viernes, 2 de octubre de 2026 ✠ Los Santos Ángeles Custodios Abstinencia

Catálogo de las herejías de Karol Wojtyła

Resumen de este catálogo, ficha por ficha: Las herejías de Karol Wojtyła.

Karol Wojtyła enseñó, en encíclicas, en leyes que promulgó, en un catecismo que declaró «regla segura», en un libro firmado con su nombre y en actos públicos con fecha, proposiciones contrarias a la doctrina definida por los papas y los concilios anteriores a 1958. Lo que el Vaticano II dijo de palabra, Wojtyła lo puso por obra y por ley: en la ley canónica, en el catecismo, en los sacramentos y en los actos de culto. Las herejías son del Concilio; lo propio de Wojtyła es haber hecho que todos los bautizados las aceptaran en la práctica.

Este catálogo reúne treinta y nueve de esas proposiciones y actos. Cada ficha tiene tres elementos: lo que dijo o hizo, con su cita literal y su fecha; el texto anterior a 1958 que lo contradice, siempre de fuente que hace autoridad; y un comentario que muestra la incompatibilidad. Las dudas, las objeciones y las críticas —también las que se dirigen contra la propia acusación— van en las notas, y las fuentes, al final.

El catálogo completo en PDF, con todas las notas, se envía primero a los suscriptores del boletín (el formulario está al pie de esta página) y después se enlazará aquí.

Conclusión

Las treinta y nueve fichas de este catálogo no recogen excesos de lenguaje. Redemptoris missio 10 niega lo que Florencia definió; Ut unum sint 10 concede a las sectas la condición de medios de salvación; Cruzando el umbral 193 sustituye la fe explícita por la implícita; el canon 844 da los sacramentos a quien no profesa la fe; Evangelium vitae 99 pone en el cielo a quien murió sin bautismo; la Declaración cristológica de 1994 da por legítima la fórmula que Nestorio oponía a la de Éfeso; y el Ángelus de 1999 llama piedra miliar a una declaración que da por no aplicables a la doctrina luterana los anatemas de Trento.

Por el principio dogmático, la conclusión no es que la doctrina haya progresado, sino que quien firma eso enseña otra cosa. La Iglesia es indefectible y no puede enseñar el error; quien enseña el error no habla por ella; quien pertinazmente contradice una definición es hereje, y un hereje no es cabeza de la Iglesia. El argumento canónico —Cum ex apostolatus officio, el c. 188, 4.º del Código de 1917— corrobora y no sostiene: la viga es doctrinal, y se apoya en las definiciones que cada ficha ha puesto frente a cada proposición.

La objeción que hay que conocer es la de la FSSPX: admite casi todos los cargos y niega la conclusión, porque un papa podría errar sin perder el oficio. Basta observar que la objeción concede el catálogo entero, que es lo único que este catálogo quería establecer.

Índice

I. Contra la unicidad de la Iglesia y el dogma extra Ecclesiam nulla salus

II. Contra la necesidad de la fe explícita y de la gracia sobrenatural

III. Ecumenismo: contra Mortalium animos y las definiciones que la sostienen

IV. Las religiones falsas: contra el primer mandamiento

V. Contra la libertad religiosa condenada y la realeza social de Cristo

VI. Contra la fe sobrenatural, la inmutabilidad del dogma y los novísimos

VII. Contra la condena de la masonería

Apéndices: A. La raíz del sistema · B. Los cargos probables o dudosos · C. Fuentes


I. Contra la unicidad de la Iglesia y el dogma extra Ecclesiam nulla salus

1. Cristo «se ha unido en cierto modo a todo hombre»

«Mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre.» — Redemptor hominis, n. 13, 4-III-1979, citando como enseñanza del Concilio Gaudium et spes 22.1

«Se trata de “cada” hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este [misterio].» — El mismo documento, más adelante en el mismo n. 13.2

«[…] misterio del cual se hace partícipe cada uno de los cuatro mil millones de hombres vivientes sobre nuestro planeta, desde el momento en que es concebido en el seno de la madre.» — El mismo documento, al cerrar el n. 13.3

Lo contradice.

  • Trento, ses. VI, cap. 3 (Dz 795): «aunque Él murió por todos, no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión».
  • Pío XII, Mystici corporis (1943), Dz 2286: son miembros de la Iglesia «sólo aquellos que recibieron el baño de la regeneración y profesan la verdadera fe».

Comentario. La unión de Cristo con el hombre, en la doctrina católica, es doble: por la naturaleza asumida —común a todos— y por la gracia —que no es de todos—. La frase de Wojtyła borra la distinción: «cada uno» está «comprendido en el misterio de la Redención» y unido a Cristo «para siempre». Si eso vale del hombre en cuanto hombre, la gracia es un dato de la naturaleza, y el bautismo deja de ser la puerta. Meramo señaló el vicio de raíz: confundir Redención (pro omnibus) con Salvación (pro multis). Todo lo que sigue en este catálogo nace de esta frase, que él mismo dijo haber traído ya escrita al pontificado (Cruzando el umbral de la esperanza, pp. 65-66).


2. Dos maneras de salvarse: «pertenecer» a la Iglesia y estar «ordenado» a ella

«El Concilio habla de pertenecer a la Iglesia para los cristianos, y de ordenación a la Iglesia para los no cristianos que creen en Dios, para los hombres de buena voluntad (cf. LG 15 y 16). Para la salvación, estas dos dimensiones son importantes, y cada una de ellas posee varios grados. […] Ámbito de salvación pueden ser también, además de la formal pertenencia, otras formas de ordenación.» — Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p. 147.4

Lo contradice.

  • Letrán IV (1215), Dz 430: «una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva».
  • Florencia, Exsultate Deo (1439), Dz 696: el bautismo «es la puerta de la vida espiritual, pues por él nos hacemos miembros de Cristo y del cuerpo de la Iglesia».
  • Trento, ses. VII, De baptismo, can. 5 (Dz 861): «Si alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema».
  • Trento, ses. XIV, cap. 2 (Dz 895): la Iglesia no juzga a nadie «que no haya entrado antes en ella por la puerta del bautismo».
  • Bonifacio VIII, Unam sanctam (1302), Dz 468-469.
  • Pío XII, Humani generis (1950), Dz 2319: «Algunos reducen a una fórmula vana la necesidad de pertenecer a la Iglesia verdadera para alcanzar la salvación eterna».

Comentario. Lo definido son tres proposiciones: fuera de la Iglesia no hay salvación (Letrán IV, Cantate Domino); a la Iglesia se entra por el bautismo, que es su puerta (Florencia, Exsultate Deo; Trento, ses. XIV, cap. 2); y es anatema decir que el bautismo no es necesario para la salvación (Trento, ses. VII, can. 5). No hay una cuarta que defina otra manera de pertenecer: la pertenencia «por deseo» no la ha definido ningún papa ni ningún concilio.5 Wojtyła ni siquiera se detiene en ella: convierte la ordenación natural de toda criatura a Cristo —que Santo Tomás reconoce incluso para los que nunca serán miembros (III, q. 8, a. 3)— en «ámbito de salvación» para «los hombres de buena voluntad», sin bautismo y sin fe. Y remata, en la misma página, que esta doctrina «no puede ser tachada de exclusivismo eclesiológico». Es exactamente la «fórmula vana» que Humani generis denunció cuarenta y cuatro años antes. El propio Concilio, en Lumen gentium 14, repite que en la Iglesia «los hombres entran por el bautismo como por una puerta», y dos números más abajo abre la «ordenación»; de las dos, Wojtyła escoge la segunda.


3. La nueva eclesiología, hecha ley: el subsistit en el Código de 1983

«Esta Iglesia, constituida y ordenada como sociedad en este mundo, subsiste en la Iglesia católica.» — Código de Derecho Canónico, c. 204 § 2, promulgado por la const. Sacrae disciplinae leges, 25-I-1983. Y en el prólogo del mismo Código, de su mano: «lo que constituye la “novedad” sustancial del Concilio Vaticano II […] especialmente en lo que se refiere a la eclesiología, viene a ser también la “novedad” del nuevo Código».6

Lo contradice.

  • Pío XII, Mystici corporis y Humani generis, Dz 2319: «el Cuerpo místico de Cristo y la Iglesia católica romana son una sola y misma cosa».
  • León XIII, Satis cognitum (1896): la Iglesia de Cristo es una y es la católica romana, sin resto.

Comentario. La proposición no es de Wojtyła sino del Concilio: Lumen gentium 8 (1964) dijo que la Iglesia de Cristo «subsiste en» la Iglesia católica, en lugar de decir que es la Iglesia católica. Dentro de la propia estructura conciliar, una constitución dogmática pesa más que un canon: el Código no añade la doctrina, la fija. Lo que es de Wojtyła es haberla convertido en ley sin que nadie se lo exigiera, para que no quedara duda de su alcance; él mismo lo explica en el prólogo: la novedad del Código es la novedad eclesiológica del Concilio. La diferencia entre las dos palabras no es de estilo. Si la Iglesia de Cristo es la Iglesia católica, fuera de ella no hay nada de la Iglesia de Cristo. Si solo subsiste en ella, puede haber fuera «elementos de santificación y de verdad», que es lo que se afirma en la ficha 5.


4. Las comunidades separadas como «medios de salvación»

«Porque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas como medios de salvación.» — Ut unum sint, n. 10, 25-V-1995, haciendo suyo Unitatis redintegratio 3.

Lo contradice.

  • Florencia, Cantate Domino (4-II-1442), Dz 714: «nadie que esté fuera de la Iglesia católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 17 (Dz 1717): «por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos aquellos que no se hallan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo». Condenada.

Comentario. Un «medio de salvación» que no es la Iglesia ni un sacramento de la Iglesia no existe en la doctrina católica. Florencia no deja un resquicio: los herejes no se salvan «si antes del fin de su vida no se agregan» a la Iglesia. No lo impide la sinceridad: quien rechaza la regla de la fe no tiene fe divina en nada de lo que conserva —lo sostiene por juicio propio (II-II, q. 5, a. 3)—, y sin fe es imposible agradar a Dios (Heb 11,6). La única salvación que ocurre materialmente dentro de una secta es la del niño bautizado que muere antes del uso de razón, y ocurre por el bautismo, que es de la Iglesia y no de la secta. La tesis del «hereje de buena fe» que se salva sin volver a la Iglesia no la enseñó la Iglesia: entra con los manuales del XIX y con el ambiguo pasaje de Pío IX (Dz 1677). Esa tesis sostenía que el hereje de buena fe se salva a pesar de su secta. El Concilio dio el paso siguiente: afirmó que el hereje se salva por medio de su secta, porque el Espíritu de Cristo se sirve de las comunidades separadas como «medios de salvación». Es lo que dice UR 3 y lo que Wojtyła hace suyo en UUS 10. Pero el Concilio solo pudo dar ese segundo paso porque antes se había admitido el primero.7


5. Las sectas, en comunión con la Iglesia

«Los elementos de esta Iglesia ya dada existen, juntos en su plenitud, en la Iglesia católica y, sin esta plenitud, en las otras Comunidades, donde ciertos aspectos del misterio cristiano han estado a veces más eficazmente puestos de relieve.» — Ut unum sint, n. 14, 25-V-1995.8

«Ahora bien, ninguna división ha podido romper la comunión fundamental que permanece entre “los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesús Señor y Salvador”.» — Audiencia general del 25-I-1995, n. 3, día en que se clausuraba la Semana de oración por la unidad de los cristianos.9

«Con el Concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica.» — Ut unum sint, n. 3, 25-V-1995.10

Lo contradice.

  • Pío XI, Mortalium animos (6-I-1928): la unión de los cristianos no puede procurarse «de otro modo que promoviendo el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo»; y de las asambleas panreligiosas: los católicos «no pueden en modo alguno favorecer tales tentativas».
  • León XIII, Satis cognitum 5, citando a San Cipriano: «La unidad no puede ser amputada».

Comentario. Tres proposiciones, cada una contraria. Que «ciertos aspectos del misterio cristiano» estén «más eficazmente puestos de relieve» en las sectas que en la Iglesia es negar que la Iglesia posee la verdad en plenitud actual. Que exista una «comunión fundamental» que ninguna división ha roto es negar que la herejía separa del Cuerpo de Cristo. Y que el compromiso sea «irreversible» es declarar que la Iglesia no puede volver a lo que enseñó hasta 1958. La palabra irreversible, aplicada a lo que Mortalium animos prohibió, es la confesión de que se sabe lo que se está dejando atrás.


6. «Dios salva a toda la humanidad»: la salvación como hecho consumado

«Solamente Dios salva a toda la humanidad.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 85.

«Este misterio de la salvación es un hecho consumado. Dios ha abrazado a todos con la cruz y la Resurrección de su Hijo.» — El mismo libro, p. 88.

«Al celebrar el sacrificio eucarístico aquí en el Campo Verano, quisiera abrazar en nuestra oración común a todos los cementerios de Roma y a cuantos habitan en ellos. No sólo a los difuntos de esta ciudad que se suele llamar eterna, sino también al “orbe y todos sus habitantes” (Sal 24, 1): a todos, dondequiera se encuentren depositados sus restos terrenos […]. A todos los abraza el sacrificio redentor de Cristo.» — Homilía en el cementerio del Campo Verano, fiesta de Todos los Santos, 1-XI-1993, n. 4.11

«“¿Quiénes son y de dónde han venido?” (Ap 7, 13). De todos los lugares. De todos los lugares… “Señor, tú lo sabrás” (Ap 7, 14). Vengan de donde vengan, todos “han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Ap 7, 14). Y ahora están de pie delante de ti.» — La misma homilía, a continuación, n. 5.

Lo contradice.

