El caso del cura de Villanueva del Río y Minas revela tanto la manipulación mediática de la izquierda mundialista como la incoherencia doctrinal de quien aplica la moral católica bajo el paraguas del bergoglismo.
Un párroco de Villanueva del Río y Minas (Sevilla) negó la comunión a un hombre casado con otro hombre tras la Misa de Romeros del 30 de mayo. La televisión pública y sus satélites mediáticos llevaron días construyendo un relato de pueblo entero indignado. El problema es que el pueblo tiene más de cinco mil almas censadas y nadie ha contado cuántas se presentaron a protestar.
El municipio sevillano cuenta con 5.033 habitantes según el padrón municipal del INE a 1 de enero de 2024 —5.432 si se suman sus tres núcleos de población, según el propio Ayuntamiento—. Pues bien, medios como Pravda España —publicación de orientación marcadamente pro-rusa y ajena a cualquier escrúpulo periodístico— titularon que «los vecinos de Villanueva del Río y Minas se manifiestan» contra el párroco. Ninguna fuente consultada ofrece el número concreto de asistentes a esa supuesta concentración. Cero. Nadie contó cabezas. El plural genérico «los vecinos» hizo el trabajo sucio: convertir un puñado de activistas en la voz unánime de una comunidad entera. Eso tiene un nombre: manipulación informativa. Y que la derechita mundialista que gestiona los medios públicos replique este tipo de titulares sin rechistar dice todo sobre a quién sirven.
El incidente en sí es claro desde la perspectiva de la moral católica perenne: el sacerdote Manuel C. comunicó al vecino José Antonio Hurtado Rubio que no volvería a administrarle la sagrada comunión por estar sacramentalmente casado con otro varón. El Catechismus y dos milenios de Tradición son diáfanos al respecto. Que la prensa presente esto como escándalo —y no como deber pastoral elemental— ilustra hasta qué punto el relativismo moral ha colonizado el espacio público.
Sin embargo, y aquí conviene no caer en el triunfalismo fácil, surge una pregunta que no puede esquivarse: ¿qué coherencia doctrinal tiene un sacerdote que aplica la moral católica de manera selectiva mientras reconoce a Robert Prevost como Romano Pontífice y acepta al cardenal Tucho Fernández —arquitecto del Fiducia Supplicans, que bendice uniones sodomitas— como Prefecto de la Fe? Un hombre que niega la comunión con la mano derecha y con la izquierda da por legítima la autoridad de quienes han promulgado exactamente lo contrario vive, en el mejor de los casos, una fe esquizofrénica. La coherencia no se puede fragmentar: o se acepta la Roma de siempre o se acepta la secta del Vaticano II. Tertium non datur.
Que este episodio sirva de examen de conciencia: para los medios que mienten con titulares maximalistas, para los fieles que aplauden medias verdades y para los sacerdotes que aplican fragmentos de catecismo mientras sostienen con sus manos una estructura que los contradice. Domine, da nobis rectam fidem.
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