sábado, 25 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

sábado, 12 de septiembre de 2026

El Dulcísimo Nombre de María

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Eccli. 24, 23-31)

Léctio libri Sapiéntiæ Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis, et timóris, et agnitiónis, et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnis spes vitæ et virtútis. Transíte ad me, omnes, qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient: et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui audit me, non confundétur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt.

Yo como la vid broté retoños de suave olor, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Y soy la madre del bello amor y del temor, y de la ciencia de la salud, y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad; en mí toda esperanza de vida y de virtud. Venid a mí todos los que os halláis presos de mi amor, y saciaos de mis dulces frutos; porque mi espíritu es más dulce que la miel, y más suave que el panal de miel mi herencia. Se hará memoria de mí en toda la serie de los siglos. Los que de mí comen, tienen siempre hambre de mí, y tienen siempre sed los que de mí beben; jamás se empalagan. El que me escucha, jamás tendrá de qué avergonzarse; y aquellos que se guían por mí, no pecarán. Los que me esclarecen obtendrán la vida eterna. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Comentario al Eclesiástico, cap. 24 — Cornelio a Lápide

Vers. 23. «Yo, como la vid, fructifiqué (esto es, germiné, según el griego) suavidad de olor; y mis flores son frutos de honor y de honestidad.» En lugar de «honestidad» el griego trae πλούτου, es decir, riquezas: pues por todo este libro llama honestidad a las riquezas, como vulgarmente llamamos honestos a los ricos y opulentos. El griego de Roma lee así: «yo soy semejante a la vid que germina gracia, y mis flores son frutos de gloria y de riquezas»; los Complutenses, en lugar de χάριν (gracia), leen εὐωδίαν, esto es, suave olor, como lee nuestro Latino; la Tigurina: «yo, como la vid, exhalé una gracia olorosa, y mis flores son frutos de gloria y de riquezas»; el siríaco: «yo, como la vid adornada de hermosura, y mis frondas son frondas de esplendor y de gala.»

La Sabiduría se compara a la vid, primero en la εὐωδία, esto es, en la flor y suavidad del olor: pues la vid, mientras florece, exhala suave aroma; así también la Sabiduría se muestra a todos grata, amable, apacible y deleitable, y por esta razón a todos deleita, recrea y atrae hacia sí. Segundo, en el fruto: porque, como las flores de la vid pronto producen el fruto, es decir, la uva, que sobre los demás es el más honroso y noble a la par que el más rico, pues de la uva se exprime vino suave, abundante y generoso, de gran precio. Así también la Sabiduría produce nobilísimos frutos, a saber, honor, gloria y riquezas, tanto espirituales como corporales. Y son unos mismos sus frutos y sus flores, porque en ella una misma cosa es lo sabroso y lo florido, lo útil y lo hermoso.

Oye a Rábano: «¿Qué se expresa por esta vid sino Aquel mismo que en el Evangelio dice a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos? El licor de esta vid alegra el corazón de los hombres cuando, bebiendo su sangre, alaban gozosos el venerable Sacramento de su redención: esta vid fructifica suavidad de olor cuando por todo el orbe se difunde la fama de la predicación evangélica; y sus flores son frutos de honor y de honestidad, porque la hermosura y decoro de todas las virtudes florece cada día por su don en la muchedumbre de los creyentes.» Místicamente, la vid es la Madre de Dios, que produjo la preciosísima uva, esto es, a Cristo, del cual, exprimido en el lagar de la cruz, brotó el vino rojo que embriaga a todos los fieles.

Vers. 24. «Yo, madre del hermoso amor, y del temor, y del conocimiento, y de la santa esperanza.» En lugar de «conocimiento» (agnitionis) el códice manuscrito del monte Amiata lee «grandeza» (magnitudinis), y así se lee en el Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen; pero la verdadera lección es «conocimiento», pues así leen constantemente los demás códices griegos y latinos, y Rábano, Lira, Hugo, Dionisio, Jansenio y otros intérpretes (el griego es γνῶσις). Aquí la Sabiduría explica los frutos que produce en sus discípulos y los reduce a cuatro. El primero es el amor hermoso, pues le es contrario el amor torpe y seductor, cual es el de los fornicarios y amadores del mundo; de ahí que en griego esté καλῆς, que significa tanto lo bueno como lo hermoso. El segundo es el temor, esto es, el temor de Dios, su reverencia y culto. El tercero es el conocimiento, es decir, la ciencia e inteligencia con que plenamente conozcamos a Dios y las cosas celestiales y divinas. El cuarto es la santa esperanza, con que de Dios esperemos con certeza todo bien, a saber, toda gracia y gloria. Y estos cuatro se subordinan rectamente entre sí: del amor de Dios nace su reverencia; de la reverencia se sigue su más pleno conocimiento; del conocimiento nace mayor esperanza y confianza.

Vers. 25. «En mí está toda la gracia del camino y de la verdad; en mí toda la esperanza de la vida y de la virtud.» En lugar de «virtud» la Tigurina vierte «amparo»; otros, «vigor y fortaleza», pues esto significa el hebreo חיל, chail, que el nuestro suele verter por «virtud». Rábano, Jansenio y otros, en lugar de «camino» (viae) leen «vida» (vitae), y entienden la vida de la gracia; después, donde sigue «vida», entienden la vida de la gloria. Mas las Biblias corregidas en Roma leen en el primer lugar «camino», y es una endíadis: «camino de la verdad», esto es, camino hacia la verdad; como si dijera: en mí está la gracia de mostrar y enseñar todo camino y modo por el cual se va y se llega a la verdad y a la verdadera vida, tanto de la gracia como de la gloria, según aquello de Cristo, que a esto aludió: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan XIV). El griego y el siríaco omiten este versículo, y en su lugar los Complutenses y algunos otros traen: «doy, en cambio, con todos mis hijos, sempiternas [alabanzas] a los que por Él son dichas.»