  • Mt 22, 14, al cerrar la parábola del banquete de bodas: «Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos» (Multi enim sunt vocati, pauci vero electi).
  • Concilio de Quiercy (853), Dz 318: «Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven, aunque no todos se salvan».
  • Trento, ses. VI, cap. 3 (Dz 795): «aunque Él murió por todos, no todos, sin embargo, reciben el beneficio de su muerte, sino sólo aquellos a quienes se comunica el mérito de su pasión».
  • Clemente XI, Unigenitus (1713), prop. 30 de Quesnel condenada (Dz 1380): «Todos los que Dios quiere salvar por Cristo, se salvan infaliblemente».

Comentario. «Hecho consumado» es la frase exacta. La Redención está consumada; la salvación de cada hombre no, porque depende de su respuesta libre y de la gracia que se puede rechazar. Cristo lo dijo con la distinción que Wojtyła borra: la llamada es de muchos, la elección de pocos (Mt 22, 14). Y lo dijo al final de una parábola en la que el invitado que ya está sentado en el banquete, pero sin traje de bodas, es arrojado «a las tinieblas exteriores» (Mt 22, 13): ni siquiera haber sido llamado y haber entrado asegura la salvación. Aplicar a todos los difuntos, no solo de Roma sino del «orbe», sin distinción, el Apocalipsis 7, 14 es predicar ante cinco mil personas que el infierno está vacío. Lo que en el libro es tesis, en la homilía es acto litúrgico.


7. La Iglesia con «santidad imperfecta», que pide perdón por sus «pecados»

«La Iglesia ya está adornada de verdadera santidad, aunque imperfecta.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 184, citando LG 48.

«La Iglesia católica reconoce y confiesa las debilidades de sus hijos […] no cesa de hacer penitencia.» — Ut unum sint, n. 3, 25-V-1995.

«Pidamos perdón por las divisiones que han surgido entre los cristianos, por el uso de la violencia que algunos de ellos hicieron al servicio de la verdad.» — Homilía de la «Jornada del perdón», 12-III-2000.12

Lo contradice.

  • El Símbolo: credo… sanctam Ecclesiam.
  • León X, Exsurge Domine (1520), prop. 33 de Lutero condenada (Dz 773): «Que se queme a los herejes es contra la voluntad del Espíritu».
  • Pío XI, Mortalium animos (1928): la unión solo puede procurarse por el «retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desgraciadamente se apartaron».
  • Catecismo Romano, I, 10: la Iglesia «es santa porque es el Cuerpo de Cristo, por quien es santificada y con cuya sangre continuamente se purifica»; «no puede haber santos fuera de la Iglesia»; y los herejes y cismáticos están fuera de ella «porque se apartaron de ella» (quia ab Ecclesia desciverunt).
  • Santo Tomás, II-II, q. 39, a. 1: cismáticos son los que «por propia voluntad e intención se separan de la unidad de la Iglesia».

Comentario. Que los miembros pecan lo enseñó siempre la Iglesia; que la Iglesia como tal deba pedir perdón por lo que hizo «al servicio de la verdad» —la Inquisición, las cruzadas, la coacción de los herejes— es imputar el pecado a la Esposa sin mancha. El 12 de marzo de 2000 no se pidió perdón por los pecados de fulano, sino por la actuación histórica de la Iglesia en materia que los papas habían aprobado. Y la proposición 33 de Lutero, que dice lo mismo, está condenada nominalmente.13

Pedir perdón «por las divisiones» es, además, imputar a la Iglesia los cismas. La Iglesia no se divide: es una, y de ella solo cabe separarse. El cisma lo comete quien se aparta, no aquella de la que se aparta; por eso la Iglesia nunca ha pedido a los disidentes que la perdonen, sino que vuelvan. Y casi nunca el cisma va solo: los orientales separados niegan el Filioque definido en Lyon II y en Florencia; los protestantes, la justificación, los sacramentos y el sacrificio definidos en Trento. Cuando no hubo herejía al principio, hubo pecado que defender: la separación de Enrique VIII no nació de una doctrina, sino de su segundo matrimonio.14 Pedir perdón por eso es cargar a la Esposa con la herejía y el adulterio de quienes la dejaron.


8. El Catecismo de 1992: el Concilio hecho «regla segura para la enseñanza de la fe»

«El Catecismo de la Iglesia católica, que aprobé el día 25 del pasado mes de junio y que hoy dispongo publicar en virtud de mi autoridad apostólica, es una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica […]. Yo lo considero un instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial, y una regla segura para la enseñanza de la fe.» — Const. ap. Fidei depositum, 11-X-1992, n. 4.

«[Los padres conciliares] pudieron elaborar y ofrecer a toda la Iglesia un notable conjunto de exposiciones doctrinales y directrices pastorales.» Y, citándose a sí mismo: «Para mí, que tuve la gracia especial de participar y colaborar activamente en su desenvolvimiento, el Vaticano II ha sido siempre […] el punto de referencia constante de toda mi acción pastoral». — El mismo documento, n. 1.15

«Todo hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado.» — Catecismo de la Iglesia católica, n. 1260, promulgado por ese documento. En el mismo Catecismo: la Iglesia de Cristo «subsiste en» la católica (n. 816); los musulmanes «adoran con nosotros al Dios único y misericordioso» (n. 841).

Lo contradice.

  • Hch 4, 12: «No hay salvación en ningún otro, pues no se ha dado a los hombres otro nombre bajo el cielo por el cual podamos ser salvos».
  • Mc 16, 16: «El que creyere y fuere bautizado, se salvará; pero el que no creyere, se condenará».
  • Heb 11, 6: «Sin fe es imposible agradar a Dios».
  • Trento, ses. V, decreto sobre el pecado original, n. 3 (Dz 790): el pecado original no se quita «por ningún otro remedio que por el mérito del único mediador, nuestro Señor Jesucristo».
  • Pío XII, Humani generis, Dz 2319.
  • Catecismo Romano (1566) y Catecismo de San Pío X (1905), que en cada uno de los tres puntos enseñan lo opuesto: la Iglesia católica es la Iglesia de Cristo; quien niega al Hijo no tiene al Padre (1 Jn 2, 23); fuera de la Iglesia y sin la fe no hay salvación.

Comentario. Un catecismo es la doctrina puesta al alcance del pueblo. Al promulgarlo «en virtud de mi autoridad apostólica» como «exposición de la fe de la Iglesia» y «regla segura para la enseñanza de la fe», Wojtyła asume con firma y fecha todo lo que el Catecismo recoge del Concilio: que la Iglesia de Cristo «subsiste en» la católica, en lugar de decir que es la católica (n. 816); que los musulmanes «adoran con nosotros al Dios único» (n. 841); y que puede salvarse quien ignora el Evangelio de Cristo (n. 1260). No era la primera vez. Fue padre conciliar, y lo recuerda en el mismo documento: tuvo «la gracia especial de participar y colaborar activamente» en el Concilio. Y al ocupar la Sede no condenó nada de él. El Catecismo no crea la complicidad; la convierte en regla.

De ahí dos consecuencias. La primera es que se cae la defensa del Concilio «meramente pastoral». El mismo documento llama a su obra «exposiciones doctrinales», y lo que se declara regla segura para enseñar la fe no es una orientación pastoral: es doctrina que se manda creer y enseñar.

La segunda es más grave. El Catecismo de Wojtyła no contradice solo al magisterio católico en puntos sueltos: contradice el dogma del que dependen todos los demás, que solo por Cristo nos salvamos. Si «todo hombre que, ignorando el Evangelio de Cristo y su Iglesia, […] hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado», se salva sin conocer a Cristo, sin creer en Él y sin su sacramento. Cristo sigue nombrado como causa, pero deja de ser necesario: nadie tiene que conocerle para salvarse por Él. Es exactamente lo que niegan San Pedro ante el Sanedrín —no hay otro nombre— y Cristo mismo: el que no creyere, se condenará.


II. Contra la necesidad de la fe explícita y de la gracia sobrenatural

9. Basta la fe implícita

«La fe implícita [basta para] la necesidad esencial de la salvación.» — Cruzando el umbral, p. 193 (lista de las 101, cargo 86).16

Lo contradice.

  • Heb 11, 6: «Sin fe es imposible agradar a Dios».
  • Símbolo Quicumque (Dz 39-40): «Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad […]. Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo».
  • Trento, ses. VI, cap. 6 y 8 (Dz 798, 801): el adulto se dispone a la justificación creyendo «en primer lugar que Dios justifica al impío por su gracia, por la redención que está en Cristo Jesús»; la fe es «fundamento y raíz de toda justificación».
  • Vaticano I, Dei Filius, cap. 3 (Dz 1789, 1793): la fe cree lo revelado «por la autoridad de Dios que revela», y «sin ella nadie jamás alcanzó la justificación».
  • Inocencio XI, decreto del Santo Oficio de 2-III-1679, prop. 23 condenada (Dz 1173): «La fe en sentido lato, por el testimonio de las criaturas o por otro motivo semejante, basta para la justificación». Véanse también las prop. 22 y 64.17
  • San Pío X, Acerbo nimis (15-IV-1905), n. 2, con Benedicto XIV: «la mayor parte de los condenados a las penas eternas padece su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben saber y creer para ser contados entre los elegidos».
  • Santo Oficio, 1703 (Dz 1349a): al adulto moribundo no se le puede bautizar sin instruirle en los misterios de la Trinidad y la Encarnación; no basta una fe meramente implícita.

Comentario. Es la pieza que une todo el bloque. Si la fe implícita salva, el no cristiano de buena voluntad está salvado sin haber oído el nombre de Cristo, la misión pierde su necesidad y la Iglesia su razón de ser. La «fe en sentido lato», sacada del testimonio de las criaturas, es exactamente la fe implícita de la que habla Wojtyła, e Inocencio XI la condenó en 1679. El Símbolo Quicumque dice qué fe hay que tener para salvarse, y la nombra: la Trinidad y la Encarnación, creídas. El Santo Oficio de 1703 aplicó esa doctrina al caso límite —un moribundo— y respondió con un no. Wojtyła responde al caso general con un sí.


10. La salvación «no se concede solamente» a los que creen en Cristo y han entrado en la Iglesia

«La universalidad de la salvación no significa que se conceda solamente a los que, de modo explícito, creen en Cristo y han entrado en la Iglesia.» — Redemptoris missio, n. 10, 7-XII-1990.

«Para ellos, la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental.» — El mismo número, a continuación.18

Lo contradice.

  • Florencia, Cantate Domino (1442), Dz 714: «nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna».
  • Pío IX, Singulari quadam (1854), Dz 1647: «por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que ésta es la única arca de salvación; que quien en ella no hubiere entrado, perecerá en el diluvio».19
  • Pío IX, Sílabo, prop. 17 (Dz 1717): «Por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos aquellos que no se hallan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo». Condenada.

Comentario. La primera frase es la contradictoria exacta de la definición de Florencia. Florencia dice que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica puede salvarse. Wojtyła dice que la salvación no se concede solamente a los que han entrado en la Iglesia; es decir, que se concede también a algunos que no han entrado. Entre «ninguno de los de fuera se salva» y «algunos de los de fuera se salvan» no hay término medio: si una es verdadera, la otra es falsa. Por eso Redemptoris missio no cita a Florencia. La misma frase añade que tampoco hace falta creer en Cristo «de modo explícito», que es la fe implícita de la ficha 9.

La segunda frase lo dice sin rodeos. La gracia que salva a esos hombres «no les introduce formalmente» en la Iglesia: los deja fuera, y los salva fuera. La «misteriosa relación con la Iglesia» no arregla nada, porque sustituye la pertenencia, que es un hecho visible —el bautismo, la profesión de la fe, la sujeción a los pastores—, por una relación que nadie puede comprobar. Es la «buena esperanza» que Pío IX condenó en el Sílabo, convertida en certeza.


11. El Espíritu Santo actúa en las religiones y en sus fundadores

«Precisamente de esta apertura primordial del hombre con respecto a Dios nacen las diferentes religiones. No pocas veces, en su origen encontramos fundadores que han realizado, con la ayuda del Espíritu de Dios, una experiencia religiosa más profunda. Esa experiencia, transmitida a los demás, ha tomado forma en las doctrinas, en los ritos y en los preceptos de las diversas religiones.» — Audiencia general, 9-IX-1998.20

«En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.» — Dominum et vivificantem, n. 53, 18-V-1986, haciendo suyo Gaudium et spes 22; y otra vez en Redemptoris missio, n. 10.

Lo contradice.

  • Jn 14, 6: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí».
  • Sal 95, 5 (Vulgata; 96, 5 en el hebreo): «todos los dioses de los gentiles son demonios».
  • 1 Cor 10, 20: «lo que sacrifican, a los demonios y no a Dios lo sacrifican».
  • Gregorio XVI, Mirari vos (1832), Dz 1613: el indiferentismo es «aquella perversa opinión […] de que la eterna salvación del alma puede conseguirse con cualquier profesión de fe, con tal que las costumbres se ajusten a la norma de lo recto y de lo honesto».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 16 (Dz 1716): «Los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión el camino de la salvación eterna y alcanzar la eterna salvación». Condenada.

Comentario. Wojtyła afirma que los fundadores de las religiones —Buda, Zoroastro, Mahoma— hicieron su experiencia «con la ayuda del Espíritu de Dios», y que de esa experiencia «ha tomado forma» cada religión, con sus doctrinas y sus ritos. Es la tesis modernista de la religión como experiencia (Pascendi, Dz 2074-2081), que ya no se aplica solo a la Iglesia, sino también a las sectas. Pero Cristo dijo: «nadie va al Padre sino por mí». Si nadie va al Padre sino por el Hijo, nadie va a Dios por ningún otro fundador; y una religión que no lleva a Dios no sirve para salvar: solo sirve para condenar. Por eso San Pablo, repitiendo el Deuteronomio (32, 17), dice que lo que ofrecen los gentiles no se ofrece a Dios, sino a los demonios (1 Cor 10, 20).

