miércoles, 1 de abril de 2026
Verde · simple
Miércoles Santo
Al pie del altar
In nómine Patris, ✠ et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
En el nombre del Padre, ✠ y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
Salmo 42 (se omite en las Misas de difuntos y en tiempo de Pasión):
℣. Júdica me, Deus, et discérne causam meam de gente non sancta: ab hómine iníquo et dolóso érue me.
℟. Quia tu es, Deus, fortitúdo mea: quare me repulísti, et quare tristis incédo, dum afflígit me inimícus?
℣. Emítte lucem tuam et veritátem tuam: ipsa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum tuum et in tabernácula tua.
℟. Et introíbo ad altáre Dei: ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Confitébor tibi in cíthara, Deus, Deus meus: quare tristis es, ánima mea, et quare contúrbas me?
℟. Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: salutáre vultus mei, et Deus meus.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in sǽcula sæculórum. Amen.
℣. Júzgame, oh Dios, y aparta mi causa de la gente no santa: líbrame del hombre inicuo y engañoso.
℟. Porque tú, oh Dios, eres mi fortaleza: ¿por qué me has rechazado, y por qué he de andar triste, mientras me aflige el enemigo?
℣. Envía tu luz y tu verdad: ellas me guiaron y me condujeron a tu monte santo y a tus tabernáculos.
℟. Y subiré al altar de Dios: a Dios, que alegra mi juventud.
℣. Te alabaré con la cítara, oh Dios, Dios mío: ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas?
℟. Espera en Dios, porque aún he de alabarle: salvación de mi rostro y Dios mío.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
℣. Adjutórium nostrum ✠ in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cælum et terram.
℣. Nuestro auxilio ✠ está en el nombre del Señor.
℟. Que hizo el cielo y la tierra.
El sacerdote, profundamente inclinado, hace la confesión:
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et vobis, fratres: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
Yo confieso ante Dios todopoderoso, ante la bienaventurada siempre Virgen María, ante el bienaventurado san Miguel Arcángel, ante el bienaventurado san Juan Bautista, ante los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ante todos los Santos, y ante vosotros, hermanos, que pequé mucho de pensamiento, palabra y obra: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por eso ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí al Señor, Dios nuestro.
℟. Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam. Amen.
℟. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. Amén.
Los ministros repiten la confesión (diciendo «a ti, padre» donde el sacerdote decía «a vosotros, hermanos»). Después el sacerdote dice:
℣. Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam.
℟. Amen.
℣. Indulgéntiam, ✠ absolutiónem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus.
℟. Amen.
℣. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
℣. El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda ✠ la indulgencia, la absolución y el perdón de nuestros pecados.
℟. Amén.
℣. Deus, tu convérsus vivificábis nos.
℟. Et plebs tua lætábitur in te.
℣. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
℟. Et salutáre tuum da nobis.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Oh Dios, volviéndote a nosotros nos darás vida.
℟. Y tu pueblo se alegrará en ti.
℣. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
℟. Y danos tu salvación.
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Orémus. Aufer a nobis, quǽsumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Aparta de nosotros, te rogamos, Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con almas puras al Santo de los santos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Orámus te, Dómine, per mérita Sanctórum tuórum, quorum relíquiæ hic sunt, et ómnium Sanctórum: ut indulgére dignéris ómnia peccáta mea. Amen.
Te rogamos, Señor, por los méritos de tus Santos, cuyas reliquias aquí están, y de todos los Santos, que te dignes perdonar todos mis pecados. Amén.
Introito (Ps. 101, 2)
In nómine Jesu omne genu flectátur, cœléstium, terréstrium et infernórum: quia Dóminus factus est obœ́diens usque ad mortem, mortem autem crucis: ideo Dóminus Jesus Christus in glória est Dei Patris. Dómine, exáudi oratiónem meam: et clamor meus ad te véniat.
Escucha, ¡oh Señor!, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores. [Torres Amat]
Kyrie
Kýrie, eléison. (ter)
Christe, eléison. (ter)
Kýrie, eléison. (ter)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Cristo, ten piedad. (tres veces)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria
Se dice en las fiestas y tiempos de gozo; se omite en Adviento, Cuaresma y Misas feriales.
Glória in excélsis Deo. Et in terra pax homínibus bonæ voluntátis. Laudámus te. Benedícimus te. Adorámus te. Glorificámus te. Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam. Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens. Dómine Fili unigénite, Jesu Christe. Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris. Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis. Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram. Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis. Quóniam tu solus Sanctus. Tu solus Dóminus. Tu solus Altíssimus, Jesu Christe. Cum Sancto Spíritu ✠ in glória Dei Patris. Amen.
Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu inmensa gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo unigénito, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas los pecados del mundo, acoge nuestra súplica. Tú que estás sentado a la diestra del Padre, ten piedad de nosotros. Porque tú solo eres Santo. Tú solo Señor. Tú solo Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo ✠ en la gloria de Dios Padre. Amén.
Colecta
Præsta, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui nostris excéssibus incessánter afflígimur, per unigéniti Fílii tui passiónem liberémur:
Concedednos, os rogamos, Dios omnipotente, que los que somos afligidos sin cesar por nuestros excesos seamos librados por la pasión de vuestro Hijo unigénito:
Epístola (Is. 53, 1-12)
Léctio Isaíæ Prophétæ.
Lectura del profeta Isaías.
In diébus illis: Dixit Isaías: Dómine, quis crédidit audítui nostro? et bráchium Dómini cui revelátum est? Et ascéndet sicut virgúltum coram eo, et sicut radix de terra sitiénti: non est spécies ei neque decor: et vídimus eum, et non erat aspéctus, et desiderávimus eum: despéctum et novíssimum virórum, virum dolórum, et sciéntem infirmitátem: et quasi abscónditus vultus ejus et despéctus, unde nec reputávimus eum. Vere languóres nostros ipse tulit, et dolóres nostros ipse portávit: et nos putávimus eum quasi leprósum, et percússum a Deo, et humiliátum. Ipse autem vulnerátus est propter iniquitátes nostras, attrítus est propter scélera nostra: disciplína pacis nostræ super eum, et livóre ejus sanáti sumus. Omnes nos quasi oves errávimus, unusquísque in viam suam declinávit: et pósuit Dóminus in eo iniquitátem ómnium nostrum. Oblátus est, quia ipse vóluit, et non apéruit os suum: sicut ovis ad occisiónem ducétur, et quasi agnus coram tondénte se obmutéscet, et non apériet os suum. De angústia et de judício sublátus est: generatiónem ejus quis enarrábit? quia abscíssus est de terra vivéntium: propter scelus pópuli mei percússi eum. Et dabit ímpios pro sepultúra, et dívitem pro morte sua: eo quod iniquitátem non fécerit, neque dolus fúerit in ore ejus. Et Dóminus vóluit contérere eum in infirmitáte: si posúerit pro peccáto ánimam suam, vidébit semen longævum, et volúntas Dómini in manu ejus dirigátur. Pro eo, quod laborávit ánima ejus, vidébit, et saturábitur: in sciéntia sua justificábit ipse justus servus meus multos, et iniquitátes eórum ipse portábit. Ideo dispértiam ei plúrimos: et fórtium dívidet spólia, pro eo, quod trádidit in mortem ánimam suam, et cum scelerátis reputátus est: et ipse peccáta multórum tulit, et pro transgressóribus rogávit.
