LOS SIETE DOLORES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Calendario Litúrgico Católico

MISA

( II clase, blanco. Gloria, Prefacio de la Virgen )

INTROITUS (Joann. 19, 25)

Stabant juxta Crucem Jesu mater ejus, et soror matris María Cléophæ, et Salóme, et María Magdaléne. [Ibid. 26, 27] «Múlier, ecce fílius tuus:» dixit Jesus; ad discípulum autem: «Ecce mater tua.». V/.  Glória Patri.

Estaban junto a la cruz de Jesús, su Madre, y la hermana de su Madre María de Cleofás y Salomé y la María Magdalena. V/. Mujer, ahí tienes a tu hijo ; dijo Jesús, y al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. V/. Gloria. .

COLECTA

Deus, in cujus passióne, secúndum Simeónis prophetíam, dulcíssimam ánimam gloriósæ Vírginis et Matris Maríæ dolóris gládius pertransívit: concéde propítius; ut, qui dolóres ejus venerándo recólimus, passiónis tuæ efféctum felícem consequámur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

COLECTA (En Viernes de Dolor)

Oh Dios, en cuya pasión fue traspasada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según se lo había profetizado ya Simeón; concédenos propicio, que cuantos venerando sus Dolores, hacemos memoria de ellos, consigamos el feliz efecto de tu sagrada pasión. Tú que vives y reina con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Deus, in cujus passióne, secúndum Simeónis prophetíam, dulcíssimam ánimam gloriósæ Vírginis et Matris Maríæ dolóris gládius pertransívit: concéde propítius; ut, qui dolóres ejus venerándo recólimus, passiónis tuæ efféctum felícem consequámur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, en cuya pasión fue traspasada de dolor el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según se lo había profetizado ya Simeón; concédenos propicio, que cuantos venerando sus Dolores, hacemos memoria de ellos, consigamos el feliz efecto de tu sagrada pasión. Tú que vives y reina con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

COLECTA (Misa Votiva)

Intervéniat pro nobis, quǽsumus, Dómine Jesu Christe: nunc et in hora mortis nostræ, apud tuam cleméntiam beáta Virgo María Mater tua; cujus sacratíssimam ánimam in hora tuæ passiónis dolóris gládius pertransívit: Qui vivis…

Te pedimos, Señor Jesucristo, que interceda por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte ante tu clemencia la bienaventurada Virgen María Madre tuya, cuya sacratísima alma, en la hora de tu Pasión fue traspasada con espada de dolor. Que vives…

EPÍSTOLA ( Judith 13, 22 et 23-25 )

LÉCTIO LIBRI JUDITH.
Benedíxit te Dóminus in virtúte sua, quia per te ad níhilum redégit inimícus nostros. Benedícta es tu fília a Dómino Deo excélso, præ ómnibus muliéribus super terram. Benedíctus Dóminus, qui creávit cælum et terram: quia hódie nomen tuum ita magnificávit, ut non recédat laus tua de ore hóminum, qui mémores fúerint virtútis Dómini in ætérnum, pro quibus non pepercísti ánimæ tuæ propter angústias et tribulatiónem géneris tui, sed subvenísti ruínae ante conspéctum Dei nostri.

LECTURA DEL LIBRO DE JUDIT. ¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado el día de hoy a los enemigos de tu pueblo!» «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que ha engrandecido tu nombre,  y  tu alabanza no faltará en la boca de los hombres, que recordarán la fuerza de Dios eternamente, porque no vacilaste en exponer tu vida a causa de la humillación de nuestra raza, al hacer cesar nuestra ruina ante nuestro Dios.»

GRADUAL

Dolorósa et lacrimábilis es, Virgo María, stans juxta crucem Dómini Jesu Fílii tui Redemptóris. v. Virgo Dei Génitrix, quem totus non capit orbis, hoc crucis fert supplícium, auctor vitæ factus homo.

Dolorosa y llorosa, oh Virgen María, estás al pie de la cruz del Señor Jesús tu Hijo, el Redentor. V/. ¡Oh Virgen Madre de Dios! Aquel a quien el mundo entero no puede contener, el Autor de la vida hecho hombre, sufre este suplicio de la cruz.

ALELUYA [Ps. lxxxvii, 2]

ALLELÚJA, ALLELÚJA. V/  –    Stabat sancta María, cæli Regína, et mundi Dómina, juxta crucem Dómini nostri Jesu Christi dolorósa. Aleluya.