La segunda cita agrava la primera. Wojtyła no presenta como una opinión que el Espíritu Santo ofrezca a todos la salvación «en la forma de sólo Dios conocida»: dice «debemos creer», es decir, la impone como verdad de fe. Y lo que manda creer es lo que Gregorio XVI llamó indiferentismo y Pío IX condenó en la proposición 16: que en cualquier religión se encuentra el camino de la salvación.


12. «Toda oración auténtica» está bajo el influjo del Espíritu Santo

«Ogni preghiera autentica si trova sotto l’influsso dello Spirito» [toda oración auténtica se halla bajo el influjo del Espíritu]. — Discurso a la Curia romana, 22-XII-1986, n. 11, para explicar el encuentro de Asís.

«El encuentro interreligioso de Asís, excluida toda interpretación equívoca, ha querido reafirmar mi convicción de que “toda auténtica plegaria está movida por el Espíritu Santo, que está presente misteriosamente en el corazón de cada persona”.» — Redemptoris missio, n. 29, 7-XII-1990.21

Lo contradice.

  • Mateo 11, 27: «nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo».
  • Juan 4, 22: «vosotros adoráis lo que no conocéis».
  • Juan 14, 6 y 16, 23: «nadie va al Padre sino por mí»; «cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará».
  • 1 Cor 10, 20: «lo que sacrifican, a los demonios y no a Dios lo sacrifican».
  • Hebreos 11, 6: «sin fe es imposible agradar a Dios».
  • Trento, ses. XXV, decreto sobre la invocación de los santos (Dz 984): aun cuando se acude a la intercesión de los santos, los beneficios se alcanzan de Dios «por Jesucristo su Hijo, nuestro Señor, que es solo nuestro Redentor y Salvador» (per Filium eius Iesum Christum Dominum nostrum, qui solus noster redemptor et salvator est).
  • Santo Tomás, II-II, q. 83, a. 1, ad 2, con San Juan Damasceno (De fide orthodoxa, III, 24): la oración es «elevación del entendimiento a Dios».

Comentario. Rezar es hablar con Dios. Pero nadie puede hablar con quien no conoce, y a Dios solo lo conoce el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo revela. El que reza a Shiva o a Buda no habla con Dios, porque no lo conoce: confunde a Dios con otra cosa, y a esa otra cosa dirige su oración. Y lo que se dirige a un dios falso no llega a Dios: según San Pablo, llega a los demonios. Por eso no hay oración «auténtica» fuera de la fe: Dios solo acoge la plegaria hecha por Jesucristo, en su nombre, porque Él es el único mediador.

Wojtyła iguala la oración del hindú a Shiva y la del católico a la Trinidad con el adjetivo «auténtica», que ya no mide a quién se reza, sino la sinceridad del que reza. Lo dijo para justificar Asís, y cuatro años después lo puso en una encíclica como «convicción» suya. Si el Espíritu Santo moviera la plegaria dirigida a un ídolo, movería al hombre a lo que prohíbe el primer mandamiento.


13. Las creencias de los infieles son producto del Espíritu Santo

«¿No sucede quizá a veces que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas —creencia que es efecto también del Espíritu de verdad, que actúa más allá de los confines visibles del Cuerpo Místico— haga quedar confundidos a los cristianos […]?» — Redemptor hominis, n. 6, 4-III-1979.22

Lo contradice.23

  • Éxodo 20, 3: «No tendrás otro dios que a mí».
  • Santiago 2, 10: «quien observe toda la Ley, pero quebrante un solo precepto, viene a ser reo de todos».
  • Romanos 3, 10, citando el Salmo 13: «No hay justo, ni siquiera uno».
  • Sabiduría 14, 9, de los idólatras: «Igualmente son a Dios aborrecibles el impío y su impiedad».
  • Romanos 1, 20 y 25, de los gentiles: «De manera que son inexcusables»; «trocaron la verdad de Dios por la mentira».
  • 1 Juan 2, 22-23: «¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo? Ése es el Anticristo, que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre».
  • Orange II (529), can. 5 (Dz 178): «quienes dicen que la fe por la que creemos en Dios es natural, definen en cierto modo que son fieles todos aquellos que son ajenos a la Iglesia de Dios».
  • Trento, ses. VI, can. 6 (Dz 816): «Si alguno dijere que no es facultad del hombre hacer malos sus propios caminos, sino que es Dios el que obra así las malas como las buenas obras, no sólo permisivamente, sino propiamente y por sí […], sea anatema».
  • Vaticano I, Dei Filius, can. 3 (Dz 1803), contra el panteísmo: «Si alguno dijere que es una sola y la misma la sustancia o esencia de Dios y la de todas las cosas, sea anatema».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 1 (Dz 1701): «No existe ser divino alguno, supremo, sapientísimo y providentísimo, distinto de esta universidad de las cosas, y Dios es lo mismo que la naturaleza […]». Condenada.

Comentario. El infiel incumple el primer mandamiento, porque no conoce al Dios verdadero y adora a otro en su lugar. Los judíos y los musulmanes niegan que Cristo sea Dios y niegan la Santísima Trinidad; el Dios al que se dirigen no es el que existe, porque «el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre». Las demás religiones caen en el panteísmo, que confunde a Dios con el mundo; y una doctrina que no deja ningún Dios distinto de las cosas es una forma de ateísmo, condenada por el Sílabo y por el Vaticano I. Y quien falta en un punto de la ley se hace reo de toda ella: por eso San Pablo, con el salmo, dice que «no hay justo, ni siquiera uno». A quien así incumple la ley, Dios lo aborrece: «igualmente aborrece Dios al impío y su impiedad», dice la Sabiduría precisamente de los idólatras. Y si Dios aborrece la impiedad, no puede ser su autor. La falsa creencia del infiel es obra suya, no del Espíritu Santo: los gentiles «trocaron la verdad de Dios por la mentira», y por eso son inexcusables.

Wojtyła dice lo contrario: que la creencia firme de los seguidores de las religiones no cristianas es «efecto también del Espíritu de verdad». Pero el Espíritu de verdad no produce creencias en el error. Si fuera efecto suyo que el musulmán crea firmemente que Cristo no es Dios, el Espíritu de verdad habría inspirado la negación de la Encarnación, y Dios sería autor del mal, que es lo que Trento condena. Orange II definió que la fe viene de la gracia y no de la naturaleza, precisamente para que nadie contara entre los fieles a los que están fuera de la Iglesia. Wojtyła atribuye a la gracia la creencia de los de fuera, y con ello los cuenta entre los fieles.


III. Ecumenismo: contra Mortalium animos y las definiciones que la sostienen

14. Se ofrece a rediscutir el ejercicio del primado con los jefes de las sectas

«Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva.» — Ut unum sint, n. 95, 25-V-1995.

«La comunión real, aunque imperfecta, que existe entre todos nosotros, ¿no podría llevar a los responsables eclesiales y a sus teólogos a establecer conmigo y sobre esta cuestión un diálogo fraterno, paciente […]?» — Ut unum sint, n. 96.24

Lo contradice.

  • Vaticano I, Pastor aeternus (1870), cap. 3 (Dz 1827): la potestad de jurisdicción del Romano Pontífice «es verdaderamente episcopal» e «inmediata», y a ella están obligados «los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad».
  • Id., canon del cap. 3 (Dz 1831): anatema a quien diga que el Romano Pontífice «tiene sólo deber de inspección y dirección, pero no plena y suprema potestad de jurisdicción sobre la Iglesia universal».
  • Florencia, Laetentur caeli (1439), Dz 694: al Romano Pontífice «le fué entregada por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal».

Comentario. El primado no es una forma que el papa pueda negociar con quienes lo niegan: es de institución divina, y su ejercicio jurisdiccional pertenece a lo definido. Florencia no lo definió para los latinos, sino ante los griegos y con su firma. Pedir a los herejes orientales que ayuden a encontrar una forma de ejercerlo que se «abra a una situación nueva» es someter a consulta de los que están fuera lo que el Vaticano I definió con anatema. Y la premisa de la pregunta —una «comunión real» entre la Iglesia y las sectas— es la herejía de la ficha 5.


15. Los herejes orientales son «Iglesias hermanas»

6-XII-1987, basílica de San Pedro: Misa con el patriarca ortodoxo Dimitrios I, Credo recitado en griego y sin el Filioque; declaración común el 7-XII. 29-VI-1995: lo mismo con Bartolomé I, y bendición conjunta desde la logia.25

«Después del Concilio Vaticano II y con referencia a aquella tradición, se ha restablecido el uso de llamar “Iglesias hermanas” a las Iglesias particulares o locales congregadas en torno a su Obispo.» — Ut unum sint, n. 56, 25-V-1995.

«Compartimos la fe transmitida por los Apóstoles» [con la «Iglesia ortodoxa etíope»]. — A los obispos de Etiopía, 4-X-1993.

Lo contradice.

  • Juan 16, 15: «Todo cuanto tiene el Padre es mío».
  • Lyon II (1274), Dz 460: «condenamos y reprobamos a los que osaren negar que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo».
  • Florencia, Laetentur caeli (1439), Dz 691 y 694: que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, definido para que «por todos los cristianos sea creída y recibida esta verdad de fe»; «todo lo que es del Padre, el Padre mismo se lo dio a su Hijo unigénito al engendrarle, fuera de ser Padre»; y que «la santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe».
  • Trento, ses. XXIV, can. 7 (Dz 977): la Iglesia no yerra al enseñar que «no se puede desatar el vínculo del matrimonio por razón del adulterio de uno de los cónyuges»; y Pío XI, Casti connubii (1930): «evidentemente es cierto que no puede desatarse el vínculo».26
  • Pío XI, Mortalium animos (1928): la unión de los cristianos no se procura sino por «el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo».
  • CIC 1917, c. 1258 § 1: «Haud licitum est fidelibus quovis modo active assistere seu partem habere in sacris acatholicorum» [no es lícito a los fieles asistir de modo activo ni tomar parte en las funciones sagradas de los acatólicos].

Comentario. Una Iglesia «hermana» supone dos Iglesias; el Credo dice una. Celebrar el Credo con quien niega el primado, en el altar de la Confesión, y decir a los obispos de Etiopía que se comparte con los monofisitas «la fe transmitida por los Apóstoles», es afirmar que la herejía no separa de la fe. Los griegos no profesan la fe de Florencia, que firmaron y después rechazaron; Wojtyła les dijo que profesan la de los Apóstoles.27

Los ortodoxos no son una Iglesia separada por una cuestión de disciplina: son herejes y, más que herejes, apóstatas de la fe católica que profesaron.28 Niegan el Filioque, que la Iglesia definió en Lyon II y en Florencia, y en Florencia con su firma. Y al negarlo niegan que el Padre lo dio todo al Hijo menos el ser Padre, como define Florencia y dice Cristo («Todo cuanto tiene el Padre es mío»): rebajan al Hijo en una dirección próxima a la arriana, contra la que precisamente nació la fórmula en el III Concilio de Toledo (589). Y no es lo único. Al rechazar todos los concilios posteriores a su separación, niegan además el primado y la infalibilidad del Romano Pontífice, el purgatorio, la Inmaculada Concepción y la indisolubilidad del matrimonio, pues admiten nuevas nupcias tras el divorcio. Llamarlos «cismáticos» es ocultar todo esto. Llamar «hermana» a su Iglesia, y decirles que comparten la fe de los Apóstoles, es declarar que nada de ello separa de la fe.


16. Lutero, «profunda religiosidad»; el primer papa en un templo luterano

«Se ha delineado claramente la profunda religiosidad de Lutero, que con ardiente pasión era impulsado por la pregunta sobre la salvación eterna.» — Carta al cardenal Willebrands, 31-X-1983, en el quinto centenario del nacimiento de Lutero [trad. del italiano].

«La ruptura de la unidad eclesial no se puede reducir ni a la falta de comprensión por parte de las autoridades de la Iglesia católica, ni sólo a la escasa comprensión del verdadero catolicismo por parte de Lutero, aunque ambas cosas hayan desempeñado su papel.» Y a continuación pide llegar, «mediante una investigación sin prejuicios», a «una imagen justa del reformador»: «la culpa, donde exista, debe ser reconocida, de cualquier parte que se encuentre». — La misma carta.29

11-XII-1983: predica en la iglesia luterana de Roma, primer papa que lo hace.

Lo contradice.

  • Mateo 7, 21: «No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos».
  • Efesios 4, 5: «Sólo un Señor, una fe, un bautismo».
  • Gálatas 1, 8: «Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema».
  • León X, Exsurge Domine (15-VI-1520), Dz 741-781: cuarenta y un artículos de Lutero condenados «como heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos de los oídos piadosos o bien engañosos de las mentes sencillas, y opuestos a la verdad católica»; y Decet Romanum Pontificem (3-I-1521): la excomunión.
  • Trento, ses. VI, can. 12 (Dz 822): «Si alguno dijere que la fe justificante no es otra cosa que la confianza de la divina misericordia que perdona los pecados por causa de Cristo, o que esa confianza es lo único con que nos justificamos, sea anatema».
  • León XIII, Satis cognitum (1896), n. 5, citando a San Cipriano: «La unidad no puede ser amputada».
  • Pío XI, Mortalium animos (1928): la unión de los cristianos no se procura sino por «el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo».

Comentario. Wojtyła habla de la «ruptura de la unidad eclesial». Pero la fe enseña que la Iglesia es una, y lo que es uno no se parte en dos: con Lutero no se rompió la Iglesia, sino que Lutero y los suyos salieron de ella. Hablar de ruptura es suponer que desde entonces hay dos mitades de la Iglesia, y no la Iglesia y una secta.