Vers. 26. «Venid a mí todos los que me deseáis, y saciaos de mis generaciones.» Es un epílogo: pues la Sabiduría, después de enumerar sus bienes y frutos, concluye exhortando a que se acerquen a ella y así se hagan partícipes de ellos; llama «generaciones» a los frutos por ella engendrados (en griego γεννήματα, en hebreo תבואה, tebua). Como si dijera: todos vosotros, a quienes por don de Dios ha tocado el amor de mí, venid a mí; saciaos de mis dulcísimos frutos, pues en ninguna otra parte hallaréis hartura, según aquello de Cristo a la Samaritana (Juan IV): «El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.» Nótese el «saciaos»: los escasos frutos que da el mundo no sacian ni llenan el apetito, sino que más lo excitan e irritan; mas mis frutos, largos y amplios, por ser divinos (pues sólo Dios llena el alma), llenan y sacian cualquier apetencia. Oye a Rábano: «Con materno afecto amonesta la Sabiduría a sus hijos a que corran a ella, se enriquezcan con su don y se reparen con su auxilio»; tal es también aquel testimonio del Evangelio: «Venid a mí todos los que trabajáis.»

Vers. 27 y 28. «Porque mi espíritu es más dulce que la miel, y mi herencia sobre la miel y el panal: mi memoria pasa a las generaciones de los siglos.» En lugar de «espíritu» el griego trae μνημόσυνον, esto es, memoria, o mejor, memorial; de donde el griego lee: «mi memorial es más dulce que la miel»; el siríaco toma el memorial por «doctrina». Jansenio entiende la ley dictada por la Sabiduría, pues μνημόσυνον significa memorial y prenda que se deja para la conservación de la memoria; y tal memorial es la ley dejada por la Sabiduría de Dios a los fieles en herencia, esto es, en perpetua posesión; es lo mismo que el Salmo CXVIII, 103: «¡Cuán dulces a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca!» Más llano y sublime, Rábano: «La memoria de la Sabiduría de Dios permanecerá por la generación de todos los siglos, porque la alaban los Ángeles, la ensalzan los Arcángeles, la vaticinan los Profetas, la predican los Apóstoles»; y esta memoria eterna la comunica la Sabiduría a sus seguidores, dándoles la eternidad del nombre y de la fama, según aquello: «El justo será en memoria eterna» (Salmo CXI, 7).

En cuanto al «espíritu»: primero, Rábano lo entiende del Espíritu Santo, que procede de la Sabiduría engendrada, esto es, del Hijo, igual que del Padre; es más dulce que la miel, porque la caridad de Dios que por Él se infunde en los corazones de los elegidos es de incomparable dulzura. Genuinamente Jansenio: «La Sabiduría se atribuye un espíritu, como antes se le atribuyó un alma; y con el nombre de espíritu significa su propia naturaleza, que de sí, por la doctrina de la ley y las obras admirables, exhala un suave olor entre los hombres», según se dice también en Sabiduría XII: «¡Oh cuán bueno y suave es, Señor, tu espíritu!» A esto aludiendo, Cristo, que es la Sabiduría encarnada, dice (Mateo XI, 29): «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón... porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» Cristo, pues, por naturaleza es miel; mas nosotros, amargándolo con nuestros pecados, le forzamos a sernos veneno y hiel (Oseas XIV, 1). Finalmente, la «herencia», esto es, la posesión que la Sabiduría comunica a sus seguidores, es la gracia y la gloria, o la santidad y la felicidad; y ésta es más dulce que el panal, porque la santidad aquieta totalmente el apetito, y la felicidad eterna es dulcísima.

Vers. 29. «Los que me comen, aún tendrán hambre; y los que me beben, aún tendrán sed.» Muestra la Sabiduría que es más dulce que la miel y el panal, porque la dulzura de la miel, si mucho se come, engendra hastío y náusea; mas la dulzura de la Sabiduría, cuanto más se gusta, tanto más se apetece y se anhela; y, cosa admirable, sacia y llena la mente, y sin embargo la mente saciada desea aún más ser saciada y llena. Nótese, con Palacio, que la Sabiduría se llama a sí misma manjar y bebida; y con razón, porque ella es eminentemente todas las cosas; y el varón piadoso crea que en este lugar la Sabiduría se acuerda de sí como había de estar en la Eucaristía, en la cual ella es verdaderamente manjar, verdaderamente bebida. Adviértase cosa admirable: la Sabiduría misma es el manjar y es la hambre; pues quien la come, la desea. Como Dios es a la vez uno y trino, misericordioso y justo, así la Sabiduría a la vez sacia el alma, de modo que nada busque más allá de ella, y a la vez la sacia de tal manera que enciende el deseo y el hambre de sí misma. No habrá, pues, jamás en el cielo hastío.

