IX Domingo después de Pentecostés

Calendario Litúrgico Católico

MISA

(Doble – Ornamentos verdes)

INTROITO (Ps 53, 6-7)

Ecce, Deus, ádjuvat me, et Dominus suscéptor est ánimae meae: avérte mala inimicis meis, et in véritate tua dispérde illos, protéctor meus, Dómine – Ps. Deus, in nómine tuo salvum me fac: et in virtúte tua líbera me. V. Gloria Patri.

Dios viene ya en mi ayuda, y el Señor es el sostén de mi vida; haz recaer los males sobre mis enemigos y extermínalos con tu verdad, Señor, y protector mío. – Ps. Sálvame, oh Dios, por tu nombre y líbrame con tu poder – V. Gloria al Padre.

COLECTA

Páteant aures misericórdirae tuae, Dómine, précibus supplicántium: et ut peténtibus desideráta concédas; fac eos, quae tibi sunt plácita, postuláre. Per Dóminum. R. Amen

Ábranse, Señor, los oídos de tu misericordia a las súplicas de los que te imploran; y para que les concedas lo que desean, haz que pidan lo que te es grato conceder.Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.   R. Amen.

EPÍSTOLA ( 1 ad Cor. X: 6-13)

LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PAULI APÓSTOLI AD CORÍNTHIOS.
Fratres:non simus concupiscéntes malórum, sicut et illi concupiérunt. Neque idolólatræ efficiámini, sicut quidam ex ipsis: quemádmodum scriptum est: Sedit pópulus manducáre et bíbere, et surrexérunt lúdere. Neque fornicémur, sicut quidam ex ipsis fornicáti sunt, et cecidérunt una die vigínti tria míllia. Neque tentémus Christum, sicut quidam eórum tentavérunt et a serpéntibus periérunt. Neque murmuravéritis, sicut quidam eórum murmuravérunt, et periérunt ab exterminatóre. Hæc autem ómnia in figúra contingébant illis: scripta sunt autem ad correptiónem nostram, in quos fines sæculórum devenérunt. Itaque qui se exístimat stare, vídeat ne cadat. Tentátio vos non apprehéndat, nisi humána: fidélis autem Deus est, qui non patiétur vos tentári super id quod potéstis, sed faciet étiam cum tentatióne provéntum, ut possítis sustinére.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓS-TOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS. Hermanos: No deseéis cosas malas, como las desearon los Hebreos en el desierto. Ni adoréis los ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: «Sentóse el pueblo a comer ya beber, y luego se levantaron a retozar». Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron, y murieron 23.000 en un día. Ni tentemos a Cristo, como hicieron algunos de ellos, y perecieron mordidos de las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron muertos por el Ángel exterminador(1). Todas estas cosas que les acontecían eran figuras de lo venidero, y están escritas para escarmiento de nosotros, que hemos venido al fin de los siglos. Y así, el que piensa estar firme, cuide, no caiga. Que no os vengan sino tentaciones humanas fácilmente superables(2); pero fiel es Dios, que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes hará que saquéis provecho de la misma tentación, para que podáis perseverar en el bien

GRADUAL (Ps. viii: 2)

Dómine, Dóminus noster, quam admirábile est nomen tuum in univérsa terra! V. Quóniam eleváta est magnificéntia tua super cælos.

Señor, Señor nuestro, ¡cuán admirable es tu nombre en toda la tierra! V. Pues tu magnificencia re basa la altura de los cielos.

ALELUYA

ALLELÚJA, ALLELÚJA. [Ps. lviii: 2]  Eripe me de ini mícis meis, Deus meus: et ab insurgéntibus in me libera me. Alleluia.

ALELUYA. ALELUYA. V/. Líbrame, Dios mío, de mis enemigos; librame de los que se levantan contra mí. Aleluya. 

EVAGELIO (Luc. xix: 41-47)

SEQUENTIA SANCTI EVANGELII SECUNDUM LUCAM.    In illo témpore: quia si cognovisses et tu et quidem in hac die tua quae ad pacem tibi nunc autem abscondita sunt ab oculis tuis. Quia venient dies in te et circumdabunt te inimici tui vallo et circumdabunt te et coangustabunt te undique. Ad terram prosternent te et filios qui in te sunt et non relinquent in te lapidem super lapidem eo quod non cognoveris tempus visitationis tuae. Et ingressus in templum coepit eicere vendentes in illo et ementes. Dicens illis scriptum est quia domus mea domus orationis est vos autem fecistis illam speluncam latronum. Et erat docens cotidie in templo

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS. En aquel tiempo: Al llegar Jesús cerca de Jerusalén, mirando la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: «Si conocieses también tú, por lo menos en este día que se te ha dado para tu paz. Mas, ahora está todo oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te circunvalarán y te rodearán, y te estrecharán por todas partes, y te arrasarán con tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por no haber conocido el tiempo en que Dios te ha visitado. Y habiendo entrado en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: «Escrito está: ‘Mi casa es casa de oración,’ y vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones.» Y enseñaba todos los días en el templo.