No sabemos exactamente qué entiende por «religiosidad», pero sea lo que sea, no es lo que salva. Cristo lo dijo: «No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre». Para salvarse es necesaria la fe, y Lutero, al inventarse la suya —la confianza en que Dios perdona los pecados por causa de Cristo—, perdió la verdadera. Trento anatematizó precisamente esa fe inventada. Elogiar la «profunda religiosidad» del hombre que llamó a la Misa «abominación» y llevó a la perdición a media Europa es elogiar lo que no salva en quien perdió lo que salva.

Y en la misma carta atribuye la ruptura en parte a la «falta de comprensión» de «las autoridades de la Iglesia católica»; es decir, dice que León X condenó sin entender. Una Iglesia que se equivocó al condenar a Lutero no es indefectible.


17. La Declaración conjunta sobre la justificación, «piedra miliar»

«Los representantes de la Iglesia católica y de la Federación luterana mundial firman una Declaración común sobre uno de los principales temas que oponían a católicos y luteranos: la doctrina de la justificación por la fe. Se trata de una piedra miliar en el arduo camino del restablecimiento de la unidad plena entre los cristianos.» — Ángelus, 31-X-1999, día de la firma en Augsburgo.30

Lo contradice.

  • Trento, sesión 6.ª (1547), canon 9 (Dz 819): «Si alguno dijere que el impío se justifica por la sola fe, de modo que entienda no requerirse nada más con que coopere a conseguir la gracia de la justificación […], sea anatema».
  • Trento, misma sesión, canon 12 (Dz 822): anatema a quien diga que «la fe justificante no es otra cosa que la confianza de la divina misericordia que perdona los pecados por causa de Cristo».
  • Trento, misma sesión, canon 24 (Dz 834): anatema a quien diga que las buenas obras son «solamente fruto y señales de la justificación alcanzada, no causa también de aumentarla».
  • Trento, misma sesión, capítulo 7 (Dz 799): la justificación «no es sólo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del hombre interior».

Comentario. Para entender el cargo hay que poner una al lado de la otra las dos doctrinas. Lutero enseñó que el hombre se justifica solo por la fe, y que esa fe es la confianza en que Dios le perdona los pecados por causa de Cristo; que la justicia de Cristo se le imputa desde fuera, como un manto que cubre al pecador sin cambiarlo por dentro; y que las buenas obras no tienen parte en la justificación: son solo su fruto. Trento definió lo contrario punto por punto. La fe es necesaria, pero no basta: hace falta que el hombre coopere y se disponga con su voluntad (canon 9). La fe que justifica no es esa confianza (canon 12). La justificación no es solo perdón, sino santificación y renovación interior del hombre (capítulo 7). Y las buenas obras aumentan la justicia recibida (canon 24).

Pues bien, la Declaración de 1999 afirma que la doctrina luterana que expone «no cae bajo las condenas del Concilio de Trento», y Wojtyła la celebra como «piedra miliar». O Trento condenó una doctrina que Lutero no tenía —y entonces el Concilio erró— o la condenó bien y la Declaración miente. En cualquiera de los dos casos, quien llama «piedra miliar» a ese texto pone a Trento en revisión. Pero lo que Trento definió no se revisa: el canon 9 declara anatema a quien diga «que el impío se justifica por la sola fe», que es la tesis central de Lutero, y ese anatema no tiene fecha de caducidad.


18. Reconocimiento de la secta anglicana

29-V-1982, catedral anglicana de Canterbury: celebración común con Robert Runcie, «arzobispo de Canterbury» y cabeza de la Comunión anglicana —un laico, porque las órdenes anglicanas son nulas—. Wojtyła renueva junto a él las promesas bautismales, y los dos bendicen juntos a los asistentes.

18-I-2000, basílica de San Pablo Extramuros, Roma: abre la Puerta Santa del Jubileo junto a George Carey, sucesor de Runcie como «arzobispo de Canterbury», y al metropolita Athanasios, enviado del patriarca ortodoxo de Constantinopla; cada uno empuja una hoja de la puerta.31

Lo contradice.

  • León XIII, Apostolicae curae (13-IX-1896), Dz 1966: «pronunciamos y declaramos que las ordenaciones hechas en rito anglicano han sido y son absolutamente inválidas y totalmente nulas».
  • Santo Oficio, instr. Ecclesia catholica (20-XII-1949): en todo trato con los disidentes «no se debe pasar en silencio ni esconder con palabras ambiguas» lo que la Iglesia enseña «sobre la única unión legítima que se consuma con el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo».
  • CIC 1917, c. 1258 § 1: «Haud licitum est fidelibus quovis modo active assistere seu partem habere in sacris acatholicorum» [no es lícito a los fieles asistir de modo activo ni tomar parte en las funciones sagradas de los acatólicos].

Comentario. Bendecir a dos con un laico revestido de arzobispo es declarar, con el gesto, que Apostolicae curae no rige. Abrir la Puerta Santa a tres manos, en el Jubileo de la Redención, es un signo elegido y fotografiado: la unidad ya está, solo falta reconocerla. Es la tesis de la comunión con las sectas (ficha 5) puesta en escena, y es exactamente la «palabra ambigua» que el Santo Oficio prohibió once años antes de la muerte de Pío XII.

La estructura conciliar está siempre dispuesta a pedir perdón por los supuestos errores de la Iglesia católica —la Inquisición, las cruzadas, la condena de Lutero—, pero en Canterbury nadie habló de la persecución de los católicos en la Inglaterra anglicana. Desde los cartujos ahorcados en Tyburn en 1535 hasta el último sacerdote ejecutado en 1679, la Iglesia de Inglaterra se fundó y se sostuvo con la sangre de los católicos que se negaron a reconocer al rey como cabeza de la Iglesia o a renunciar a la Misa. León XIII beatificó a sesenta y tres de ellos (1886 y 1895), Pío XI a otros ciento treinta y seis (1929), y en 1935 canonizó a Juan Fisher y Tomás Moro.32 Wojtyła se arrodilló en la catedral de la secta que los mató junto al hombre que la preside, y no pidió por ellos ni una palabra de reparación.


19. Unidos a los herejes nestorianos: «Madre de Cristo» y «Madre de Dios» son las dos expresiones legítimas

«Por esa razón la Iglesia Asiria de Oriente reza a la Virgen María como “la Madre de Cristo nuestro Dios y Salvador”. A la luz de esta misma fe, la tradición católica se dirige a la Virgen María como “la Madre de Dios” y también como “la Madre de Cristo”. Ambos reconocemos la legitimidad y exactitud de estas expresiones de la misma fe, y ambos respetamos la preferencia de cada Iglesia en su vida litúrgica y su piedad.» Y de ahí: las Iglesias particulares católicas y asirias «pueden reconocerse mutuamente como Iglesias hermanas». — Declaración cristológica común con Mar Dinkha IV, patriarca de la «Iglesia Asiria de Oriente», Vaticano, 11-XI-1994 [trad. del inglés].

Siete años después, las Orientaciones del 20-VII-2001, que declaran válida la anáfora de Addai y Mari, en la que no figuran las palabras de la consagración.33

Lo contradice.

  • Concilio de Éfeso (431), anatematismo 1.º de San Cirilo (Dz 113): «Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emmanuel, y que por eso la santa Virgen es madre de Dios (pues dio a luz carnalmente al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema».
  • Id., anatematismo 3.º (Dz 115): «Si alguno divide en el solo Cristo las hipóstasis después de la unión, uniéndolas sólo por la conexión de la dignidad o de la autoridad y potestad, y no más bien por la conjunción que resulta de la unión natural, sea anatema».
  • Florencia, Decretum pro Armenis (1439), Dz 698: «La forma de este sacramento son las palabras con que el Salvador consagró este sacramento, pues el sacerdote consagra este sacramento hablando en persona de Cristo».

Comentario. Éfeso no ofreció a los nestorianos «preferencia» entre dos títulos: les impuso uno bajo anatema, porque rehusarlo era la herejía. Una Iglesia que sigue sin aceptar Éfeso y sin decir Theotokos no profesa «la misma fe» que la que lo definió. Llamarla «Iglesia hermana» es levantar el anatema sin decirlo. Y tener por válida una anáfora sin las palabras de Cristo es contradecir a Florencia en materia de forma sacramental: no hay «preferencia» posible sobre lo que hace o no hace presente al Señor.

Y el título no es una cuestión de devoción mariana, sino de quién es Cristo. La herejía nestoriana estalló por la Virgen: Nestorio rehusaba llamarla Theotokos, Madre de Dios, y solo admitía Christotokos, Madre de Cristo, porque, decía, Dios no puede nacer de una criatura humana; María sería madre solo de la naturaleza humana de Jesús. Pero detrás del título estaba la tesis de fondo: para Nestorio, Jesucristo es un hombre unido al Verbo por un vínculo meramente moral —de dignidad, de autoridad—, no por una unión real en una sola persona. Es exactamente lo que condena el anatematismo 3.º de Éfeso. Si en Cristo hay un hombre al que el Verbo se une solo moralmente, el que nació de María, padeció y murió no es Dios: la herejía nestoriana niega la divinidad real de Cristo. Por eso Éfeso exigió el título: decir «Madre de Dios» es confesar que el que nació de ella es Dios. Y por eso no puede haber «preferencia» entre los dos títulos: «Madre de Cristo», dicho para no decir «Madre de Dios», es la fórmula misma de Nestorio.


20. Los sacramentos a herejes y cismáticos, por ley

«Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos.» — Código de Derecho Canónico, c. 844 § 3, 25-I-1983.

Y en peligro de muerte o «si urge otra necesidad grave», «también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos». — El mismo canon, § 4. Desarrollado por el Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo del 25-III-1993, aprobado por él.34

8-IV-2005, plaza de San Pedro, misa de exequias de Wojtyła, en sede vacante: el cardenal Ratzinger, que la preside como decano del Colegio Cardenalicio, da la comunión a Roger Schutz, fundador de la comunidad de Taizé y pastor protestante, que nunca abjuró de su confesión. Según la propia comunidad de Taizé, Schutz había comulgado ya varias veces de manos de Wojtyła.35

Lo contradice.

  • CIC 1917, c. 731 § 2: «Está prohibido administrar los sacramentos de la Iglesia a los herejes o cismáticos, aunque estén de buena fe en el error y los pidan, a no ser que antes, abandonados sus errores, se hayan reconciliado con la Iglesia».
  • Florencia, Cantate Domino (1442), Dz 714: la unidad del cuerpo de la Iglesia vale tanto que solo a los que permanecen en ella «les aprovechan para su salvación los sacramentos».
  • Pío XI, Mortalium animos (1928): prohíbe a los católicos tomar parte en las iniciativas que tratan a las sectas como si fueran partes de la Iglesia, porque la unión de los cristianos «no se puede procurar de otro modo que promoviendo el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo». Dar los sacramentos a quien no ha vuelto es tratarle como si ya estuviera dentro.

Comentario. El Código de 1917 codificaba la práctica de siempre: la Eucaristía es signo de la unidad, y darla a quien no profesa la fe es mentir con el sacramento. El de 1983 lo invierte por ley: sin abjuración previa, «si los piden espontáneamente». La cláusula del § 4 —que «profesen la fe católica respecto a esos sacramentos»— no arregla nada: la fe no se profesa por sacramentos sueltos, y quien rechaza un solo artículo no tiene fe divina en ninguno. Es la ficha 4 —las sectas como medios de salvación— convertido en disciplina sacramental. Y, en un legislador, la ley pesa más que cien discursos. Lo que la ley permitía lo practicó él mismo con Roger Schutz, y lo repitió Ratzinger ante su féretro, a la vista del mundo.


IV. Las religiones falsas: contra el primer mandamiento

21. Asís, 27 de octubre de 1986: las religiones del mundo, convocadas a rezar cada una a su dios

«Por primera vez en la historia nos hemos reunido desde todas partes, Iglesias cristianas y Comunidades eclesiales, y Religiones del mundo, en este lugar sagrado dedicado a san Francisco, para dar testimonio ante el mundo, cada uno según su propia convicción, de la cualidad trascendente de la paz.» — Discurso final de la Jornada mundial de oración por la paz, Asís, 27-X-1986, n. 3 [trad. del inglés].36

«El acontecimiento de Asís puede considerarse así como una ilustración visible, una lección de los hechos, una catequesis inteligible para todos, de lo que presupone y significa el compromiso ecuménico y el compromiso por el diálogo interreligioso recomendado y promovido por el concilio Vaticano II.» — Discurso a la Curia romana, 22-XII-1986, n. 7 [trad. del italiano]. El fundamento lo da en el n. 3: «esta unidad radical que pertenece a la identidad misma del ser humano».

Budistas, hindúes, sintoístas, musulmanes, judíos, representantes de las religiones tradicionales africanas y amerindias rezan, cada grupo por separado y según su rito, en iglesias y lugares de la ciudad; en la de San Pedro, los budistas colocan una estatua de Buda sobre el sagrario. La convocatoria se repite en Asís el 9 y 10 de enero de 1993 y el 24-I-2002.

Lo contradice.

  • Éxodo 20, 3: «No tendrás otros dioses delante de mí».
  • 2 Cor 6, 14-16: «¿Qué concordia entre Cristo y Belial? […] ¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos?».
  • Pío XI, Mortalium animos (6-I-1928), de los congresos que invitan «a los infieles de todo género»: «Tales tentativas no pueden, de ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables»; quienes se adhieren a ellas «se apartan totalmente de la religión revelada por Dios».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 15 (Dz 1715): «Todo hombre es libre en abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, tuviere por verdadera». Condenada.