ALELUYA. ALELUYA. V/ Estaba Santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, dolorosa junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

TRACTO (Sal 24, 17-18. 1-4) (En el Viernes de Dolores. )

Stabant sancta María cæli Regina, et mundi Dómina, juxta Crucem Dómini nostri Jesu Christi dolorósa. V/. O vos omnes, qui transítis per viam, atténdite, et vidéte si est dolor sicut dolor meus..

Estaba Santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, dolorosa junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo. V/. Oh todos vosotros que pasáis por el camino, mirar y ved, si hay dolor como mi dolor.

ALELUYA PASCUAL (En las misas votivas durante el tiempo pascual.)

Allelúja, allelúja. V/. Stabat sancta María, cæli Regína, et mundi Dómina, juxta crucem Dómini nostri Jesu Christi dolorósa.  Allelúja. V/. [Lam 1, 12.]- O vos omnes, qui transítis per viam, atténdite, et vidéte si est dolor sicut dolor meus..

Aleluya. Aleluya. V/. Estaba Santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, dolorosa junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya. V/. Oh todos vosotros que pasáis por el camino, mirar y ved, si hay dolor como mi dolor.

SECUENCIA

  1. Stabat Mater dolorósa
    juxta Crucem lacrimósa,
    dum pendébat Fílius.
  2. Cuius ánimam geméntem,
    contristátam et doléntem
    pertransívit gládius.
  3. O quam tristis et afflícta
    fuit illa benedícta,
    mater Unigéniti!
  4. Quæ mærébat et dolébat,
    pia Mater, dum vidébat
    nati pœnas ínclyti.
  5. Quis est homo qui non fleret,
    matrem Christi si vidéret
    in tanto supplício?
  6. Quis non posset contristári
    Christi Matrem contemplári
    doléntem cum Fílio?
  7. Pro peccátis suæ gentis
    vidit Jesum in torméntis,
    et flagéllis súbditum.
  8. Vidit suum dulcem Natum
    moriéndo desolátum,
    dum emísit spíritum.
  9. Eia, Mater, fons amóris
    me sentire vim dolóris fac,
    ut tecum lúgeam.
  10. Fac, ut árdeat cor meum
    in amándo Christum Deum
    ut sibi compláceam.
  11. Sancta Mater, istud agas,
    crucifixi fige plagas
    cordi meo válide.
  12. Tui Nati vulneráti,
    tam dignáti pro me pati,
    pœnas mecum dívide.
  13. Fac me tecum pie flere,
    crucifixo condolére,
    donec ego víxero.
  14. Juxta Crucem tecum stare,
    et me tibi sociáre
    in planctu desídero.
  15. Virgo vírginum præclára,
    mihi iam non sis amára:
    fac me tecum plángere.
  16. Fac, ut portem Christi mortem, passiónis fac consórtem,
    et plagas recólere.
  17. Fac me plagis vulnerári,
    fac me Cruce inebriári,
    et cruóre Fílii.
  18. Flammis ne urar succénsus,
    per te, Virgo, sim defénsus
    in die judícii.
  19. Christe, cum sit hinc exíre,
    da per Matrem me veníre
    ad palmam victóriæ.
  20. Quando corpus moriétur,
    fac, ut animæ donétur
    paradísi glória. Amen. (Allelúja)
  1. Estaba la Madre dolorosa
    junto a la Cruz, lacrimosa,
    mientras pendía el Hijo.
  2. Cuya ánima gimiente,
    contristada y doliente
    atravesó la espada.
  3. ¡Oh cuán triste y afligida
    estuvo aquella bendita
    Madre del Unigénito!.
  4. Languidecía y se dolía
    la piadosa Madre que veía
    las penas de su excelso Hijo.
  5. ¿Qué hombre no lloraría
    si a la Madre de Cristo viera
    en tanto suplicio?
  6. ¿Quién no se entristecería a la Madre contemplando con su doliente Hijo?
  7. Por los pecados de su gente vio a Jesús en los tormentos y doblegado por los azotes.
  8. Vio a su dulce Hijo
    muriendo desolado
    al entregar su espíritu.
  9. Ea, Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor,
    contigo quiero llorar.
  10. Haz que mi corazón arda
    en el amor de mi Dios
    y en cumplir su voluntad.
  11. Santa Madre, yo te ruego
    que me traspases las llagas
    del Crucificado en el corazón.
  12. De tu Hijo malherido
    que por mí tanto sufrió
    reparte conmigo las penas.
  13. Déjame llorar contigo
    condolerme por tu Hijo
    mientras yo esté vivo.
  14. Junto a la Cruz contigo estar y contigo asociarme
    en el llanto es mi deseo.
  15. Virgen de Vírgenes preclara no te amargues ya conmigo, déjame llorar contigo.
  16. Que llore la muerte de Cristo, hazme socio de su pasión, que me quede con sus llagas.
  17. Que me hieran sus llagas, que con la Cruz y la sangre de tu Hijo me embriague.
  18. Para que no me queme en las llamas, defiéndeme tú, Virgen santa, en el día del juicio.
  19. Cuando, Cristo, haya de irme, concédeme que tu Madre me guíe a la palma de la victoria
  20. Cuando el cuerpo sea muerto, haz que al ánima sea dada del Paraíso la gloria. Amén. (Aleluya).