Mas ¡ay! ¿quién ha creído, o creerá a nuestro anuncio? ¿Y a quién ha sido revelado ese Mesías, brazo o virtud del Señor? Porque él crecerá a los ojos del pueblo como una humilde planta, y brotará como una raíz en tierra árida; no es de aspecto bello, ni es esplendoroso: nosotros lo hemos visto, dicen, y nada hay que atraiga nuestros ojos, ni llame nuestra atención hacia él. Lo vimos después despreciado, y el desecho de los hombres, varón de dolores, y que sabe lo que es padecer; y su rostro como cubierto de vergüenza y afrentado; por lo que no hicimos ningún caso de él. Es verdad que él mismo tomó sobre sí nuestras dolencias y cargó con nuestras penalidades; pero nosotros lo reputamos entonces como un leproso, y como un hombre herido de la mano de Dios y humillado, siendo así que por causa de nuestras iniquidades fue él llagado, y despedazado por nuestras maldades; el castigo de que debía nacer nuestra paz con Dios, descargó sobre él, y con sus moretones fuimos nosotros curados. Como ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros; cada cual se desvió de la senda del Señor para seguir su propio camino, y a él sólo le ha cargado el Señor sobre las espaldas la iniquidad de todos nosotros. Fue ofrecido en sacrificio porque él mismo lo quiso; y no abrió su boca para quejarse; conducido será a la muerte sin resistencia suya, como va la oveja al matadero, y guardará silencio sin abrir siquiera su boca delante de sus verdugos, como el corderito que está mudo delante del que le esquila. Después de sufrida la opresión e inicua condena, fue levantado en alto. Pero la generación suya ¿quién podrá explicarla? Arrancado ha sido de la tierra de los vivientes; para expiación de las maldades de mi pueblo le he yo herido, dice el Señor. Y en recompensa de bajar al sepulcro le concederá Dios la conversión de los impíos; tendrá por precio de su muerte al hombre rico; porque él no cometió pecado, ni hubo dolo en sus palabras. Y quiso el Señor consumirle con trabajos; mas luego que él ofrezca su vida como hostia por el pecado, verá una descendencia larga y duradera, y cumplida será por medio de él la voluntad del Señor. Verá el fruto de los afanes de su alma, y quedará saciado. Este mismo Justo, mi siervo, dice el Señor, justificará a muchos con su doctrina o predicación; y cargará sobre sí los pecados de ellos. Por tanto, le daré como porción, o en herencia suya, una gran cantidad de naciones: y repartirá los despojos de los fuertes; pues ha entregado su vida a la muerte, y ha sido confundido con los facinerosos, y ha tomado sobre sí los pecados de todos, y ha rogado por los transgresores. [Torres Amat]
Gradual (Ps. 101, 2-5, 14)
Dómine, exáudi oratiónem meam, et clamor meus ad te véniat. Ne avértas fáciem tuam a me: in quacúmque die tríbulor, inclína ad me aurem tuam. In quacúmque die invocávero te, velóciter exáudi me. Quia defecérunt sicut fumus dies mei: et ossa mea sicut in frixório confríxa sunt. Percússus sum sicut fænum, et áruit cor meum: quia oblítus sum manducáre panem meum. Tu exsúrgens, Dómine, miseréberis Sion: quia venit tempus miseréndi eius.
Escucha, ¡oh Señor!, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores. No apartes de mí tu rostro, en cualquier ocasión en que me halle atribulado dígnate oírme. Acude luego a mí, siempre que te invocare; porque como humo han desaparecido mis días, y áridos están mis huesos como leña seca. Estoy marchito como el heno, árido está mi corazón; pues hasta de comer mi pan me he olvidado. Tú te levantarás, y tendrás lástima de Sión; porque tiempo es el de apiadarte de ella, llegó ya el plazo. [Torres Amat]
Evangelio
Antes de leer el Evangelio, el sacerdote dice inclinado:
Munda cor meum ac lábia mea, omnípotens Deus, qui lábia Isaíæ Prophétæ cálculo mundásti igníto: ita me tua grata miseratióne dignáre mundáre, ut sanctum Evangélium tuum digne váleam nuntiáre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, que purificaste los labios del profeta Isaías con un carbón encendido: dígnate por tu bondadosa misericordia purificarme de tal modo que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Evangelio (Luc. 22, 1-71; 23, 1-53)
Pássio Dómini nostri Jesu Christi secúndum Lucam. In illo témpore: Appropinquábat dies festus azymórum, qui dícitur Pascha: et quærébant príncipes sacerdótum et scribæ, quómodo Jesum interfícerent: timébant vero plebem. Intrávit autem sátanas in Judam, qui cognominabátur Iscariótes, unum de duódecim. Et ábiit, et locútus est cum princípibus sacerdótum et magistrátibus, quemádmodum illum tráderet eis. Et gavísi sunt, et pacti sunt pecúniam illi dare. Et spopóndit. Et quærébat opportunitátem, ut tráderet illum sine turbis. Venit autem dies azymórum, in qua necésse erat occídi pascha. Et misit Petrum et Joánnem, dicens: J. Eúntes paráte nobis pascha, ut manducémus. C. At illi dixérunt: S. Ubi vis parémus? C. Et dixit ad eos: J. Ecce, introëúntibus vobis in civitátem, occúrret vobis homo quidam ámphoram aquæ portans: sequímini eum in domum, in quam intrat, et dicétis patrifamílias domus: Dicit tibi Magister: Ubi est diversórium, ubi pascha cum discípulis meis mandúcem? Et ipse osténdet vobis cenáculum magnum stratum, et ibi paráte. C. Eúntes autem invenérunt, sicut dixit illis, et paravérunt pascha. Et cum facta esset hora, discúbuit, et duódecim Apóstoli cum eo. Et ait illis: J. Desidério desiderávi hoc pascha manducáre vobíscum, ántequam pátiar. Dico enim vobis, quia ex hoc non manducábo illud, donec impleátur in regno Dei. C. Et accépto cálice, grátias egit, et dixit: J. Accípite, et divídite inter vos. Dico enim vobis, quod non bibam de generatióne vitis, donec regnum Dei véniat. C. Et accépto pane, grátias egit, et fregit, et dedit eis, dicens: J. Hoc est corpus meum, quod pro vobis datur: hoc fácite in meam commemoratiónem. C. Simíliter et cálicem, postquam cenávit, dicens: J. Hic est calix novum Testaméntum in sánguine meo, qui pro vobis fundétur. Verúmtamen ecce manus tradéntis me mecum est in mensa. Et quidem Fílius hóminis, secúndum quod definítum est, vadit: verúmtamen væ hómini illi, per quem tradétur. C. Et ipsi cœpérunt quærere inter se, quis esset ex eis, qui hoc factúrus esset. Facta est autem et conténtio inter eos, quis eórum viderétur esse major. Dixit autem eis: J. Reges géntium dominántur eórum: et qui potestátem habent super eos, benéfici vocántur. Vos autem non sic: sed qui major est in vobis, fiat sicut minor: et qui præcéssor est, sicut ministrátor. Nam quis major est, qui recúmbit, an qui minístrat? nonne qui recúmbit? Ego autem in médio vestrum sum, sicut qui minístrat: vos autem estis, qui permansístis mecum in tentatiónibus meis. Et ego dispóno vobis, sicut dispósuit mihi Pater meus regnum, ut edátis et bibátis super mensam meam in regno meo: et sedeátis super thronos, judicántes duódecim tribus Israël. C. Ait autem Dóminus: J. Simon, Simon, ecce, sátanas expetívit vos, ut cribráret sicut tríticum: ego autem rogávi pro te, ut non defíciat fides tua: et tu aliquándo convérsus confírma fratres tuos. C. Qui dixit ei: S. Dómine, tecum parátus sum, et in cárcerem et in mortem ire. C. At ille dixit: Dico tibi, Petre: Non cantábit hódie gallus, donec ter ábneges nosse me. C. Et dixit eis: J. Quando misi vos sine sǽculo et pera et calceaméntis, numquid aliquid défuit vobis? C. At illi dixérunt: S. Nihil. C. Dixit ergo eis: J. Sed nunc, qui habet sǽculum, tollat simíliter et peram: et qui non habet, vendat túnicam suam, et emat gládium: Dico enim vobis, quóniam adhuc hoc, quod