Oye a san Gregorio (hom. 36 sobre los Evangelios): «Suele haber esta diferencia entre las delicias del cuerpo y las del corazón: que las delicias corporales, cuando no se tienen, encienden en sí grave deseo, mas cuando ávidamente se comen, al punto tornan al que come en hastío por la saciedad; por el contrario, las delicias espirituales, cuando no se tienen, están en hastío, mas cuando se tienen, en deseo; y tanto más las anhela el que come, cuanto más las come el que anhela.» De ahí el Salmo XXXIII: «Gustad y ved cuán suave es el Señor.» Y san Agustín: «Comen y beben, porque hallan; y porque tienen hambre y sed, aún buscan: la fe busca, el entendimiento halla.» Tropológicamente, aprende aquí que es señal cierta y efecto de la sabiduría, de la virtud y del aprovechamiento, el tener siempre de ella mayor hambre y sed; porque la sabiduría y la virtud aguzan el deseo de sí, y tanto más cuanto ellas mismas crecen.

Vers. 30. «El que me oye, no será confundido; y los que obran en mí, no pecarán.» La Tigurina: «el que me oye, en ninguna ignominia caerá; y los que ponen empeño, no pecarán»; el siríaco: «el que me oye, no caerá, y todas sus obras no padecerán corrupción.» Promete aquí la Sabiduría un doble fruto a sus estudiosos, a saber, que escaparán de dos males, la confusión y el pecado. «El que me oye», esto es, quien me escucha y me obedece, nunca será cubierto de vergüenza, porque nada hará de que pueda avergonzarse, sino que todo lo cumplirá sabiamente, de modo que pueda alegrarse y gloriarse de ello; por lo cual evitará la eterna confusión de los réprobos, y no quedará frustrado en su esperanza de poseer la gloria celestial, sino que ciertamente la alcanzará. «Y los que obran en mí» (esto es, dice Jansenio, quienes por mí realizan sus negocios) «no pecarán» en ellos, sino que todo lo llevarán a cabo tan prudente como felizmente. En el primer miembro promete, pues, la εὐτυχία, esto es, la felicidad; en el segundo, la εὐπραξία, esto es, el buen obrar.

Vers. 31. «Los que me esclarecen, tendrán vida eterna.» La Tigurina: «mis intérpretes alcanzarán la vida eterna, con tal que no oscurezcan con obras malas la sabiduría que esclarecen con palabras.» En verdad —dice Palacio— parece difícil y raro que sea de ánimo tan rebelde el intérprete de la Sagrada Escritura, que resista a la verdad que de continuo interpreta, mayormente siendo la Sabiduría tan benigna que casi sin cesar llama hacia sí a sus esclarecedores. Esta sentencia ya falta en el griego y en el siríaco. Habiendo la Sabiduría señalado el premio al discípulo que la oye (en el versículo precedente), asigna ahora el premio al doctor y al intérprete que no busca a sí mismo ni su propia gloria, sino la alabanza de la Sabiduría y de Dios. El premio es la vida y la gloria eterna, según aquello de Daniel XII: «Los que fueren doctos, resplandecerán como el esplendor del firmamento; y los que a muchos enseñan la justicia, como estrellas por perpetuas eternidades.» Como dice san Bernardo (serm. 39 sobre el Cantar): «Benigno es el espíritu de la Sabiduría, y le agrada el doctor benigno y diligente, que de tal modo desee satisfacer a los estudiosos que no rehúse condescender con los más tardos. En fin, los que me esclarecen tendrán vida eterna, dice la misma Sabiduría; premio del cual yo no querría verme defraudado.»

Comentario al Eclesiástico, cap. 24, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)

Evangelio (Luc. 1, 26-38)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Missus est Angelus Gábriel a Deo in civitátem Galilææ, cui nomen Názareth, ad Vírginem desponsátam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David, et nomen Vírginis María. Et ingréssus Angelus ad eam, dixit: Ave, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus. Quæ cum audísset, turbáta est in sermóne ejus: et cogitábat, qualis esset ista salutátio. Et ait Angelus ei: Ne tímeas, María, invenísti enim grátiam apud Deum: ecce, concípies in útero et páries fílium, et vocábis nomen ejus Jesum. Hic erit magnus, et Fílius Altíssimi vocábitur, et dabit illi Dóminus Deus sedem David, patris ejus: et regnábit in domo Jacob in ætérnum, et regni ejus non erit finis. Dixit autem María ad Angelum: Quómodo fiet istud, quóniam virum non cognósco? Et respóndens Angelus, dixit ei: Spíritus Sanctus supervéniet in te, et virtus Altíssimi obumbrábit tibi. Ideóque et quod nascétur ex te Sanctum, vocábitur Fílius Dei. Et ecce, Elisabeth, cognáta tua, et ipsa concépit fílium in senectúte sua: et hic mensis sextus est illi, quæ vocátur stérilis: quia non erit impossíbile apud Deum omne verbum. Dixit autem María: Ecce ancílla Dómini, fiat mihi secúndum verbum tuum.

Estando ya Isabel en su sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una virgen desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José; y el nombre de la virgen era María. Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. Al oír tales palabras la Virgen se turbó, y se puso a considerar qué significaría tal saludo. Mas el ángel le dijo: ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios. Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús . Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. Pero María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues yo no conozco varón alguno? El ángel en respuesta le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por esta causa el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez ha concebido también un hijo; y la que se llamaba estéril, hoy cuenta ya el sexto mes; porque para Dios nada es imposible. Entonces dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y en seguida el ángel desapareciendo se retiró de su presencia. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 1, 26-38 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Beda. Como la encarnación de Cristo debía tener lugar en la sexta edad del mundo y había de aprovechar para el cumplimiento de la ley, el ángel enviado a María anuncia oportunamente, en el sexto mes de la concepción de Juan, al Salvador que había de nacer. Por eso se dice: "En el sexto mes". El sexto mes es el de marzo, en cuyo día 25 nuestro Señor fue concebido y se dice que padeció. Así como nació el día 25 de diciembre por lo que si, según algunos creen, en este día tiene lugar el equinoccio de la primavera, o si en aquél creemos que se verifica el solsticio del invierno, conviene que sea concebido y nazca con el incremento de la luz Aquel que ilumina a todo hombre que viene a este mundo ( Jn 1,9). Mas si alguno objetare que los días crecen o son mayores que la noche antes del tiempo del nacimiento y de la concepción de nuestro Señor, le contestamos que San Juan anunciaba el reino de los cielos antes de su advenimiento.