Comentario. Mortalium animos describe Asís con cincuenta y ocho años de antelación: asambleas en las que se invita a rezar juntos a los infieles de todo género, fundadas en que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas. Pío XI dice que los católicos no pueden aprobarlas; Wojtyła las convoca, las preside, les cede las iglesias y las repite dos veces. Y no las presenta como una concesión de cortesía, sino como una «catequesis»: una enseñanza dirigida a todos, que enseña lo que el Concilio quiso. Lo que enseña está en la frase del discurso final: cada uno da testimonio «según su propia convicción», que es la proposición 15 del Sílabo puesta en escena. La Gran Logia Nacional Francesa, en 1986, se asoció públicamente a la oración de Asís; entendió lo que se le decía.37


22. «Creemos en el mismo Dios» que los musulmanes

«Creemos en el mismo Dios, el Dios único, el Dios vivo, el Dios que crea los mundos y que conduce a sus criaturas a su propia perfección.» — A los jóvenes musulmanes, estadio de Casablanca, 19-VIII-1985, n. 1.

«Los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham, y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo.» — Catecismo de la Iglesia católica, n. 841, promulgado por él el 11-X-1992, que transcribe Lumen gentium 16.

«Quisiera hoy repetir lo que dije hace algunos años a los jóvenes musulmanes en Casablanca: “Creemos en el mismo Dios…”» — Audiencia general, 5-V-1999, n. 2. Y antes, Sollicitudo rei socialis 47 (30-XII-1987): los musulmanes, «quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso».38

Lo contradice.

  • 1 Jn 2, 23: «Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre».
  • Jn 5, 23: «El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió».
  • Concilio de Vienne (1311-1312), decreto 25: en las mezquitas «los sarracenos se reúnen para adorar al infiel Mahoma»; los príncipes católicos deben prohibir «la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma».39
  • Florencia, Cantate Domino (1442), Dz 714: nadie que esté fuera de la Iglesia católica, «no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno».

Comentario. El islam niega la Trinidad y la Encarnación, es decir, niega quién es Dios. Un concepto de Dios que excluye al Hijo no es el Dios vivo con un rasgo de menos: San Juan dice que quien niega al Hijo no tiene al Padre. Un concilio ecuménico llamó al culto de las mezquitas adoración «del infiel Mahoma» y mandó a los príncipes suprimirlo; Wojtyła dice a los musulmanes que adoran «con nosotros» al Dios único, lo pone en el catecismo que declaró «regla segura» (ficha 8) y lo repite catorce años después para que nadie lo tome por un exceso de un día.


23. Los judíos, «hermanos mayores»; la Antigua Alianza, «nunca revocada»

«La religión judía no nos es “extrínseca”, sino que, en cierto modo, es “intrínseca” a nuestra religión. […] Sois nuestros hermanos predilectos y, en cierto modo, se podría decir nuestros hermanos mayores.» — Sinagoga de Roma, 13-IV-1986, n. 4 [trad. del italiano].

El pueblo judío, «pueblo de Dios de la Antigua Alianza nunca revocada por Dios». — A la comunidad judía de Maguncia, 17-XI-1980.40

«[Los libros del Antiguo Testamento] conservan un valor permanente, porque la Antigua Alianza no ha sido revocada.» — Catecismo de la Iglesia católica, n. 121, 1992.

«Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza.» — Oración de la Jornada del perdón, 12-III-2000, que deposita escrita y firmada en el Muro occidental de Jerusalén el 26-III-2000.

Lo contradice.

  • Hebreos 8, 13: «Al decir nueva, declaró anticuada la primera; y lo anticuado y envejecido está a punto de desaparecer».
  • Marcos 7, 8-9, contra la tradición de los fariseos: «Y dejando a un lado el precepto de Dios, os aferráis a la tradición humana […]. En verdad que anuláis el precepto de Dios para establecer vuestra tradición».
  • Juan 15, 23: «Qui me odit, et Patrem meum odit» [el que me aborrece, aborrece también a mi Padre].
  • 1 Tesalonicenses 2, 15: «qui et Dominum occiderunt Iesum, et prophetas, et nos persecuti sunt, et Deo non placent, et omnibus hominibus adversantur» [que mataron al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos persiguieron; y no agradan a Dios, y son enemigos de todos los hombres].
  • Florencia, Cantate Domino (1442), Dz 712: las legalidades de la Ley de Moisés «cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo»; «mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión»; después de promulgado el Evangelio, «sin pérdida de la salvación eterna, no pueden guardarse»; y la Iglesia «denuncia como ajenos a la fe de Cristo a todos los que, después de aquel tiempo, observan la circuncisión y el sábado y guardan las demás prescripciones legales, y que en modo alguno pueden ser partícipes de la salvación eterna, a no ser que un día se arrepientan de esos errores».
  • Gregorio IX (1239), Inocencio IV, Impia Iudaeorum perfidia (1244), Julio III (1553) y Clemente VIII, Cum Hebraeorum malitia (1593): condenan el Talmud y mandan quemarlo por sus blasfemias contra Cristo y contra la Virgen.41
  • Pío XII, Mystici corporis (29-VI-1943): «En la Cruz, pues, murió la Ley Vieja, que en breve había de ser enterrada y resultaría mortífera, para dar paso al Nuevo Testamento».

Comentario. Hebreos dice «anticuada»; Pío XII, «muerta»; Wojtyła, «nunca revocada». No caben las tres en una sola fe. Si la Antigua Alianza sigue vigente, el judío que observa el sábado no necesita a Cristo para estar en alianza con Dios, que es exactamente lo que Florencia declara ajeno a la fe. «Hermanos mayores» supone una familia común en la fe; la Sinagoga que rechaza al Mesías no tiene la fe de Abraham, sino su carne. Y llamar al judaísmo «intrínseco» a nuestra religión es hacer de la negación de Cristo una parte del cristianismo. La doble alianza es el mismo mecanismo de la ficha 2, aplicado al judaísmo.

Y el judaísmo del que Wojtyła se declaró hermano no es la religión del Antiguo Testamento. Los judíos actuales siguen fundamentalmente el Talmud, no la Biblia: la «tradición de los antiguos» de los fariseos, puesta por escrito después de Cristo, que Él mismo denunció porque anula el precepto de Dios. El judaísmo de hoy es heredero del fariseísmo mucho más que de la religión de Abraham y de Moisés. Y el Talmud es un libro blasfemo contra Jesús y contra su santa Madre: por eso lo condenaron y mandaron quemar Gregorio IX, Inocencio IV, Julio III y Clemente VIII. Lo que da unidad al judaísmo desde hace dos mil años no es la espera del Mesías, sino el rechazo del Mesías que vino, y ese rechazo ha sido odio: «el que me aborrece, aborrece también a mi Padre». Llamar «hermanos mayores» a quienes se definen por ese rechazo, y pedir perdón a Dios por lo que han sufrido sin decir una palabra de lo que hicieron a Cristo, es invertir la culpa.


24. El beso al Corán

14-V-1999, Vaticano: al final de la audiencia a una delegación de Irak encabezada por el patriarca caldeo Rafael I Bidawid, con un imán chií y un dignatario suní, le presentan un ejemplar del Corán; se inclina ante él y lo besa. Lo contó el propio Bidawid a la agencia Fides, y la fotografía dio la vuelta al mundo.42

Lo contradice.

  • 2 Cor 6, 15-16: «¿Qué parte tiene el fiel con el infiel? ¿Qué acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos?».
  • CIC 1917, c. 1258 § 1: «No es lícito a los fieles asistir activamente de cualquiera manera, o tomar parte en las funciones religiosas de los acatólicos».
  • Ferreres, Compendio de teología moral, t. I, n. 292 (2.ª ed. castellana, Barcelona 1923): «Con mayor rigor aún se prohíbe comunicar en las cosas sagradas con los infieles; pues el que esto hiciere […] casi siempre participaría del culto supersticioso, que es intrínsecamente malo».

Comentario. El beso es el gesto litúrgico de veneración a la Escritura: el sacerdote besa el libro de los Evangelios tras su lectura. El libro que recibió ese gesto declara infieles a quienes dicen que Dios es «el tercero de tres» (sura 5, 73) y niega que Cristo fuera crucificado (sura 4, 157). Venerarlo ante testigos, sin corrección posterior, es honrar como sagrado el libro que niega la fe. No hace falta interpretarlo: hace falta verlo.


25. Actos de culto con paganos, animistas y musulmanes en sus lugares sagrados

«Especialmente característico fue el encuentro de oración en el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, en Lago Togo, donde he orado por primera vez también con los animistas.» — Audiencia general, 21-VIII-1985, n. 8, sobre el encuentro de Togoville del 9-VIII-1985, donde había dicho a los animistas: «Rezamos, unos y otros, para que Dios atraiga a todos los hombres nuestros hermanos hacia su Luz» [trad. del francés].

«Es legítimo estar agradecidos a los antepasados que os han transmitido el sentido de lo sagrado, la creencia en un Dios único y bueno, el gusto por la celebración, la estima por la vida moral y la armonía en la sociedad.» Y de los pueblos de Europa que recibieron el Evangelio cuando «ya tenían una religión y un culto»: «Al acoger el mensaje de Dios, no perdieron nada.» — A los representantes del vudú, Cotonou (Benín), 4-II-1993, nn. 2 y 3 [trad. del francés].

«Los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna.» — En la mezquita de los Omeyas, Damasco, 6-V-2001, n. 3; el primer ocupante de la Sede que entra en una mezquita.

Antes, el 10-V-1984, había visitado en su templo de Bangkok al patriarca supremo del budismo tailandés; y en febrero de 1986, en la India, recibe en la frente el tilak hindú.43

Lo contradice.

  • Éxodo 32, 28 y 35, tras la adoración del becerro de oro: «perecieron aquel día unos tres mil del pueblo»; «así castigó Yave al pueblo, por haberse hecho el becerro de oro, que les hizo Arón».
  • 1 Corintios 10, 20-21: «Lo que sacrifican, a los demonios y no a Dios lo sacrifican. Y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios. No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios».
  • CIC 1917, c. 1258 § 1: «Haud licitum est fidelibus quovis modo active assistere seu partem habere in sacris acatholicorum» [no es lícito a los fieles asistir de modo activo ni tomar parte en las funciones sagradas de los acatólicos].
  • Ferreres, loc. cit.: la comunicación en lo sagrado con los infieles es participar en un culto «intrínsecamente malo».
  • Concilio de Vienne (1311-1312), decreto 25: en las mezquitas «los sarracenos se reúnen para adorar al infiel Mahoma»; los príncipes católicos deben prohibir «la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma».
  • Pío XI, Mortalium animos: quienes se adhieren a esas tentativas «se apartan totalmente de la religión revelada por Dios».

Comentario. No son imprudencias: son actos de idolatría, porque quien toma parte en el culto de los idólatras participa de su idolatría. Adorar el becerro de oro fue idolatría, y la Escritura dice lo que costó: tres mil muertos aquel día y el castigo de Dios sobre todo el pueblo. Y no lo fabricó un cualquiera, sino Arón, el sumo sacerdote. San Pablo lo dice sin matices: lo que se ofrece a los ídolos se ofrece a los demonios, y no se puede tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios. Wojtyła tomó parte en la mesa de los demonios, y además dio la razón de hacerlo. A los animistas les dice que reza con ellos. A los sacerdotes del vudú, que su religión les transmitió «la creencia en un Dios único y bueno» y que los paganos de Europa no perdieron nada al hacerse cristianos, de modo que la conversión es una ganancia, no un paso de la muerte a la vida. Y de la mezquita dice lo que Vienne prohibió tolerar: que es un lugar donde se encuentra a Dios camino de la vida eterna. Lo hizo porque creía lo que dijo a la Curia en 1986: que en toda «oración auténtica» está el Espíritu.


26. El budismo, «religión de salvación»; la «raíz soteriológica común» de las religiones

«Es necesario prestar una especial atención al budismo, que según un cierto punto de vista es, como el cristianismo, una religión de salvación.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 99.

Los semina Verbi presentes en todas las religiones «constituyen una especie de raíz soteriológica común a todas las religiones». — Ibid., p. 96.

«En vez de sorprenderse de que la Providencia permita tal variedad de religiones, deberíamos más bien maravillarnos de los numerosos elementos comunes que se encuentran en ellas.» — Ibid., pp. 96-97.44

«[Dios] no deja de hacerse presente de muchas maneras, no sólo en cada individuo sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones, aunque contengan “lagunas, insuficiencias y errores”.» — Redemptoris missio, n. 55, 7-XII-1990.

Lo contradice.

  • Hechos 4, 12: «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 16 (Dz 1716): «Los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión el camino de la salvación eterna y alcanzar la eterna salvación». Condenada.
  • Pío XI, Mortalium animos: la opinión de que todas las religiones son «con poca diferencia, buenas y laudables» rechaza la verdadera religión y «poco a poco» lleva «al naturalismo y ateísmo».

Comentario. El budismo no tiene un Dios personal que salve: es una disciplina para extinguir el deseo. Llamarlo «religión de salvación», aunque sea «según un cierto punto de vista» que nunca se declara falso, es dar al nombre de salvación un contenido que no es el de Hechos 4, 12. Una «raíz soteriológica común» hace de cada religión una rama del mismo árbol de salvación; y Redemptoris missio le pone el sello encíclico: las religiones son la «expresión principal y esencial» de las riquezas por las que Dios se hace presente a los pueblos. Lo que la Providencia permite —la variedad de religiones— se convierte en motivo de maravilla. Meramo lo llamó sincretismo en 1995, y Wojtyła lo confirmó en 1998 (ficha 11) al decir que las religiones nacen de una «apertura primordial» suscitada por el Espíritu.


27. El diálogo interreligioso, «parte de la misión»; el proselitismo, descartado

«El diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia.» — Redemptoris missio, n. 55, 7-XII-1990.

«El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos.» — Ibid., citando su propia carta a los obispos de Asia.

«La vía para realizar la unidad de los cristianos no es el proselitismo, sino el diálogo fraterno entre los discípulos de Cristo.» — Homilía de clausura de la Semana de oración por la unidad, San Pablo Extramuros, 25-I-1993, haciendo suyas las palabras de la Comisión pontificia para Rusia [trad. del italiano].