scriptum est, oportet impléri in me: Et cum iníquis deputátus est. Etenim ea, quæ sunt de me, finem habent. C. At illi dixérunt: S. Dómine, ecce duo gládii hic. C. At ille dixit eis: J. Satis est. C. Et egréssus ibat secúndum consuetúdinem in montem Olivárum. In illo témpore: Egréssus Jesus ibat secúndum consuetúdinem in montem Olivárum. Secúti sunt autem illum et discípuli. Et cum pervenísset ad locum, dixit illis: J. Oráte, ne intrétis in tentatiónem. C. Et ipse avúlsus est ab eis, quantum jactus est lápidis, et pósitis génibus orábat, dicens: J. Pater, si vis, transfer cálicem istum a me: verúmtamen non mea volúntas, sed tua fiat. C. Appáruit autem illi Angelus de cœlo, confórtans eum. Et factus in agónia, prolíxius orábat. Et factus est sudor ejus, sicut guttæ sánguinis decurréntis in terram. Et cum surrexísset ab oratióne, et venísset ad discípulos suos, invénit eos dormiéntes præ tristítia. Et ait illis: J.Quid dormítis? súrgite, oráte, ne intrétis in tentatiónem. C. Adhuc eo loquénte, ecce turba: et qui vocabátur Judas, unus de duódecim, antecedébat eos: et appropinquávit Jesu, ut oscularétur eum. Jesus autem dixit illi: J. Juda, ósculo Fílium hóminis tradis? C. Vidéntes autem hi, qui circa ipsum erant, quod futúrum erat, dixérunt ei: S. Dómine, si percútimus in gladio? C. Et percússit unus ex illis servum príncipis sacerdótum, et amputávit aurículam ejus déxteram. Respóndens autem Jesus, ait: J. Sínite usque huc. C. Et cum tetigísset aurículam ejus, sanávit eum. Dixit autem Jesus ad eos, qui vénerant ad se, príncipes sacerdótum et magistrátus templi et senióres: J. Quasi ad latrónem exístis cum gládiis et fústibus? Cum cotídie vobíscum fúerim in templo, non extendístis manus in me: sed hæc est hora vestra et potéstas tenebrárum. C. Comprehendéntes autem eum, duxérunt ad domum príncipis sacerdótum: Petrus vero sequebátur a longe. Accénso autem igne in médio átrii, et circumsedéntibus illis, erat Petrus in médio eórum. Quem cum vidísset ancílla quædam sedéntem ad lumen, et eum fuísset intúita, dixit: S. Et hic cum illo erat. C. At ille negávit eum, dicens: S. Múlier, non novi illum. C. Et post pusíllum álius videns eum, dixit: S. Et tu de illis es. C. Petrus vero ait: S. O homo, non sum. C. Et intervállo facto quasi horæ uníus, álius quidam affirmábat, dicens: S. Vere et hic cum illo erat: nam et Galilæus est. C. Et ait Petrus: S. Homo, néscio, quid dicis. C. Et contínuo adhuc illo loquénte cantávit gallus. Et convérsus Dóminus respéxit Petrum. Et recordátus est Petrus verbi Dómini, sicut díxerat: Quia priúsquam gallus cantet, ter me negábis. Et egréssus foras Petrus flevit amáre. Et viri, qui tenébant illum, illudébant ei, cædéntes. Et velavérunt eum et percutiébant fáciem ejus: et interrogábant eum, dicéntes: S. Prophetíza, quis est, qui te percússit? C. Et alia multa blasphemántes dicébant in eum. Et ut factus est dies, convenérunt senióres plebis et príncipes sacerdótum et scribæ, et duxérunt illum in concílium suum, dicentes: S. Si tu es Christus, dic nobis. C. Et ait illis: J. Si vobis díxero, non credétis mihi: si autem et interrogávero, non respondébitis mihi, neque dimittétis. Ex hoc autem erit Fílius hóminis sedens a dextris virtútis Dei. C. Dixérunt autem omnes: S. Tu ergo es Fílius Dei? C. Qui ait: J. Vos dicitis, quia ego sum. C. At illi dixérunt: S. Quid adhuc desiderámus testimónium? Ipsi enim audívimus de ore ejus. C. Et surgens omnis multitúdo eórum, duxérunt illum ad Pilátum. Cœpérunt autem illum accusáre, dicéntes: S. Hunc invénimus subverténtem gentem nostram, et prohibéntem tribúta dare Cæsari, et dicéntem se Christum regem esse. C. Pilátus autem interrogávit eum, dicens: S. Tu es Rex Judæórum? C. At ille respóndens, ait: J. Tu dicis. C. Ait autem Pilátus ad príncipes sacerdótum et turbas: S. Nihil invénio causæ in hoc hómine. C. At illi invalescébant, dicéntes: S. Cómmovet pópulum, docens per univérsam Judæam, incípiens a Galilæa usque huc. C. Pilátus autem áudiens Galilæam, interrogávit, si homo Galilæus esset. Et ut cognóvit, quod de Heródis potestáte esset, remísit eum ad Heródem, qui et ipse Jerosólymis erat illis diébus. Heródes autem, viso Jesu, gavísus est valde. Erat enim cúpiens ex multo témpore vidére eum, eo quod audíerat multa de eo, et sperábat signum áliquod vidére ab eo fíeri. Interrogábat autem eum multis sermónibus. At ipse nihil illi respondébat. Stabant autem príncipes sacerdótum et scribæ, constánter accusántes eum. Sprevit autem illum Heródes cum exércitu suo: et illúsit indútum veste alba, et remísit ad Pilátum. Et facti sunt amíci Heródes et Pilátus in ipsa die: nam ántea inimíci erant ad ínvicem. Pilátus autem, convocátis princípibus sacerdótum et magistrátibus et plebe, dixit ad illos: S. Obtulístis mihi hunc hóminem, quasi averténtem pópulum, et ecce, ego coram vobis intérrogans, nullam causam invéni in hómine isto ex his, in quibus eum accusátis. Sed neque Heródes: nam remísi vos ad illum, et ecce, nihil dignum morte actum est ei. Emendátum ergo illum dimíttam. C. Necésse autem habébat dimíttere eis per diem festum, unum. Exclamávit autem simul univérsa turba, dicens: S. Tolle hunc, et dimítte nobis Barábbam. C. Qui erat propter seditiónem quandam fáctam in civitáte et homicídium missus in cárcerem. Iterum autem Pilátus locútus est ad eos, volens dimíttere Jesum. At illi succlamábant, dicéntes: S. Crucifíge, crucifíge eum. C. Ille autem tértio dixit ad illos: S. Quid enim mali fecit iste? Nullam causam mortis invénio in eo: corrípiam ergo illum et dimíttam. C. At illi instábant vócibus magnis, postulántes, ut crucifigerétur. Et invalescébant voces eórum. Et Pilátus adjudicávit fíeri petitiónem eórum. Dimísit autem illis eum, qui propter homicídium et seditiónem missus fúerat in cárcerem, quem petébant: Jesum vero trádidit voluntáti eórum. Et cum dúcerent eum, apprehendérunt Simónem quendam Cyrenénsem, veniéntem de villa: et imposuérunt illi crucem portáre post Jesum. Sequebátur autem illum multa turba pópuli, et mulíerum, quæ plangébant et lamentabántur eum. Convérsus autem ad illas Jesus dixit: J. Filiæ Jerúsalem, nolíte flere super me, sed super vos ipsas flete et super fílios vestros. Quóniam ecce vénient dies, in quibus dicent: Beátæ stériles, et ventres, qui non genuérunt, et úbera, quæ non lactavérunt. Tunc incípient dícere móntibus: Cádite super nos; et cóllibus: Operíte nos. Quia si in víridi ligno hæc fáciunt, in árido quid fiet? C. Ducebántur autem et alii duo nequam cum eo, ut interficeréntur. Et postquam venérunt in locum, qui vocátur Calváriæ, ibi crucifixérunt eum: et latrónes, unum a dextris et álterum a sinístris. Jesus autem dicebat: J. Pater, dimítte illis: non enim sciunt, quid fáciunt. C. Dividéntes vero vestiménta ejus, misérunt sortes. Et stabat pópulus spectans, et deridébant eum príncipes cum eis, dicéntes: S. Alios salvos fecit: se salvum fáciat, si hic est Christus Dei electus. C. Illudébant autem ei et mílites accedéntes, et acétum offeréntes ei, et dicéntes: S. Si tu es Rex Judæórum, salvum te fac. C. Erat autem et superscríptio scripta super eum lítteris græcis et latínis et hebráicis: Hic est Rex Judæórum. Unus autem de his, qui pendébant, latrónibus, blasphemábat eum, dicens: S. Si tu es Christus, salvum fac temetípsum, et nos. C. Respóndens autem alter increpábat eum, dicens: S. Neque tu times Deum, quod in eadem damnatióne es. Et nos quidem juste, nam digna factis recípimus: hic vero nihil mali gessit. C. Et dicebat ad Jesum: S. Dómine, meménto mei, cum véneris in regnum tuum. C. Et