XV Domingo después de Pentecostés

Calendario Litúrgico Católico

MISA

(Semiduplex – Ornamentos verdes)

INTROITUS (Ps. 85, 1 et 2 – 3)

Inclina, Dómine, aurem tuam ad me, et exáudi me; salvum fac servum tuum, Deus meus, sperántem in te: miserére mihi, Dómine, quóniam ad te clamávi tota die. – Ps. Ibid. 4. Laetifica ánimam servi tui: quia ad te, Dómine, ánimam meam levávi.  V/ Gloria Patri.

Inclina, Señor, tu oído a mis súplicas, y escúchame; salva, Dios mío, a tu siervo, que espera en Ti; ten piedad de mí, Señor, porque a Ti he clamado todo el día. – Salmo.- Alegra el alma de tu siervo; porque a Ti, Señor, tengo elevada mi alma. V/Gloria al Padre.

COLECTA

ECCLÉSIAM tuam, Dómine, miserátio continuáta múndet et múniat: et quia sine te non potest salva consístere: tuo semper múnere gubernétur. Per Dóminum. R. Amen   

Purifica, Señor, y fortalece a tu Iglesia con una continua misericordia; y ya que sin Ti no puede subsistir salva, haz que sea siempre gobernada por tu gracia. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina.     R. Amen.

EPÍSTOLA ( Gál. 5.25-26; 6.1-10 )

LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PAULI APÓSTOLI AD GÁLATAS.
Fratres:  si spiritu vivimus spiritu et ambulemus. Non efficiamur inanis gloriae cupidi, invicem provocantes, invicem invidentes. Fratres et si praeoccupatus fuerit homo in aliquo delicto, vos qui spirituales estis huiusmodi instruite in spiritu lenitatis considerans te ipsum ne et tu tempteris. Alter alterius onera portate et sic adimplebitis legem Christi. Nam si quis existimat se aliquid esse cum sit nihil ipse se seducit. Opus autem suum probet unusquisque et sic in semet ipso tantum gloriam habebit et non in altero. Unusquisque enim onus suum portabit. Communicet autem is qui catecizatur verbo, ei, qui se catecizat, in omnibus bonis. Nolite errare Deus non inridetur. Quae enim seminaverit homo haec et metet. Quoniam qui seminat in carne sua, de carne et metet corruptionem qui autem seminat in spiritu, de spiritu metet vitam aeternam. Bonum autem facientes, non deficiamus: tempore enim suo metemus, non deficientes. Ergo dum tempus habemus operemur bonum ad omnes maxime autem ad domesticos fidei.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GALATAS. Hermanos:  Si vivimos  del Espíritu, dejémonos también guiar por el Espíritu. No seamos ávidos de vanagloria, hostigándonos y envidiándonos mutuamente. Hermanos, si alguno, como hombre que es incurriere en algún delito, vosotros que sois espirituales, amonestadle con espíritu de mansedumbre, y consideraos a vosotros mismos, para que no seáis también tentados. Sobrellevaos mutuamente, y así cumpliréis la Ley de Cristo. Porque si alguno cree ser algo, no siendo nada, él mismo se engaña. Mas, prueba cada cual obra, y así tendrá gloria sólo en sí mismo, y no en otro. Porque cada cual llevará su propia carga. Y el que es enseñado en la palabra de Dios, comunique en todos los bienes al que le enseña. No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Porque lo que el hombre sembrare, eso también cosechará. Y así, el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción; mas, el que siembra en el Espíritu, el Espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo recogeremos el fruto, si no desfallecemos. Y así, mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a aquellos que por la fe son de nuestra misma familia.

GRADUAL (Ps. xvi, 2 -3)

Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómine tuo, Altíssime. V/ Ad anuntiándum mane misericórdiam tuam, et veritátem tuam per noctem.

Bueno es alabar al Señor y cantar a tu nombre, ¡oh Altísimo!  V/ Anunciar desde la mañana tu misericordia, y tu fidelidad hasta por la noche.

