En la misma la senda del Vaticano II y su ruptura con la enseñanza divina contenida en las Escrituras y el Magisterio.
El 24 de abril de 2026, León XIV envió un mensaje a la Universidad DePaul reafirmando que «la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera tras crímenes muy graves». No se trata de una novedad, sino del último eslabón de una deriva que rompe con la enseñanza divina contenida en la Escritura.
Esa enseñanza es inequívoca: el Antiguo Testamento prescribe la pena capital para los crímenes más graves, y en el Nuevo el Señor recuerda a Pilato que su potestad sobre la vida procede de Dios (Jn 19, 11). San Pablo afirma que la autoridad «no en vano lleva la espada» (Rom 13, 4). La tradición —de San Agustín a Pío XII— lo confirmó siempre.
La ruptura no empieza con Francisco. Ya el Catecismo de 1992, mantenido en la edición típica de 1997, admitía en principio la pena de muerte, pero introducía un matiz decisivo: si los «medios incruentos» de que dispone el Estado moderno bastan para neutralizar al agresor, la autoridad debía limitarse a ellos, por ser «más conformes con la dignidad de la persona humana». Evangelium vitae (1995) consagró esa restricción. Francisco solo llevó la lógica a su término en 2018, declarando la pena «inadmisible» en toda circunstancia. León XIV hereda y proclama esa adulteración.
El eje argumental —la dignidad humana inviolable incluso tras los peores crímenes— no es evangélico, sino kantiano. La noción cristiana de dignidad es moral: se funda en la semejanza con Dios y se pierde por el pecado. Santo Tomás lo formula con precisión: «Por el pecado el hombre se aparta del orden de la razón; por eso decae de la dignidad humana» (S.Th. IIa IIae, q.64, a.2, ad 3). León XIII lo ratifica en Immortale Dei (1885).
Todo esto es coherente con la divinización del hombre operada en el Vaticano II: el hombre, no la justicia y la voluntad de Dios, pasa a ser el centro de todo. El mismo principio sostiene en Dignitatis humanae §2 la libertad religiosa para quienes rechazan la verdad revelada: la imago Dei vaciada de contenido moral y rellenada de humanismo autónomo.
Que la Roma postconciliar siga este rumbo no sorprende: la «secta del Vaticano II» no corrige sus errores, los profundiza. Los fieles que guardan el depósito de la fe han de mantenerse firmes en la enseñanza de siempre. Veritatem facientes in caritate (Ef 4, 15).
Fuentes:
Vatican.va — Mensaje oficial de León XIV, 24 abr. 2026
Vatican News — «Human dignity is not lost even after serious crimes»
Death Penalty Information Center — León XIV y la pena de muerte
OSV News / Catholic Register — DePaul y la pena capital
Press.vatican.va — Rescripto modificación §2267 CEC, 2018
Illinois State Archives — Abolición de la pena de muerte, 2011
Vatican.va — Immortale Dei, León XIII, 1885
La Porte Latine — Artículo original del abate Cadiet