«Quiero asegurar una vez más a los pastores y a los hermanos y hermanas de las Iglesias ortodoxas que la nueva evangelización en modo alguno debe ser confundida con el proselitismo.» — Ecclesia in Europa, n. 32, 28-VI-2003.45

Lo contradice.

  • Mateo 28, 19: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
  • Marcos 16, 16: «El que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere, se condenará».
  • Pío XII, Evangelii praecones (2-VI-1951), n. 24, con Maximum illud de Benedicto XV (1919) y Rerum Ecclesiae de Pío XI (1926): «El fin que pretende el misionero es éste: hacer avanzar con paso cada vez más veloz el Reino del Divino Redentor […] hasta conseguir que este Reino llegue aun a la más remota e ignorada cabaña y al hombre más lejano y desconocido»; y n. 10: las gentes «han de ser llamadas a un solo redil y a un solo puerto de salvación».
  • Concilio de Vienne, decreto 24: cátedras de hebreo, árabe y caldeo para «propagar la fe salvadora entre los pueblos paganos».

Comentario. «Proselitismo» es la palabra nueva para lo que Cristo mandó. Cuando el diálogo se define como parte de la misión y la conversión se llama proselitismo, la misión ha cambiado de objeto: ya no se trae al infiel a la Iglesia, se le acompaña en su religión. La segunda cita da la razón: si los seguidores de otras religiones pueden ser salvados «independientemente de los medios ordinarios», la fe y el bautismo dejan de ser necesarios y pasan a ser una «llamada», una mejora. Y con los ortodoxos ni siquiera eso: la unión con ellos no se busca por su vuelta a la Iglesia, que es lo único que Mortalium animos admite, sino por un diálogo que restablezca la comunión «que existía en el primer milenio», como si Roma y Constantinopla fueran dos mitades de una misma Iglesia.


V. Contra la libertad religiosa condenada y la realeza social de Cristo

28. La libertad religiosa, «piedra angular de los derechos humanos», que la ley civil debe ratificar

«La libertad religiosa, exigencia ineludible de la dignidad de cada hombre, es una piedra angular del edificio de los derechos humanos.» — Mensaje para la Jornada mundial de la paz, 1-I-1988 (fechado el 8-XII-1987), introducción.

La libertad en la profesión de las propias convicciones religiosas «debe encontrar una garantía precisa en el ordenamiento jurídico de la sociedad, es decir, debe ser reconocida y ratificada por la ley civil como derecho inalienable de la persona». Y ese derecho «llega a ser parámetro de los demás derechos fundamentales». — El mismo mensaje, n. 1.

«Fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa.» — Centesimus annus, n. 47, 1-V-1991.

El derecho a la libertad religiosa, «sentido cada vez más como fundamento de los derechos de la persona», es, con el sentido de la dignidad de la persona, «ciertamente una adquisición positiva de la cultura moderna». — Veritatis splendor, n. 31, 6-VIII-1993.

Lo contradice.

  • Gregorio XVI, Mirari vos (1832), Dz 1613: el indiferentismo es «aquella perversa opinión […] de que la eterna salvación del alma puede conseguirse con cualquier profesión de fe»; «y de esta de todo punto pestífera fuente del indiferentismo, mana aquella sentencia absurda y errónea, o más bien, aquel delirio de que la libertad de conciencia ha de ser afirmada y reivindicada para cada uno».
  • Pío IX, Quanta cura (1864), Dz 1690: condenada, como «delirio» con palabras de Gregorio XVI, la opinión de que «la libertad de conciencia y de cultos es derecho propio de cada hombre, que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 79 (Dz 1779): «Es falso que la libertad civil de cualquier culto […] conduzca a corromper más fácilmente las costumbres y espíritu de los pueblos y a propagar la peste del indiferentismo». Condenada.
  • León XIII, Libertas (1888), Dz 1932: «no es en manera alguna lícito pedir, defender ni conceder la libertad de pensar, escribir y enseñar, ni igualmente la promiscua libertad de cultos, como otros tantos derechos que la naturaleza haya dado al hombre».

Comentario. Pío IX condena tres cosas: que la libertad de cultos sea un derecho «propio de cada hombre», que deba ser «proclamado» y que deba ser «asegurado por la ley». El mensaje de 1988 afirma las tres: «exigencia ineludible de la dignidad de cada hombre», «piedra angular» de los derechos y «ratificada por la ley civil como derecho inalienable». No es una coincidencia de vocabulario: es la contradictoria punto por punto. La tolerancia del error por un bien mayor es católica, y León XIII la explica (Dz 1874); el derecho natural al error, no. Al hacer de ese derecho la «fuente y síntesis» de todos los demás, Wojtyła no matiza a Pío IX: lo invierte.46

Y la razón de fondo es la que dio Gregorio XVI. La secta del Vaticano II no cree que solo por Cristo y en el seno de la Iglesia nos salvemos: cree que podemos salvarnos en cualquier religión, como se ha visto en este catálogo de una ficha a otra. De ahí se sigue, con toda lógica, la libertad religiosa: si todas las religiones salvan, ninguna puede ser excluida, y el Estado no tiene por qué preferir la verdadera. Mirari vos lo dijo en 1832 con la misma lógica, pero condenándola: del indiferentismo, la opinión de que el alma se salva «con cualquier profesión de fe», «mana» el «delirio» de la libertad de conciencia. Wojtyła recorre el mismo camino que Gregorio XVI describió, en el mismo orden: primero la salvación en todas las religiones; después, el derecho de todas a ser protegidas por la ley.


29. Fin de la religión de Estado: el Concordato italiano de 1984

«Se considera que ya no está en vigor el principio, originariamente invocado por los Pactos lateranenses, de la religión católica como única religión del Estado italiano.» — Protocolo adicional al Acuerdo de revisión del Concordato lateranense, n. 1, Villa Madama, 18-II-1984 [trad. del italiano].47

Lo contradice.

  • Pío IX, Sílabo, prop. 77 (Dz 1777): «En nuestra edad no conviene ya que la religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de cualesquiera otros cultos». Condenada.
  • Pío XI, Quas primas (11-XII-1925), n. 16: «No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo».

Comentario. La proposición 77 está condenada con esas palabras: «en nuestra edad no conviene ya». El protocolo de 1984 dice lo mismo con fórmula de notario: «ya no está en vigor». No es que el Estado italiano apostatara —eso lo hace cualquier Estado—, sino que la Santa Sede, por voluntad de Wojtyła, firmó que Cristo dejara de reinar por ley en la nación que rodea a Roma.


30. La democracia y los derechos del hombre como valores «irrenunciables»

«Esto es requerido por valores irrenunciables, como la dignidad de la persona humana, el derecho a la participación efectiva de todos, la posibilidad del desarrollo integral del hombre en su totalidad y de cada hombre, el reconocimiento explícito de los derechos humanos.» — Mensaje al cardenal Ruini para la XLII Semana social de los católicos italianos, L’Osservatore Romano, 29-IX-1993, p. 5, n. 3.48

«La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes.» — Centesimus annus, n. 46, 1-V-1991.

«La Declaración Universal de los Derechos del Hombre […] continúa siendo en nuestro tiempo una de las más altas expresiones de la conciencia humana.» — Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 5-X-1995, n. 2.

Lo contradice.

  • Génesis 3, 5, la promesa de la serpiente: «eritis sicut dii» [seréis como dioses].
  • Romanos 13, 1: «Non est enim potestas nisi a Deo» [no hay autoridad que no venga de Dios].
  • Éxodo 20, 13: «No matarás».
  • León XIII, Diuturnum illud (1881), Dz 1856: «respecto al poder civil, la Iglesia enseña rectamente que viene de Dios»; y n. 25: de la herejía protestante «nació en el siglo pasado el filosofismo, el llamado derecho nuevo, la soberanía popular».
  • León XIII, Humanum genus (1884), n. 22, exponiendo la doctrina de la masonería: «Omnia igitur in libero populo esse: imperium iussu vel concessu populi teneri, ita quidem, ut, mutata voluntate populari, principes de gradu deiici vel invitos liceat» [todo está, pues, en el pueblo libre; el poder se tiene por mandato o concesión del pueblo, de modo que, si cambia la voluntad popular, se puede deponer a los gobernantes aun contra su voluntad]; y n. 28: con esas promesas, el pueblo queda «más oprimido que antes».
  • Pío IX, Sílabo, prop. 80 (Dz 1780): «El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna». Condenada.
  • León XIII, Immortale Dei (1885), Dz 1868: «el origen del poder público debe buscarse en Dios mismo y no en la muchedumbre»; y «guardar la misma actitud ante las varias formas de religión, no es lícito a los particulares ni es lícito a los Estados».
  • San Pío X, Notre charge apostolique (25-VIII-1910), n. 9, con León XIII: condenada «cierta democracia cuya perversidad llega al extremo de atribuir a la sociedad la soberanía del pueblo».

Comentario. Si la participación democrática es un valor «irrenunciable», los Estados de la Iglesia y todos los reinos cristianos vivieron durante siglos negando un derecho natural. La Declaración de 1948 no nombra a Dios y proclama en su artículo 18 la libertad «de cambiar de religión»: no puede ser «una de las más altas expresiones de la conciencia humana» sin que la conciencia humana sea la norma última. Es el liberalismo de la proposición 80, con la firma del que ocupa la Sede.

Y el fondo es más grave que una preferencia política. La democracia moderna parte de que la soberanía es del pueblo, es decir, del hombre y no de Dios: es la «soberanía popular» que León XIII hace nacer de la herejía protestante y que describe como doctrina de la masonería. En la práctica es además un engaño, porque el pueblo no gobierna: el mismo León XIII advierte que, con esas promesas de libertad, el pueblo queda «más oprimido que antes». Pero aunque gobernara, la soberanía del hombre no tiene límite: si la última palabra es de la mayoría, la mayoría puede declarar legal cualquier cosa, también el asesinato de los inocentes, como ha hecho con el aborto. Es la quintaesencia de la religión del hombre que predica la masonería, y la realización aparente de la promesa de la serpiente: «seréis como dioses». Declararla valor «irrenunciable» es suscribir esa promesa.49


31. Usar los Evangelios para confirmar los «derechos del hombre» por encima de los de Dios

«El Evangelio es la confirmación más plena de todos los derechos del hombre.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 195.

«El Redentor confirma los derechos del hombre sencillamente para llevarlo a la plenitud de la dignidad recibida cuando Dios lo creó a su imagen y semejanza.» — Ibid., p. 196.

«En el Evangelio está también contenida una coherente declaración de todos los derechos del hombre, incluso de aquellos que por diversos motivos pueden ser incómodos.» — Ibid., p. 200.50

Lo contradice.

  • Pío VI, Quod aliquantum (10-III-1791), contra la Declaración de los derechos del hombre: la libertad absoluta en materia de religión es un «derecho monstruoso que parece, a la asamblea, resultar de la igualdad y de la libertad, naturales a todos los hombres».
  • San Pío X, Notre charge apostolique (1910), n. 37: los jefes del Sillon, «al estar su ideal emparentado con el de la Revolución, no temen hacer entre el Evangelio y la Revolución aproximaciones blasfemas».
  • Pío XI, Quas primas (1925), n. 16, citando su primera encíclica: «Desterrados Dios y Jesucristo de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres», se arrancan los fundamentos mismos de la autoridad.

Comentario. San Pío X llamó «blasfemas» a las aproximaciones entre el Evangelio y la Revolución. Wojtyła no aproxima: identifica. Si el Evangelio «confirma» y «contiene» la declaración de los derechos del hombre, el Evangelio es la carta de 1789 dicha antes, y Pío VI condenó por «monstruoso» lo que Cristo habría enseñado. Lo observó el sacerdote italiano Luigi Villa (1918-2012), director de la revista Chiesa viva y autor de un expediente de los actos de Wojtyła (¿Karol Wojtyła beatificado?, 2010): predicó los derechos del hombre durante veintiséis años y nunca, con la misma fuerza, los derechos de Dios. No es un desequilibrio retórico. La Revelación queda al servicio de una carta que dos papas condenaron por su nombre.


VI. Contra la fe sobrenatural, la inmutabilidad del dogma y los novísimos

32. «Nuestra fe es profundamente antropológica»; el hombre, «camino de la Iglesia»

«Nuestra fe es profundamente antropológica.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 56.51

«Siendo pues este hombre el camino de la Iglesia, camino de su vida y experiencia cotidianas, de su misión y de su fatiga, la Iglesia de nuestro tiempo debe ser, de manera siempre nueva, consciente de la “situación” de él.» — Redemptor hominis, n. 14, 4-III-1979.

«Cuanto más se centre en el hombre la misión desarrollada por la Iglesia; cuanto más sea, por decirlo así, antropocéntrica, tanto más debe corroborarse y realizarse teocéntricamente […]. Este es también uno de los principios fundamentales, y quizás el más importante, del Magisterio del último Concilio.» — Dives in misericordia, n. 1, 30-XI-1980.

Lo contradice.

  • 2 Tesalonicenses 2, 3-4: «homo peccati, filius perditionis, qui adversatur, et extollitur supra omne quod dicitur Deus, aut quod colitur, ita ut in templo Dei sedeat, ostendens se tamquam sit Deus» [el hombre del pecado, el hijo de la perdición, que se opone y se alza sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, hasta sentarse en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios].
  • Romanos 1, 25: «trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador».
  • Mateo 4, 10: «Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás».
  • Mateo 16, 23, a Pedro: «no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres».
  • San Pío X, E supremi (4-X-1903), n. 5: «propria est Antichristi nota, homo ipse, temeritate summa in Dei locum invasit, extollens se supra omne quod dicitur Deus […], aspectabilem hunc mundum sibi ipse veluti templum dedicaverit a ceteris adorandus» [es nota propia del Anticristo que el hombre mismo, con suma temeridad, haya invadido el lugar de Dios, alzándose sobre todo lo que se llama Dios […], y se haya dedicado este mundo visible como un templo en el que los demás lo adoren].