San Basilio. Los espíritus celestiales no vienen a nosotros por sí mismos, sino cuando conviene para nuestra utilidad, porque atienden al decoro de la divina sabiduría; de donde sigue: "Fue enviado el ángel Gabriel".

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 34. A María Virgen no se envía un ángel cualquiera, sino el arcángel San Gabriel. Procedía que viniese un ángel de los primeros a anunciar los misterios. Se le designa por su propio nombre, el cual muestra lo que vale en sus obras, pues el nombre de Gabriel significa fortaleza de Dios 1. Por la fortaleza de Dios había de ser anunciado el que, siendo Dios de las virtudes y poderoso en la guerra para vencer en todas las batallas, venía a destruir las potestades del infierno.

Glosa. Se indica, pues, el lugar a donde se envía cuando se añade: "A la ciudad de Nazaret". Porque nazareno, esto es, Santo de los Santos, era el que se anunciaba que había de venir.

Beda, in homilia de Fest. Annunt. Digno principio de la restauración humana ha sido que se enviare por Dios un Angel a la Virgen, que había de ser consagrada con un parto divino. Porque la primera causa de la perdición humana fue que la serpiente fuese enviada a la mujer por el espíritu de la soberbia. De aquí se sigue, que el Angel fue enviado a una virgen.

San Agustín, de sancta virginitate, 5. Sólo la virginidad pudo decentemente dar a luz a Aquel que en su nacimiento no pudo tener igual. Convenía, pues, que nuestro Redentor naciese, según la carne, de una Virgen por medio de un milagro insigne para dar a entender que sus miembros debían nacer de la Iglesia virgen, según el espíritu.

San Jerónimo. Con razón se envía un ángel a la Virgen, porque la virginidad es afín de los ángeles. Y ciertamente, vivir en carne fuera de la carne, no es una vida terrestre, sino celestial.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 4. No anuncia el Angel a la Virgen después del parto, para que entonces no se turbe en demasía, sino que le habla antes de la concepción. No en sueños, sino presentándose de una manera visible. Porque como había de recibir una gran revelación, necesitaba de una visión solemne antes del cumplimiento.

San Ambrosio. Dijo bien ambas cosas la Sagrada Escritura: que sería desposada y Virgen. Prosigue, pues, diciendo "desposada". Virgen, para que constase que desconocía la unión marital. Desposada, para que quedase ilesa de la infamia de una virginidad manchada, cuando su fecundidad pareciese signo de corrupción. Quiso más bien el Señor que algunos dudasen de su nacimiento que de la pureza de su Madre. Sabía que el honor de una Virgen es delicado y la reputación del pudor, frágil. Y no estimó conveniente que la fe de su nacimiento se demostrase con las injurias de su Madre. Se sigue también que, así como la Santísima Virgen fue íntegra por su pudor, así su virginidad debió ser inviolable en la opinión. No convenía dejar a las vírgenes que viven en mala reputación esa apariencia de excusa, es decir, que la Madre misma del Señor pareciese difamada. ¿Qué se hubiera podido reprochar a los judíos y a Herodes si hubiese parecido que perseguían el fruto de un adulterio? ¿Cómo hubiera podido decir El mismo: "No vine a destruir la ley, sino a cumplirla" ( Mt 5,17), si hubiese parecido comenzar por una violación de la ley, que condena el parto de la que no está casada? ¿Qué, por otra parte, da más fe a las palabras de la Virgen y remueve todo pretexto de mentira? Madre, sin estar casada, hubiera querido ocultar su falta con una mentira. Pero casada, no tenía motivo para mentir, puesto que la fecundidad es el premio y la gracia de las bodas. Tampoco es pequeña causa que la virginidad de María engañase al príncipe del mundo, el cual, viéndola desposada con un hombre, nada pudo sospechar respecto de su parto.

Orígenes. Si no hubiese tenido esposo, aquel misterio hubiese dado que pensar al diablo, respecto de cómo pudo quedar embarazada la que no había tenido trato con varón. Esta concepción -diría- debe ser divina, debe ser algo superior a la naturaleza humana.

San Ambrosio. Sin embargo, engañó más a los diablos. Porque la malicia de los demonios descubre hasta las cosas ocultas. Mas los que se ocupan en las vanidades del mundo no pueden conocer las cosas divinas. Por eso Dios se sirve del marido -el testigo más seguro del pudor- que hubiese podido quejarse de la injuria y vengar el oprobio, si no conociese el misterio. Se dice de él: "Se llamaba José, de la casa de David".

Beda, homil. de Annunt. Sup. Lo cual no sólo se refiere a San José, sino también a la Virgen María. Estaba mandado por la ley que cada uno tomase mujer de su propia tribu o familia. Prosigue el mismo evangelista: "Y el nombre de la Virgen era María".

Beda. La palabra María en hebreo quiere decir estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz constante de los siglos.

