jueves, 17 de septiembre de 2026
La Impresión de las Llagas de San Francisco
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Gal. 6, 14-18)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Gálatas Fratres: Mihi autem absit gloriári, nisi in Cruce Dómini nostri Jesu Christi: per quem mihi mundus crucifíxus est, et ego mundo. In Christo enim Jesu neque circumcísio áliquid valet neque præpútium, sed nova creatúra. Et quicúmque hanc régulam secúti fúerint, pax sin per illos et misericórdia, et super Israël Dei. De cetero nemo mihi moléstus sit: ego enim stígmata Dómini Jesu in córpore meo porto. Grátia Dómini nostri Jesu Christi cum spíritu vestro, fratres. Amen.
A mí líbreme Dios de gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por quien el mundo está muerto y crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. El hecho es que respecto de Jesucristo ni la circuncisión, ni la incircuncisión valen nada, sino que lo que vale es el ser una nueva criatura. Y sobre todos cuantos siguieren esta norma o doctrina, venga paz y misericordia, como sobre el verdadero pueblo de Dios. Por lo demás, nadie me moleste en adelante sobre la circuncisión; porque yo traigo impresas en mi cuerpo las señales o la marca del Señor Jesús . La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea, hermanos míos, con vuestro espíritu. Amén. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario sobre la Epístola a los Gálatas, cap. 6 — San Juan Crisóstomo
Vers. 14. Mas lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. — En verdad este signo es tenido por despreciable; mas lo es según el juicio del mundo y entre los hombres; en el Cielo y entre los fieles es la gloria suma. También la pobreza es despreciable, mas es nuestra jactancia; y ser tenidos en poco por el vulgo es para ellos motivo de risa, pero a nosotros nos ensalza. Así también la Cruz es nuestra gloria. No dice: «no me glorío», ni «no me gloriaré», sino: «Lejos esté de mí que yo lo haga», como si la abominara por absurda e invocara el auxilio de Dios para conseguirlo. ¿Y cuál es la gloria de la Cruz? Que Cristo por mí tomó la forma de siervo y padeció sus tormentos por mí, el siervo, el enemigo, el ingrato; más aún, de tal modo me amó, que se entregó a sí mismo a la maldición por mí. ¿Qué puede compararse a esto? Si los siervos que reciben solo alabanza de sus señores, con quienes están emparentados por naturaleza, se engríen por ello, ¿cómo no hemos de gloriarnos nosotros cuando el Señor, que es verdadero Dios, no se avergüenza de la Cruz que padeció por nosotros? No nos avergoncemos, pues, de su inefable ternura; Él no se avergonzó de ser crucificado por vosotros, ¿y os avergonzaréis vosotros de confesar su infinita solicitud? Sería como si un preso que no se hubiera avergonzado de su rey, después de que este viniera a la cárcel y le soltara por su propia mano las cadenas, se avergonzara de él por esa causa. Mas esto sería el colmo de la locura, pues este mismo hecho sería motivo singular de gloria.
Vers. 14. Por quien el mundo me ha sido crucificado a mí, y yo al mundo. — Lo que aquí llama mundo no es el cielo ni la tierra, sino los negocios de esta vida, la alabanza de los hombres, los cortejos, la gloria, las riquezas y todas las cosas semejantes que tienen apariencia de esplendor. Para mí estas cosas están muertas. Tal ha de ser el cristiano, y ha de usar siempre este lenguaje. Y no se contentó con la primera muerte, sino que añadió otra, diciendo: «y yo al mundo», dando a entender así una doble muerte, y diciendo: ellas están muertas para mí, y yo para ellas; ni pueden ellas cautivarme y vencerme, pues están muertas de una vez para siempre, ni yo puedo desearlas, pues también yo estoy muerto para ellas. Nada puede haber más dichoso que esta muerte, porque es el fundamento de la vida bienaventurada.