dixit illi Jesus: J. Amen, dico tibi: Hódie mecum eris in paradíso. C. Erat autem fere hora sexta, et ténebræ factæ sunt in univérsam terram usque in horam nonam. Et obscurátus est sol: et velum templi scissum est médium. Et clamans voce magna Jesus, ait: J. Pater, in manus tuas comméndo spíritum meum. C. Et hæc dicens, exspirávit. (Hic genuflectitur, et pausatur aliquántulum) Videns autem centúrio quod factum fúerat, glorificávit Deum, dicens: S. Vere hic homo justus erat. C. Et omnis turba eórum, qui simul áderant ad spectáculum istud et vidébant, quæ fiébant, percutiéntes péctora sua revertebántur. Stabant autem omnes noti ejus a longe, et mulíeres, quæ secútæ eum erant a Galilǽa, hæc vidéntes. D. Jube, domne, benedicere. S. Dóminus sit in corde tuo et in lábiis tuis: ut digne et competénter annúnties Evangélium suum: In nómine Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti. Amen. Et ecce, vir nómine Joseph, qui erat decúrio, vir bonus et justus: hic non consénserat consílio et áctibus eórum, ab Arimathǽa civitáte Judǽæ, qui exspectábat et ipse regnum Dei. Hic accéssit ad Pilátum et pétiit corpus Jesu: et depósitum invólvit síndone, et pósuit eum in monuménto excíso, in quo nondum quisquam pósitus fúerat.
Se acercaba ya la fiesta de los ázimos, que es la que se llama Pascua, y los príncipes de los sacerdotes y los escribas andaban trazando el modo de dar la muerte a Jesús; mas temían al pueblo. Entretanto Satanás se apoderó de Judas, por sobrenombre Iscariote, uno de los doce. El cual se fue a tratar con los príncipes de los sacerdotes y con los prefectos la manera de ponerle en sus manos. Ellos se alegraron, y concertaron con él en cierta suma de dinero. Se obligó Judas, y buscaba oportunidad para entregarle sin tumulto. Llegó entretanto el día de los ázimos, en el cual era necesario sacrificar el cordero pascual. Jesús, pues, envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id a prepararnos lo necesario para celebrar la Pascua. Dijeron ellos: ¿Dónde quieres que lo dispongamos? Les respondió: Así que entrareis en la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre. Y dirás al padre de familia de ella: El Maestro te envía a decir: ¿Dónde está la pieza en que yo he de comer el cordero pascual con mis discípulos? Y él os enseñará, en lo alto de la casa, una sala grande bien aderezada; preparad allí lo necesario. Cuando se fueron, lo hallaron todo como les había dicho, y dispusieron la Pascua. Llegada la hora, se puso a la mesa con los doce apóstoles. Y les dijo: Ardientemente he deseado comer este cordero pascual con vosotros, antes de mi pasión. Porque yo os digo, que ya no lo comeré otra vez, hasta cuando tenga su cumplimiento en el reino de Dios. Y tomando el cáliz dio gracias a Dios, y dijo: Tomad, y distribuidlo entre vosotros; porque os aseguro que ya no beberé el zumo de la vid, hasta que llegue el reino de Dios. Después tomó el pan, dio gracias, lo partió, y se los dio, diciendo: Este es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Del mismo modo tomó el cáliz después que hubo cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se derramará por vosotros. Con todo, he aquí que la mano del que me hace traición está conmigo en la mesa. Verdad es que el Hijo del hombre, según está decretado, va a su camino; pero ¡ay de aquel hombre que le traicionará! Inmediatamente comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo hiciese. Se suscitó además entre los mismos una contienda sobre quién de ellos sería considerado el mayor. Mas Jesús le dijo: Los reyes de las naciones las tratan con imperio; y los que tienen autoridad sobre ellas, son llamados bienhechores. No habéis de ser así vosotros; antes bien el mayor de entre vosotros, pórtese como el menor; y el que tiene la precedencia, como sirviente. Porque, ¿quién es mayor, el que está comiendo a la mesa, o el que sirve? ¿No es claro que quien está a la mesa? No obstante, yo estoy en medio de vosotros como un sirviente. Vosotros sois los que constantemente habéis perseverado conmigo en mis tribulaciones. Por eso yo os preparo el reino celestial como mi padre me lo preparó a mí; para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Dijo también el Señor: Simón, Simón mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos, como el trigo: Mas yo he rogado por ti a fin de que tu fe no perezca; y tú, cuando te conviertas, confirma en ella a tus hermanos. Señor, respondió él, yo estoy pronto a ir contigo a la cárcel y aun a la muerte. Pero Jesús le replicó: Yo te digo, ¡oh Pedro!, que no cantará hoy el gallo, antes que tú niegues tres veces haberme conocido. Les dijo después: En aquel tiempo en que os envié sin bolsillo, sin alforja y sin zapatos, ¿por ventura os faltó alguna cosa? Nada, respondieron ellos. Pues ahora, prosiguió Jesús, el que tiene bolsillo, llévelo, y también alforja; y el que no tiene espada, venda su túnica, y cómprela. Porque yo os digo, que es necesario que se cumpla en mí todavía esto que está escrito: El ha sido contado entre los malhechores. Lo cual sucederá luego; pues las cosas que de mí fueron pronunciadas, están a punto de cumplirse. Ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Pero Jesús les respondió: Basta. Salió, pues, Jesús, y se fue según costumbre hacia el monte de los Olivos. Lo siguieron asimismo sus discípulos. Y llegado que fue allí les dijo: Orad para que no caigáis en tentación. Y apartándose de ellos como la distancia de un tiro de piedra, hincadas las rodillas hacía oración, diciendo: Padre mío, si es de tu agrado, aleja de mí este cáliz. No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esto se le apareció un ángel del cielo, confortándole. Y entrando en agonía, oraba con mayor intensión. Y le vino un sudor como de gotas de sangre, que chorreaba hasta el suelo. Y levantándose de la oración, y viniendo a sus discípulos, los halló dormidos por causa de la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué dormís?, levantaos, y orad, para no caer en tentación. Estando todavía con la palabra en la boca, sobrevino un tropel de gente, delante de la cual iba uno de los doce llamado Judas, que se arrimó a Jesús para besarle. Y Jesús le dijo: ¡Oh Judas!, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Viendo los que acompañaban a Jesús lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿heriremos con la espada? Y uno de ellos hirió a un criado del príncipe de los sacerdotes,y le cortó la oreja derecha. Pero Jesús, tomando la palabra, dijo luego: Dejadlo, no paséis adelante, y habiendo tocado la oreja del herido, le curó. Dijo después Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los prefectos del templo, y a los ancianos que venían contra él: ¿Habéis salido armados con espadas y garrotes como contra un ladrón? Aunque cada día estaba con vosotros en el templo, nunca me habéis echado la mano; mas ésta es la hora vuestra y el poder de las tinieblas. En seguida prendieron a Jesús, le condujeron a casa del sumo sacerdote; y Pedro le iba siguiendo a lo lejos. Encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos a la redonda estaba también Pedro entre ellos. Al cual, como una criada le viese sentado a la lumbre, fijando en él los ojos, dijo: También éste andaba con aquel. Mas Pedro lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. De allí a poco mirándole otro, dijo: Si, tú también eres de aquéllos. Mas Pedro le respondió: ¡Oh hombre!, no lo soy. Pasada como una hora, otro distinto aseguraba lo mismo, diciendo: No