San Ambrosio. Conoce aquí a la Virgen por sus costumbres. Sola en sus habitaciones, a quien ningún hombre veía, sólo un ángel podía encontrarla. Por ello se dice: "Y habiendo entrado el ángel a donde estaba María". Y para que no fuese manchada con un coloquio indigno de ella, es saludada por el ángel.

San Gregorio Niseno, orat. in Christi Nativit. En contraposición de la voz dirigida a la primera mujer, ahora se dirige la palabra a la Virgen. En aquélla se castiga con los dolores del parto la causa del pecado, en ésta se destierra la tristeza por medio del gozo. Así el ángel anuncia con razón la alegría a la Virgen, diciendo: "Dios te salve". Según otros comentaristas, el ángel atestigua que es digna de ser desposada cuando dice: "Llena de gracia". Esta abundancia de gracias se muestra al esposo como una dote o arras, de las cuales se dice: Estas son de la esposa, aquéllas del esposo.

San Jerónimo. Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se distribuye con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Verdaderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatura fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo. Ya estaba con la Virgen quien le enviaba su ángel y el Señor se anticipó a su enviado. No pudo ser contenido en un lugar, Aquel que está en todas partes; de donde sigue: "El Señor es contigo".

San Agustín, en el serm. de Nativit. Dom. 4. Más que contigo, El está en tu corazón, se forma en tu seno, llena tu espíritu, llena tu vientre.

Griego. Este es el complemento de toda la embajada: el Verbo de Dios como Esposo que se une de una manera superior a la razón, como engendrando El mismo y siendo engendrado, adaptó a sí mismo toda la naturaleza humana. Al final se pone como complemento perfectísimo: "Bendita eres entre las mujeres", a saber, una sola entre todas las mujeres. Para que también sean bendecidas en ti las mujeres como los hombres serán bendecidos en tu Hijo, o más bien en los dos unos y otros. Porque así como por medio de una mujer y un hombre entraron en el mundo el pecado y la tristeza, así ahora por una mujer y por un hombre vuelven la bendición y la alegría, y se derraman sobre todos.

San Ambrosio. Conoced a la Virgen por la vergüenza, porque se turbó, pues sigue: "Y cuando ella esto oyó, se turbó". Temblar es propio de las vírgenes, y el sobresaltarse cuando se acerca un hombre y temer todo trato de los hombres. Aprended, vírgenes, a evitar toda licencia de palabras. María se conturbaba hasta de la salutación del ángel.

Griego. Como ella estaba acostumbrada a aquella clase de apariciones, el Evangelista no atribuye la turbación a lo que ve, sino a lo que oye, diciendo: "Se turbó con las palabras de él". Considerad el pudor y la prudencia de la Virgen y su alma, al mismo tiempo que su voz. Oída la alegre noticia, examinó lo que se le había dicho y no resiste abiertamente por incredulidad, ni se somete al punto por ligereza, evitando a la vez la ligereza de Eva y la resistencia de Zacarías. Por esto continúa: "Y pensaba qué salutación sería ésta", no la concepción. Porque todavía ignoraba la profundidad del misterio. ¿Mas la salutación es por ventura libidinosa, como dirigida por un hombre a una Virgen? ¿Es divina, puesto que se hace mención de Dios, diciendo: "El Señor es contigo"?

San Ambrosio. Admiraba también la nueva fórmula de salutación, que nunca se había oído hasta entonces, pues estaba reservada solamente para María.

Orígenes. Si María hubiese conocido que se había hecho una salutación semejante a algún otro -como que conocía perfectamente el concepto de la ley- nunca se hubiese asustado ante ésta como si fuese extranjera.

Beda. Como había visto que la Virgen se había turbado con aquella salutación no acostumbrada, la llama por su nombre, como si la conociese más familiarmente, y le dice que no debe temer. Por ello se añade: "Y el Angel le dijo: No temas, María".

Griego. Como si dijese: No he venido a engañarte, sino más bien a dar la absolución del engaño. No he venido a robarte tu virginidad inviolable, sino a preparar tu seno para el autor y el defensor de la pureza. No soy ministro de la serpiente, sino enviado del que aplasta la serpiente. Vengo a contratar esponsales, no a maquinar asechanzas. Así, pues, no la dejó atormentarse con alarmantes consideraciones, a fin de no ser juzgado como ministro infiel de su negociación.

Crisóstomo. Quien merece gracia delante de Dios, nada tiene que temer; así, prosigue: "Hallaste gracia delante de Dios". ¿Cómo puede encontrar esta gracia cualquiera que sea, sino por medio de la humildad? Pues Dios da la gracia a los humildes ( Stgo 4; 1Pe 5).

Griego. La Virgen encontró gracia delante de Dios porque, adornando su propia alma con el brillo de la pureza, preparó al Señor una habitación agradable. Y no sólo conservó inviolable la virginidad, sino que también custodió su conciencia inmaculada.

Orígenes. Muchos habían encontrado gracia antes que ella; y por lo mismo añade lo que es propio de este caso, diciendo: "He aquí que concebirás en tu seno".

Griego. La palabra "he aquí" denota la prontitud y la presencia, insinuando con dicha palabra que la concepción se había celebrado al punto.

Severo de Antioquía. Dice: "concebirás en tu seno" para demostrar que el Señor toma carne del mismo seno virginal y de nuestra sustancia. Vino, pues, el Verbo Divino a limpiar la naturaleza humana, el parto y el origen de nuestra generación. Por eso, sin pecado y sin concurso de hombre, es concebido en carne y llevado en el vientre nueve meses como nosotros.

San Gregorio Niseno. Y como acontece especialmente que es concebido el Divino Espíritu y ella da a luz al Espíritu de salvación, según anunciara el profeta, el ángel añade: "Y dará a luz un Hijo".

