jueves, 13 de agosto de 2026 Santos Hipólito y Casiano, Mártires

«Como católica»: la gobernadora que Bergoglio recibió en el Vaticano firma el aborto hasta el nacimiento

Massachusetts suprime el límite de las veinticuatro semanas entre aplausos. Veintisiete meses antes, Maura Healey estrechaba la mano de Bergoglio en la Sala Clementina y agradecía su liderazgo. Su arzobispo ha respondido a la ley con un comunicado

El 10 de agosto de 2026, en el despacho ceremonial del State House de Boston, la gobernadora de Massachusetts firmó la ley H.5595. No flexibiliza el límite de las veinticuatro semanas: lo suprime. Donde había cuatro supuestos tasados, el texto nuevo dice que «el aborto podrá ser practicado por un médico según el juicio profesional del médico». Sin plazo. Massachusetts pasa a ser el décimo estado de la Unión sin límite alguno de semanas.

Los aplausos son de su propia cámara

Conviene precisar de dónde sale la escena, porque es lo que la hace incontestable. Mientras Healey pone la pluma sobre el papel, las mujeres que la rodean —médicas de bata blanca, cargos, activistas— sonríen y aplauden; alguna lo graba con el móvil. Ese metraje no lo filtró un adversario: lo publicó la cuenta oficial de la gobernadora, y de ahí lo tomaron las televisiones. Es la imagen que su propio gabinete eligió difundir.

La firma de la ley H.5595 en el despacho ceremonial del State House de Boston, 10 de agosto de 2026. Metraje difundido por la cuenta oficial de la gobernadora (@MassGovernor), recogido por Fox News.

Al lado corre la otra escena del mismo acto. En el atril, Kate Dineen se seca las lágrimas: es la mujer cuyo caso —un diagnóstico catastrófico al final del embarazo— sirvió de argumento para la ley. Healey habló de historias «llenas de dolor, angustia y desconsuelo».

Las dos son verdad, y juntas dicen más que por separado: la ley se vende con el llanto de una mujer y se firma entre vítores.

La Sala Clementina, mayo de 2024

El 16 de mayo de 2024, Healey estrechaba la mano de Bergoglio en la Sala Clementina. Había pronunciado el discurso inaugural de la cumbre de las Academias Pontificias de Ciencias y Ciencias Sociales —«Gobernar en la era del cambio climático»— y firmó con él la declaración Planetary Action for Climate Change Resilience.

Maura Healey saluda a Bergoglio en la Sala Clementina, 16 de mayo de 2024, al término de la cumbre de las Academias Pontificias de Ciencias y Ciencias Sociales.
Maura Healey saluda a Bergoglio en la Sala Clementina, 16 de mayo de 2024, al término de la cumbre de las Academias Pontificias de Ciencias y Ciencias Sociales.

Una semana después publicaba la foto con este texto:

Como católica, creo en nuestra responsabilidad de cuidar de los demás, especialmente de los más vulnerables entre nosotros. Esa obligación debe estar en el centro de nuestra respuesta al cambio climático también.

Veintisiete meses separan esa frase de la firma. No es una contradicción sobrevenida: es la misma persona, la misma confesión declarada y el mismo vocabulario de la vulnerabilidad, aplicado al clima y retirado al no nacido.

No es un malentendido personal

Sería cómodo despachar el episodio como una foto de compromiso. El problema es que encaja en una serie.

El 19 de enero de 2015, en el vuelo de Manila a Roma, Bergoglio declaró: «Algunos creen que, para ser buenos católicos, tenemos que ser —perdonen la expresión— como conejos. No. Paternidad responsable». En la misma rueda de prensa contó que había reñido a una mujer embarazada de su octavo hijo tras siete cesáreas —«¿quiere usted dejar a sus siete hijos huérfanos?»— y calificó su embarazo de «una irresponsabilidad». Un papa que llama irresponsable a una madre por concebir.

En junio de 2017, durante la visita de la casa real holandesa, la Santa Sede condecoró a Lilianne Ploumen con la Orden Pontificia de San Gregorio Magno. Ploumen es la fundadora de She Decides, la plataforma creada meses antes para financiar el aborto en el mundo entero supliendo los fondos que Washington había retirado. Ante el escándalo, el Vaticano alegó que la condecoración era práctica diplomática ordinaria y que no suponía «un plácet al aborto». Cabe creerlo; pero entonces la casa reparte sus honores sin mirar a quién.

El 8 de febrero de 2016, en el Corriere della Sera, Bergoglio había llamado a Emma Bonino una de las «grandes olvidadas» de Italia, poniéndola junto a Adenauer y Schuman. Bonino no es una política que discrepe en un punto: practicó abortos clandestinos antes de que la ley italiana los permitiera. Bergoglio lo sabía y lo despachó así: «piensa de manera distinta a nosotros», «hay que mirar a las personas y a lo que hacen». Y no se quedó en el elogio impreso: el 5 de noviembre de 2024 se presentó en su casa de Roma, donde Bonino convalecía de un cáncer de pulmón, con un ramo de rosas y bombones. La visita no la destapó un adversario: la contó Vatican News.

Medalla a una, rosas a la otra, sermón a la madre de siete. Ese es el orden de valores que una gobernadora católica encuentra cuando mira a Roma.

Y no son gestos sueltos: la Academia para la Vida

Se dirá que un elogio en un periódico y un ramo de flores son cortesías, no doctrina. Concedido. Pero al lado de las cortesías hay un cambio de estatutos.