hay duda, éste estaba también con él porque es igualmente de Galilea. A lo que Pedro respondió: Hombre, yo no entiendo lo que dices. E inmediatamente, estando todavía él hablando, cantó el gallo. Y volviéndose el Señor, dio una mirada a Pedro. Y Pedro se acordó luego de la palabra que el Señor le había dicho: Antes que cante el gallo, tres veces me negarás. Y habiendo salido afuera lloró amargamente. Mientras tanto, los que tenían atado a Jesús, se mofaban de él, y le golpeaban. Y habiéndole vendado los ojos, le daban bofetones, y le preguntaban, diciendo: Adivina, ¿quién es el que te ha herido? Y repetían otros muchos insultos blasfemando contra él. Luego que fue de día, se congregaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y haciéndole comparecer en su concilio, le dijeron: Si tú eres el Cristo, o Mesías, dínoslo. Les respondió: Si os lo dijere, no me creeréis. Y si yo os hiciere alguna pregunta, no me responderéis, ni me dejaréis ir. Pero después de ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios. Dijeron entonces todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Les respondió él: Así es, que yo soy, como vosotros decís. Y replicaron ellos: ¿Qué necesitamos ya buscar otros testigos, cuando nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca? Y levantándose todo aquel congreso, le llevaron a Pilatos. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: A éste le hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y prohibiendo pagar los tributos a César, y diciendo que él es el Cristo o el ungido rey de Israel. Pilatos, pues, le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? A lo cual respondió Jesús: Así es como tú dices. Pilatos dijo a los príncipes de los sacerdotes y al pueblo: Yo no hallo delito alguno en este hombre. Pero ellos insistían más y más, diciendo: Tiene alborotado al pueblo con la doctrina que va sembrando por toda la Judea, desde la Galilea, donde comenzó, hasta aquí. Pilatos oyendo Galilea, preguntó si aquel hombre era galileo. Y cuando entendió que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió al mismo Herodes, que en aquellos días se hallaba también en Jerusalén. Herodes se alegró sobremanera de ver a Jesús; porque hacía mucho tiempo que deseaba verlo, por las muchas cosas que había oído de él, y con esta ocasión esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo, pues, muchas preguntas, pero él no le respondió palabra. Entretanto los príncipes de los sacerdotes y los escribas persistían obstinadamente en acusarle. Mas Herodes con todos los de su séquito le despreció; y para burlarse de él, le hizo vestir de una ropa blanca, y le volvió a enviar a Pilatos. Con lo cual se hicieron amigos aquel mismo día Herodes y Pilatos, que antes estaban entre sí enemistados. Habiendo, pues, Pilatos, convocado a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo: Vosotros me habéis presentado este hombre como alborotador del pueblo, y he aquí que habiéndole yo interrogado en presencia vuestra, ningún delito he hallado en él, de los que le acusáis. Pero tampoco Herodes; puesto que lo remití a él, y por el hecho se ve que no le juzgó digno de muerte. Por tanto, después de castigado le dejaré libre. Tenía Pilatos que dar libertad a un reo cuando llegaba la celebridad de la fiesta de la Pascua. Y todo el pueblo a una voz clamó, diciendo: Quítale a éste la vida, y suéltanos a Barrabás, el cual por una sedición levantada en la ciudad y por un homicidio, había sido puesto en la cárcel. Les habló nuevamente Pilatos, con deseo de libertar a Jesús. Pero ellos se pusieron a gritar, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! El, no obstante, por tercera vez les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho éste? Yo no hallo en él delito alguno de muerte; así que, después de castigarle, le daré por libre. Mas ellos insistían con grandes clamores pidiendo que fuese crucificado, y se aumentaba la gritería. Al fin Pilatos se resolvió a otorgar su demanda. En consecuencia dio libertad, como ellos pedían, al que por causa de homicidio y sedición había sido encarcelado; y a Jesús le abandonó al arbitrio de ellos. Al conducirle al suplicio echaron mano de un tal Simón, natural de Cirene, que venía de una granja, y le cargaron la cruz para que la llevara en pos de Jesús. Seguíale gran muchedumbre de hombres y de mujeres, las cuales se deshacían en llantos. Pero Jesús vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque presto vendrán días en que se diga: Dichosas las estériles, y dichosos los vientres que no concibieron, y los pechos que no dieron de mamar. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Sepultadnos. Pues si al árbol verde le tratan de esta manera, ¿en el seco qué se hará? Eran también conducidos con Jesús a la muerte dos facinerosos. Llegados que fueron al lugar llamado Calvario, allí le crucificaron; y con él a los ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Entretanto Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. Y ellos poniéndose a repartir entre sí sus vestidos, los sortearon. El pueblo lo estaba mirando todo, y a una con él los principales hacían burla de Jesús diciendo: A otros ha salvado, sálvese, pues, a sí mismo, si él es el Cristo, o Mesías, el escogido de Dios. Lo insultaban no menos los soldados, los cuales se arrimaban a él, y presentándole vinagre, le decían: Si tú eres el rey de los judíos, ponte a salvo. Estaba colocado sobre la cabeza de Jesús un letrero escrito en griego, en latín y en hebreo, que decía: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. Y uno de los ladrones que estaban crucificados, blasfemaba contra Jesús, diciendo: Si tú eres el Cristo, o Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros. Mas el otro le reprendía, diciendo: ¿Cómo, ni aun tú temes a Dios, estando como estás en el mismo suplicio? Y nosotros a la verdad estamos en él justamente, pues pagamos la pena merecida por nuestros delitos; pero éste ningún mal ha hecho. Decía después a Jesús: Señor, acuérdate de mí, cuando hayas llegado a tu reino. Y Jesús le dijo: En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. Era ya casi el mediodía, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde. El sol se oscureció; y el velo del templo se rasgó por medio. Entonces Jesús clamando con una voz muy grande, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, expiró. Así que vio el centurión lo que acababa de suceder, glorificó a Dios diciendo: Verdaderamente era éste un hombre justo. Y todo aquel gentío que se hallaba presente a este espectáculo, considerando lo que había pasado, se volvía dándose golpes de pecho. Estaban al mismo tiempo todos los conocidos de Jesús y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, observando de lejos estas cosas. Entonces se dejó ver un senador llamado José, varón virtuoso y justo oriundo de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual no había consentido en el designio de los otros ni en lo que habían ejecutado; antes bien era de aquellos que esperaban también el reino de Dios. Este, pues, se presentó a Pilatos, y le pidió el cuerpo de Jesús. Y habiéndolo descolgado de la cruz lo envolvió en una sábana, y lo colocó en un sepulcro abierto en peña viva, en donde ninguno hasta entonces había sido sepultado. [Torres Amat]
Terminado el Evangelio, el ministro responde: «Laus tibi, Christe» (Alabanza a ti, Cristo), y el sacerdote besa el libro diciendo: «Por las palabras del Evangelio se borren nuestros pecados».