Comentario. El tema de esta ficha no es un error aislado sobre la fe, sino una religión: la del hombre colocado en el lugar de Dios. San Pío X, en su primera encíclica, la describió como la nota propia del Anticristo: el hombre que se sienta en el templo de Dios y se hace adorar. Y el Concilio la saludó en su sesión de clausura. Montini lo dijo sin rodeos el 7 de diciembre de 1965: «la religión del Dios que quiso hacerse hombre y la religión —porque tal hay que considerarla— del hombre que quiere hacerse Dios se han encontrado. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, un anatema? Podía haberse dado, pero no se ha dado»; y añadió: «también nosotros, más que nadie, somos cultores del hombre».52 Donde San Pío X veía al Anticristo, el Concilio vio un interlocutor.

Wojtyła recoge esa religión y la pone en el centro. «Nuestra fe es profundamente antropológica»: la fe, que es teológica en su objeto, su motivo y su fin —se cree a Dios, por Dios, para Dios—, pasa a girar en torno al hombre. «El hombre es el camino de la Iglesia»: la Iglesia ya no se orienta por Dios, sino por el hombre. Y unir antropocentrismo y teocentrismo es, según él, el principio «quizás el más importante» del Concilio. Pero no hay dos centros: lo que se pone en el centro junto a Dios ocupa su lugar. La Iglesia católica no conoce un antropocentrismo que haya que conciliar con el teocentrismo; conoce uno que hay que abandonar, porque es el culto del hombre en el templo de Dios.


33. La fe «renovada» por el Concilio: «cambiar conceptos» y «redefinir» la Iglesia

«Se puede decir que nuestra fe en la Iglesia ha sido renovada y profundizada de modo significativo por el Concilio. […] La fe en la Iglesia, como enseña el Concilio Vaticano II, lleva a replantearse ciertos esquematismos demasiado rígidos: por ejemplo, la distinción entre Iglesia docente, que enseña, e Iglesia discente, que aprende […]. Se trata pues de no sólo cambiar conceptos sino de renovar actitudes.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 178.

«La Iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz ha logrado redefinir en el Concilio Vaticano II su propia naturaleza.» — Signo de contradicción (ejercicios predicados en el Vaticano en 1976), BAC, Madrid 1979, pp. 23-24.53

Lo contradice.

  • Romanos 10, 14.17: «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin quien les predique? […] Luego la fe es por el oído, y el oído por la palabra de Cristo».
  • San Pío X, Lamentabili, prop. 21 condenada (Dz 2021): «La revelación que constituye el objeto de la fe católica, no quedó completa con los Apóstoles».
  • Vaticano I, Dei Filius, cap. 4 (Dz 1800): «la doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia».
  • Vaticano I, Pastor Aeternus, cap. 4 (Dz 1836): «no fué prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe».
  • San Pío X, Lamentabili, prop. 6 condenada (Dz 2006): «En la definición de las verdades de tal modo colaboran la Iglesia discente y la docente, que sólo le queda a la docente sancionar las opiniones comunes de la discente».
  • San Pío X, Vehementer Nos (11-II-1906): «la Iglesia es esencialmente una sociedad desigual que comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño […]; y estas categorías son distintas entre sí de tal manera, que solamente en el cuerpo pastoral residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de esta sociedad».
  • Trento, ses. XXIII, can. 6 (Dz 966): «Si alguno dijere que en la Iglesia Católica no existe una jerarquía, instituida por ordenación divina, que consta de obispos, presbíteros y ministros, sea anatema».
  • San Pío X, Lamentabili, prop. 58 condenada (Dz 2058): «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo, pues se desenvuelve con él, en él y por él».
  • Juramento antimodernista (1910), Dz 2145: «rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas, que pasarían de un sentido a otro diverso del que primero mantuvo la Iglesia».

Comentario. Wojtyła dice dos cosas que van juntas: que la fe en la Iglesia ha sido «renovada» por el Concilio, y que hay que replantearse la distinción entre Iglesia docente e Iglesia discente. Las dos caen por la misma razón: la Revelación es un depósito cerrado.

La Revelación alcanzó su plenitud en Cristo y quedó completa con la muerte del último apóstol. Es doctrina católica: San Pío X condenó en Lamentabili a quien afirmara que no quedó completa con los Apóstoles. Desde entonces la fe no es una búsqueda que cada generación prosigue, sino una doctrina recibida que se guarda. Y donde hay un depósito que transmitir, hay quien lo transmite y quien lo recibe: maestros y discípulos. «La fe es por el oído», dice San Pablo, y no hay oído sin quien predique. Con la ciencia de la fe ocurre lo que con cualquier ciencia que se enseña: el alumno no la reinventa, la aprende. Por eso la distinción entre Iglesia docente y discente no es un «esquematismo»: es la forma misma de la transmisión, la jerarquía que Trento define de institución divina y la «sociedad desigual» de San Pío X. Hay pastores porque hay un depósito que entregar, no solo porque haya lobos; la defensa contra la herejía es consecuencia de su oficio, no su razón de ser. Lamentabili condenó expresamente la idea de que docentes y discentes «colaboran» en la definición de la verdad.

Tampoco cabe «renovar» la fe. El Espíritu Santo no se prometió a los sucesores de Pedro para manifestar doctrina nueva, sino para custodiar y exponer la recibida. Crece la inteligencia del dogma, pero, como recoge Dei Filius de San Vicente de Lérins, «solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia». Cuando la Iglesia define, no añade nada al depósito: declara que algo estaba en él. Lo que cambia con la definición es la obligación del fiel, no lo creído.54 Wojtyła no habla de eso. Habla de «cambiar conceptos» y de «redefinir» la naturaleza de la Iglesia, es decir, de admitir que la definición anterior no era la verdadera. Eso es la evolución de los dogmas que el juramento antimodernista llama «invención herética». Aquí está, dicho por él, el principio que explica todo el catálogo: la fe en la Iglesia ha sido «renovada», es decir, es otra.


34. Los niños abortados «viven en el Señor»

«Os daréis cuenta de que nada se ha perdido y podréis pedir perdón a vuestro hijo, que ahora vive en el Señor.» — Evangelium vitae, n. 99, 25-III-1995, texto publicado en 1995. En Acta Apostolicae Sedis y en la versión actual de vatican.va la frase está sustituida por «Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia».55

Lo contradice.

  • Juan 3, 5: «Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios».
  • Florencia, Laetentur caeli (1439), Dz 693: «las almas de aquellos que mueren en pecado mortal o con solo el original, descienden inmediatamente al infierno, para ser castigadas, aunque con penas desiguales».
  • Trento, ses. V, can. 4 (Dz 791): es anatema negar que los niños contraen de Adán el pecado original «que haya necesidad de ser expiado en el lavatorio de la regeneración para conseguir la vida eterna».

Comentario. El niño abortado muere sin bautismo y con el pecado original. Decir de él que «ahora vive en el Señor», y decirlo a la madre como certeza, es negar lo que Florencia definió o negar que el bautismo sea necesario a los niños. Que la frase se retirara en silencio al pasar a las Acta muestra que alguien vio la herejía; que se publicara, se difundiera y se tradujera a las lenguas principales muestra que el que la firmó no la tuvo por tal.


35. El infierno, «más que un lugar», una «situación»; y de ningún hombre consta que esté en él

«El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría.» — Audiencia general, 28-VII-1999, n. 3.

«No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida.» — La misma audiencia, n. 1.

«La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, cuáles seres humanos han quedado implicados efectivamente en ella.» — La misma audiencia, n. 4.56

Lo contradice.

  • Mateo 25, 41: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que fue destinado para el diablo y sus ángeles».
  • Mateo 26, 24, de Judas: «¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado! Más le valiera no haber nacido».
  • Letrán IV (1215), Dz 429: los réprobos resucitarán «para recibir según sus obras […], aquéllos, con el diablo, castigo eterno».
  • Benedicto XII, Benedictus Deus (1336), Dz 531: las almas de los que mueren con pecado mortal actual, «inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales».
  • Catecismo Romano, I, 6 (ed. BAC 1956): «Existe, ante todo, una cárcel horrible y tenebrosa, donde yacen, atormentadas con fuego eterno, las almas de los condenados y los demonios. Este lugar es llamado en la Sagrada Escritura “gehenna”, “abismo” y propiamente “infierno”».

Comentario. Las tres frases desmontan el dogma pieza a pieza. El infierno deja de ser un lugar para ser una «situación»; deja de ser un castigo que Dios inflige para ser el «desarrollo» de lo que el hombre puso; y deja de tener habitantes humanos conocidos. Cristo pronunció la sentencia desde fuera —«Apartaos de mí»— y dijo de Judas lo que dijo; Letrán IV llama al infierno «castigo», y Benedictus Deus, «penas infernales». La misma audiencia enseña que de las criaturas espirituales «alguien ha dicho ya “no”»: de los demonios consta la condenación; de los hombres, no. Es la esperanza del infierno vacío de Balthasar, con una salvaguarda verbal. Evangelium vitae, la encíclica sobre la vida y la muerte, no nombra el infierno ni una vez.


36. La pena de muerte, reducida a legítima defensa, y su rechazo, «signo de esperanza»

«Además, en este mismo horizonte se da la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de “legítima defensa” social.» — Evangelium vitae, n. 27, 25-III-1995, entre los «signos de esperanza».

«El problema se enmarca en la óptica de una justicia penal que sea cada vez más conforme con la dignidad del hombre y por tanto, en último término, con el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad.» — Evangelium vitae, n. 56.

«Hoy, sin embargo, gracias a la organización cada vez más adecuada de la institución penal, estos casos son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes.» — Evangelium vitae, n. 56; incorporado al Catecismo, n. 2267 (ed. típica latina, 1997).57

Lo contradice.

  • Génesis 9, 6: «Cualquiera que derramare la sangre humana, será derramada la sangre de él»; Romanos 13, 4: el príncipe «no en vano lleva la espada».
  • Inocencio III, profesión de fe impuesta a los valdenses (1208; cláusula añadida en 1210), Dz 425: «De la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la vindicta no proceda con odio, sino por juicio».
  • Catecismo Romano, III, 6 (ed. BAC 1956): «Dictando sentencia de muerte, los jueces no sólo no son reos de homicidio, sino más bien ejecutores de la ley divina, que prohíbe matar culpablemente».
  • Santo Tomás, II-II, q. 64, a. 2.

Comentario. El argumento de Evangelium vitae no es solo prudencial —que hoy no haga falta—, sino de principio: la justicia penal más «conforme con la dignidad del hombre» es la que se desprende de la pena capital, y la aversión a ella es un «signo de esperanza». La profesión de fe de Inocencio III dice lo contrario: el juicio de sangre es lícito como vindicta, es decir, como pena, y no solo como defensa. El hombre, por el pecado, decae de su dignidad (Santo Tomás, ibid., ad 3). Sodalitium señaló la consecuencia: si la pena vindicativa es indigna del hombre, lo es más el infierno, que es pena vindicativa sin posibilidad de enmienda (ficha 35).


37. La visión de Dios, «inscrita en la esencia del hombre»: Dios «no puede no querer» salvar a todos

«La felicidad que brota del conocimiento de la verdad, la visión de Dios cara a cara, la participación de su vida, esta felicidad, es tan profundamente acorde con esa aspiración, que está inscrita en la esencia del hombre, que las palabras que acabo de citar de la Primera Carta a Timoteo quedan plenamente justificadas: el que ha creado al hombre con esta fundamental inclinación no puede comportarse de modo distinto a cuanto está escrito en el texto revelado, no puede no querer “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.» — Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, p. 88.

«La escatología, como ya he mostrado, es profundamente antropológica.» — Cruzando el umbral de la esperanza, p. 184, que reconoce a continuación que «la escatología tradicional giraba en torno a los llamados Novísimos».

«En este precepto se expresa precisamente la singular dignidad de la persona humana, la cual es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”.» — Veritatis splendor, n. 13, 6-VIII-1993, haciendo suyo Gaudium et spes 24.

Lo contradice.

  • Vaticano I, Dei Filius, cap. 2 (Dz 1786): la revelación es absolutamente necesaria «porque Dios, por su infinita bondad, ordenó al hombre a un fin sobrenatural, es decir, a participar bienes divinos que sobrepujan totalmente la inteligencia de la mente humana».
  • Pío XII, Humani generis (1950), Dz 2318: reprobados los que «desvirtúan el concepto de “gratuidad” del orden sobrenatural, como quiera que opinan que Dios no puede crear seres intelectuales sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica».
  • Santo Tomás, I-II, q. 5, a. 5: «ver a Dios por esencia está sobre la naturaleza no sólo del hombre, sino de toda criatura».
  • Trento, ses. V, decreto sobre el pecado original (17-VI-1546), Dz 791: el pecado de Adán «se propaga de Adán a todos sus descendientes por generación, no por imitación», y «aun los niños recién nacidos reciben el bautismo para remisión de los pecados». Dz 792: el bautismo borra realmente el pecado, no solo deja de imputarlo.
  • Benedicto XII, Benedictus Deus (29-I-1336), Dz 531: «las almas de los que mueren en pecado mortal, inmediatamente después de la muerte, bajan al infierno, donde son atormentados con suplicios infernales».
  • Lateranense IV, cap. 1 Firmiter (1215), Dz 429: todos resucitarán «para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna». Y en la misma definición: «una sola es la Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva».
  • Vaticano I, Dei Filius, cap. 1 (Dz 1783): Dios creó «no para aumentar su bienaventuranza ni para adquirirla, sino para manifestar su perfección por los bienes que reparte a la criatura, con libérrimo designio».

Comentario. Éste es el punto del que cuelgan los demás (Apéndice A).