Vers. 15-16. Porque ni la circuncisión es nada, ni el prepucio, sino la nueva criatura. Y a cuantos siguieren esta regla, la paz sea sobre ellos, y la misericordia, y sobre el Israel de Dios. — Considerad el poder de la Cruz, ¡a qué altura le ha levantado! No solo ha dado muerte para él a todos los negocios mundanos, sino que le ha colocado muy por encima de la Antigua Dispensación. ¿Qué puede compararse a este poder? Pues la Cruz ha persuadido a quien estaba dispuesto a ser inmolado y a inmolar a otros por causa de la circuncisión, a dejarla en el mismo nivel que el prepucio y a buscar cosas extrañas, admirables y superiores a los cielos. A esta nuestra regla de vida la llama nueva criatura, tanto por lo pasado como por lo venidero: por lo pasado, porque nuestra alma, que había envejecido con la vejez del pecado, ha sido renovada de una vez por el bautismo, como si hubiera sido creada de nuevo. Por lo cual necesitamos una regla de vida nueva y celestial. Y por lo venidero, porque tanto el cielo como la tierra y toda la creación serán, junto con nuestros cuerpos, trasladados a la incorrupción. No me habléis, pues, dice, de la circuncisión, que ahora nada vale (pues ¿cómo aparecerá, cuando todas las cosas hayan sufrido tal mudanza?), sino buscad las cosas nuevas de la gracia. Porque los que las siguen gozarán de paz y de amistad, y con razón pueden ser llamados con el nombre de Israel. Mientras que los que sienten lo contrario, aunque desciendan de él (Israel) y lleven su nombre, han decaído sin embargo de todas estas cosas, tanto del parentesco como del nombre mismo. Mas en su mano está ser verdaderos israelitas a quienes guardan esta regla, a quienes abandonan los caminos antiguos y siguen tras la gracia.
Vers. 17. En adelante nadie me sea molesto. — Esto lo dice no como quien está fatigado o vencido; él, que eligió hacer y padecer todo por amor de sus discípulos; él, que dijo: «Insiste a tiempo y a destiempo»; él, que dijo: «Por si Dios les diere el arrepentimiento para conocer la verdad, y se recobraren de los lazos del diablo»; ¿cómo habría de aflojar ahora y volverse atrás? ¿Por qué, pues, dice esto? Es para ceñir su ánimo perezoso, e imprimirles un temor más hondo, y ratificar las leyes por él establecidas, y refrenar sus continuas vacilaciones.
Vers. 17. Porque yo llevo en mi cuerpo las señales del Señor Jesús. — No dice «tengo», sino «llevo», como quien se enorgullece de trofeos e insignias reales. Aunque, mirándolo bien, parezca una afrenta, sin embargo este varón se gloría de sus heridas, y como los abanderados del ejército, así se ufana de llevar a cuestas estas heridas. ¿Y por qué dice esto? «Con más claridad que por argumento alguno, que por lenguaje alguno, me vindico por estas heridas», dice. Porque estas heridas claman con voz más fuerte que una trompeta contra mis adversarios y contra los que dicen que finjo en mi enseñanza y hablo por agradar a los hombres. Pues nadie que viese a un soldado retirarse de la batalla bañado en sangre y con mil heridas se atrevería a acusarle de cobardía y traición, viendo que lleva en su cuerpo las pruebas de su valor; y así debéis vosotros, dice, juzgar de mí. Y si alguno desea oír mi defensa y conocer mis sentimientos, considere mis heridas, que ofrecen prueba más fuerte que estas palabras y letras. Al comienzo de su Epístola mostró su sinceridad por lo repentino de su conversión; al final la prueba por los peligros que acompañaron a su conversión. Para que no se objetara que había cambiado de rumbo con recta intención, mas que no había perseverado en el mismo propósito, aduce sus pruebas, sus peligros, sus azotes como testigos de que sí había perseverado.