Credo
Símbolo niceno-constantinopolitano. Se dice los domingos y en las fiestas principales.
Credo in unum Deum, Patrem omnipoténtem, factórem cæli et terræ, visibílium ómnium et invisibílium. Et in unum Dóminum Jesum Christum, Fílium Dei unigénitum. Et ex Patre natum ante ómnia sǽcula. Deum de Deo, Lumen de Lúmine, Deum verum de Deo vero. Génitum, non factum, consubstantiálem Patri: per quem ómnia facta sunt. Qui propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de cælis. (Hic genuflectitur) Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine: Et homo factus est. Crucifíxus étiam pro nobis: sub Póntio Piláto passus, et sepúltus est. Et resurréxit tértia die, secúndum Scriptúras. Et ascéndit in cælum: sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória judicáre vivos et mórtuos: cujus regni non erit finis. Et in Spíritum Sanctum, Dóminum et vivificántem: qui ex Patre Filióque procédit. Qui cum Patre et Fílio simul adorátur et conglorificátur: qui locútus est per Prophétas. Et unam sanctam cathólicam et apostólicam Ecclésiam. Confíteor unum baptísma in remissiónem peccatórum. Et exspécto resurrectiónem mortuórum. Et vitam ventúri sǽculi. Amen.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no creado, consustancial al Padre: por quien todo fue hecho. Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos. (Aquí se arrodilla) Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen: y se hizo hombre. Y por nosotros fue también crucificado: bajo el poder de Poncio Pilato padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Y subió al cielo: está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo ha de venir con gloria a juzgar a vivos y muertos: y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida: que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado: que habló por los Profetas. Y en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo venidero. Amén.
Ofertorio
Ofertorio (Ps. 101, 2-3)
Dómine, exáudi oratiónem meam, et clamor meus ad te pervéniat: ne avértas fáciem tuam a me.
Escucha, ¡oh Señor!, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores. No apartes de mí tu rostro, en cualquier ocasión en que me halle atribulado dígnate oírme. Acude luego a mí, siempre que te invocare; [Torres Amat]
El sacerdote ofrece la hostia:
Súscipe, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi, et illis profíciat ad salútem in vitam ætérnam. Amen.
Recibe, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los presentes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos: para que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y la vida eterna. Amén.
Echa vino y una gota de agua en el cáliz, bendiciendo el agua:
Deus, ✠ qui humánæ substántiæ dignitátem mirabíliter condidísti, et mirabílius reformásti: da nobis per hujus aquæ et vini mystérium, ejus divinitátis esse consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps, Jesus Christus, Fílius tuus, Dóminus noster: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, ✠ que admirablemente creaste la dignidad de la naturaleza humana, y más admirablemente la restauraste: concédenos, por el misterio de esta agua y de este vino, ser partícipes de la divinidad de Aquel que se dignó hacerse partícipe de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor: que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Ofrece el cáliz:
Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecántes cleméntiam: ut in conspéctu divínæ majestátis tuæ, pro nostra et totíus mundi salúte, cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.
Te ofrecemos, Señor, el cáliz de la salvación, implorando tu clemencia: para que suba como olor de suavidad ante tu divina majestad, por nuestra salvación y la del mundo entero. Amén.
In spíritu humilitátis et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus.
Con espíritu de humildad y con ánimo contrito, seamos recibidos por ti, Señor: y de tal modo se realice hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que te sea agradable, Señor Dios.
Veni, sanctificátor omnípotens ætérne Deus: et béne ✠ dic hoc sacrifícium, tuo sancto nómini præparátum.
Ven, santificador, Dios todopoderoso y eterno: y bendice ✠ este sacrificio, preparado para tu santo nombre.
Lavándose las manos (Salmo 25):
Lavábo inter innocéntes manus meas: et circúmdabo altáre tuum, Dómine: ut áudiam vocem laudis, et enárrem univérsa mirabília tua. Dómine, diléxi decórem domus tuæ et locum habitatiónis glóriæ tuæ. Ne perdas cum ímpiis, Deus, ánimam meam, et cum viris sánguinum vitam meam: in quorum mánibus iniquitátes sunt: déxtera eórum repléta est munéribus. Ego autem in innocéntia mea ingréssus sum: rédime me et miserére mei. Pes meus stetit in dirécto: in ecclésiis benedícam te, Dómine. Glória Patri…
Lavaré mis manos entre los inocentes: y rodearé tu altar, Señor: para oír la voz de tu alabanza, y contar todas tus maravillas. Señor, he amado la hermosura de tu casa y el lugar donde habita tu gloria. No pierdas, oh Dios, mi alma con los impíos, ni mi vida con los hombres sanguinarios: en cuyas manos hay iniquidades, y su diestra está llena de sobornos. Mas yo he caminado en mi inocencia: redímeme y ten piedad de mí. Mi pie ha permanecido en el camino recto: en las asambleas te bendeciré, Señor. Gloria al Padre…
Súscipe, sancta Trínitas, hanc oblatiónem, quam tibi offérimus ob memóriam passiónis, resurrectiónis, et ascensiónis Jesu Christi, Dómini nostri: et in honórem beátæ Maríæ semper Vírginis, et beáti Joannis Baptistæ, et sanctórum Apostolórum Petri et Pauli, et istórum et ómnium Sanctórum: ut illis profíciat ad honórem, nobis autem ad salútem: et illi pro nobis intercédere dignéntur in cælis, quorum memóriam ágimus in terris. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Recibe, santísima Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la pasión, resurrección y ascensión de Jesucristo, nuestro Señor: y en honor de la bienaventurada siempre Virgen María, del bienaventurado san Juan Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, de estos y de todos los Santos: para que a ellos les aproveche para su honor y a nosotros para nuestra salvación: y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos cuya memoria celebramos en la tierra. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Vuelto al pueblo, el sacerdote dice:
Oráte, fratres: ut meum ac vestrum sacrifícium acceptábile fiat apud Deum Patrem omnipoténtem.
℟. Suscípiat Dóminus sacrifícium de mánibus tuis ad laudem et glóriam nóminis sui, ad utilitátem quoque nostram, totiúsque Ecclésiæ suæ sanctæ.
Orad, hermanos: para que mi sacrificio, que es también el vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso.
℟. Reciba el Señor de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, y también para provecho nuestro y de toda su santa Iglesia.
Secreta
Súscipe, quǽsumus, Dómine, munus oblátum, et dignánter operáre: ut, quod passiónis Fílii tui, Dómini nostri, mystério gérimus, piis afféctibus consequámur.
Recibid, os rogamos, Señor, el don ofrecido y obrad dignamente, para que lo que celebramos en el misterio de la pasión de vuestro Hijo, nuestro Señor, lo alcancemos con piadosos afectos.
Prefacio
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Sursum corda.
℟. Habémus ad Dóminum.
℣. Grátias agámus Dómino, Deo nostro.
℟. Dignum et justum est.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, Dios nuestro.
℟. Es digno y justo.
El Prefacio propio del tiempo o de la fiesta.
Concluido el Prefacio:
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cæli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
Canon de la Misa
El Canon, invariable, se reza en secreto. Es el corazón del sacrificio.
Te ígitur, clementíssime Pater, per Jesum Christum, Fílium tuum, Dóminum nostrum, súpplices rogámus ac pétimus, uti accépta hábeas et benedícas hæc ✠ dona, hæc ✠ múnera, hæc ✠ sancta sacrifícia illibáta, in primis quæ tibi offérimus pro Ecclésia tua sancta cathólica: quam pacificáre, custodíre, adunáre et régere dignéris toto orbe terrárum: una cum fámulo tuo Papa nostro N. et Antístite nostro N. et ómnibus orthodóxis atque cathólicæ et apostólicæ fídei cultóribus.