ALELUYA

ALLELÚJA, ALLELÚJA.  [Ps. xciv] Quóniam Deus magnus Dóminus, et Rex magnus super omnem terram. Allelúja

ALELUYA. ALELUYA. V/ Porque el Señor es Dios grande, y Rey grande sobre da la tierra.  Aleluya. 

EVAGELIO (Lc. vii: 11-16)

SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM LUCAM. In illo témpore: Ibat Jesus in civitatem quae vocatur Naim: et ibant cum illo discipuli eius et turba copiosa. Cum autem adpropinquaret portae civitatis et ecce defunctus efferebatur filius unicus matri suae et haec vidua erat et turba civitatis multa cum illa. Quam cum vidisset Dominus misericordia motus super ea dixit illi noli flere. Et accessit et tetigit loculum hii autem qui portabant steterunt et ait adulescens tibi dico surge. Et resedit qui erat mortuus et coepit loqui et dedit illum matri suae. Accepit autem omnes timor et magnificabant Deum dicentes quia propheta magnus surrexit in nobis et quia Deus visitavit plebem suam

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS. En aquel tiempo iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

CREDO

OFFERTORIUM [Ps. xxxix: 2-4 ]

Exspéctans exspectávi Dóminum, et respéxit me: et exaudívit deprecatiónem meam: et immísit in os meum cánticum novum, hymnum Deo nostro.

Con paciencia aguardé al Señor, y volvió a mi su mirada y oyó mi ruego; y puso en mi boca un cántico nuevo, un himno en loor de nuestro Dios.

SECRETA

Tua nos, Dómine, sacraménta custódiant: en contra diabólicos semper tueántur incúrsus. Per Dominum nostrum

Señor! que tus sacramen­tos nos guarden, y defiendan siempre contra las asechanzas del demonio. Por nuestro Señor.  

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes

EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción, De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz:

COMMUNIO (Jn. 6, 52)

Panis, quem ego dédero, caro mea est pro saeculi vita.

El pan que yo daré es mi carne, que servirá para la vida del mundo.

POSTCOMMUNIO

Mentes nostras et corpora possideat, quaesumus, Dómine, doni caelestis operátio: ut non noster sensus in nobis, sed júgiter ejus praevéniat efféctus. Per Dóminum.

Que la virtud de este don celestial, Señor, penetre nuestras almas y cuerpos, para que no sea nuestro modo de ver, sino su efecto el que prevalezca siempre en nosotros. Por nuestro Señor.

COMENTARIO

Catena aurea (S. Tomás de Aquino)

Lucas 7:11-17

Y aconteció después, que iba a una ciudad, llamada Naím: y sus discípulos iban con El, y una grande muchedumbre de pueblo. Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda: y venía con ella mucha gente de la ciudad. Luego que la vio el Señor, movido de misericordia por ella, le dijo: «No llores». Y se acercó, y tocó el féretro (y los que lo llevaban, se pararon). Y dijo: «Mancebo, a ti digo, levántate». Y se sentó el que había estado muerto, y comenzó a hablar. Y le dio a su madre, y tuvieron todos grande miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros: y Dios ha visitado a su pueblo». Y la fama de este milagro corrió por toda la Judea, y por toda la comarca. (vv. 11-17)

San Cirilo
El Señor obra prodigio sobre prodigio. Y mientras que antes había venido llamado, ahora viene sin que lo llamen. Por lo que se dice: «Y aconteció después que iba a una ciudad llamada Naim».

Beda
Naim es una ciudad de Galilea que dista dos leguas1 del monte Tabor. Por permisión divina acompañaba una gran turba al Señor para que presenciase el milagro tan grande que iba a hacer. Por lo que sigue: «Y sus discípulos iban con El, y una grande muchedumbre de pueblo».

San Gregorio Niceno Tract. de anima et resurrectione, post medim
Aprendamos del Salvador la experiencia de la resurrección no tanto en las palabras como en sus obras. Empieza por milagros menores a fin de preparar nuestra fe para otros mayores. Empieza a ejercer el poder de la resurrección en la enfermedad desesperada del siervo del centurión. Después, con un acto de mayor poder conduce a los hombres a la fe de la resurrección, resucitando al hijo de una viuda que era llevado al sepulcro. Por lo que se dice: «Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, hijo único de su madre».