San Ambrosio. No todos son como María, que cuando conciben al Verbo del Espíritu Santo, lo dan a luz. Hay de aquellos que abortan al Verbo antes de dar a luz ( Lc 22), y hay de aquellos que tienen a Cristo en su seno pero que todavía no lo han formado.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Domini. Como la expectación del parto infunde temor a las mujeres, el anuncio de un parto dulce apaga esa aprehensión de temor cuando se dice: "Y llamarás su nombre Jesús". La venida del Salvador es el alejamiento de todo temor.

Beda. La palabra Jesús quiere decir Salvador o saludable.

Griego. Dice, pues: "Tú lo llamarás". No el padre, porque carece de padre en cuanto a la generación humana, así como carece de madre respecto de la generación divina.

San Cirilo, de fidei ad Theod. Este nombre fue impuesto de nuevo al Verbo Divino, y convenía a la natividad de su carne, según aquello del Profeta: "Serás llamado con un nombre nuevo, que la boca del Señor te dará" ( Is 62).

Griego. Mas como este nombre le es común con el sucesor de Moisés ( Jos 1), insinuando el ángel que no será semejante a aquél, añade: "Este será grande".

San Ambrosio. Se ha dicho también respecto de San Juan que sería grande. Pero aquél fue grande como hombre y Este es grande como Dios. Porque la virtud de Dios se difunde ampliamente, así como la grandeza de la sustancia no varía con el tiempo.

Orígenes. Considerad, pues, la grandeza del Salvador, cómo se extiende por todo el orbe. Subid a los cielos, y veréis cómo llena los espacios celestes. Bajad con el pensamiento a los abismos y veréis que allí ha descendido también. Y cuando hayáis visto todo esto, comprenderéis también el cumplimiento de estas palabras: "Este será grande".

Griego. Ni la asunción de la carne humilla la grandeza de la divinidad, sino que más bien se sublima la humildad de la carne. Por ello sigue: "Y se llamará Hijo del Altísimo". No eres tú quien le impones el nombre, sino que será llamado. ¿Por quién sino por su Padre consustancial? Nadie conoce al Hijo sino el Padre ( Mt 11,27). Quien tiene conocimiento infalible del Engendrado es el único verdadero intérprete, respecto de la imposición del nombre del Hijo; por quien se dice: "Este es mi hijo muy amado". ( Mt 17,5) Existe desde la eternidad, aunque ahora para nuestra inteligencia se manifiesta su nombre. Y por esto dice "será llamado", no "será hecho" ni "será engendrado", porque ya antes de los siglos era consustancial al Padre. Concebirás, pues, a Este, serás su Madre. Tu vientre virginal contendrá a Aquel que el espacio del cielo no puede contener.

San Juan Crisóstomo. Acaso parecerá a algunos enorme -o indecente- que Dios habite un cuerpo. ¿Mas por ventura el sol, cuyo cuerpo es sensible, mancha su propia pureza a cualquier parte que envíe sus rayos? Pues con mucha más razón el Sol de justicia, tomando un cuerpo purísimo de las entrañas de la Virgen, no sólo no se manchó sino que antes, por el contrario, santificó más a la Madre.

Griego. Y para recordar a la Virgen los profetas, añade: "Y le dará el Señor Dios el trono de David,...". Para que se sepa con claridad que el que había de nacer de Virgen era el mismo Cristo que los profetas prometieron que nacería de la descendencia de David.

San Cirilo, contra Juliano, 8. Sin embargo, el cuerpo purísimo de Jesucristo no procede de José, aunque descendía de la misma línea de parentesco que la Virgen, de la cual el Unigénito del Padre tomó la forma humana.

San Basilio, epistola 2,36. El Señor no se sienta en el trono material de David, puesto que el reino judío había pasado a Herodes. Pero llama trono de David a aquel en que se sienta el Señor para gobernar un reino indisoluble. Por ello sigue: "Y reinará en la casa de Jacob".

Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 7. Llama aquí casa de Jacob a todos aquéllos del número de los judíos que creyeron en El. Porque como dice San Pablo ( Rom 9,6), no todos los que pertenecen a Israel son israelitas; sino solamente se consideran como pertenecientes a Israel los que son hijos de promisión.

Beda. O llama casa de Jacob a toda la Iglesia. Esta, o bien ha nacido de buena raíz, o bien, siendo un olivo silvestre, fue injerto por medio de la fe en una oliva buena ( Rom 11).

Griego. Sólo Dios puede reinar eternamente. Por esto sucede que aunque se diga que toma el trono de David por la encarnación, en cuanto Dios es reconocido como Rey eterno. Prosigue: "Y su reino no tendrá fin". No sólo en cuanto Dios, sino también en cuanto hombre. Y al presente reina sobre muchos y finalmente reinará sobre todos porque todas las cosas le están sometidas ( 1Cor 15).

Beda. Que deje ya Nestorio de decir que el hombre sólo ha nacido de la Virgen y que éste no ha sido recibido por el Verbo de Dios en unidad de persona. Cuando dice que el mismo que tiene por padre a David será llamado "Hijo del Altísimo", demuestra la unidad de persona de Cristo en dos naturalezas. No emplea el ángel palabras que se refieran al tiempo futuro, como dicen algunos herejes, que creen que Jesucristo no existió antes que María, sino que en una sola persona el Hombre-Dios recibe el nombre de Hijo.

