Posiciones

– Somos católicos. Eso significa que defendemos el depósito de
la fe, establecido por la enseñanza del Señor y transmitido
por los apóstoles.

– Creemos que ese depósito de la fe ha sido transmitido siglo
a siglo, infaliblemente, por la Iglesia.

– Si alguien enseña algo contrario a lo que la Iglesia ha
enseñado a lo largo de los siglos, desde el principio, es
hereje y está fuera de la Iglesia.

– Creemos que el conciliábulo Vaticano II, con sus enseñanzas,
contradijo la inmensa mayoría de las verdades que la Iglesia
enseñó a lo largo de dos milenios.

– Fundamentalmente, el apóstata Vaticano II enseñó que uno se
puede salvar no solo fuera de la Iglesia y sin Cristo, sino
incluso negando directamente a Cristo, como hacen judíos y
musulmanes.

– Esa enseñanza hace del Vaticano II el acto fundacional de
una secta no solo distinta, sino contraria a la Iglesia
católica, de modo que con justicia se le puede atribuir el
carácter de Iglesia del Anticristo.

– Lo que hace todo esto realmente terrible —la mayor
catástrofe de la humanidad desde el pecado de nuestros
primeros padres— es que esa secta se ha hecho pasar por la
Iglesia católica, y la inmensa mayoría de los bautizados ha
creído y seguido esa impostura de perdición.

– Nuestro rechazo se extiende no solo a la secta misma, sino
también a quienes, criticando sus excesos, pretenden hacernos
creer que sigue siendo la Iglesia católica. Esto se aplica
tanto a los grupos de «Reconocer y Resistir» como a los
seguidores de la tesis de Cassiciacum y similares.

– Reconocer la sede vacante es necesario, y cualquiera que no
la reconozca está fuera de la Iglesia verdadera. Pero incluso
entre quienes la reconocen, muchos creen que —aun con un falso
papa— la secta surgida del Vaticano II sigue siendo la
Iglesia católica. También estos son ciegos que guían a otros
ciegos. Y los guían a la perdición eterna.