León XIV amenaza a la FSSPX: el fariseo pide «comunión» con su secta

El sucesor de Bergoglio amenaza con la excomunión a los que consagren obispos sin su mandato, mientras él mismo preside la apostasía conciliar.

El llamado «Papa León XIV», Robert Prevost, lanzó el 16 de junio de 2026 una advertencia pública a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ante la inminente consagración episcopal de cuatro sacerdotes prevista para el 1 de julio, todo ello sin mandato pontificio. Las declaraciones se produjeron en una rueda de prensa informal a las puertas de la Villa Barberini de Castel Gandolfo, y han reavivado el debate en en la «iglesia» conciliar entre su ala conservadora (en realidad progresista) y el ala ultraprogresista.

Prevost declaro textualmente: «Hemos invitado a la FSSPX y todavía estoy considerando hacer otro llamamiento: ‘No hagáis esto, intentemos vivir la comunión de la Iglesia.’ Pero es su elección. Deben comprender lo que significa para ellos y para la Iglesia. Ciertamente, la división entre los cristianos es siempre un asunto doloroso, pero ellos rechazan aceptar ciertos elementos fundamentales de la Iglesia, comenzando por varios puntos del Concilio Vaticano II». La frase final lo dice todo: el problema, a ojos de Roma, no es el abandono de la Fe perenne, sino el rechazo al veneno conciliar. El que niega el Magisterio de veinte siglos acusa al otro de no tragar el brebaje de un conciliábulo anticatólico.

Y es que lo escandaloso del hecho a ojos de los miembros de la «iglesia» conciliar es demasiado evidente incluso para los más fieles a Prevost. En una iglesia en la que todo vale, blasfemias y herejías de cualquier pelaje, en que se da jabón a cualquier religión, y se admites obispos impuestos por el partido comunista chino, y se recibe con honores a la papisa anglicana o de cualquier secta protestante… En una secta que no se excomulga a nadie, se amenaza a la fraternidad por hacer lo mismo que se admite hace el partido comunista chino. Y es que el problema real es que la fraternidad tiene una apariencia demasiado católica a ojos de la jerarquía de la secta.

El fariseísmo y la hipocresía de esta medida hacen hervir la sangre de cualquier católico decente. Pero lo malo es que no podemos aplaudir a la otra parte: la FSSPX, a la vez que desobedece a Prevost, le llama «Santo Padre», con lo cual no sólo comparte la apostasía de la secta, sino que además enseña el cisma como método —aunque lo llame «resistir»—. Pero al fin y al cabo ésa es su tarea histórica: mantener a los que intentan seguir siendo católicos unidos a la secta apóstata y a su «Santo Padre». La FSSPX es parte de la impostura del Vaticano II. Pero el problema es que últimamente se le había puesto a la Fraternidad una apariencia demasiado próxima al resto de la secta vaticana. Y esta excomuniones le van a venir bien a la hora de captar nuevos miembros, y sin duda crecerá en numero de fieles y, sobre todo, se asegura que esos fieles no van a romper con la Roma apostata y su «Santo Padre»

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