Habiéndose luego justificado plenamente en todo, y probado que no había hablado nada por ira o malevolencia, sino que había conservado intacto su afecto hacia ellos, establece de nuevo este mismo punto concluyendo su discurso con una oración rebosante de mil bendiciones, con estas palabras:
Vers. 18. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu, hermanos. Amén. — Con esta última palabra ha sellado todo lo que precede. No dice simplemente «con vosotros», como en otros lugares, sino «con vuestro espíritu», apartándolos así de las cosas carnales y mostrando en todo la beneficencia de Dios, y recordándoles la gracia que gozaban, por la cual podía volver a llamarlos de todos sus errores judaizantes. Pues el haber recibido el Espíritu no vino de la pobreza de la Ley, sino de la justicia que es por la Fe; y el conservarlo una vez recibido no vino de la Circuncisión, sino de la Gracia. Por esto concluyó su exhortación con una oración, recordándoles la gracia y el Espíritu, y a la vez llamándolos hermanos, y suplicando a Dios que continuaran gozando de estos bienes, procurándoles así una doble seguridad. Porque tanto la oración como la enseñanza tendían a lo mismo y juntas venían a ser para ellos como un doble muro. Pues la enseñanza, recordándoles de qué beneficios gozaban, tanto más los mantenía en la doctrina de la Iglesia; y la oración, invocando la gracia y exhortando a una constancia perseverante, no permitía que el Espíritu se apartara de ellos. Y permaneciendo Él en ellos, todo el error de tales doctrinas como las que sostenían se sacudía como el polvo.
Comentario sobre la Epístola a los Gálatas, cap. 6, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 16, 24-27)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Si quis vult post me veníre, ábneget semetípsum, et tollat crucem suam, et sequátur me. Qui enim volúerit ánimam suam salvam fácere, perdet eam: qui autem perdíderit ánimam suam propter me, invéniet eam. Quid enim prodest hómini, si mundum univérsum lucrétur, ánimæ vero suæ detriméntum patiátur? Aut quam dabit homo commutatiónem pro ánima sua? Fílius enim hóminis ventúrus est in glória Patris sui cum Angelis suis: et tunc reddet unicuíque secúndum ópera ejus.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y cargue con su cruz, y sígame. Pues quien quisiere salvar su vida obrando contra mí, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor a mí, la encontrará. Porque ¿de qué le sirve al hombre el ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O con qué cambio podrá el hombre rescatarla una vez perdida? Ello es que el Hijo del hombre ha de venir revestido de la gloria de su Padre, acompañado de sus ángeles, a juzgar a los hombres; y entonces dará el pago a cada cual conforme a sus obras. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 16, 24-27 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,1. Después de haber dicho Pedro: "Ten compasión de ti, Señor, de ninguna manera será esto contigo" ( Mt 16,22) y el Señor le contestó: "Ve en pos de mí, Satanás" ( Mt 16,23), el Señor no se contentó con esta sola reprensión, sino que quiso hacerle ver de una manera sobreabundante la inconveniencia de sus palabras y manifestarle el fruto de su pasión. Por eso se dice: "Entonces dijo a sus discípulos: si alguno quiere venir en pos de mí", que equivale a decir: Tú me dices: Ten compasión de ti. Pues yo te digo, que no sólo te será perjudicial el que yo evite mi pasión, sino que tú no te podrás salvar si no padeces, si no mueres y si no renuncias para siempre a tu vida. Y mirad cómo sus palabras no imponen violencia alguna. Porque no dijo: aunque no quierais debéis sufrir, sino el que quiera, de esta manera atrae más. Porque el que deja en libertad para elegir a quienes lo escuchan, los atrae mejor y la violencia sirve las más de las veces de obstáculo. Mas no propone esta verdad sólo a los apóstoles, sino a todo el universo, cuando dice: "Si alguno quiere", esto es, si el varón, si la mujer, si el rey, si el hombre libre, si el esclavo, etc. Tres son las cosas que dice el Señor que debe hacer. El negarse a sí mismo, el tomar su cruz y el seguirlo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 32,2. Porque el que no se niega a sí mismo no puede aproximarse a aquel que está sobre él. Pero si nos abandonamos a nosotros mismos, ¿adónde iremos fuera de nosotros? ¿O quién es el que se va, si se abandona a sí mismo? Nosotros somos una cosa caídos por el pecado y otra por nuestra naturaleza original. Nosotros nos abandonamos y nos negamos a nosotros mismos, cuando evitamos lo que fuimos por el hombre viejo y nos dirigimos hacia donde nos llama nuestra naturaleza regenerada.
