Bonnemain, obispo del OPUS DEI, absuelve a tres feligresas de Zúrich alegando falta de «intención sacrílega»
El 17 de abril de 2026, la diócesis suiza de Chur cerró formalmente la investigación sobre uno de los sucesos más deplorables que han trascendido en lo que va de año: tres feligresas suministraron a sus perros porciones de la sagrada forma durante una misa. La resolución del obispo Joseph Bonnemain, clérigo del Opus Dei designado por Francisco en 2021, dista de lo que cabría esperar de un sucesor de los apóstoles: dictamina que no hubo sacrilegio canónico ni aplica excomunión alguna; se limita a prescribir un retiro espiritual para que el equipo parroquial profundice en Desiderio desideravi, la exhortación apostólica de Bergoglio sobre la formación litúrgica.
Los hechos se remontan al 4 de octubre de 2025, festividad de san Francisco de Asís, en la parroquia del Buen Pastor (Guthirt) de Zúrich. La bendición de animales prevista en el atrio se trasladó al interior del templo debido a la lluvia y se integró de forma arbitraria en la celebración eucarística, con los canes apostados entre los bancos. Tres asistentes recibieron la comunión y, acto seguido, permitieron que sus mascotas masticasen la hostia. La denuncia fue interpuesta ante la diócesis en diciembre. La investigación —encomendada, según denuncia la plataforma SwissCath, a una persona del entorno del prelado— concluyó seis meses después que las implicadas no actuaron con intención sacrílega y, por tanto, no incurrieron en la excomunión latae sententiae contemplada en el canon 1367, cuya remisión está reservada a la Sede Apostólica.
La doctrina perenne dictaminaba lo contrario. El Concilio de Trento (sesión XIII, can. 4) lanzó el anatema contra quien negase el culto de latría debido al Santísimo Sacramento, y Pío XII, en su encíclica Mediator Dei (1947), advirtió que la suma reverencia a la Eucaristía no admite experimentos pastorales. Incluso el Catecismo de la era postconciliar —Catechismus Catholicae Ecclesiae, n.º 1378— ratifica que «la Iglesia adora la Eucaristía con un culto absoluto». El propio Señor dejó la advertencia en el Evangelio: «Nolite dare sanctum canibus» — «No deis lo santo a los perros» (Mt 7, 6). Los pastores de antaño no requerían «retiros de profundización» para discernir el sentido de tal mandato.
La trayectoria del obispo Bonnemain permite contextualizar este desenlace. Desde su toma de posesión —tras un conflicto entre el cabildo de Chur y Francisco— se ha negado a nombrar un exorcista diocesano, ha respaldado a un presbítero que bendijo a una pareja del mismo sexo, ha sugerido la denominación de «biomatrimonio» para diluir la especificidad del matrimonio cristiano frente a las uniones homosexuales, y ha enfrentado la negativa de más de cuarenta de sus sacerdotes a suscribir su código de conducta por considerarlo incompatible con la enseñanza de la moral católica. El caso de Zúrich guarda total coherencia con este historial.
La cuestión de fondo, para el católico fiel a la Tradición, no es solo la presencia de los perros. Es la degradación del concepto de sacramento en favor de una «celebración fraterna» donde se ha perdido la noción de qué se distribuye en el comulgatorio. Cuando los jerarcas sostienen que no hubo «intención sacrílega» porque los fieles ignoraban que comulgaban el Cuerpo de Cristo, están certificando no solo la defunción de su propia fe eucarística, sino de la fe católica en general. Que esta Roma ya no es la Roma aeterna, y que este culto ya no es el católico, queda confirmado por el elocuente silencio del Vaticano.
¿Más conclusiones? A todas luces, la estructura surgida del Vaticano II no solo es anticatólica, sino que, por su naturaleza, cabe calificarla como «iglesia del Anticristo»… un sistema donde el OPUS y los supuestos sectores «tradicionalistas» internos no son más que meras excrecencias de dicha organización.
Y frente esa afrenta sacrílega solo nos queda la oración y los sacrificios en desagravios contra el Dios verdadero. Solo nos queda mantener la fe hasta el final.
[En la imagen superior, el obispo Bonnemain, en una en una celebración de la «nueva misa», dando de comulgar a tres protestantes.]