Tito Bostrense
Podría decirse del siervo del centurión que no había de morir. Pero para reprimir ese lenguaje temerario, Jesucristo salió al encuentro de aquel joven que ya era difunto, hijo único de una viuda. Por lo que sigue: «La cual era viuda. Y venía con ella mucha gente de la ciudad».

San Gregorio Niceno De homini opificio
Estas pocas palabras expresan la intensidad de su dolor. Era madre viuda y ya no esperaba tener más hijos ni tenía otro a quien mirar en lugar del difunto. Solamene había criado a éste, y él solo constituía la alegría de la casa. El solo era toda la dulzura y todo el tesoro de la madre.

San Cirilo
Digno era de compasión este dolor y bien capaz de excitar el llanto y las lágrimas. Por lo que sigue: «Y luego que la vio el Señor, movido de misericordia por ella, le dijo: No llores».

Beda
Como diciendo: No le llores ya como muerto porque dentro de muy poco lo verás resucitar.

San Crisóstomo
Consolando así la tristeza y haciendo cesar las lágrimas nos enseña a consolarnos de la pérdida de nuestros difuntos esperando su resurrección. Toca, pues, el féretro, saliendo la vida al encuentro de la muerte. Por lo que sigue: «Y se acercó», etc.

San Cirilo
No hizo este milagro con sólo la palabra, sino que también tocó el féretro, para que comprendamos la eficacia del sagrado Cuerpo de Jesús para la salud de los hombres. Es, en efecto, el cuerpo de vida y la carne del Verbo omnipotente, de quien viene la virtud. Pues así como el hierro unido al fuego produce los efectos del fuego, así la carne, una vez unida al Verbo que da vida a todas las cosas, se hace también vivificadora y expulsiva de la muerte.

Tito Bostrense
El Señor no era semejante a Elías, que lloraba la muerte del hijo de la viuda de Sarepta (1Re 17), ni como Eliseo, que aplicó su mismo cuerpo al cuerpo de un difunto, (2Re 4) ni como San Pedro, que rogó por Thabita (Hch 9), sino que El es quien llama a lo que no existe como a lo que existe (Rom 4); que puede hablar a los muertos como a los vivos. Por lo que sigue: «Y dijo: Mancebo», etc.

San Gregorio Niceno
Esta palabra «mancebo» indica la flor de la edad, cuando empieza a apuntar la barba. Aquel que poco antes era la alegría y la dulzura de las miradas de su madre la cual suspiraba ya por la alegría de sus esponsales, y le contemplaba como el propagador de su raza, el vástago de su posteridad y el báculo de su vejez.

Tito Bostrense
Inmediatamente se levanta aquel a quien se dirige esa orden. Al poder de Dios nada resiste; no hay ninguna tardanza, ni tampoco oraciones. Por lo que sigue: «Y se sentó el que había estado muerto, y comenzó a hablar. Y le dio a su madre». Indicios son éstos de verdadera resurrección, pues un cuerpo muerto no puede hablar ni tampoco la mujer hubiese llevado a su casa un hijo muerto e inanimado.

Beda
Dice el evangelista que el Señor se movió primero a misericordia cuando vio a la madre y que después resucitó al hijo para darnos, por un lado, un modelo de misericordia y, por el otro, un motivo de creer en su poder maravilloso. Por lo que sigue: «Y tuvieron todos grande miedo, y glorificaban a Dios», etc.

San Cirilo
Este gran milagro se obró en un pueblo insensible e ingrato; porque poco tiempo después no creía que fuese profeta, ni que sirviera para utilidad del pueblo. Sin embargo, este milagro no se ocultó a ningún habitante de la Judea. Por lo que sigue: «Y la fama de este milagro corrió por toda la Judea», etc.