EVAGELIO (Jn 19, 25-27)

INÍTIUM SANCTI EVANGELII SECUNDUM JOÁNNEM. In illo témpore: Stabant juxta crucem Jesu mater ejus, et soror matris ejus María Cléophæ, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit matri suæ: «Múlier, ecce fílius tuus.» Deínde dicit discípulo: «Ecce mater tua.» Et ex ílla hora accépit eam discípulus in sua.

INICIO DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN. En aquel tiempo; Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María la Magdalena. Viendo, pues, Jesús, a su Madre, y junto a ella al discípulo amado, dice a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquella hora la  recibió el discípulo en su casa.

CREDO

OFFERTORIUM [Jer. XVII: 20 ]

Recordáre, Virgo Mater Dei, dum stéteris in conspéctu Dómini, ut loquáris pro nobis bona, et ut avértat indignatiónem suam a nobis.

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando te halles en presencia del Señor e intercede por nosotros, para que aparte su indignación.

SECRETA

Offérimus tibi preces et hóstias, Dómine, Jesu Christe, humíliter supplicántes: ut, qui Transfixiónem dulcíssimi spíritus beátæ María Matris tuæ précibus recensémus; suo suorúmque sub Cruce Sanctórum, consórtium multiplicáto piíssimo intervéntu, méritis mortis tuæ, méritum cum beátis habeámus: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

Te ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, estas hostias y oraciones, suplicándote humildemente que los que en nuestras oraciones recordamos la transfixión del dulcísimo espíritu de tu Santa Madre María, consigamos la recompensa de los bienaventurados, por los méritos de tu muerte y por piadosísima y múltiple intercesión de tu Madre y la de todos santos que al pie de la cruz le acompañaron. Que vives y reinas.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

VERE dignum et iustum est, æquum et salutare, nos tibi semper, et ubique gratias agere: Domine sancte, Pater omnipotens, æterne Deus. Et te in Nativitate beatæ Mariæ semper Virginis collaudare, benedicere et prædicare. Quæ et Unigenitum tuum sancti Spiritus obumbratione concepit: et virginitatis gloria permanente, lumen æternum mundo effudit, Iesum Christum Dominum nostrum. Per quem maiestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates. Cæli, cælorumque Virtutes, ac beata Seraphim, socia exsultatione concelebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admitti iubeas, deprecamur, supplici confessione dicentes:

EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias, Señor santo, Padre todopoderoso, Dios eterno. Y el alabarte, bendecirte y glorificarte en la Natividad de la bienaventurada siempre Virgen María, que habiendo concebido a tu único Hijo por virtud del Espíritu Santo, dio a luz, conservando siempre la gloria de su virginidad, a la Luz eterna, Jesucristo Nuestro Señor. Por Quien los Ángeles alaban a tu Majestad, las Dominaciones la adoran, tiemblan las Potestades; los Cielos y la Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines la celebran con recíproca alegría. Te rogamos que, con sus alabanzas, recibas también las nuestras, cuando te decimos con humilde confesión:

COMMUNIO

Felíces sensus beátæ Maríæ Vírginis, qui sine morte meruérunt mártyrii palmam sub cruce Dómini.

Felices los sentidos de la Santísima Virgen María que sin morir merecieron la palma del martirio bajo la cruz del Señor.

POSTCOMMUNIO

Sacrifícia, quæ súmpsimus Dómine Jesu Christe, Transfixiónem Matris tuæ et Vírginis devóte celebrántes: nobis ímpetrent apud cleméntiam tuam omnis boni salutáris efféctum:  Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.