San Ambrosio. Ni María debió rehusar de creer al ángel, ni usurpar temerariamente las cosas divinas. Por eso se dice: "Dijo María al ángel: ¿Cómo se hará esto?" Esta respuesta fue más oportuna que la del sacerdote. Esta dice: "¿Cómo se hará esto?" y aquél dijo: "¿Cómo podré saber esto?". Aquél se niega a creer y parece como que busca otro motivo que confirme su fe, éste no duda que debe hacerse, puesto que pregunta cómo se hará. María había leído ( Is 7,14): "He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo" y, por tanto, creyó que iba a suceder. Pero no había oído antes el cómo había de suceder. No se había revelado -ni aun al Profeta- cómo aquéllo se había de llevar a cabo. Tan gran misterio debía ser proclamado, no por la boca de un hombre, sino por la de un ángel.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi. Considerad también las palabras de la purísima Virgen. El ángel le anuncia el parto; pero ella insiste en su virginidad creyendo que ésta podría mancharse con sólo el aspecto de un ángel. Por eso dice: "Porque no conozco varón".

San Basilio, epistola 2, 35. El conocimiento se entiende de muchas maneras. Se llama conocimiento la sabiduría de nuestro Señor; también la noticia de su grandeza; el cumplimiento de sus mandatos; los caminos que conducen a El y la unión nupcial, como aquí se entiende.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi. Estas palabras de la Virgen son indicio de aquellas que encerraba en el secreto de su inteligencia. Porque si hubiese querido desposarse con José a fin de tener cópula, ¿por qué razón había de admirarse cuando se le hablase de concepción, puesto que esperaría ser madre un día según la ley de la naturaleza? Mas como su cuerpo, ofrecido a Dios como una hostia sagrada, debía conservarse inviolable, dice: "Puesto que no conozco varón". Como diciendo: Aun cuando tú seas un ángel, sin embargo, como no conozco varón, esto parece imposible. ¿Cómo, pues, seré madre si no tengo marido? A José sólo lo conozco como esposo.

Griego. Mas considerad cómo el ángel deshace la duda a la Virgen y le explica su misión inmaculada y el parto inefable. Pues sigue: "El Angel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,...".

San Juan Crisóstomo, homiliae, in Gen., 49. Como si dijese: No te fijes en el orden natural cuando se trata de cosas que traspasan y superan el orden de la naturaleza. Tú dices: "¿Cómo se hará esto, puesto que no conozco varón?" Pues por lo mismo que no conoces varón sucederá esto, porque si hubieras conocido varón, no serías considerada digna de este misterio. No porque el matrimonio sea malo, sino porque la virginidad es más perfecta. Convenía, pues, que el Señor de todos participase con nosotros en el nacimiento y se distinguiese en él. Tuvo de común entre nosotros el nacer del vientre de una mujer y nos superó naciendo sin que aquélla se uniese a un hombre.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi. ¡Cuán bienaventurado aquel cuerpo que por la exuberante pureza de la Virgen María se vinculó a sí mismo el don del alma! En cada uno de los demás, apenas el alma sincera conseguirá la presencia del Espíritu Santo; mas ahora la carne resulta ser la mansión del Divino Espíritu.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi. El verdadero Legislador fabricó nuevamente de nuestra tierra las tablas de la naturaleza que la culpa había roto, creando -sin unión carnal- el cuerpo que toma su divinidad y que esculpe el dedo divino, a saber, el Espíritu Santo que viene sobre la Virgen.

San Gregorio Niseno, lib. De Vita Moysis. Además: "La virtud del Altísimo te hará sombra". La virtud del Rey altísimo es Cristo, formado en la Virgen por la venida del Espíritu Santo.

San Gregorio Magno, Moralia 10,18. Por las palabras: "Te hará sombra", se significan las dos naturalezas de Dios encarnado. Pues la sombra se hace con la luz y con el cuerpo. El Señor es la luz por su divinidad. Y como la luz incorpórea había de tomar cuerpo en las entrañas de la Virgen, oportunamente se dice que la virtud del Altísimo le haría sombra, esto es, en ti el cuerpo de la humanidad recibirá la luz incorpórea de la divinidad. Se dice también esto a María por el dulce consuelo dado por el cielo.

Beda. No concebirás, pues, en virtud de la obra de un hombre sino que concebirás por virtud del Espíritu Santo, de quien serás llena. No se darán en ti los ardores de la concupiscencia, puesto que el Espíritu Santo te hará sombra.

San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi. O dice: "Te hará sombra" porque, así como la sombra de un cuerpo toma su forma de lo que está delante de ella, así los signos de la divinidad del Hijo de Dios brillarán con el milagro de su generación. Así como en nosotros se observa cierta virtud vivificante en la materia corpórea con la que se forma el hombre, así en la Virgen, la virtud del Altísimo, por medio del Espíritu Santo vivificante, tomó de un cuerpo virginal materia de carne inherente al cuerpo para formar un hombre nuevo. Por lo cual sigue: "Por eso, lo que nacerá de ti,...".

San Atanasio, Epistola at Epictetum. Profesamos que el cuerpo tomado de la materia de la naturaleza humana existe verdaderamente; y que es el mismo -según la naturaleza- que nuestro cuerpo. María es, pues, nuestra hermana, puesto que todos descendemos de Adán.

San Basilio, lib.de Spiritu Sancto, 5. De donde San Pablo dice: Envió Dios a su Hijo nacido, no por medio de una mujer, sino de mujer ( Gál 4,4). Porque si dijese que por medio de una mujer, podía entenderse que se refería a un concepto transitorio de natividad. Pero como dice que nació de mujer, manifiesta la comunidad de la naturaleza del Engendrado respecto de la Madre.