Ambrosio
Es oportuno notar que se cuentan siete resurrecciones antes de la de Jesucristo. De las cuales la primera es la del hijo de Sarepta (1Re 17); la segunda es la del hijo de la Sunamitis (2Re 4); la tercera es la que se verificó con las reliquias de Eliseo (2Re 3); la cuarta, la que se verificó en Naim, como aquí se dice; la quinta es la de la hija del príncipe de la sinagoga (Mc 5); la sexta, la de Lázaro (Jn 50); la séptima, en la pasión de Cristo, durante la cual resucitaron muchos cuerpos de santos (Mt 27); la octava es la de Jesucristo, el cual, vencedor de la muerte, permanece siempre, para significar que la resurrección general que ha de tener lugar en la octava edad, no estará sujeta a la muerte sino que permanecerá indisoluble.

Beda
El difunto que se levantó a la vista de muchos fuera de las puertas de la ciudad, representa al hombre adormecido en el féretro de mortales culpas, y la muerte del alma, que no yace aun en el lecho del corazón, pero que se exhibe a noticia de muchos por sus palabras y sus obras (como por las puertas de la ciudad). Cada uno de los sentidos de nuestro cuerpo es como la puerta de una ciudad. El cual se llama hijo único de su madre, porque la Iglesia, compuesta de muchas personas, es sin embargo única madre. Que la Iglesia es viuda, lo reconoce toda alma que ha sido rescatada con la muerte del Señor.

San Ambrosio
Esta viuda, rodeada por una multitud de pueblo, nos parece algo más que una mujer; ella ha obtenido por sus lágrimas la resurrección del adolescente, su hijo único, el que es llamdo a la vida desde el cortejo fúnebre. A Ella se le prohibe llorar al que se le reservaba la resurrección.

Beda
O se confunde el dogma de Novato, el cual, queriendo abolir la purificación de los penitentes, niega que la Iglesia nuestra madre, llorando sobre la muerte espiritual de sus hijos, deba consolarse con la esperanza de devolverles la vida.

San Ambrosio
Este muerto era llevado en las cuatro materias elementales, sin embargo tenía la esperanza de resucitar porque iba al sepulcro en un lecho de madera -esta madera, aunque antes no nos aprovechaba, después de que Jesucristo murió sobre ella, empezó a darnos la vida-, para que sirviese de señal de que había de darse la salud al pueblo por medio del sacrificio de la cruz. En efecto, nosotros aisladamente yacemos sin vida, cuando el fuego de una pasión inmoderada nos consume, o el agua helada de la indiferencia nos inunda, o un estado perezoso de nuestro cuerpo terrestre amortigüa el vigor de nuestro espíritu.

Beda
O el féretro, en que es llevado muerto, representa la conciencia del pecador, que desconfía de la enmienda; los que le llevan al sepulcro son los deseos inmundos o las adulaciones de sus amigos, los cuales se detienen en cuanto Jesús toca el féretro. Su conciencia, tocada por el temor del juicio divino, vuelve sobre sí, refrenando sus pasiones, rechazando las alabanzas, y respondiendo al Salvador cuando le llama.

San Ambrosio
Si es tu pecado grave y no puedes lavarlo con las lágrimas de la penitencia, que llore por ti nuestra madre la Iglesia; que la turba te asista, y resucitarás de la muerte, dirás palabras de vida, todos temerán (con el ejemplo de uno se corrigen muchos), y también alabarán al Señor porque se ha dignado concedernos tan grandes remedios para evitar la muerte.

Beda
El Señor ha visitado a su pueblo no una vez sola revistiendo de carne a su Verbo, sino enviándole con frecuencia a los corazones de los hombres.

Teofilacto
Por esta viuda se puede también entender el alma que pierde a su esposo; esto es, la divina palabra. Su hijo es el entendimiento que es llevado fuera de la ciudad de los que viven. El lecho es su propio cuerpo a quien algunos han llamado sepulcro. Pero cuando el Señor lo toca, se levanta, se rejuvenece y, levantándose del pecado, empieza a hablar y a enseñar a otros, pues sin eso no se le creería.

Notas

  1. Una legua equivale a 5572.7 metros.

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