Haz, Señor, que los sacramentos que acabamos de recibir celebrando devotamente la transfixión de tu Madre la Virgen María, nos alcancen de tu bondad todo linaje de saludable efectos. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

COMENTARIO

Catena aurea (S. Tomás de Aquino)

Juan xix: 25-27

Y los soldados, ciertamente, hicieron esto. Y estaban junto a la cruz de Jesús, su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Y como vio Jesús a su Madre, y al discípulo que amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: «Mujer, he ahí a tu Hijo». Después dijo al discípulo: «He ahí a tu Madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió por suya. (vv. 25-27)

Teofilacto
Mientras los soldados se ocupaban de satisfacer su sórdida avaricia, Jesús cuidaba solícito de su Madre. Por eso dice: «En efecto, los soldados hicieron esto; estaban junto a la cruz de Jesús, su Madre», etc.

San Ambrosio, in epistolis
María, Madre del Señor, estaba ante la cruz de su Hijo. Nadie me enseñó esto, sino San Juan Evangelista. Otros describieron el trastorno del mundo en la pasión del Señor; el cielo cubierto de tinieblas, ocultándose el sol y el buen ladrón recibido en el Paraíso, después de su confesión piadosa. San Juan escribió lo que los otros se callaron, de cómo puesto en la cruz llamó Jesús a su Madre, y cómo considerado vencedor de la muerte, tributaba a su Madre los oficios de amor filial y daba el reino de los cielos. Pues si es piadoso perdonar al ladrón, mucho más lo es el homenaje de piedad con que con tanto afecto es honrada la Madre por el Hijo: «He aquí tu hijo». «He aquí a tu Madre». Cristo testaba desde la cruz y repartía entre su Madre y su discípulo los deberes de su cariño. Otorgaba el Señor, no sólo testamento público, sino también doméstico; y este testamento era refrendado por Juan. ¡Digno testimonio de tal testador! Rico testamento, no de dinero, sino de vida eterna; no escrito con tinta, sino con el espíritu de Dios vivo (2Cor 3) y pluma de lengua, que escribe velozmente (Sal_44:2). Pero María se mostró a la altura de la dignidad que correspondía a la Madre de Cristo. Cuando huyeron los Apóstoles, estaba en pie ante la cruz, mirando las llagas de su Hijo, no como quien espera la muerte de su tesoro, sino la salvación del mundo. Y aun quizás porque conociendo la redención del mundo por la muerte de su Hijo, ella deseaba contribuir con algo a la redención universal, conformando su corazón con el del Salvador. Pero Jesús no necesitaba de auxiliadora para la redención de todos los que sin ayuda había conservado. Por eso dice: «He sido hecho hombre sin auxiliador, libre entre los muertos» (Sal_87:5). Aceptó, en verdad, el afecto maternal, pero no buscó el auxilio ajeno. Imitad, madres piadosas, a ésta, que tan heroico ejemplo dio de amor maternal a su amantísimo Hijo único. Porque ni vosotras tendréis más cariñosos hijos, ni esperaba la Virgen el consuelo de poder tener otro.

San Jerónimo, contra Helvidium
La María que San Marcos y San Mateo llaman madre de Santiago y José, fue mujer de Alfeo y hermana de María, Madre del Señor, y es la que Juan designa en esta ocasión con el nombre de María Cleofé, bien sea por su padre o por razón de parentela o por cualquier otra causa. Pero si os parece que es otra, y así lo parezca, porque en otra parte se llame María, madre de Santiago el Menor, y aquí, María Cleofé, fijáos en la costumbre de las escrituras de llamar con diverso nombre a una misma persona.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82
Y admira cómo el sexo débil de las mujeres, aparece aquí más varonil, firme junto a la cruz, cuando los discípulos huían.