La Iglesia enseña que la visión de Dios es sobrenatural: excede cuanto una naturaleza creada puede alcanzar o exigir, y por eso la gracia es don y no pago. Wojtyła invierte esto en dos tiempos. Primero sitúa la aspiración a esa visión «inscrita en la esencia del hombre». Después saca la consecuencia: quien creó al hombre con esa inclinación «no puede comportarse de modo distinto», «no puede no querer» que todos se salven.

El segundo paso es el que decide, y conviene verlo despacio. Si Dios no puede no quererlo, la salvación ha dejado de ser un don para ser una deuda: algo que la naturaleza reclama y que el Creador está obligado a satisfacer por haberla hecho así. Y lo que se debe a la naturaleza se debe a todos los que la tienen. La salvación universal ni siquiera hace falta afirmarla: se sigue sola. Es la tesis que Humani generis reprobó en 1950 —«opinan que Dios no puede crear seres intelectuales sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica»—, firmada en 1994. Y el propio Wojtyła saca la conclusión en las páginas vecinas: Dios salva a toda la humanidad (ficha 6).

La idea no nace aquí. El concilio la había puesto ya en forma teológica: por la sola Encarnación «el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre» (Gaudium et spes 22), que Wojtyła hace suya en Redemptor hominis 13 (ficha 1). Allí la unión con Cristo —y con ella la Redención— alcanza a cada hombre sin que medien la fe, el bautismo ni la caridad. Lo que este número añade es el fundamento filosófico de aquello: si la unión está dada de antemano, es porque la naturaleza estaba ordenada a ella por sí misma. Una tesis sostiene a la otra.

Pero lo que más dice de estos textos es lo que falta en ellos. Al tratar del destino del hombre, ni el concilio ni Wojtyła hablan del pecado original, del infierno ni de la condenación eterna. Y quitadas esas tres cosas, la salvación de todos deja de ser una conclusión que haya que defender: es lo único que queda. Sin pecado original no hay de qué ser rescatado, y la inclinación natural basta; sin infierno ni condenación eterna no hay otro desenlace posible. Por eso la escatología puede declararse «profundamente antropológica» y distinguirse, en la misma página, de la que «giraba en torno a los llamados Novísimos»: donde había cuatro postrimerías queda una sola, y es el cumplimiento de un anhelo humano. El cambio de centro no hay que deducirlo — está confesado.

La fórmula de Veritatis splendor 13 es el mismo error en clave personalista. Llamar al hombre «la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma» pone el fin de la criatura en la criatura. La doctrina dice lo contrario: Dios creó todas las cosas para su gloria, y el hombre no tiene otro fin que Él. Invertido ese orden, el hombre deja de estar ordenado a Dios y Dios queda ordenado al hombre, que es en una frase la operación entera de este número.


38. Afirmar la evolución biológica

«Hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis.» — Mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias, 22-X-1996, n. 4.

«Pío XII había destacado este punto esencial: el cuerpo humano tiene su origen en la materia viva que existe antes que él, pero el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios.» — El mismo mensaje, n. 5.58

Lo contradice.

  • Génesis 2, 7 y 2, 22: «Formavit igitur Dominus Deus hominem de limo terrae» [formó, pues, el Señor Dios al hombre del barro de la tierra]; «et aedificavit Dominus Deus costam, quam tulerat de Adam, in mulierem» [y de la costilla que había tomado de Adán formó el Señor Dios a la mujer].
  • Romanos 5, 12: «por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte».
  • Trento, ses. V, can. 3 (Dz 790): el pecado de Adán es «uno en su origen» y, «transmitido a todos por propagación, no por imitación», está en cada uno como propio.
  • Pontificia Comisión Bíblica, 30-VI-1909, duda III (Dz 2123): no puede ponerse en duda el sentido literal histórico de «la peculiar creación del hombre; la formación de la primera mujer del primer hombre; la unidad del linaje humano». Respuesta: negativamente.
  • Pío XII, Humani generis (1950), Dz 2327: «algunos, con temerario atrevimiento, traspasan esta libertad de discusión al proceder como si el mismo origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuera cosa absolutamente cierta y demostrada por los indicios hasta ahora encontrados […], y como si, en las fuentes de la revelación divina, nada hubiera que exija en esta materia máxima moderación y cautela».

Comentario. El mensaje de 1996 hace dos cosas. La primera: recuerda la condición que puso Pío XII —que la evolución no se tuviera por «doctrina cierta y demostrada»— y a renglón seguido la da por superada: la evolución es ya «más que una hipótesis». Es exactamente la temeridad que Humani generis reprochó. La segunda: atribuye a Pío XII lo que Pío XII no dijo. Humani generis permitió discutir si el cuerpo humano procede de una materia viva anterior; no afirmó que procediera de ella. Wojtyła convierte un permiso de investigar en una enseñanza del papa.

Y la evolución del cuerpo humano no es una cuestión de ciencias naturales sin consecuencias para la fe. La Escritura dice que Dios formó a Adán del barro y a Eva de Adán, y la Comisión Bíblica declaró que no puede ponerse en duda el sentido histórico de la creación peculiar del hombre y de la formación de la primera mujer del primer hombre. Si el cuerpo de Adán procede de un animal, Eva no procede de Adán. Si hubo antepasados que morían millones de años antes del pecado, la muerte no entró en el mundo por el pecado, contra lo que dice San Pablo. Y si en el origen hubo una población y no una pareja, el pecado original no se transmite por propagación desde uno solo, como define Trento. Lo que empieza en la biología termina en la Redención: si no hubo un primer Adán real, no hay un nuevo Adán que repare lo que aquel perdió.59


VII. Contra la condena de la masonería

39. Supresión de la excomunión nominal a los masones en el Código de 1983

«Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho.» — Código de Derecho Canónico, c. 1374, promulgado por la const. Sacrae disciplinae leges, 25-I-1983. La masonería no se nombra, y la excomunión automática desaparece.60

Lo contradice.

  • CIC 1917, c. 2335: «Los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica».
  • León XIII, Humanum genus (20-IV-1884), Dz 1859: «Nadie piense que le es lícito por causa alguna dar su nombre a la secta masónica, si tiene la profesión de católico y la salvación de su alma en la estima que debe tenerla».
  • Santo Oficio, instrucción del 10-V-1884, Dz 1860: «están castigados con excomunión latae sententiae la masónica y otras sectas de la misma especie».
  • Clemente XII, In eminenti (1738), y Benedicto XIV, Providas (1751): la condena por nombre, bajo excomunión, desde el origen de la secta.

Comentario. De Clemente XII al Código de 1917, la ley de la Iglesia nombró a la masonería y la castigó con excomunión automática. Wojtyła promulgó un Código que quita el nombre y la excomunión a la vez. Que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicara, la víspera de que el Código empezara a obligar, una declaración según la cual la prohibición seguía es la prueba de que el Código, solo, ya no la decía. Un legislador que retira de la ley penal el nombre de la secta que doscientos cincuenta años de papas pusieron en ella ha cambiado la relación de la Iglesia con esa secta. Los honores masónicos que recibió —la insignia Paul Harris Fellow del Rotary, el saludo de la Gran Logia de Francia por Asís— prueban recepción, no herejía; pero la ley es suya.


Apéndice A. La raíz: el personalismo antropocéntrico

El P. Basilio Meramo (El Libro de las Herejías de Juan Pablo II, Bogotá, 31-V-1995; 2.ª impr. 2000; PDF en esta carpeta) es la única fuente firmada que, en vez de coleccionar frases, busca de dónde salen. Su tesis, que este catálogo adopta: las herejías de Wojtyła no son descuidos sino consecuencias de una filosofía, la de Jacques Maritain, criticada en su día por el P. Julio Meinvielle.61

El esquema, en términos de Meramo: el hombre, creado a imagen de Dios (imago Dei) y capaz de Dios (capax Dei), tendría por su sola condición de persona una aspiración natural a la visión de Dios, de modo que la persona quedaría incompleta sin ella y habría como un débito de la visión beatífica a la naturaleza. Bien entendidas, dice Meramo, esas nociones son «piedras preciosas de la doctrina católica»; tergiversadas, «tan peligrosas como la bomba atómica». Tergiversadas, producen en cadena: la salvación como exigencia de la naturaleza (ficha 37) → Cristo unido a todo hombre por la sola Encarnación (ficha 1) → la gracia como dato universal (ficha 11) → la doble pertenencia (ficha 2) → las religiones como vías (ficha 26) → el ecumenismo como descubrimiento de una unidad «que de hecho ya existe» (ficha 5) → el hombre como camino de la Iglesia (ficha 32).

Meramo añade tres notas que este catálogo deja como pistas y no como cargos: el carácter pelagiano del personalismo (la naturaleza se basta), su carácter gnóstico (la revelación primordial común a las religiones; la formación teatral de Wojtyła con Kotlarczyk, discípulo de Steiner) y su carácter kantiano (la persona como fin en sí, Veritatis splendor 13).

Dos advertencias sobre el uso de Meramo. Primera: escribe en 1995 y analiza Cruzando el umbral; todo lo posterior (Asís-bis, Augsburgo, el Muro, el Corán, las audiencias de 1999) no está en él. Segunda: su eclesiología no es la de este catálogo —sostiene que un papa puede enseñar herejía sin dejar de ser papa mientras no hable ex cathedra—; se usa su análisis doctrinal y no su conclusión, y hay que decirlo cada vez que se le cite.


Apéndice B. Los cargos probables o dudosos

Un catálogo vale por lo que aguanta. Éstas son las piezas que circulan y que no se han incluido entre las fichas, con la razón y, al final de cada una, el grado de prueba que se les reconoce:

  1. «Que San Juan Bautista proteja al islam» (Wadi al-Kharrar, 21-III-2000). No consta que lo dijera. Fue una despedida improvisada; la Sala de Prensa la transcribió así y L’Osservatore Romano la repitió, pero la grabación de EWTN es compatible con «proteja esta tierra», que es lo que pide el contexto. El propio vatican.va da hoy las dos versiones: la página del viaje ya dice «esta tierra», y la de la sección de discursos sigue diciendo «islam». Con una prueba así de insegura, quien lo publique regala al adversario el derecho a desestimar las otras treinta y nueve. (Muy probable.)62
  2. Cargos que imputan a Wojtyła textos del Concilio sin acto propio (tres en la lista de las 101). Aquí solo se incluyen textos conciliares cuando él los hizo suyos por encíclica, ley o catecismo (fichas 1, 3, 4, 8, 11). (Muy probable.)
  3. Cargos que citan a un polemista y no a Wojtyła (cinco en la lista de las 101): el testimonio de segunda mano no prueba una proposición. (Sin pruebas.)
  4. La supuesta adhesión de la Iglesia católica al Consejo Ecuménico de las Iglesias (Villa: «24-V-1986»). Como adhesión formal, no se produjo: la Santa Sede no es miembro del CEI. Pero desde 1965 forma con él un Grupo Mixto de Trabajo, y desde 1968 tiene miembros de pleno derecho en su comisión Fe y Constitución: una adhesión de hecho. Villa data mal también el beso al Corán («24 de mayo», por el 14) y el encuentro con Bartolomé («29-VI-1987», por 1995). (Muy probable.)
  5. Los «ritos satánicos» de Kara y Togoville (Villa). Lo documentado es la ceremonia animista del bosque sagrado (ficha 25); el adjetivo es de Villa. (Probable.)
  6. La iniciación masónica y la «sangre judía» (Villa). No hay prueba; Ricossa advirtió de lo primero a propósito de Roncalli y la advertencia vale aquí. (Sin pruebas.)
  7. La beatificación y canonización de personajes dudosos (Escrivá, Juan XXIII, Madre Teresa). Son actos de gobierno que presuponen la cuestión de la autoridad; no se alegan como herejías en un informe que quiere probarla. (Probable; lo sería con certeza si la canonización es acto infalible.)
  8. El cielo, «no un lugar físico entre las nubes» (audiencia del 21-VII-1999). Negar las nubes no es negar el lugar; la frase sirve de contexto al ficha 35. Pero de paso niega la literalidad de la Ascensión, en la que Cristo subió a la vista de los apóstoles y «una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). (Muy probable.)

La evolución «más que una hipótesis», que antes figuraba aquí, ha pasado a ser la ficha 38.


Apéndice C. Fuentes

Fuentes secundarias. El P. Basilio Meramo, El libro de las herejías de Juan Pablo II (Bogotá, 1995; 2.ª impr. 2000), leído entero: el mejor análisis doctrinal, aunque su eclesiología no es la de este catálogo. La serie «Actos y declaraciones de Juan Pablo II» de la revista Sodalitium (Instituto Mater Boni Consilii), nn. 36-42 (1993-1996), la única que cita L’Osservatore Romano por fecha y página para cada hecho. La lista de «101 herejías de Juan Pablo II» que circula en la red, de la que se ha tomado solo lo que se pudo cotejar. El expediente de don Luigi Villa, ¿Karol Wojtyła beatificado? (Chiesa viva, 2010), útil como índice de actos y fotografías, pero deficiente en fechas. Y la serie de los hermanos Dimond (MHFM) como expediente fechado de actos.

Fuentes primarias. Los textos de Wojtyła se citan por vatican.va y, cuando ha sido necesario, por las Acta Apostolicae Sedis (vol. 71, 1979, para Redemptor hominis). Los textos que los contradicen, por la Escritura —en la versión Nácar-Colunga (1944) o en la Vulgata— y por el Denzinger en su edición anterior a 1958.

Lo que hace autoridad y lo que no. Hacen autoridad la Escritura, los Padres, los concilios hasta el Vaticano I, los papas hasta Pío XII, el Código de 1917, el Catecismo Romano y la teología aprobada. Los textos de Wojtyła, del Vaticano II, del Código de 1983 y del Catecismo de 1992 se citan siempre como objeto de examen, nunca como prueba.