A ti, pues, clementísimo Padre, por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor, humildemente rogamos y pedimos que aceptes y bendigas estos ✠ dones, estos ✠ presentes, estos ✠ santos sacrificios inmaculados, que ante todo te ofrecemos por tu santa Iglesia católica: dígnate darle la paz, protegerla, unirla y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo nuestro Papa N., nuestro Obispo N., y todos los que, fieles a la recta doctrina, guardan la fe católica y apostólica.
Memento de los vivos:
Meménto, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N. et ómnium circumstántium, quorum tibi fides cógnita est et nota devótio, pro quibus tibi offérimus: vel qui tibi ófferunt hoc sacrifícium laudis, pro se suísque ómnibus: pro redemptióne animárum suárum, pro spe salútis et incolumitátis suæ: tibíque reddunt vota sua ætérno Deo, vivo et vero.
Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., y de todos los presentes, cuya fe y devoción te son conocidas, por quienes te ofrecemos, o que te ofrecen, este sacrificio de alabanza por sí y por todos los suyos: por la redención de sus almas, por la esperanza de su salvación y de su seguridad, y te tributan sus homenajes a ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
Communicantes (con variaciones propias en las grandes fiestas):
Communicántes, et memóriam venerántes, in primis gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis Dei et Dómini nostri Jesu Christi: sed et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuórum, Petri et Pauli, Andréæ, Jacóbi, Joánnis, Thomæ, Jacóbi, Philíppi, Bartholomǽi, Matthǽi, Simónis et Thaddǽi: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Joánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Unidos en comunión y venerando la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo; y también de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos: por cuyos méritos y ruegos concédenos que en todo seamos defendidos con el auxilio de tu protección. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Hanc ígitur oblatiónem servitútis nostræ, sed et cunctæ famíliæ tuæ, quǽsumus, Dómine, ut placátus accípias: diésque nostros in tua pace dispónas, atque ab ætérna damnatióne nos éripi, et in electórum tuórum júbeas grege numerári. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Te rogamos, Señor, que aceptes aplacado esta ofrenda de nosotros, tus siervos, y de toda tu familia: dispón en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y manda que seamos contados en el número de tus elegidos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Quam oblatiónem tu, Deus, in ómnibus, quǽsumus, bene ✠ díctam, adscríp ✠ tam, ra ✠ tam, rationábilem acceptabilémque fácere dignéris: ut nobis Cor ✠ pus et San ✠ guis fiat dilectíssimi Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi.
Dígnate, oh Dios, hacer que esta ofrenda sea en todo bendita ✠, aprobada ✠, ratificada ✠, razonable y aceptable: para que se convierta para nosotros en el Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Qui prídie quam paterétur, accépit panem in sanctas ac venerábiles manus suas, et elevátis óculis in cælum ad te Deum, Patrem suum omnipoténtem, tibi grátias agens, bene ✠ díxit, fregit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et manducáte ex hoc omnes:
El cual, la víspera de su pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dándote gracias, lo bendijo ✠, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed todos de él:
HOC EST ENIM CORPUS MEUM.
PORQUE ESTO ES MI CUERPO.
Símili modo postquam cenátum est, accípiens et hunc præclárum Cálicem in sanctas ac venerábiles manus suas: item tibi grátias agens, bene ✠ díxit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et bíbite ex eo omnes:
Del mismo modo, acabada la cena, tomando también este glorioso cáliz en sus santas y venerables manos, dándote de nuevo gracias, lo bendijo ✠ y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él:
HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI, NOVI ET ÆTERNI TESTAMENTI: MYSTERIUM FIDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM.
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DE LA NUEVA Y ETERNA ALIANZA: MISTERIO DE FE: QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA PARA REMISIÓN DE LOS PECADOS.
Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis.
Cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria mía.
Unde et mémores, Dómine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, ejúsdem Christi Fílii tui, Dómini nostri, tam beátæ passiónis, nec non et ab ínferis resurrectiónis, sed et in cælos gloriósæ ascensiónis: offérimus præcláræ majestáti tuæ de tuis donis ac datis, Hóstiam ✠ puram, Hóstiam ✠ sanctam, Hóstiam ✠ immaculátam, Panem ✠ sanctum vitæ ætérnæ, et Cálicem ✠ salútis perpétuæ.
Por lo cual, Señor, nosotros, tus siervos, y también tu pueblo santo, recordando la bienaventurada pasión del mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, su resurrección de entre los muertos y su gloriosa ascensión a los cielos, ofrecemos a tu excelsa majestad, de tus dones y dádivas, la Hostia ✠ pura, la Hostia ✠ santa, la Hostia ✠ inmaculada, el Pan ✠ santo de la vida eterna y el Cáliz ✠ de la salvación perpetua.
Supra quæ propítio ac seréno vultu respícere dignéris: et accépta habére, sícuti accépta habére dignátus es múnera púeri tui justi Abel, et sacrifícium Patriárchæ nostri Abrahæ: et quod tibi óbtulit summus sacérdos tuus Melchísedech, sanctum sacrifícium, immaculátam hóstiam.
Dígnate mirar estas ofrendas con rostro propicio y sereno, y aceptarlas como te dignaste aceptar los dones de tu siervo el justo Abel, y el sacrificio de nuestro patriarca Abraham, y el que te ofreció tu sumo sacerdote Melquisedec, sacrificio santo, hostia inmaculada.
Súpplices te rogámus, omnípotens Deus: jube hæc perférri per manus sancti Angeli tui in sublíme altáre tuum, in conspéctu divínæ majestátis tuæ: ut, quotquot ex hac altáris participatióne sacrosánctum Fílii tui Cor ✠ pus et Sán ✠ guinem sumpsérimus, omni benedictióne cælésti et grátia repleámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Humildemente te rogamos, Dios todopoderoso, que mandes llevar estas ofrendas por manos de tu santo Ángel a tu sublime altar, ante la presencia de tu divina majestad: para que cuantos, participando de este altar, recibiéremos el sacrosanto Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu Hijo, seamos colmados de toda bendición celestial y de gracia. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Memento de los difuntos:
Meménto étiam, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N., qui nos præcessérunt cum signo fídei, et dórmiunt in somno pacis. Ipsis, Dómine, et ómnibus in Christo quiescéntibus, locum refrigérii, lucis et pacis, ut indúlgeas, deprecámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., que nos precedieron con la señal de la fe y duermen el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a todos los que descansan en Cristo, te rogamos que les concedas el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Nobis quoque peccatóribus fámulis tuis, de multitúdine miseratiónum tuárum sperántibus, partem áliquam et societátem donáre dignéris, cum tuis sanctis Apóstolis et Martýribus: cum Joánne, Stéphano, Matthía, Bárnaba, Ignátio, Alexándro, Marcellíno, Petro, Felicitáte, Perpétua, Agatha, Lúcia, Agnéte, Cæcília, Anastásia, et ómnibus Sanctis tuis: intra quorum nos consórtium, non æstimátor mériti, sed véniæ, quǽsumus, largítor admítte. Per Christum, Dóminum nostrum.
También a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en la multitud de tus misericordias, dígnate concedernos alguna parte y compañía con tus santos Apóstoles y Mártires: con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos tus Santos: en cuya compañía te rogamos nos admitas, no pesando nuestros méritos, sino concediéndonos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Per quem hæc ómnia, Dómine, semper bona creas, sanctí ✠ ficas, viví ✠ ficas, bene ✠ dícis et præstas nobis.
Por quien, Señor, sigues creando todos estos bienes, los santi ✠ ficas, los vivi ✠ ficas, los bendi ✠ ces y nos los das.
Per Ip ✠ sum, et cum Ip ✠ so, et in Ip ✠ so, est tibi Deo Patri ✠ omnipoténti, in unitáte Spíritus ✠ Sancti, omnis honor et glória.