Juan Pablo II fundó la Pontificia Academia para la Vida en 1994 y le puso tres cerrojos: el académico firmaba una declaración por la que se comprometía a defender la enseñanza de la Iglesia sobre la vida, el nombramiento era vitalicio y la Academia quedaba vinculada a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 18 de octubre de 2016, Bergoglio firmó unos estatutos nuevos que quitaron los tres: desapareció la declaración doctrinal exigida al académico, la pertenencia pasó a mandatos renovables de cinco años y la Academia se desligó de la Congregación. No se tocó el nombre del organismo. Se tocó quién puede entrar en él y quién lo vigila.

Lo que vino después se entiende mejor a esa luz. El 26 de agosto de 2022, en el programa Agorà de Rai 3, el presidente de esa misma Academia, el arzobispo Vincenzo Paglia, dijo de la ley 194 —la que despenalizó el aborto en Italia— que «es ya un pilar de nuestra vida social». Tres días después la Academia salió a explicar que era una constatación sociológica y no un juicio de valor, y que «hay mucho que decir sobre la calidad del pilar». Es el mismo movimiento exacto de la nota de prensa de Boston: se corrige el adjetivo y se deja la cosa donde estaba.

El 15 de octubre de 2022 fue nombrada académica, por cinco años, la economista Mariana Mazzucato, atea declarada, que meses antes había celebrado públicamente en Twitter la oposición a la anulación de Roe v. Wade. La Academia defendió el nombramiento alegando que sus miembros se eligen para un «diálogo interdisciplinar, intercultural e interreligioso», y Bergoglio dijo de ella que traía «un poco más de humanidad». Bajo los estatutos de Juan Pablo II ese nombramiento habría sido imposible, porque el primer requisito era firmar lo contrario.

Y la línea no se ha corregido al cambiar el ocupante de la Sede. El 16 de febrero de 2026 Mazzucato intervino en la asamblea plenaria de la Academia, en la sesión dedicada precisamente a los «principios éticos fundamentales»; León XIV recibió ese mismo día a los participantes. El 27 de febrero de 2026 firmó unos estatutos nuevos para la Academia que no la mueven de su sitio.

Y el arzobispo publica un comunicado

Los obispos de Massachusetts no callaron. El 29 de julio, por medio de la Conferencia Católica del estado, calificaron la eliminación de «toda restricción legal al aborto tardío» de «medida radical y gravemente inmoral», y el arzobispo de Boston, Richard Henning, habló de «grave ofensa contra la santidad y la dignidad de toda persona». El texto se cierra exclamando «¡La vida es bella!» e invitando a la comunidad católica a rezar.

Y ahí acaba. Dos días después de la firma, con católicos pidiendo públicamente que se le niegue la comunión, no hay declaración de censura, no hay prohibición de acceder al Sacramento, no hay nada. Una nota de prensa y una invitación a la oración.

Lo que la ley de la Iglesia mandaba

Compárese con el derecho que regía antes de que todo esto empezara.

El Código de Derecho Canónico de 1917 castigaba el aborto con excomunión automática: «Procurantes abortum, matre non excepta, incurrunt, effectu secuto, in excommunicationem latae sententiae Ordinario reservatam» (c. 2350, § 1). Firmar una ley no es procurar un aborto, y no se va a forzar aquí lo que el canon no dice. Pero hay otro que sí alcanza el caso, y no deja margen:

Arcendi sunt ab Eucharistia publice indigni… nisi de eorum poenitentia et emendatione constet et publico scandalo prius satisfecerint. (c. 855, § 1)

Han de ser apartados. No «podrán serlo si el pastor lo juzga oportuno»: es un gerundivo de obligación, dirigido al ministro, y con la condición expresa de que antes se repare el escándalo público. La Iglesia no confiaba la defensa del Sacramento a la sensibilidad de cada obispo, porque sabía que la sensibilidad cede y la ley no.

La diferencia entre Henning y aquel derecho no está en el temple personal de un hombre. Está en que la estructura que condecoró a Ploumen, llevó rosas a Bonino y borró de su Academia para la Vida el compromiso escrito de defender la vida no puede exigir a su arzobispo en Boston lo que ella misma no hace en Roma. Un comunicado indignado es exactamente lo que queda cuando se ha desmontado la sanción y se ha conservado el adjetivo.

Moloch

En 1914, cuando el cine tenía diecinueve años, Giovanni Pastrone rodó para Cabiria la escena del templo de Moloch: la fila de padres cartagineses que van entregando a sus hijos a la boca de bronce del ídolo, mientras los sacerdotes ofician y la sala entera acompaña el rito. Se filmó como estampa de horror antiguo, de un paganismo del que se daba por supuesto que el mundo había salido para siempre.

Conviene volver a verla ahora, con la ley de Massachusetts delante. Y reparar en el detalle que Pastrone no puso por casualidad: alrededor del altar no hay nadie horrorizado. Están todos de acuerdo.

«Cabiria» (Giovanni Pastrone, Itala Film, 1914), la escena del templo de Moloch. Película en dominio público.

Fuentes:

Imagen de portada: la gobernadora Healey saluda a Bergoglio en la Sala Clementina, 16 de mayo de 2024. Vídeo de la firma: metraje difundido por la cuenta oficial de la gobernadora, recogido por Fox News. Vídeo final: «Cabiria» (Giovanni Pastrone, Itala Film, 1914), en dominio público.

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