NOSTALGIA DEL SILENCIO Y EL DESIERTO

Apuntes

Hace muchos años que no hago unos Ejercicio por el método de San Ignacio. Desde que empecé a comprender que el Vaticano II era una infecta apostasía anticatólica; desde que empecé a comprender que la que parecía ser la Iglesia Católica no era la secta del Vaticano  II y desde que en consecuencia empecé a separarme de todo seguidor de tan nefasta secta, mis posibilidades de realizar unos ejercicio han sido cada vez más difíciles y remotas, hasta el punto de hacerse imposible.

Recientemente asistí a una reunión de católicos españoles en la provincia de Madrid. No eran solo entre 30 o 40 personas. pero para la fe que hay en España mi parecieron muchos. Y de alguna  manera la reunión tenía remotamente la forma de un retiro o hasta unos ejercicios: estábamos recluidos en una casa de ejercicio durante unos días, y aparte de  las misas, exposiciones y confesiones, existían una serie de charlas.  

Pero para mí de tal reunión lo menos gratificante fue que se concibió como una especie de convivencia: la gente hablaba entre ella mucho y en todo momento… ¡Y cómo eche de menos el silencio de unos ejercicios!

En la habitual vida social de hoy estamos centrados en los demás… o en realidad en nosotros mismos. Nos centramos en dar buena impresión a los demás, en tener gente que nos apruebe… Estamos centrados en nosotros y en el reconocimiento que los demás nos puedan dar… Y eso hace que Dios desaparezca de nuestro horizonte.

Vivimos en un mundo de ruido y acciones. Y la pregunta que la gente se hace cada día es “¿Qué voy a hacer hoy,  cómo me voy a divertir, con quién voy a estar…” El hombre moderno tiene terror a la soledad… y esa es una de las razones del éxito de las redes sociales. En este hombre moderno se cumple la frase del Macbeth de Shakespeare: «La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido».

En cambio el silencio, el desierto nos lleva fácilmente  a Dios. El desierto y el silencio nos lleva a lo esencial; nos lleva a cuestiones como que hemos de morir, hemos de sufrir un juicio, existe el cielo y el Infierno  y solo el Señor salva.

Y probablemente ni nostalgia de unos tiempos en que aún hacia Ejercicios es la nostalgia del silencio y el desierto. La misma nostalgia que llevaba a los cristianos que de verdad le interesaba Dios, a buscar esas cosas: Los padres del desierto que siempre han sido el verdadero modelo y sostén de nuestra búsqueda de santidad.

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