CREDO

OFFERTORIUM [Ps. xviii: 9-12 ]

Justítiae Dómini rectae, laetificántes corda, et judícia ejus dulcióra super mel et favum, nam et servus tuus custódit ea.

Los juicios del Señor son rectos y alegran los corazones; son más dulces que la miel .y el panal, por eso tu siervo los guarda.

SECRETA

Concéde nobis, quaessumus, Dómine, Haec digne frequentáre mystéria: quia, quóties hujus hóstiae commemorátio celebrátur, opus nostrae redemptiónis exercétur. Per Dominum.

Señor, te pedimos nos concedas el que frecuentemos dignamente estos misterios; pues, cuantas veces se celebra este sacrificio, otras tantas se renueva la obra de nuestra redención. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.  

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónæ, sed in uníus Trinitáte substántiæ. Quod enim de tua gloria, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne veræ sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur æquálitas. Quam laudant Angeli atque Archángeli, Chérubim quoque ac Séraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes

EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción, De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz:

COMMUNIO (Ps. xxxiii: 9 )

Qui mandúcat meam carnem, et bibit meum sánguinem, in me manet, et ego in eo, dicit Dominus. 

El que come mi carne y bebe mi sangre, mora en Mí, y yo en él, dice mi Señor.

ORACIÓN POSTCOMUNIÓN

Tui nobis, quaessumus, Dómine, commúnio sacraméntati et purificatiónem cónferat, et tribuat unitátem. Per Dóminum. 

Haz, oh Señor, que la recepción de tu Sacramento, nos otorgue la purificación y la unidad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

COMENTARIO

Catena aurea (S. Tomás de Aquino)

Y cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: «¡Ah si tú reconocieses siquiera en este tu día lo que puede traerte la paz! Mas ahora está encubierto a tus ojos. Porque vendrán días contra ti, en que tus enemigos te cercarán de trincheras, y te pondrán cerco, y te estrecharán por todas partes. Y te derribarán en tierra, y a tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación». (vv. 41-44)

Orígenes, in Lucam hom. 38
Jesucristo confirma con su ejemplo todas las bienaventuranzas de que ha hablado en el Evangelio, así, como había dicho: «Bienaventurados los mansos» (Mat_5:4), lo prueba diciendo: «Aprended de mí que soy manso» (Mat_11:29); y como había dicho: «Bienaventurados los que lloran» (Mat_5:5), El también lloró sobre la ciudad. Por esto dice: «Y cuando llegó cerca», etc.

San Cirilo
Se compadecía de éstos el Señor, que quiere que todos los hombres se salven, lo cual no nos sería manifiesto, si no lo hubiera evidenciado por medio de algo humano; pues las lágrimas vertidas son señal de tristeza.

San Gregorio, in evang. hom. 39
Lloró, pues, el piadoso Redentor la destrucción de aquella pérfida ciudad, las desgracias que ella misma ignoraba habrían de venirle. Por esto añade: «¡Ah si tú conocieses siquiera!» llorarías con amargura, la que ahora tanto te alegras, porque desconoces lo que te amenaza. Por esto añade: «Siquiera en éste tu día», etc. Como en aquel día se había consagrado a todos los goces materiales, tenía todo lo que podía procurarle la paz. Manifiesta después cómo los bienes presentes hacen su paz, cuando añade: «Mas ahora está encubierto a tus ojos»; porque si los males que la amenazan no estuviesen ocultos a los ojos de su corazón, no se alegraría tanto por las prosperidades presentes; por esto añade la pena que lo amenaza, cuando dice: «Porque vendrán días contra ti».

San Cirilo
«¡Ah si tú conocieses!» No eran dignos de comprender las Sagradas Escrituras divinamente inspiradas, que refieren el misterio de Cristo. En efecto, cuantas veces se lee a Moisés, un velo cubre su corazón para que no vean que todo se ha cumplido en Jesucristo, que como verdad hace huir las sombras; y como no conocían la verdad, se hicieron indignos de obtener la salud que mana de Jesucristo. Por esto sigue: «Siquiera en éste tu día», etc.

