El 28 de abril de 2026 se hizo efectivo el nombramiento de François Pauly —financiero luxemburgués, ex consejero delegado de Edmond de Rothschild (Suiza) entre 2021 y 2023— como presidente del Consejo de Superintendencia del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el llamado Banco Vaticano. La operación, propuesta el 12 de diciembre de 2025 y aprobada por la Comisión Cardenalicia el 28 de enero de 2026, sustituye a Jean-Baptiste Douville de Franssu y coloca al frente del banco del Papa a un hombre que ha pasado la última fase de su carrera ejecutiva en la principal banca privada de la dinastía Rothschild.
La noticia ha sido tratada por la prensa como rutina técnica: un cambio de directivo, garantía de «continuidad» según el cardenal Petrocchi. Pero conviene leerla en perspectiva. No es la primera vez que un Rothschild —en persona o a través de su casa— ocupa una posición de peso sobre las finanzas vaticanas. Es la última pieza, hasta hoy, de una relación que cumple casi exactamente dos siglos.
1832: cuando los Rothschild se convirtieron en banqueros del Papa
El 30 de noviembre de 1831, Alessandro Torlonia firmó en nombre de la Santa Sede un préstamo de 400 000 libras nominales al 5 % con James Mayer de Rothschild, jefe de la rama parisina de la familia. El acuerdo se ejecutó en enero de 1832 y convirtió a James de Rothschild, _de facto_, en banquero oficial de Gregorio XVI.
Tres detalles importan. Primero, el préstamo se desembolsó _bajo par_: según la documentación recogida por Daniela Felisini (_Le finanze pontificie e i Rothschild, 1830-1870_, 1991), la Santa Sede recibió en efectivo el 62 % del nominal pero quedó obligada a devolver el 100 % más el 5 % de interés sobre el nominal completo. Era, técnicamente, una operación usuraria según _Vix pervenit_ (Benedicto XIV, 1745), que el mismo Gregorio XVI extendería a toda la Iglesia cuatro años más tarde, el 29 de julio de 1836. El Papa que codificó la prohibición de la usura era ya, cuando lo hizo, deudor de Rothschild desde hacía un lustro.
Segundo: el contrato incluía una cláusula de exclusividad que prohibía a la Santa Sede acudir a otros prestamistas sin ofrecer primero a Rothschild la preferencia en condiciones iguales.
Tercero: en enero de 1832, Carl Mayer von Rothschild (rama de Nápoles) acudió a recibir de Gregorio XVI la Sagrada Orden Militar Constantiniana de San Jorge. Por ser judío se le dispensó del _osculum pedis_ (besar los pies al papa). Caso único documentado.
Pío IX, Antonelli y el caso Mortara: el límite doctrinal
Bajo Pío IX y el cardenal Giacomo Antonelli —Secretario de Estado durante 27 años, cardenal-diácono _nunca ordenado sacerdote_, cuyo hermano Filippo gobernó el Banco del Estado Pontificio desde 1852— los préstamos Rothschild se multiplicaron. Entre 1857 y 1871 la casa de París colocó en bolsa 130-150 millones de francos en bonos pontificios. Cuando en 1860 cayeron las Marche y Umbría, James de Rothschild suspendió oficialmente el pago de intereses: la Iglesia entró en _default_.
En medio de esa década, 1858, se produjo la única prueba documentada de que la presión Rothschild tenía un límite. La policía pontificia separó al niño judío Edgardo Mortara de su familia en Bolonia, en aplicación del derecho canónico, por haber sido bautizado en peligro de muerte. Lionel de Rothschild viajó a Roma. James presionó a Napoleón III. El cardenal Antonelli aconsejó ceder. Pío IX se negó. «Lo que he hecho por este niño, tenía el derecho y el deber de hacerlo», respondió a la delegación judía. El precio fueron las Romañas, las Marche y Umbría en 1859-1860, retiradas del apoyo francés. La doctrina sacramental se mantuvo por encima de la deuda. Es el último episodio en que esa jerarquía se sostuvo con esa claridad.
De los Pactos Lateranenses al IOR
Tras 1870 la Iglesia perdió poder territorial y debió sustituir las rentas de la tierra por rentas financieras. Los Pactos Lateranenses (11 de febrero de 1929) —negociados del lado vaticano por Francesco Pacelli, hermano del futuro Pío XII— compensaron con 750 millones de liras en metálico y 1 000 millones en bonos. Pío XI puso ese capital en manos de Bernardino Nogara, ingeniero formado en la Banca Commerciale Italiana, con tres condiciones aceptadas por escrito: invertir sin restricción geográfica, sin restricción sectorial moral, reportando sólo al Papa. En 1942 Pío XII formalizó el sucesor jurídico de aquella administración: el Istituto per le Opere di Religione, el IOR.
El cuadro lo cierra una observación incómoda. La familia Pacelli —Marcantonio en el Ministerio Pontificio de Finanzas bajo Pío IX, Ernesto fundando en 1880 el Banco di Roma del que en 1914 la Santa Sede poseía el 25 %, Francesco firmando los Pactos, Eugenio convertido en Pío XII— vertebra como ninguna otra dinastía laica las cuatro grandes operaciones financieras del papado moderno. Es continuidad funcional, no parentesco probado con la banca Rothschild; pero la geometría —misma familia, mismo siglo, misma curva ascendente del crédito europeo— resulta difícil de ignorar.
2020-2026: del «Capitalismo Inclusivo» a Pauly
El 8 de diciembre de 2020, fiesta de la Inmaculada, se anunció el Council for Inclusive Capitalism with the Vatican: alianza formal entre la Santa Sede —vía el cardenal Peter Turkson— y 25 grandes corporaciones presididas por Lynn Forester, Lady de Rothschild. Volumen agregado declarado: más de 10,5 billones de dólares. Fue la primera alianza institucional explícita entre un Rothschild y el Vaticano desde la audiencia de 1832.
Cinco años y medio después, el nombramiento de François Pauly cierra el arco. No es un Rothschild de sangre, pero llega del corazón ejecutivo de la firma. Llega, además, sobre una rama del IOR que el propio cardenal Petrocchi presenta como sede de «continuidad».
Lectura
Pero dejando aprte otras cuestines sobre los Rothschild que son los creadores de Israel y motor del Nuevo Orden Mundial, la cuestion inmediata es por qué la Iglesia que durante ocho siglos condenó la usura como pecado grave y herejía negar que lo sea —Letrán II (1139), Vienne (1311), _Vix pervenit_ (1745), aún CIC 1917 c. 1543— pasó en 1832 a depender de ella, en 1929 a institucionalizarla, en 2020 a aliarse formalmente con sus principales gestores, y en 2026 a entregarles la presidencia de su propio banco.
En el Vaticano II se da una terrible apostasía. La inmensa mayoría de los padres conciliares votaron sus apostatas documentos, eso exigió una preparación de Siglos. La dependencia del Vaticano durante dos siglos del capital judío es solo un dato más aportar en la genealogía de esa apostasía.