San Gregorio Magno, homiliae in Hiezechihelem prophetam, hom. 10. Se niega a sí mismo aquel que reforma su mala vida y comienza a ser lo que no era y a dejar de ser lo que era.
San Gregorio Magno, Moralia, 23. Se niega también a sí mismo aquel que pisoteando su vano orgullo se presenta delante de los ojos de Dios, extraño a sí mismo.
Orígenes. Aunque parezca que alguno se abstiene de pecar, sin embargo, si no ha tomado la cruz de Cristo, no se puede decir, que está crucificado con Cristo o que está abrazado a su cruz. Por eso sigue: "Y toma su cruz".
San Juan Crisóstom, homiliae in Matthaeum, hom. 55,1. O de otro modo, el que niega a otro o a un hermano, o a un criado, o a otro cualquiera y no le asiste cuando le viere azotado o sufriendo cualquier otro tormento, éste no le ayuda. De tal manera quiere El que desconozcamos nosotros a nuestro cuerpo, que aun cuando fuere azotado, o sufriere cualquier otro tormento, es su voluntad el que no lo perdonemos. Porque esto en realidad es perdonarlo, al modo con que un padre perdona a sus hijos, cuando los entrega al maestro y manda que no los perdone. Y a fin de que nadie pueda pensar que es necesario negarse a sí mismo, tan solamente en cuanto a las palabras injuriosas y en cuanto a las afrentas, el Señor manifiesta hasta dónde debe uno negarse a sí mismo, es decir, hasta la muerte más afrentosa (esto es, de cruz) y esto es lo que da a entender por las palabras: "Y tome su cruz y sígame".
San Hilario, in Matthaeum, 16. Debemos, pues, seguir al Señor, tomando la cruz de su pasión si no en la realidad, al menos con la voluntad.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,2. Como que los ladrones sufren también mucho, el Señor, a fin de que nadie tenga por suficientes esa clase de sufrimientos de los malos, expone el motivo del verdadero sufrimiento, cuando dice: "Y me siga". Todo lo debemos sufrir por El y de El debemos aprender sus virtudes. Porque el seguir a Cristo consiste en ser celoso por la virtud y sufrirlo todo por El.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 32,3. Podemos tomar la cruz de dos maneras. O dominando nuestro cuerpo con la abstinencia, o cargando nuestro espíritu con la compasión que inspiran las miserias del prójimo. Pero como muchas veces se mezclan algunos vicios con la virtud, debemos tomar en consideración que algunas veces la vanagloria acompaña a la mortificación de la carne y la virtud se hace visible y digna de alabanza, porque aparece la sequedad en el cuerpo y la palidez en el rostro. Y casi siempre se une una falsa piedad a la compasión del alma que nos arrastra con frecuencia a condescender con los vicios. El Señor a fin de evitar todo esto dice: "Y sígame".
San Jerónimo. O de otra manera, toma su cruz el que es crucificado para el mundo y sigue al Señor crucificado aquel, para quien el mundo está crucificado.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.55,2. En seguida el Señor suaviza cuanto acaba de decir, a fin de que no pareciera duro, prometiendo grandísimas recompensas a los trabajos y aflicciones a la malicia, por eso sigue: "Porque el que su alma quisiere salvar, la perderá".