Por Él ✠, y con Él ✠, y en Él ✠, a ti, Dios Padre ✠ todopoderoso, en la unidad del Espíritu ✠ Santo, todo honor y toda gloria.
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Comunión
Orémus. Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Pater noster, qui es in cælis: sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo. Amen.
Oremos. Amonestados por saludables preceptos, y formados por la divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea tu nombre: venga a nosotros tu reino: hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy: y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal. Amén.
Líbera nos, quǽsumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus et futúris: et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genetríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, da propítius pacem in diébus nostris: ut, ope misericórdiæ tuæ adjúti, et a peccáto simus semper líberi et ab omni perturbatióne secúri. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus. Per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Líbranos, te rogamos, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros: y, por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, con tus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días: para que, ayudados por el auxilio de tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y seguros de toda perturbación. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. Por todos los siglos de los siglos. Amén.
℣. Pax Dómini sit semper vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. La paz del Señor sea siempre con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Hæc commíxtio et consecrátio Córporis et Sánguinis Dómini nostri Jesu Christi fiat accipiéntibus nobis in vitam ætérnam. Amen.
Esta mezcla y consagración del Cuerpo y de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo nos aproveche, al recibirla, para la vida eterna. Amén.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: danos la paz.
Dómine Jesu Christe, qui dixísti Apóstolis tuis: Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: ne respícias peccáta mea, sed fidem Ecclésiæ tuæ; eámque secúndum voluntátem tuam pacificáre et coadunáre dignéris: Qui vivis et regnas Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: La paz os dejo, mi paz os doy: no mires mis pecados, sino la fe de tu Iglesia, y dígnate darle la paz y unirla según tu voluntad: Tú que vives y reinas, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Dómine Jesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntáte Patris, cooperánte Spíritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificásti: líbera me per hoc sacrosánctum Corpus et Sánguinem tuum ab ómnibus iniquitátibus meis et univérsis malis: et fac me tuis semper inhærére mandátis, et a te numquam separári permíttas: Qui cum eódem Deo Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas Deus in sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, con la cooperación del Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo: líbrame por este tu sacrosanto Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los males: y haz que cumpla siempre tus mandamientos, y no permitas que jamás me aparte de ti: Tú que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Percéptio Córporis tui, Dómine Jesu Christe, quod ego indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in judícium et condemnatiónem: sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
La recepción de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo, indigno, me atrevo a recibir, no se me convierta en juicio y condenación: sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa del alma y del cuerpo, y como remedio saludable: Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Panem cæléstem accípiam, et nomen Dómini invocábo.
Tomaré el Pan celestial e invocaré el nombre del Señor.
Dómine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. (ter)
Señor, no soy digno de que entres en mi morada: pero di una sola palabra y mi alma quedará sana. (tres veces)
Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Quid retríbuam Dómino pro ómnibus quæ retríbuit mihi? Cálicem salutáris accípiam, et nomen Dómini invocábo. Laudans invocábo Dóminum, et ab inimícis meis salvus ero.
¿Qué daré al Señor por todo lo que me ha dado? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor. Alabándole invocaré al Señor, y quedaré a salvo de mis enemigos.
Sanguis Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Después de la comunión de los fieles y las abluciones:
Quod ore súmpsimus, Dómine, pura mente capiámus: et de múnere temporáli fiat nobis remédium sempitérnum.
Lo que hemos tomado con la boca, Señor, recibámoslo con alma pura: y de este don temporal hágasenos remedio sempiterno.
Corpus tuum, Dómine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potávi, adhǽreat viscéribus meis: et præsta; ut in me non remáneat scélerum mácula, quem pura et sancta refecérunt sacraménta: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
Tu Cuerpo, Señor, que he recibido, y tu Sangre, que he bebido, se adhieran a mis entrañas: y concede que no quede en mí mancha de pecado, a quien alimentaron estos puros y santos sacramentos: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Comunión
Potum meum cum fletu temperábam: quia élevans allisísti me: et ego sicut fænum árui: tu autem, Dómine, in ætérnum pérmanes: tu exsúrgens miseréberis Sion, quia venit tempus miseréndi ejus.
Traducción en preparación.
Poscomunión
Largíre sénsibus nostris, omnípotens Deus: ut, per temporálem Fílii tui mortem, quam mystéria veneránda testántur, vitam te nobis dedísse perpétuam confidámus.
Otorgad a nuestros sentidos, Dios omnipotente, que confiemos en que, por la muerte temporal de vuestro Hijo, que atestiguan estos venerandos misterios, nos habéis dado la vida perpetua.
Conclusión
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Ite, Missa est.
℟. Deo grátias.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Idos, la Misa ha terminado.
℟. Demos gracias a Dios.
En los tiempos de penitencia se dice «Benedicámus Dómino» en lugar de «Ite, Missa est»; en las Misas de difuntos, «Requiéscant in pace. Amen».
Pláceat tibi, sancta Trínitas, obséquium servitútis meæ: et præsta; ut sacrifícium, quod óculis tuæ majestátis indígnus óbtuli, tibi sit acceptábile, mihíque et ómnibus, pro quibus illud óbtuli, sit, te miseránte, propitiábile. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Séate agradable, oh santísima Trinidad, el homenaje de mi servidumbre: y concede que el sacrificio que yo, indigno, he ofrecido ante los ojos de tu majestad te sea aceptable, y que a mí y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido nos sea, por tu misericordia, propiciatorio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ✠ et Spíritus Sanctus.
℟. Amen.
Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, e Hijo, ✠ y Espíritu Santo.
℟. Amén.
Último Evangelio
Comienzo del santo Evangelio según san Juan (Jn 1, 1-14):
In princípio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in princípio apud Deum. Omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso factum est nihil, quod factum est: in ipso vita erat, et vita erat lux hóminum: et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joánnes. Hic venit in testimónium, ut testimónium perhibéret de lúmine, ut omnes créderent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de lúmine. Erat lux vera, quæ illúminat omnem hóminem veniéntem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognóvit. In própria venit, et sui eum non recepérunt. Quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem fílios Dei fíeri, his, qui credunt in nómine ejus: qui non ex sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt. (Hic genuflectitur) Et Verbum caro factum est, et habitávit in nobis: et vídimus glóriam ejus, glóriam quasi Unigéniti a Patre, plenum grátiæ et veritátis.
En el principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Por él fueron hechas todas las cosas; y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz. El Verbo era la luz verdadera, que cuanto es de sí alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue por él hecho, y con todo el mundo no le conoció. Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Los cuales no nacen de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios. (Aquí se arrodilla) Y el Verbo se hizo carne; y habitó en medio de nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria que el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Oraciones leoninas
Oraciones mandadas rezar de rodillas tras las Misas rezadas (León XIII).
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum, benedícta tu in muliéribus et benedíctus fructus ventris tui, Jesus.
℟. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (tres veces)
Dios te salve, María, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.
℟. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (tres veces)
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrymárum valle. Eia ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exílium, osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Mária.
Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
℣. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
℣. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Orémus. Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa, et immaculáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, ejus Sponso, ac beatis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, mira propicio al pueblo que clama a Ti: y, por la intercesión de la gloriosa e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y del Bienaventurado San José, su esposo, y de tus Santos apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los santos, escucha misericordioso y benigno las preces que te dirigimos por la conversión de los pecadores y por la libertad y exaltación de nuestra Santa Madre la Iglesia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in prǽlio; contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus, súpplices deprecámur: tuque, Princeps milítiæ Cæléstis, sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte in inférnum detrúde. Amen.
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímalo, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de las milicias celestiales, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Cor Jesu sacratíssimum.
℟. Miserére nobis. (tres veces)
Corazón Sacratísimo de Jesús,
℟. !En las Misas de Difuntos, dice dos veces, en lugar de «Ten piedad de nosotros», «Dales la paz», y después «Dales descanso eterno»: (tres veces)