San Eusebio
En lo que da a conocer que su venida tenía por objeto la pacificación de todo el mundo; había venido, pues, a predicar la paz a los que estaban cerca y a los que estaban lejos; pero como no quisieron recibir la paz anunciada, quedaron ocultas para ellos estas cosas. Por esto añade: «Mas ahora está encubierto a tus ojos». Así, pues, predice con toda claridad el sitio que dentro de poco habría de sufrir, diciendo: «Porque vendrán días contra ti», etc.

San Gregorio, ut sup
Esto señala a los príncipes romanos; porque habla de la destrucción de Jerusalén, que sucedió bajo Vespasiano y Tito, príncipes romanos. Por esto continúa: «Y te pondrán cerco», etc.

San Eusebio
Cómo se cumplió todo esto, podemos conocerlo por lo que refiere Josefo, quien a pesar de ser judío refiere estas cosas tal y como Jesucristo las había predicho.

San Gregorio, ut sup
También en esto que añade: «Y no dejarán en ti piedra sobre piedra», está atestiguada la reubicación de esta misma ciudad; porque ahora está construida en aquel sitio donde el Salvador fue crucificado, fuera de la puerta: la primera fue destruida en absoluto. Dice luego la culpa por la que fue condenada a la destrucción, añadiendo: «Por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación».

Teofiactus
Esto es, de mi venida; porque he venido a visitarte y a salvarte, y si lo hubieras comprendido así, y creyeras en mí, estarías en paz con los romanos y libre de todos los peligros, así como todos aquellos que creyeron en Jesucristo pudieron evadirse.

Orígenes, ut sup
Yo no niego que aquella Jerusalén fuese destruida por los pecados de sus habitantes; pero pregunto si estas lágrimas han sido vertidas también sobre vuestra Jerusalén. Cuando alguno peca después de participar de los misterios de la verdad, se llorará por él; pero no por ningún gentil, sino sólo por aquel que perteneció a Jerusalén y después la abandonó.

San Gregorio, in evang. hom. 39
Nuestro Redentor no cesa de llorar por sus escogidos cuando ve caer en el mal a los que poseían la virtud; porque si éstos conociesen la condenación que les espera, se llorarían a sí mismos con las lágrimas de los escogidos. El hombre de inclinaciones malas tiene aquí su día, que goza por breve tiempo, y se complace en las cosas temporales disfrutando de cierta paz; por esto huye de prever el porvenir, para que no se turbe su alegría presente. Por esto sigue: «Mas ahora está encubierto a tus ojos», etc.

Orígenes, ut sup
Llora además por nuestra Jerusalén, a la que, después que ha pecado, sitian sus enemigos, esto es, el espíritu maligno, y la rodean de trincheras para cercarla y no dejar piedra sobre piedra; especialmente cuando alguno es vencido después de mucha continencia y de algunos años de castidad, y atraído por los halagos de la carne, pierde la paciencia y la castidad. Y si fuese fornicador no dejarán en él piedra sobre piedra, según las palabras de Ezequiel: «No me acordaré de sus primitivas virtudes» (Eze_18:24).

San Gregorio, ut sup
Los espíritus malignos asedian el alma en cuanto sale del cuerpo, y como ama la carne en los placeres carnales, la inquietan con el engaño del deleite; la rodean de trincheras, presentando a su vista las iniquidades que cometió, y la estrechan con los que son compañeros de su condenación, con el fin de que ella vea, una vez en el último instante de su vida, la clase de enemigos que la asedian y no pueda encontrar medio de evadirse, porque ya no puede hacer el bien que despreció cuando pudo hacerlo; estrechan al alma por todas partes poniéndole a la vista la iniquidad, no sólo de sus obras, sino también de sus palabras y de sus pensamientos; para que así como antes se había solazado tanto en la maldad, sienta en su última hora la angustia que merece en pago. Entonces el alma, por la condición de su culpa, se aterra cuando ve que su carne, que creyó que era su vida, va a convertirse en polvo; entonces mueren sus hijos cuando los pensamientos ilícitos, que ahora nacen de ella, se disipan en el último momento de la venganza; estos pensamientos pueden representarse por las piedras. La mente perversa, cuando añade a un pensamiento malo otro peor, pone, por decirlo así, una piedra sobre otra; pero cuando es llevada a su castigo, se destruye todo el edificio de sus pensamientos. Sin embargo, el Señor visita al alma culpable para su enseñanza alguna vez mediante la desgracia, otras con los milagros, con el fin de que conozca las verdades que ignoraba, y menospreciando el mal vuelva por la compunción del dolor u obligada por los beneficios, y se avergüence de lo mal que obró. Pero porque no conoció el tiempo en que fue visitada, al final de su vida será entregada a sus enemigos, con quienes se verá unida en el juicio eterno de su perpetua condenación.

Rayo sobre el Vaticano (2013)
Notre Dame en llamas (2019)

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