San Agustín, De cons. evang. 3, 21
Si no fuera porque San Mateo y San Lucas nombraron a María Magdalena podríamos decir que unas estuvieron junto a la cruz y otras lejos, pues ninguno hace mención de la Madre del Señor, más que San Juan. Veamos, pues, cómo se ha de entender que la misma María Magdalena estuviese lejos con las demás mujeres, según dicen Mateo y Lucas, y estuviese al mismo tiempo junto a la cruz, como dice San Juan. Esto no puede conciliarse a menos que hubieran estado a tal distancia que pudiera decirse: junto a la cruz; o porque, en su presencia, prontamente podrían haberse acercado; o porque estaban lejos en comparación con la turba de soldados y jefes que estaban más cerca. Podemos también suponer que las que estaban cerca, con la Madre del Señor, comenzaron a marcharse después que Jesús la encomendó a su discípulo, para alejarse de la confusión de las turbas y ver de lejos lo demás que sucedió. Por ello los otros evangelistas, que las mencionan después de la muerte del Señor, recuerdan que estaban ya lejos. En fin, ¿en qué altera la veracidad del hecho el que unas mujeres fueran citadas a un tiempo por unos evangelistas, y a otro tiempo por otro evangelista?

Crisóstomo, ut supra
Habiendo estado presentes otras mujeres, no recuerda el Evangelista a otra sino a la Madre del Señor, dándonos a entender el respeto que debemos a las madres. Pues, así como no conviene que los parientes se enteren de las cosas espirituales, así también conviene darles conocimiento de ellas, prefiriéndola a los demás cuando no se hayan de oponer. Por eso dice: «Como viese Jesús a su Madre y al discípulo a quien amaba, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo».

Beda
El Evangelista se designa con la señal del amor no porque fuese él sólo, con exclusión de los otros discípulos amados del Salvador, sino por el privilegio de la castidad con que sobresalía de los demás, por cuanto fue amado con un afecto más familiar, siendo virgen desde su vocación y permaneciendo siempre.

Crisóstomo, ut supra
¡Con cuán alto honor honró al discípulo! Pero él se oculta con la moderación de su sabiduría; porque si hubiera querido vanagloriarse, hubiese expresado la causa por qué era amado, y es preciso convenir que el motivo era grande y admirable. Así es que Jesús nada más dijo a Juan, ni le consuela en su tristeza, porque no era el momento oportuno de hablar de consuelo. Pero no era poco distinguirle con tal honor, y como era conveniente procurar para su Madre, oprimida de dolor, alguno que le reemplazara (porque Jesús se iba), dejó este encargo al discípulo que amaba. Sigue: «Después dijo al discípulo: He ahí a tu madre».

San Agustín, in Ioannem, tract., 119
Esta es, sin duda, aquella hora en la que, habiendo de convertir el agua en vino, había respondido Jesús a su Madre: «Mujer, ¿qué hay común entre ti y mí? aun no ha llegado mi hora» (Jua_2:4). En aquella ocasión en que debía empezar a obrar milagros, no la reconoció como Madre de su divinidad, no siéndolo mas que de su débil humanidad,[1] pero ahora que ya padece en su humanidad, honra con sentimiento humano a aquella, de la que había sido hecho hombre. Esta es una instrucción y ejemplo que nos da el buen Maestro, para enseñarnos los oficios de piedad que los hijos deben a sus padres, y así convirtió en cátedra de maestro la cruz en que estaba clavado.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 84
De este modo queda refutado el error de Marción. Si Jesucristo no fue engendrado según la carne, ni tuvo Madre, ¿por qué tanto esmero por su cuidado? Observa cuán tranquilamente dispone todas las cosas, en el momento de estar en la cruz, hablando a sus discípulos de su Madre, cumpliendo las profecías y prometiendo el cielo al buen ladrón. Antes de ser crucificado, se le ve temblar, pues entonces demostraba la debilidad de la naturaleza; pero ahora ostenta la grandeza de su poder. Así nos enseña, que si nos conturba la adversidad, no por eso desistamos. Y cuando hubiéramos entrado en la lucha, soportarlo todo como cosa fácil y ligera.

San Agustín, ut supra
Como proveía a su Madre, en cierto modo, de otro hijo por el que la dejaba, manifestó el motivo en las siguientes palabras: «Y desde aquella hora el discípulo la recibió como suya». ¿Pero en qué recibió Juan como suya a la Madre del Señor? ¿Acaso no era de los que habían dicho a Jesús: «He aquí que nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido» (Mat_19:27)? La recibió, no por sus propiedades (pues nada tenía propio), sino en los cuidados que solícito la había de dispensar.

Beda
Hay otra versión que dice que el discípulo la recibió, no como algunos dicen como Madre suya, sino más propiamente para cuidar de ella.

Notas

  1. El concilio de Efeso (431) enseña que «no nació primeramente un hombre vulgar de la santa Virgen, y luego descendió sobre El el Verbo; sino que unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esa manera (los padres) no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen».



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