San Gregorio Magno, Moralia 18, 34. A diferencia de nuestra santidad, se asegura singularmente que Jesucristo nacerá Santo. Pues nosotros, aunque nos hagamos santos, no nacemos tales, sino constreñidos por la condición de una naturaleza culpable, pudiendo decir con el profeta: "He aquí que he sido concebido en pecado,..." ( Sal 50). Aquél verdaderamente ha nacido el sólo Santo, que no ha sido concebido de unión carnal alguna; que no -como neciamente creen los herejes- es uno en la humanidad y otro en la divinidad de modo que siendo un simple hombre concebido, luego Dios hubiera asumido su cuerpo. Sino que, anunciando el ángel y viniendo el Espíritu Santo, Verbo al punto en el seno, es decir, al instante es Verbo carne dentro del vientre; de donde sigue: "Será llamado,...".

Teofilacto. Considerad cómo el ángel menciona a la Virgen toda la Santa Trinidad. Nombra al Espíritu Santo, el Poder, esto es al Hijo y al Altísimo, ciertamente el Padre.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Gen., 49. Como lo que se ha dicho superaba a lo que la Virgen podía comprender, el ángel habló de cosas humildes, para persuadirla por medio de cosas sensibles, y por ello le dice: "Y he aquí que Isabel, tu parienta". Observa la prudencia de Gabriel. No le recuerda a Sara, ni a Rebeca, ni a Raquel, porque estos ejemplos eran ya antiguos, sino que cita un hecho reciente para robustecer su inteligencia. Y por esto hace mención de la edad, cuando dice: "También ella ha concebido un hijo en su vejez", dando a entender su incapacidad natural. Prosigue: "Y está en el sexto mes". No anunció desde el principio el embarazo de Isabel, sino después de transcurridos seis meses, a fin de que la hinchazón del vientre sirviese de prueba.

San Gregorio Nacianceno, carm. de gen. Christi, 18. Pero alguno preguntará: ¿En qué sentido se refiere Jesucristo a David? María, en efecto, desciende de la sangre de Aarón, porque el ángel dice que es prima de Isabel. Mas esto sucedió por disposición divina, para que la estirpe regia se enlazase con la descendencia sacerdotal, a fin de que Cristo, que es Rey y Sacerdote a la vez, naciese de las dos, según la carne. Se lee también en el Exodo ( Ex 6,13), que Aarón, primer sacerdote según la ley, se casó con Isabel, de la tribu de Judá, hija de Aminadab. Y admiremos la economía santísima del Espíritu Santo cuando ordena que la esposa de Zacarías se llame Isabel, recordándonos aquella otra Isabel que se casó con Aarón.

Beda. Así pues, recibe el ejemplo de la anciana estéril no porque haya desconfiado de que una virgen pueda dar a luz, sino para que comprenda que para Dios todo es posible, aun cuando parezca contrario al orden de la naturaleza. Por esto sigue: "Porque no hay cosa alguna imposible para Dios".

San Juan Crisóstomo. Pues como El es el Señor de la naturaleza, puede todo lo que quiere, puesto que hace y dispone todas las cosas gobernando las riendas de la vida y de la muerte.

San Agustín, contra Faustum, 26,5. Si alguno dice: si Dios es omnipotente, que haga que no suceda lo que ya ha sucedido, no se da cuenta que lo que está diciendo es: que haga que aquellas cosas que son verdaderas, sean verdaderas y falsas a la vez. El puede hacer que no exista algo que antes existía, como cuando alguno que empieza a existir cuando nace, deja de existir muriendo. Pero ¿quién dirá: que haga que no sea aquello que ya no existe? Pues, todo lo que ha pasado, ya no existe. Si puede hacerse algo de ello, aún hay materia de la cual puede hacerse. Y si hay materia, ¿cómo puede decirse que ya ha pasado? Así, aquello que dijimos que ha sido, en realidad no es. Pero es verdad aquello que ha sido, porque lo verdadero no está en la cosa que ya no es, sino en nuestra sentencia sobre ella. Dios no puede hacer que esta sentencia sea falsa. No llamamos a Dios omnipotente en este sentido, según el cual creamos que El también puede morir. Aquél se llama con toda propiedad el sólo Omnipotente que verdaderamente existe y de quien únicamente procede todo lo que es.

San Ambrosio. Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: "Y dijo María: He aquí la sierva del Señor". Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: "Hágase en mí según tu palabra". Tienes el obsequio, ves el voto. "He aquí la sierva del Señor", es su disposición a cumplir con su oficio. "Hágase en mí según tu palabra", es el deseo que concibe.

Eusebio. Cada uno celebrará a su manera las palabras de la Virgen. El uno admirará su constancia, el otro la prontitud de su obediencia; éste que no se dejó seducir por las promesas de un arcángel, espléndidas y sublimes; el otro que no ha excedido la medida en su resistencia, sino que ha evitado igualmente la ligereza de Eva y la obstinación de Zacarías. Yo no admiro menos lo profundo de su humildad.

San Gregorio, Moralia 18, 34. Por un misterio profundo, a causa de su concepción santa y su parto inefable, la misma Virgen fue Sierva del Señor y Madre, según la verdad de las dos naturalezas.

Beda. Recibido el consentimiento de la Virgen, el ángel regresó inmediatamente al cielo, de donde prosigue: "Y el ángel se separó de ella".

Eusebio. No sólo pidiendo lo que deseaba, sino admirándose estupefacto de la forma virginal y de la plenitud de la virtud.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena