Qué daré al Señor por todo lo que me ha dado? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor. Alabándole invocaré al Señor, y quedaré a salvo de mis enemigos.
Sanguis Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Después de la comunión de los fieles y las abluciones:
Quod ore súmpsimus, Dómine, pura mente capiámus: et de múnere temporáli fiat nobis remédium sempitérnum.
Lo que hemos tomado con la boca, Señor, recibámoslo con alma pura: y de este don temporal hágasenos remedio sempiterno.
Corpus tuum, Dómine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potávi, adhǽreat viscéribus meis: et præsta; ut in me non remáneat scélerum mácula, quem pura et sancta refecérunt sacraménta: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
Tu Cuerpo, Señor, que he recibido, y tu Sangre, que he bebido, se adhieran a mis entrañas: y concede que no quede en mí mancha de pecado, a quien alimentaron estos puros y santos sacramentos: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Comunión (Ps. 68, 13-14)
Advérsum me exercebántur, qui sedébant in porta: et in me psallébant, qui bibébant vinum: ego vero oratiónem meam ad te, Dómine: tempus benepláciti, Deus, in multitúdine misericórdiæ tuæ.
Mas yo entretanto, Señor, dirigía a ti mi oración. Este es, decía, ¡oh Dios mío!, el tiempo de reconciliación. Oyeme benigno según la grandeza de tu misericordia, conforme a tu promesa fiel de salvarme. [Torres Amat]
Poscomunión
Sanctificatiónibus tuis, omnípotens Deus: et vítia nostra curéntur, et remédia nobis sempitérna provéniant.
Por vuestras santificaciones, Dios omnipotente, sean curados nuestros vicios y nos vengan remedios sempiternos.
Conclusión
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Ite, Missa est.
℟. Deo grátias.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Idos, la Misa ha terminado.
℟. Demos gracias a Dios.
En los tiempos de penitencia se dice «Benedicámus Dómino» en lugar de «Ite, Missa est»; en las Misas de difuntos, «Requiéscant in pace. Amen».
Pláceat tibi, sancta Trínitas, obséquium servitútis meæ: et præsta; ut sacrifícium, quod óculis tuæ majestátis indígnus óbtuli, tibi sit acceptábile, mihíque et ómnibus, pro quibus illud óbtuli, sit, te miseránte, propitiábile. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Séate agradable, oh santísima Trinidad, el homenaje de mi servidumbre: y concede que el sacrificio que yo, indigno, he ofrecido ante los ojos de tu majestad te sea aceptable, y que a mí y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido nos sea, por tu misericordia, propiciatorio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ✠ et Spíritus Sanctus.
℟. Amen.
Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, e Hijo, ✠ y Espíritu Santo.
℟. Amén.
Último Evangelio
Comienzo del santo Evangelio según san Juan (Jn 1, 1-14):
In princípio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in princípio apud Deum. Omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso factum est nihil, quod factum est: in ipso vita erat, et vita erat lux hóminum: et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joánnes. Hic venit in testimónium, ut testimónium perhibéret de lúmine, ut omnes créderent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de lúmine. Erat lux vera, quæ illúminat omnem hóminem veniéntem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognóvit. In própria venit, et sui eum non recepérunt. Quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem fílios Dei fíeri, his, qui credunt in nómine ejus: qui non ex sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt. (Hic genuflectitur) Et Verbum caro factum est, et habitávit in nobis: et vídimus glóriam ejus, glóriam quasi Unigéniti a Patre, plenum grátiæ et veritátis.
En el principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Por él fueron hechas todas las cosas; y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz. El Verbo era la luz verdadera, que cuanto es de sí alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue por él hecho, y con todo el mundo no le conoció. Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Los cuales no nacen de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios. (Aquí se arrodilla) Y el Verbo se hizo carne; y habitó en medio de nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria que el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Oraciones leoninas
Oraciones mandadas rezar de rodillas tras las Misas rezadas (León XIII).
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum, benedícta tu in muliéribus et benedíctus fructus ventris tui, Jesus.
℟. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (tres veces)
Dios te salve, María, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.
℟. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (tres veces)
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrymárum valle. Eia ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exílium, osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Mária.
Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
℣. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
℣. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Orémus. Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa, et immaculáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, ejus Sponso, ac beatis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, mira propicio al pueblo que clama a Ti: y, por la intercesión de la gloriosa e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y del Bienaventurado San José, su esposo, y de tus Santos apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los santos, escucha misericordioso y benigno las preces que te dirigimos por la conversión de los pecadores y por la libertad y exaltación de nuestra Santa Madre la Iglesia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in prǽlio; contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus, súpplices deprecámur: tuque, Princeps milítiæ Cæléstis, sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte in inférnum detrúde. Amen.
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímalo, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de las milicias celestiales, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Cor Jesu sacratíssimum.
℟. Miserére nobis. (tres veces)
Corazón Sacratísimo de Jesús,
℟. !En las Misas de Difuntos, dice dos veces, en lugar de «Ten piedad de nosotros», «Dales la paz», y después «Dales descanso eterno»: (tres veces)