Orígenes, homilia 2 in Matthaeum. De dos modos puede entenderse este pasaje; primero: si alguno ama la vida presente y teme morir creyendo que por la muerte perece su alma, la perdona; pero éste queriendo salvarla de esta manera la perderá, porque se aleja de la vida eterna. Si alguno lucha por la verdad hasta la muerte con desprecio de la vida presente, perderá ciertamente su alma en cuanto a la vida presente, pero como la perderá por Cristo, la salvará en cuanto a la vida eterna. Segundo modo: si alguno comprendiendo en qué consiste la verdadera salvación y deseando obtenerla para su alma, se niega a sí mismo y pierde su alma por Cristo en cuanto a los placeres carnales, éste, perdiendo su alma de esta manera, la salva mediante las obras piadosas. Y como el Señor dice: "El que quisiera", resulta que las dos maneras de entender este pasaje son exactamente iguales y una sola. Si pues las palabras: "Niéguese a sí mismo", se refieren a la muerte del cuerpo, claro está que sólo deben entenderse en cuanto a la muerte. Si negarse a sí mismo es renunciar a la vida terrenal, el perder su alma significa despojarse de todos los placeres de la carne.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,3. Porque dijo el Señor: "El que quiere salvar, perderá y el que perderá, salvará" (poniendo en una y otra parte la salvación y la perdición), añade: a fin de que nadie crea que en ambos casos lo mismo es la salvación que la perdición. Porque ¿qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Como si dijera: a fin de que no digáis, que el que evitare todos los peligros que le amenazan por causa de Cristo, salva su alma; pero pon con tu alma todo el universo. ¿Qué hay para el hombre más terrible que el perder su alma para siempre? Porque si veis a vuestros criados alegres y vosotros sufrís la última enfermedad ¿de qué os sirve el mandar sobre ellos? Aplicad a vuestra alma esta consideración, teniendo presente que a los placeres lascivos debe seguir su perdición futura.
Orígenes, homilia 2 in Matthaeum. Yo soy de opinión, que aquel que no se niega a sí mismo ni pierde su alma en cuanto a los placeres carnales gana el mundo, pero pierde su alma para siempre. Entre estas dos cosas debemos preferir el perder el mundo, para de esta manera ganar nuestras almas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,3. Aun cuando reinares sobre todo el mundo, no podrás comprar tu alma, por eso sigue: "Y ¿qué cosa dará el hombre por su alma?" Que vale tanto como decir: si perdieres las riquezas, podrás dar otras riquezas para comprarlas; pero si perdieres tu alma, no podrás dar otra alma, ni ninguna otra cosa cualquiera. ¿Por qué maravillarse de que acontezca esto al alma, cuando parece que también sucede al cuerpo? Porque aun cuando a un cuerpo enfermo de una manera incurable pusierais diez mil diademas, no por eso se pone bueno.
Orígenes, homilia 2 in Matthaeum. La primera cosa que se puede dar en cambio del alma, son los bienes temporales que puede dar el hombre a los pobres para salvar su alma. Pero no creo que tenga el hombre alguna otra cosa, que una vez dada, como en cambio de su alma, libre a ésta de la muerte; mas Dios dio en cambio de las almas de los hombres la preciosa sangre de su Hijo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 32,4. O de otro modo puede continuarse. La Iglesia santa tiene dos épocas, la de la persecución y la de la paz; y el Redentor dejó distintos preceptos para estas dos épocas. En tiempo de persecución debemos presentar el alma y en tiempo de paz debemos quebrantar todo lo que nos pueden dar los deseos terrenales, por eso se dice: "Porque ¿qué aprovecha al hombre, etc?"
San Jerónimo. Al invitar el Señor a sus discípulos a que se negaran a sí mismos y tomaran su cruz, todos los que lo escuchaban se llenaron de terror; pero a estos pensamientos tristes sucede la alegría con las palabras del Señor: "Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, etc." ¿Teméis la muerte? Oíd la gloria de su triunfo. ¿Tenéis miedo de la cruz? Escuchad a quién sirven los ángeles.
Orígenes, homilia 2 in Matthaeum. Que vale tanto como decir: Ahora vino el Hijo del hombre, pero no en su gloria, porque no era oportuno que viniese en su gloria cargado de nuestros pecados; pero vendrá en su gloria cuando hubiere preparado a sus discípulos y los hubiere hecho semejantes a El y participantes de su gloria.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,4. Mas no dijo El: en tal o cual gloria del Padre, a fin de evitar el que se sospechara que había dos glorias, sino en la gloria del Padre, para manifestar que hablaba de una misma gloria. Y si la gloria es una sola, claro es que también la sustancia es una sola. ¿Por qué tienes, oh Pedro, miedo a la palabra muerte? Entonces me verás en la gloria, mas si yo estoy en la gloria, también lo estaréis vosotros; pero al hablar de la gloria, insinúa cosas terribles, poniéndonos delante el juicio por las palabras: "Y entonces dará a cada uno según sus obras".
