La frase en cuestión
El texto más citado a favor del llamado «bautismo de deseo» se encuentra en el Concilio de Trento, sesión 6, capítulo 4:
«El paso [al estado de gracia] no puede ocurrir, después de la promulgación del Evangelio, sin el lavatorio de la regeneración o su deseo, según está escrito: “Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3, 5)».
Los defensores del bautismo de deseo leen el «o» (aut en latín) como una disyunción: basta el bautismo o su deseo. Según esta lectura, el deseo del sacramento podría suplir al sacramento mismo. Es decir, un catecúmeno que desea ser bautizado pero muere antes de recibir el agua podría salvarse por el mero deseo.
Esta lectura es lógicamente insostenible. Una formalización elemental lo demuestra.
Formalización
La frase de Trento dice: «No hay salvación sin bautismo o sin el deseo del bautismo». Identifiquemos las tres proposiciones:
- A = justificación (estado de gracia)
- B = bautismo (el lavatorio de la regeneración)
- C = deseo del bautismo
La frase dice: si no hay bautismo o no hay deseo, entonces no hay justificación. En notación lógica:
(1) (¬B ∨ ¬C) → ¬A
Esta es la forma original del enunciado de Trento. Para obtener su equivalente afirmativo, aplicamos el contrarrecíproco, que es una equivalencia lógica universalmente válida (si P implica Q, entonces no-Q implica no-P):
(2) A → (B ∧ C)
Es decir: la justificación exige bautismo Y deseo del bautismo. No uno u otro, sino ambos.
Demostración paso a paso
Para quien desee verificar la equivalencia con mayor rigor:
Paso 1. Equivalencia de la implicación (P → Q ≡ ¬P ∨ Q):
(¬B ∨ ¬C) → ¬A ≡ ¬(¬B ∨ ¬C) ∨ ¬A
Paso 2. Ley de De Morgan aplicada a ¬(¬B ∨ ¬C):
¬(¬B ∨ ¬C) ≡ (¬¬B ∧ ¬¬C) ≡ (B ∧ C)
Paso 3. Sustituyendo en el paso 1:
(B ∧ C) ∨ ¬A
Paso 4. De vuelta a forma condicional (¬A ∨ (B ∧ C) ≡ A → (B ∧ C)):
A → (B ∧ C)
Las formas (1) y (2) son lógicamente equivalentes. Dicen exactamente lo mismo. La forma negativa — la que Trento emplea — y la forma afirmativa — la que obtenemos por transformación — son dos maneras de expresar un único juicio:
- Forma negativa: «No hay justificación sin bautismo o sin su deseo.»
- Forma afirmativa: «Hay justificación solo si hay bautismo y deseo.»
La analogía decisiva
Para quien la notación lógica resulte abstracta, basta una analogía que vuelve evidente el significado:
«No hay agua sin oxígeno o sin hidrógeno.»
¿Significa esta frase que basta el hidrógeno solo para tener agua? Evidentemente no. Significa que hacen falta ambos elementos: hidrógeno y oxígeno. Si falta cualquiera de los dos, no hay agua.
Del mismo modo, la frase de Trento significa: hacen falta ambas cosas — el bautismo y el deseo de recibirlo — para la justificación. Si falta cualquiera de las dos, no hay justificación. Un bautismo sin deseo (por ejemplo, un bautismo forzado, sin intención del sujeto) no justifica. Un deseo sin bautismo tampoco. Es necesario que el catecúmeno desee el sacramento y lo reciba.
Por qué esta demostración es importante
1. Destruye el único texto magisterial citado a favor del bautismo de deseo
En toda la historia del Magisterio infalible, no existe una sola definición ex cathedra que enseñe el bautismo de deseo. Ni un Papa ni un Concilio ecuménico han definido nunca que el deseo del sacramento pueda suplir al sacramento mismo. El texto de Trento sesión 6, capítulo 4, es el más fuerte — y prácticamente el único — que los defensores del bautismo de deseo pueden invocar con apariencia de autoridad magisterial.
Si este texto dice lo contrario de lo que ellos afirman, su posición queda sin fundamento magisterial alguno.
2. Trento confirma su propia lectura con la cita de Juan 3, 5
La frase de Trento no termina con «o su deseo». Termina con una cláusula interpretativa: «según está escrito: “Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3, 5)».
La expresión «según está escrito» (sicut scriptum est) no es una referencia ornamental. Es una cláusula que establece el sentido del enunciado anterior a la luz de la Escritura. Y lo que la Escritura dice es: agua y Espíritu — los dos, no uno solo. Si Trento quisiera enseñar que el deseo suple al agua, no cerraría la frase citando un versículo que exige el agua como condición indispensable.
3. Trento no se contradice a sí mismo
El canon 5 de la sesión 7 del mismo Concilio define:
«Si alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la salvación, sea anatema.»
Es impensable que el mismo Concilio afirme el bautismo de deseo en un capítulo y lo condene bajo anatema en un canon. La lectura disyuntiva del aut (basta uno u otro) haría que Trento se contradijera a sí mismo. La lectura copulativa (hacen falta ambos) es la única que mantiene la coherencia interna del decreto.
4. La lectura disyuntiva reproduce la herejía protestante
Trento fue el gran concilio con el que la Iglesia enfrentó la apostasía protestante. El núcleo de esa apostasía es la sola fide: la doctrina de que nos salvamos por la sola fe, sin necesidad de obras ni sacramentos. Decir que basta el deseo del sacramento sin el sacramento mismo es, en esencia, la misma doctrina: una disposición interior (el deseo, la fe) sustituye al acto sacramental exterior (el bautismo de agua). Es inverosímil que el concilio convocado para condenar la sola fide la reafirme en sus propios decretos.
5. El silencio de Trento sobre el bautismo de deseo es elocuente
Trento enseña explícitamente, tres veces (sesión 6, capítulo 14; sesión 14, capítulo 4; sesión 6, canon 29), que la contrición perfecta puede suplir al sacramento de la penitencia por medio del deseo del sacramento (votum poenitentiae). Usa la misma palabra — votum — y la misma estructura gramatical. Si hubiera querido enseñar que el deseo del bautismo suple al bautismo, lo habría hecho con la misma claridad y la misma insistencia. Tres veces para la penitencia; ninguna para el bautismo. Ese silencio no es casual: es deliberado.
Conclusión
La formalización lógica de Trento sesión 6, capítulo 4, demuestra que la frase «sin el lavatorio de la regeneración o su deseo» no enseña el bautismo de deseo, sino que lo niega. Exige ambas cosas — el bautismo y el deseo de recibirlo — como condiciones simultáneamente necesarias para la justificación. La cita de Juan 3, 5 que cierra la frase lo confirma. El canon 5 de la sesión 7 lo ratifica bajo anatema. Y el silencio de Trento sobre una suplencia del bautismo por el deseo — frente a su triple afirmación de la suplencia de la penitencia por la contrición — lo sella.
El único texto magisterial invocado a favor del bautismo de deseo dice, leído con rigor lógico, exactamente lo contrario de lo que sus defensores pretenden.
