martes, 20 de octubre de 2026 ✠ San Juan Cancio, Confesor

Asís: Pío XI lo prohibió; Prevost lo hace magisterio

El prefecto de Prevost lo declara enseñanza ordinaria y llama «cismáticos» a quienes lo rechazaron

El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, lo dijo sin rodeos el 7 de octubre en la Pontificia Universidad Antonianum de Roma. Desde la encíclica de Prevost, el encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986 «entra en la enseñanza ordinaria del Magisterio»: «ya no es solo un acontecimiento que recordar: es un criterio a través del cual interpretar el presente». Veinte días después, el 27 de octubre, Prevost irá a Asís para cerrar el cuadragésimo aniversario.

Lo que dijo el cardenal

La conferencia se tituló «El encuentro del 27 de octubre de 1986 y la Magnifica humanitas de León XIV». Según Gloria.tv y Novus Ordo Watch, Koovakad recordó que en 1986 se reunieron 160 líderes religiosos «para rezar: cada uno fiel a su tradición, todos ante el Misterio». Aseguró que aquello se vivió «sin una sombra de sincretismo». Esto lo afirma de un día en que se puso una imagen de Buda sobre el altar de la iglesia de San Pedro. Y señaló a los disidentes: «los círculos integristas» hicieron de Asís «una de las razones de una ruptura cismática».

La base que invoca es real. En el n. 223 de Magnifica humanitas (15 de mayo de 2026), Prevost escribe: «El «espíritu de Asís», promovido por san Juan Pablo II y continuado en el compromiso del Papa Francisco —por ejemplo, en el diálogo con el Gran Imán de al-Azhar—, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales». La frase une en una sola línea Asís (1986) y Abu Dabi (2019). Y presenta como «fuentes auténticas» las del islam, las del budismo y las de la religión que cada cual traiga.

No es un caso aislado. Prevost ya presidió el encuentro de 2025 en el Coliseo. El 14 de septiembre de 2025 escribió a Astaná que Asís «demostró que no puede haber paz entre las naciones sin paz entre las religiones», la máxima de Hans Küng. El 27 de octubre presidirá con Bartolomé I la oración de los cristianos en la basílica inferior. Antes, los 384 representantes de 53 países habrán rezado cada uno «según su tradición».

Lo que había dicho la Iglesia

Pío XI no dejó margen. En Mortalium animos (6 de enero de 1928) declaró que esas tentativas «no pueden, de ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables». Y añadió que quienes las sostienen «poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo» y «se apartan totalmente de la religión revelada por Dios» (n. 3). Sobre la participación fue igual de tajante: «ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos» (n. 10).

La raíz no está en 1986, ni en Wojtyła, ni en un exceso posterior. Está en Nostra aetate 2, que en 1965 declaró que «la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero». Asís es la consecuencia litúrgica de un texto conciliar. Koovakad se limita a cerrar el círculo: lo que el Concilio puso en un documento, Prevost lo pone en una encíclica y el dicasterio lo declara magisterio ordinario.

El cisma, al revés

La acusación de Koovakad descubre más de lo que pretende. Llama cismáticos a quienes se negaron a aceptar Asís, es decir, a quienes se quedaron con Pío XI. Pero el cisma consiste en separarse de la Iglesia, y la Iglesia es la que enseñó Mortalium animos. Si lo que la Iglesia prohibió en 1928 es ahora «criterio para interpretar el presente», no ha cambiado la Iglesia: ha cambiado de manos el edificio. Quien llama cismático al que conserva la fe de siempre confiesa de qué lado está la ruptura. La Iglesia es indefectible: no puede enseñar en 1928 que esos congresos apartan de la religión revelada y en 2026 que son su criterio.

El 27 de octubre, el que se sienta en la Sede de Pedro rezará junto a quienes invocan a otros dioses en el lugar donde San Francisco predicó al sultán la conversión, no el diálogo. Que cada católico lo ofrezca en desagravio y pida a la Inmaculada, vencedora de todas las herejías, la conversión de los que niegan a su Hijo.

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Fuentes:

De la editorial
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