San Jerónimo. Porque donde no se atiende a las personas sino a las obras, no hay distinción entre el judío y el gentil, entre el hombre y la mujer, entre el pobre y el rico.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 55,4. Y dijo el Señor esto, no sólo para recordar a los pecadores los males, consecuencia de sus pecados, sino también las recompensas y las coronas a los justos.
San Jerónimo. Podía haber tenido lugar el escándalo que experimentaron los apóstoles en su interior de esta manera: nos anuncias los tormentos y la muerte para un tiempo venidero y dejas el cumplir tu promesa de venir en tu gloria para largo tiempo; mas el que penetra las cosas ocultas, previendo esta objeción, compensa el temor presente con una recompensa presente, diciendo: "En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su reino, etc."
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1. El Señor queriendo manifestar lo que es la gloria en la que vendrá después, se la reveló a los apóstoles en la vida presente (en cuanto les era posible comprenderla), a fin de que no se abatieran con el pensamiento de la muerte del Señor.
Remigio. Esto que aquí se dice, fue cumplido a aquellos tres discípulos delante de quienes se transfiguró el Señor en la montaña, mostrándoles los goces de la recompensa eterna: ellos lo vieron cuando venía en su reino, esto es, brillando con la claridad, en la que lo verán, terminado el juicio, todos los santos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1. Mas el Señor, a fin de que los demás discípulos no desearan seguirle para ver la muestra de aquella gloria y no llevaran a mal el verse como despreciados, no dice de antemano los nombres de aquellos que debían subir a la montaña.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 32,4. O también la Iglesia actual es el reino de Dios y como muchos de los discípulos del Señor debían vivir hasta que vieran construída esta Iglesia, levantada contra la gloria del mundo, el Señor los consuela con la siguiente esperanza: "Hay algunos de los que están aquí, etc.".
Orígenes, homilia 2 in Matthaeum. En sentido moral se puede decir, que el Verbo de Dios tiene, para los que han sido llamados recientemente a la fe, la apariencia de un esclavo, mas para los perfectos viene en la gloria de su Padre. Sus ángeles son las palabras de los profetas, cuyo sentido espiritual no es posible entender antes de haber entendido espiritualmente la palabra de Cristo, a fin de que se vean aparecer al mismo tiempo las dos verdades en su Majestad. Entonces dará a cada uno la gloria según sus actos porque cuanto mejor obrare cada uno, tanto más espiritualmente comprende a Cristo y a sus profetas.
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum. Los que están donde está Jesús son los que han puesto las bases sólidas de su alma en Jesús y de los más notables de éstos, son de los que se dice: "No gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su reino". Ven la eminencia de Dios, que no pueden ver los que están envueltos en diferentes pecados; estos últimos son los que gustan la muerte porque el alma, cuando peca, muere. Porque así como El es la vida y el pan vivo que bajó del cielo ( Jn 6), así la muerte, su enemiga, es el pan muerto. De este pan comen algunos un poco y no hacen más que probarlo; otros, por el contrario, lo comen en abundancia. Los que pecan raras veces y levemente, no hacen más que gustar la muerte. Por el contrario, los que recibieron de un modo más perfecto la virtud espiritual, no gustan la muerte, sino que comen siempre del pan vivo. En las palabras: "Hasta que vean", no fija el tiempo, después del cual sucederá lo que no se verificó antes; esto no es más que la expresión de una cosa necesaria. Porque el que lo ve una vez en su gloria, jamás gustará la muerte.
Rábano. Los santos no hacen más que gustar la muerte del cuerpo y la aceptan con gusto un momento, pero están en plena posesión de la vida del alma.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena